Propósitos, métodos y necesidades
1. Nuestros propósitos
Han pasado muchos años desde 1918 (N. del T.: este folleto se publicó en 1929. La Primera Guerra Mundial duró de 1914 a 1918; al citar 1918, Baden-Powell se refiere al final de la guerra), pero aún hacemos bien en recordar que la victoria final en la guerra no fue tanto para la nación que recibió los peores golpes luchando contra las mayores dificultades en el campo de batalla, sino para la que fue capaz de recuperar antes su base en los campos de la paz y del comercio.
En la Gran Guerra perdimos la flor de nuestra hombría, no a los más débiles ni a los peores. Todavía tenemos que hacer cuanto esté en nuestra mano para reponer las pérdidas de la guerra con buenos hombres para la próxima generación. Nos corresponde poner todo nuestro empeño en que estén especialmente preparados para ser, como mínimo, tan buenos hombres como sus predecesores, y en que no haya entre ellos ninguno que no valga la pena.
En la lucha por la nación no hay sitio para la escoria. Y también por el bien de cada individuo, todo muchacho debería tener a su alcance una formación mejor. Los más pobres deben tener las mismas oportunidades que sus hermanos más afortunados.
Del mal pueden salir cosas buenas. Si uno de los resultados de la guerra es que se suavicen las viejas brechas entre clases sin precipitarnos en el extremo opuesto del bolchevismo, estará amaneciendo una era nueva y mejor para nuestra raza.
Para lograrlo con éxito, hace falta que la mayoría de nuestros ciudadanos sean hombres equilibrados y con carácter.
Para la mayoría de nuestros muchachos, la enseñanza escolar termina con la escuela elemental (N. del T.: más o menos, la enseñanza primaria). A pesar de todos los esfuerzos de sus maestros, esos muchachos no tienen suficientes oportunidades de adquirir carácter, salud y alegría de vivir. Estas cosas no figuran en el plan de estudios y dependen en gran parte del azar: de las influencias que el muchacho recibe fuera de los muros de la escuela.
El Movimiento Scout se ha ideado para ayudar a la educación, fuera de los muros de la escuela, allí donde esta no basta para formar buenos ciudadanos.
Lo hace por medio de la educación, no de la instrucción. Es decir, el muchacho se entusiasma por aprender por sí mismo mediante actividades atractivas, en lugar de recibir pasivamente preceptos.
Sus héroes son los montañeses, los exploradores, los piratas, etc., y gracias a la vida en el bosque, el estudio de la naturaleza y la acampada, tiene la oportunidad de adquirir realización personal, recursos, confianza en sí mismo y energía, habilidades técnicas y manuales, y sentido del servicio a la comunidad.
Los resultados han demostrado que el Escultismo no solo consigue atraer al muchacho, sino que además le da las cualidades que le permiten empezar en la vida con buenas posibilidades de éxito.
Nuestro propósito
Queremos ayudar a los muchachos que salen de la escuela a librarse de los males de los empleos «sin salida», como repartidor de periódicos, caddie de golf o recadero. Estos trabajos le dan al muchacho un sueldo para el momento, pero lo dejan a la deriva, sin un oficio al que agarrarse cuando sea hombre. Entonces pasa como recluta al gran ejército de los parados y, lo que es peor, de los que nunca podrán encontrar empleo.
El muchacho se aficionará a un pasatiempo con el mismo entusiasmo con que juega al críquet o al fútbol, y ese pasatiempo puede convertirse en su oficio. No decimos nada en contra del críquet ni del fútbol; al contrario, son un entrenamiento excelente para el carácter de quienes los practican. Pero tenemos mucho que decir en contra de la multitud de holgazanes que van a ver partidos y nunca juegan, muchas veces porque no tienen campos donde hacerlo.
Para los muchachos que viven cerca del agua, nuestra formación incluye también la práctica organizada de la navegación. No se trata necesariamente de enviarlos al mar como profesión, sino de darles algo de la destreza y el valor de los hombres de mar, una vez más mediante algo que les atrae de verdad.
