10. Notas para los instructores
(N. del A.: Véase también la «Guía para el Jefe de Tropa».)
Capítulo inédito en castellano.
Resumen
Una manera en que los dirigentes scouts pueden hacer una labor nacional.
- El pobre espíritu ciudadano que arruinó al Imperio romano se ha infiltrado entre nosotros.
- El futuro del Imperio dependerá mucho del carácter de la próxima generación. (N. del E.: Lo dicho para el Imperio británico vale también para nuestros países, guardando las proporciones.)
- En este sentido, hoy se hace muy poco en nuestras escuelas para desarrollarlo, y es más necesario que nunca.
- El Escultismo se propone como un medio que lleva a los muchachos a educarse a sí mismos en el carácter y en los deberes ciudadanos.
- Pueden llevarlo a cabo jóvenes de todas las clases, sin gastos, instruyendo cada uno a unos cuantos muchachos.
- El experimento ya ha tenido éxito.

¿Cómo organizar a los Boy Scouts?
Consejos para los futuros instructores, para llevar a cabo la instrucción y para explicarla a otros.
Para tu consuelo, Sócrates dijo lo siguiente, y dijo la verdad: «Ningún hombre puede tener un propósito más cercano a los dioses que aquel que se preocupa por la buena crianza no solo de sus hijos, sino de los hijos de los demás».
La prosperidad del Imperio británico no depende solo de su poder para luchar, sino de su comercio y de su integridad. Mientras pueda seguir siendo indispensable para otras naciones, sin que estas sean indispensables para él, será grande y próspero. Esta condición depende del carácter y la laboriosidad de sus ciudadanos. De ahí nuestro deseo de convertir a la siguiente generación en hombres enérgicos y de carácter.
Pero es igualmente evidente que el Imperio debe ser lo bastante fuerte para defenderse, como quedó demostrado durante la Gran Guerra.
La advertencia del filósofo al rico Imperio cartaginés antes de su caída sigue siendo válida hoy: «¿De qué te sirve tu depósito de oro si no tienes hierro para guardar tu tesoro?».
La historia nos enseña que, con poquísimas excepciones, toda gran nación, después de ascender trabajosamente a la cumbre de su poder, parece haberse cansado del esfuerzo y ha caído en un estado de reposo. Se ha ido deslizando hacia el ocio y la indiferencia, sin atender al hecho de que otras naciones la empujaban para destruirla, ya fuera por la fuerza de las armas o por el método más pacífico, pero igual de letal, de estrangular su comercio. En cualquier caso, la causa de su ruina fue la falta del patriotismo enérgico que había construido el país, y el veredicto de la historia ha sido: «Muerte por falta de buena ciudadanía».
En Inglaterra hemos tenido señales de que no todo va bien en nuestro patriotismo. Se han oído advertencias severas de muchas autoridades y de fuentes muy diversas, en este caso de todas las ramas de nuestra vida nacional. Una de nuestras personalidades públicas las ha resumido con estas palabras: «Las mismas causas que provocaron el hundimiento del gran Imperio romano están actuando hoy en Gran Bretaña».
Fútbol
Una de las causas de la caída del Imperio romano fue que el Estado mantenía a casi tres cuartas partes de la población, que dejó de preocuparse por sí misma y por sus hijos y acabó convertida en una nación de desocupados derrochadores. Frecuentaban los circos, donde se pagaba a los actores por su trabajo en la arena, igual que hoy vemos a las multitudes apiñadas en los estadios para admirar a futbolistas profesionales.
El fútbol en sí es un juego magnífico para desarrollar a un muchacho física y moralmente, porque aprende a jugar con buen ánimo y sin egoísmo, a cumplir con su papel y a «jugar limpio»; y eso es la mejor preparación para cualquier juego de la vida. Pero se convierte en algo perjudicial cuando lleva a grandes cantidades de jóvenes a no jugar ellos mismos y limitarse a ser espectadores de unos cuantos actores pagados. A mí me gusta ver a esos magníficos ejemplares de nuestra raza, entrenados a la perfección y jugando sin un fallo. Pero el reverso de la medalla me encoge el corazón: miles de muchachos y jóvenes pálidos, de pecho estrecho, encorvados, unos pobres ejemplares que fuman cigarrillos sin parar, muchos de ellos apostando y todos aprendiendo a ser histéricos, aullando al unísono con sus vecinos. El peor de esos sonidos es la carcajada histérica que acompaña a cualquier pequeño resbalón o caída de un jugador. Uno se pregunta si es esta la misma nación que se ganó la fama de ser viril y sólida, serena, impávida ante el peligro y digna de confianza en las situaciones más duras.

Aparta a los chicos de esto, enséñales a ser hombres, a jugar el juego, sea el que sea, y no solo a ser espectadores ociosos.
Sé que el obstáculo es que en las grandes ciudades no hay espacio para que juegue ni la mitad de nuestros chicos, pero el juego no tiene por qué ser el fútbol. Uno de los objetivos del Escultismo es ofrecer juegos de equipo y actividades que den un resultado igual de positivo para fomentar la salud, la fuerza y el carácter. Estos juegos deben ser atractivos y competitivos, y a través de ellos podemos inculcar las bases de la obediencia a las reglas, la disciplina y el autocontrol, la astucia, la fuerza, el arrojo, el liderazgo y el espíritu de equipo. Todas son cualidades importantes para un ciudadano, y al fomentarlas, la instrucción scout ayuda a completar la educación escolar.
Educación
Desde que se escribió Escultismo para muchachos, la administración de la educación en el Reino Unido ha cambiado mucho, y los maestros tienen más respaldo que antes para impartir formación en salud y en «humanidades».

