Notas para instructores · 10. Notas para los instructores
La gran carencia
El Escultismo empezó mucho antes de la Gran Guerra, cuando en apariencia nuestra nación no lo necesitaba. Pero desde entonces la necesidad se ha hecho diez veces mayor. La nación perdió la flor de sus hombres, lo mejor de su juventud, y solo quedaron los viejos, los débiles y los tímidos. La generación siguiente se vio así privada de la ayuda inestimable de sus padres y sus hermanos mayores justo cuando más la necesitaba, porque la guerra había alejado a los maestros y, al mismo tiempo, había creado un clima de inestabilidad entre los alumnos.
Como remate de esta educación incompleta llegó el paro para una gran parte de los muchachos, junto con la experiencia ruinosa de vivir de la caridad y de la ayuda ajena.
Después, la reorganización de los reinos y el nacimiento de nuevas naciones han creado un caos en el que los extremistas tienen más oportunidades de confundir a la gente.
Hoy, más que nunca, hace falta una formación clara del carácter de los hombres del futuro, porque sobre ellos recaerá la responsabilidad de mantener a salvo a nuestro querido país del remolino o de dejar que se lo trague, como les ocurre a muchos otros. La educación tradicional de las escuelas no podía cubrir esta necesidad sin ayuda. Si antes de la guerra los scouts teníamos una pequeña responsabilidad en ayudar al país, como ya he explicado, hoy esa oportunidad es un deber nacional.
Sin embargo, la guerra fue una desgracia para nuestra civilización y para la cristiandad. Si aprendemos la lección y queremos de verdad evitar que se repita, nuestra responsabilidad es educar las mentes jóvenes en la buena voluntad pacífica y en la cooperación, sin explotar las victorias ni dejar que la fuerza se imponga al derecho.
Formación
La clave de una educación eficaz no está tanto en ENSEÑAR al alumno como en conseguir que APRENDA por sí mismo.
Lo que queremos inculcarle tiene que resultarle atractivo: al pez hay que tentarlo primero con una lombriz jugosa, no con un trozo de galleta dura.
Nuestro sistema para formar a los muchachos consiste en que superen pruebas de distintos temas, oficios manuales, etc., parecidas a las que les serán útiles en su futura profesión. Así, tenemos especialidades de electricista, jinete, agricultor, jardinero, músico, carpintero, etc., además de las insignias de primera y segunda clase, que acreditan sus conocimientos de natación, exploración, cocina, trabajo con madera, manejo de botes y otros trabajos propios de hombres y oficios manuales. Hacemos al muchacho responsable de su propio desarrollo físico y de su salud, y confiamos en su honor para que haga una buena acción cada día.

Nuestra formación no es militar. Reducimos al mínimo los ejercicios de orden cerrado que usan muchas asociaciones juveniles, porque marchar en formación destruye la individualidad, y uno de nuestros mayores intereses es desarrollar el carácter de cada uno.
En cuanto a la religión, somos interconfesionales: no asumimos la tarea de dar instrucción religiosa ni nos metemos en ella, porque es una prerrogativa de los padres y de los pastores. Pero sí insistimos en que el muchacho observe y practique la religión que profese, y el deber principal que se le inculca es practicar a diario la caballerosidad y la ayuda a los demás.
Que los no conformistas y los miembros de la Sociedad de los Amigos (los cuáqueros) reconozcan que la política del Movimiento Scout no es militarista es un gran paso y un gran estímulo.
Tampoco somos políticos. Y no reconocemos diferencias de clase.
Método
La formación de los Lobatos nació para responder al entusiasmo que los muchachos más pequeños sentían por el Escultismo: así se les atrae en la edad en que son más moldeables y se les dan los fundamentos del Escultismo antes de mandarlos a la Tropa.
Allí donde se ha llevado con acierto, este plan ha cumplido su propósito.
Pero parte de ese «acierto» consiste en darse cuenta de que, si al Lobato se le llena de prácticas scouts, cuando llegue a la edad de scout y entre en la Tropa ya no encontrará novedades ni atractivos.