Además de las técnicas scouts, las artes marineras y las manualidades, enseñamos a los muchachos caballerosidad, ahorro, patriotismo y las reglas de la salud.
Hemos procurado trazar nuestras normas con unas líneas tan amplias que abarquen todas las clases y todos los credos, y que a la vez dejen la mayor independencia posible a cada organización, a los responsables y a los muchachos.
El Movimiento no se limita a los muchachos en edad scout, es decir, de 11 a 18 años, sino que se extiende también a los niños más pequeños, llamados Lobatos (de 8 a 11 o 12 años), y a los mayores, llamados Rover Scouts (de 17 años en adelante) (N. del T.: en aquellos años no había en el Reino Unido una edad máxima para los Rovers, de modo que en los Clanes había Rovers desde los 17 años hasta cualquier edad). El Movimiento ofrece también a muchachos de todas las edades una formación adaptada a su edad y a su entorno.
Internacional
El Movimiento de los Boy Scouts se ha extendido a todos los países civilizados del mundo, y hoy cuenta con más de dos millones de miembros. Quizá uno de los fenómenos más importantes del Movimiento sea cómo atrae la mente de los muchachos, sin distinción de raza, color, nacionalidad o lengua. Una muestra notable de este interés mundial se vio en el Jamboree Mundial de la Mayoría de Edad (N. del T.: celebrado cuando el Escultismo cumplió 21 años), en Arrowe Park (Birkenhead), en 1929, cuando no menos de 42 naciones y 33 partes del Imperio británico estuvieron representadas por los 50 000 scouts allí reunidos (N. del T.: era habitual que, al nacer el Escultismo en una colonia del Imperio británico, esta no formara una asociación independiente, sino que dependiera de la asociación inglesa hasta tener lo necesario para separarse de ella).
En 1920, en la Conferencia Mundial de París, las Asociaciones de Boy Scouts del mundo crearon un vínculo tangible al fundar en Londres la Oficina Internacional de los Boy Scouts, que existe para fortalecer y consolidar los lazos de unión entre los scouts de 45 naciones (N. del T.: la Conferencia Mundial de Lisboa de 1961 la rebautizó como Oficina Mundial, y de ahí que hoy hablemos de Oficina Mundial, Conferencia Mundial, etc. Más tarde se trasladó a Ottawa y, por último, a Ginebra, donde sigue hoy).
Entre otras iniciativas, hemos abierto un Chalet Internacional en Kandersteg, en el cantón de Berna, con capacidad para más de 200 scouts. Allí se reúnen cada año grupos de scouts de muchas naciones y conviven en medio de la majestuosidad de las montañas suizas. Las circunstancias y el emplazamiento del Chalet forman un marco ideal para cultivar la amistad y el entendimiento mutuo.
Las visitas entre scouts de distintas naciones, y las acampadas y excursiones en los países de unos y otros, crecen con rapidez. Es interesante señalar que en 1929, el año del Jamboree Mundial, más de 9000 scouts británicos visitaron 13 países distintos y confraternizaron con sus hermanos scouts de allí. Esto ha sido posible en gran parte gracias a los esfuerzos de la Sociedad de Naciones (N. del T.: tenía su sede en Ginebra y fue la antecesora de la Organización de las Naciones Unidas), que consiguió rebajar las tarifas para que los grupos de scouts pudieran viajar a otros países.
El espíritu de hermandad y simpatía que el Movimiento ha fomentado entre los scouts del mundo no puede dejar de influir de verdad en la paz futura y en la felicidad de las naciones. ¿O acaso los niños de hoy no son los hombres del mañana inmediato?
El Escultismo en ultramar y en el extranjero
El Escultismo se ha implantado prácticamente en todas las posesiones del Imperio británico, y hay unas 50 ramas del Movimiento en los Dominios y las Colonias (N. del T.: se trata de distritos scouts en las colonias; con el paso de los años, muchos de ellos llegaron a ser asociaciones independientes). Fuera de Gran Bretaña hay 315 340 scouts en el Imperio, y en 1930 su número aumentó en 24 393. Nunca se insistirá bastante en la importancia del Movimiento de ultramar para estrechar los lazos entre las distintas partes del Imperio, y el sentimiento de parentesco y hermandad que así nace no puede dejar de fomentar la armonía y la buena voluntad mutuas de las que depende la cohesión del Imperio.