Para recibir toda la formación scout, un muchacho debe pasar por orden por las etapas de Lobato, Scout y Rover.
La última etapa enseña al Rover a aplicar sus conocimientos scouts a los problemas de cada día y le da práctica real para hacerlo.
Para expresar la continuidad de la vida en el Grupo, conviene marcar el paso de una etapa a otra con una ceremonia sencilla. Esta es la ceremonia de «subida» de los Lobatos, tal como la describe el Manual del Lobato:
La Manada se forma en círculo en un extremo del local, y la Tropa, en herradura en el otro. La Manada da el Gran Aullido. El Lobato que sube se coloca ante el Jefe de Manada y repite su Promesa de Lobato empezando por «He prometido». Luego recorre toda la Manada estrechando la mano a cada Lobato y vuelve al centro. La Manada le da tres hurras y se aleja corriendo. El muchacho y el Jefe de Manada van hacia el Jefe de Tropa, que los espera. El Jefe de Manada le entrega el muchacho al Jefe de Tropa, que lo hace entrar en la herradura y le presenta a su Guía de Patrulla. El Guía lleva al antiguo Lobato a su Patrulla.
Así, en cada etapa aplicamos el mismo principio, adaptándolo a la psicología cambiante del muchacho. Por ejemplo, en todas ellas desarrollamos:
- Carácter e inteligencia.
- Habilidad y destreza.
- Salud y fuerza.
- Servicio a los demás.
Eso, en cuanto a los principios.
Los detalles de nuestro método de formación se resumen en estos pasos:
- Preparación: tener listos los programas y el material.
- Demostración: mostrar la acción y sus resultados.
- Explicación: enseñar con detalle cómo se hace.
- Imitación: que el muchacho lo haga por sí mismo.
- Preguntas: el instructor pregunta al muchacho, y el muchacho al instructor.
Organización
Para jugar con éxito un gran juego, son imprescindibles una buena organización y unas reglas claras.
Nuestra organización funciona bien, y sus reglas están recogidas en un folleto que se puede conseguir en las Oficinas Scouts: Política, organización y reglamento.
Resultados
El Movimiento Scout ha crecido por sí solo a partir de las sugerencias de Escultismo para muchachos. Se ha extendido por todos los rincones de las islas británicas y por los principales centros de los dominios británicos de ultramar, y también por países extranjeros. Sus principios atraen a muchachos de cualquier clase social y se adaptan a cualquier país, lo que augura lazos más estrechos de simpatía y camaradería entre Gran Bretaña y sus dependencias (y también, dentro de cada territorio, entre bóeres y británicos en Sudáfrica, y entre canadienses franceses e ingleses en Canadá), así como, en el futuro, entre el Imperio y otras naciones. Y todo esto no puede llevar más que a la paz del mundo.

Llegan testimonios muy alentadores de quienes están en contacto con los scouts —padres, maestros, pastores, etc.— sobre el efecto inmediato y positivo que la formación tiene en los muchachos. El Comité de Educación de Southport dice en su informe anual:
«El mérito de haber obtenido tan rápido estos resultados corresponde en primer lugar a los Dirigentes Scouts, es decir, a los hombres que asumieron este trabajo y lo han mantenido pese a las dificultades propias de una organización naciente de formación de muchachos. También merecen reconocimiento quienes han aceptado más recientemente los cargos de Comisionados y Presidentes Locales, entre los que figuran algunos de los nombres más conocidos del país».
Desde un comisario de policía que asegura que los scouts de un pueblo valen para él por veinte agentes más, hasta una anciana a la que los scouts le llevaban leña a diario, llegan cartas de gratitud de todo el país.
Su Majestad el difunto rey Eduardo se interesó mucho por los fines y los métodos del Movimiento. Mostró su aprecio por ambos honrando al Fundador, pasando revista a un desfile de scouts en verano y abriendo algunos Parques Reales para su uso. La muerte nos privó de su real patrocinio, y fue un duro golpe para el Movimiento.
Su Majestad el rey Jorge ha tenido la bondad de mostrar un interés semejante y lo ha confirmado haciéndose nuestro patrono. Pasó revista a una concentración de 30.000 scouts en Windsor. La reina Alejandra pasó revista a 14.000 en Londres en 1914. Su Alteza Real el duque de Connaught dijo: «Nuestro presidente se toma el mayor interés personal posible y ha hecho mucho por asentar nuestro Movimiento sobre bases firmes en Canadá». Su Alteza Real el príncipe de Gales también se interesa personalmente por el Movimiento y ha hecho muchísimo por él durante sus visitas a distintas partes del Imperio, pasando revista a los muchachos y animando a los dirigentes. Es Jefe Scout de Gales y viste nuestro uniforme. Recibió la mayor ovación de la historia cuando pasó revista a 60.000 scouts reunidos para darle la bienvenida en el parque Alexandra, en 1922. El reconocimiento oficial de esta formación lo han demostrado el Capítulo Real; el Almirantazgo, que emplea a scouts como guardacostas; el Ministerio de la Guerra, que ha reconocido oficialmente el uniforme, y los jefes de policía, que recurren a los scouts en todo el país. El aprecio del público se ha visto en sus donativos en dinero al Movimiento.
Los deberes del Dirigente Scout
Según nuestras reglas, un Dirigente Scout tiene que cumplir tres meses de prueba antes de que se le proponga para el cargo. Así tiene ocasión de comprobar si el trabajo en el Escultismo es lo que esperaba.
En otras organizaciones ocurre a menudo que un hombre lleno de esperanza y de ideales descubre que no comparte el punto de vista de sus superiores o que, al fin y al cabo, no tiene dotes para tratar con muchachos.
A un maestro de escuela se le suele elegir por sus estudios; al Dirigente, en cambio, preferimos nombrarlo por sus conocimientos y por su simpatía hacia los muchachos.

La actitud del Dirigente tiene la máxima importancia, porque los muchachos imitan sus cualidades. Es imprescindible que tenga una visión amplia y no personal, y que esté dispuesto a olvidar sus propios sentimientos por el bien de la mayoría. Esa es la verdadera disciplina. Y ese es el gran problema de nuestra época: el mayor peligro para nuestra nación es que no somos lo bastante disciplinados y ponemos nuestras opiniones por encima del bien del Estado. Es un defecto que queremos corregir al formar a la nueva generación. Y nuestra formación se da, sobre todo, con el ejemplo.
Si un futuro Dirigente se ve incapaz de llevar a sus muchachos o de disciplinarse para trabajar en armonía con el comité local u otra autoridad, hará bien en dejar su puesto antes de que su actitud perjudique a los chicos.
Cómo ganarse a nuestros muchachos
En estas notas no pretendo enseñar lo evidente, así que van dirigidas solo a quienes no tienen experiencia en la enseñanza de muchachos o quieren explicaciones con las que responder a quienes critican nuestro plan o preguntan por él. No son más que unas cuantas notas de mi modesta experiencia en este terreno y tratan de explicar algunos detalles del Manual.
Cuando se trata de atraer a los muchachos hacia una influencia positiva, yo los comparo con el pescador que quiere pescar peces.
Si pones en el anzuelo el cebo que te gusta a ti, seguramente no pescarás muchos; de hecho, solo pescarás los peces tímidos, que no son los que se comen. Usa el cebo que prefieren los peces.
Con los muchachos pasa lo mismo: si intentas predicarles cosas elevadas, no los atraparás. Cualquier cosa que huela a beatería espantará a los más entusiastas, que son precisamente los que te interesan. Lo único que funciona es enseñarles algo que de verdad los atraiga y les interese. Y creo que descubrirás que el Escultismo lo consigue.

Después puedes sazonarlo con lo que quieras que aprendan.