En 1922 se creó, a modo de experimento, un Departamento de Migración para ayudar a emigrar a los Dominios a scouts y a jóvenes que hubieran recibido formación scout. Tuvo tanto éxito que, con la ayuda económica del Comité de Colonización de Ultramar, el departamento se había propuesto desde 1924 enviar no menos de 5100 scouts a distintas partes del Imperio. Las cartas alegres de los scouts que han llegado a los Dominios dan testimonio de la cordial acogida de sus hermanos scouts, de la ayuda que les ha prestado este departamento y de lo bien que les va en su nuevo entorno.
La Promesa Scout
Antes de llegar a ser scout, el muchacho debe hacer la Promesa Scout, que dice así:
Por mi honor, prometo hacer cuanto de mí dependa:
- para cumplir mis deberes para con Dios y el Rey;
- para ayudar a los demás en todo momento;
- para obedecer la Ley Scout.
(N. del T.: esta es la Promesa original de Baden-Powell; cuando el Escultismo salió del Imperio británico, esta fórmula se cambió por los deberes para con la patria.)
La Ley Scout
Esta es la Ley que todo Scout o Rover Scout promete obedecer al ingresar. Cuando los muchachos la siguen, cala hondo y les forja el carácter, y ellos la llevan más lejos de lo que cabría esperar, con resultados notables. (N. del T.: la traducción sigue el original lo más literalmente posible, para dar idea de lo que Baden-Powell quiso expresar; por eso cada artículo empieza por «El scout…», igual que en inglés empieza por A Scout. En algunos artículos Baden-Powell añade un breve comentario, que va en cursiva.)
- El honor del scout es ser digno de confianza. Si un scout dice «Por mi honor que esto es así», es que es así.
- El scout es leal a su Rey, a su patria, a sus superiores, a sus patronos y a quienes están a su cargo. Esta es la esencia de la buena ciudadanía. (N. del T.: «superiores» se entiende en el trabajo, no en el Escultismo.)
- El scout tiene el deber de ser útil y ayudar a los demás. Dicho de otro modo, debe «estar preparado» en todo momento para salvar vidas o socorrer a los heridos, y para hacer cada día una «buena acción» a alguien. (N. del T.: aquí Baden-Powell usa el lema scout en inglés, Be Prepared.)
- El scout es amigo de todos y hermano de cualquier otro scout, sea cual sea la clase social a la que pertenezca. El scout no es presuntuoso: acepta a los demás tal como son y saca de ellos lo mejor.
- El scout es cortés.
- El scout es amigo de los animales.
- El scout obedece sin replicar las órdenes de sus padres, de su Guía de Patrulla o de su Scouter.
- El scout sonríe y silba ante cualquier dificultad.
- El scout es ahorrativo.
- El scout es limpio de pensamiento, palabra y obra.
Para los Lobatos hay una Promesa y una Ley más sencillas.
La Promesa del Lobato:
Prometo hacer cuanto de mí dependa para cumplir mi deber para con Dios y el Rey, cumplir la Ley de la Manada y hacer cada día una buena acción a alguien.
La Ley de la Manada:
El Lobato hace caso al Viejo Lobo; el Lobato no se hace caso a sí mismo.
(N. del T.: es una traducción literal; de esta idea procede el «obedece» que usamos en nuestra Ley de la Manada.)
La manera de enseñar estas cosas a los muchachos sin aburrirlos se explica en Escultismo para muchachos, Roverismo hacia el éxito y el Manual del Lobato.
Nuestra organización, que aquí intentamos explicar muy brevemente, está regulada al detalle en Reglamento, o cómo jugar el juego de Escultismo para muchachos (Rules or How to Play the Game of Scouting for Boys).
Hay también una publicación mensual oficial para Comisionados, Jefes de Manada, secretarios y Scouters, llamada El Scouter, y un semanario para muchachos, El Scout.