Para ganarte a los muchachos tienes que ser su amigo, pero no tengas prisa por conseguirlo hasta que se les haya pasado la timidez contigo. F. D. How, en su obra El libro del niño, resume en esta anécdota la manera correcta de hacerlo:
«Un hombre cuyo camino diario pasaba por cierta calle miserable vio a un niño pequeño, con la cara sucia y los miembros poco desarrollados, que jugaba en la cuneta con una piel de plátano. El hombre lo saludó con la cabeza y el niño se encogió de miedo. Al día siguiente el hombre volvió a saludarlo con la cabeza; el niño decidió que no había nada que temer y le escupió. Al otro día el pequeño solo lo miró, y al siguiente le gritó “¡Hola!” cuando pasaba. Con el tiempo, el pequeño sonreía al recibir el saludo, que ya esperaba. Por fin el triunfo fue completo cuando el niño, tan chiquitín, lo esperó en la esquina y le cogió los dedos con su manita sucia. Era una calle lóbrega, pero se convirtió en una de las más luminosas en la vida de aquel hombre».
¿Cómo empezar una Tropa?
El primer paso suele ser reunir a unos cuantos muchachos para jugar y charlar con ellos sobre el Escultismo, y entusiasmarlos antes de proponerles formar un Grupo.

Hay que reunir fondos para el Grupo. La cantidad depende de si hay que alquilar un local para las reuniones o no, pero en cualquier caso hará falta dinero para la formación y el equipo de campamento, y para ayudar a algunos muchachos que necesiten apoyo económico para ir de acampada. Bastan entre una libra y una libra y diez chelines por cabeza.
Siempre que sea posible, los scouts se compran su propio uniforme con dinero que ganan ellos mismos. Cuando no es posible, el Dirigente consigue el uniforme y les cobra unos peniques a la semana. En otros casos, se compran los uniformes y se alquilan a los muchachos, reservándose el derecho de recuperarlos si alguno no es digno de llevarlo. La cuota semanal debe cubrir el alquiler del local.
El Sistema de Patrullas
La manera segura de fracasar es empezar con demasiados muchachos.
Reúne a ocho para formar el núcleo de la Tropa. El paso siguiente es elegir a los mejores como jefes de las distintas Patrullas y darles una formación especial en el trabajo scout y en sus deberes.
La clave del éxito de la Tropa es dividir a los muchachos en Patrullas permanentes de seis a ocho y tratar cada una como una unidad independiente, con un jefe responsable.
La sección scout no debe pasar de treinta o cuarenta muchachos; si no, el Jefe de Tropa no podría ocuparse de cada uno como es debido.
Gracias a la emulación y a la competición entre Patrullas nace un espíritu de patrulla muy satisfactorio, porque eleva el ánimo de los muchachos y los lleva a niveles de eficacia más altos.
Quizá en las primeras ediciones de este libro se trató un poco a la ligera el valor del Sistema de Patrullas y de la Corte de Honor para formar a los muchachos.
Pero los Jefes de Tropa han comprendido su importancia y lo aplican en sus Tropas. Es la característica esencial que distingue nuestra formación de la de otras organizaciones, y donde el sistema se aplica correctamente, el éxito está absolutamente asegurado. No hay duda posible. La Patrulla es la unidad del Escultismo, tanto para jugar como para trabajar, para la disciplina o para el servicio.
Un paso inestimable en la formación del carácter es dar responsabilidad a cada uno. Esto se consigue en el acto al nombrar a un Guía de Patrulla y hacerle responsable de mandar su Patrulla. De él depende conocer y desarrollar las cualidades de cada muchacho de su Patrulla. Parece una tarea difícil, pero en la práctica funciona.
Con el estímulo adecuado entre las distintas Patrullas, se desarrolla el espíritu de equipo, y cada muchacho de la Patrulla se da cuenta de que él mismo es una pieza responsable y de que el honor de su grupo depende en cierta medida de lo bien que juegue el juego.
Ahora tenemos un manual excelente sobre el tema, escrito por un Jefe de Tropa que ha pasado por todos los escalones y ha llevado su idea a buen puerto. Te recomiendo de verdad que lo leas: te hará más fácil la tarea, por mucha experiencia que tengas. Y a vosotros, jóvenes Jefes de Tropa y Guías de Patrulla, os explica el porqué y el cómo de las cosas. El libro es El Sistema de Patrullas, del capitán, el honorable Roland Philipps.