Pero siguen limitados, sin culpa por su parte, por el gran número de alumnos, por un periodo de clases reducido a la edad escolar y, en muchos lugares, por el ambiente en que viven sus alumnos fuera de la escuela. Además, lo más importante de todo, la formación del carácter, aunque está debidamente valorada en las instrucciones oficiales a los maestros, es lo más difícil de llevar a la práctica con muchos alumnos, porque para tener éxito exige estudiar cada mente por separado y su desarrollo.
Del mismo modo, la educación cívica no puede darse por completa si no da al alumno la oportunidad de practicar el espíritu que se le ha inculcado en teoría, y eso es difícil en la escuela.
Por estas razones, y en esta dirección, el método de los Boy Scouts se convierte en una ayuda real para los maestros. Sir George Newman lo subrayó en su informe anual de 1928 sobre «La salud del escolar», donde dice que es quizá la mayor demostración de educación práctica que ha visto el mundo.
La educación debe orientarse a satisfacer las necesidades de nuestra nación hoy y, sobre todo, lo que nuestra nación necesitará mañana. Con demasiada frecuencia nos hemos conformado con improvisar nuestros métodos comparándolos con el plan de estudios anterior. Hoy, uno de los mayores errores de la nación es la estrechez de miras; autoridades de todo tipo hablan de la necesidad de buena voluntad y cooperación como antídoto para la mayoría de nuestros problemas de la posguerra.
«Hay gente valiosa que, por ignorar la fisiología, vive en un mundo irreal y todavía no se ha dado cuenta de que, si no se cultivan y desarrollan el cuerpo y la mente del niño, todos los intentos de instrucción intelectual serán inútiles. Son testigos de la triunfal contribución del Movimiento de los Boy Scouts, lo recomiendan y lo elogian públicamente, pero no aprenden de él. Y, sin embargo, su lección es profundamente cierta y está llena de significado para todos los educadores de esta generación. Es una lección de disciplina física, de aventuras instructivas, de formación juvenil y de obediencia alegre, y es una de las interpretaciones más sabias de ese servicio que es libertad perfecta. Educa dotando primero al cuerpo y desarrollando después sus facultades y sentidos; conquista y desarrolla al muchacho llevándolo, por su propio interés y deseo, a la senda del trabajo manual, de las artes y de la artesanía; y forma a los hombres no para el aula o la pedagogía, sino para la vida. Así se ha convertido en un vasto movimiento de educación para la salud, que hace por el muchacho lo que la autoridad educativa con mucha frecuencia no hace».
El método habitual de educación hace poco en este sentido. Si no se tiene cuidado, puede tener sus riesgos: es peligroso fomentar en el muchacho el interés propio a costa de los demás o sin tener en cuenta a sus rivales. Se le anima a estar entre los mejores de su clase, a ganar premios y becas para sí mismo compitiendo con sus compañeros, a ser ambicioso y a aspirar a lo mejor de la vida, sin enseñarle nada sobre sus deberes con el Estado ni sobre la ayuda y el respeto que debe a los demás.
El resultado es el egoísmo desmedido, las diferencias de clase, los conflictos laborales, las divisiones sectarias y el fomento de las rivalidades deportivas, políticas e internacionales, que existen y cobran una importancia exagerada porque a los hombres no se les ha enseñado a tener una visión amplia, a ver con los ojos de sus vecinos ni a practicar la buena voluntad y la cooperación. Este olvido es la raíz de la mayoría de nuestros problemas actuales, ya sean laborales, políticos, religiosos, sociales o internacionales.
Aquí vuelve a intervenir el Escultismo, que ayuda con su formación en el sentido del deber y del servicio a los demás. Intenta dar al muchacho una idea real de las responsabilidades de la vida que se le presentan y se preocupa de inculcarle la práctica de su religión en la vida y las actividades diarias.
El cuadro siguiente muestra algunas de nuestras deficiencias nacionales y sus causas, y propone como remedio el que ofrece el Escultismo.
Deficiencias nacionales, sus causas y su prevención
I. Carácter
- Deficiencias nacionales: irreligión, indisciplina, falta de patriotismo, egoísmo, corrupción, olvido de los demás, crueldad, indiferencia hacia una conciencia más elevada, crímenes o violencia, psicopatías, derroche y pobreza, bebida, exhibicionismo, pereza y holgazanería, bajo nivel moral, juego, hijos ilegítimos.
- Causa: falta de disciplina y de educación del carácter.
- Prevención (la formación scout como remedio): además de la educación tradicional, un desarrollo sistemático del carácter a través de: buen ambiente, sentido del honor, sentido del deber, autodisciplina, responsabilidad, recursos, artesanía, estudio de Dios a través de la naturaleza, religión práctica, juego limpio, ayuda a los demás y servicio personal a la patria.
II. Salud
- Deficiencias nacionales: enfermedad, mala salud, autocomplacencia, palidez, mortalidad infantil, deficiencia mental, deficiencia física.
- Causas: irresponsabilidad e ignorancia por parte de los padres; falta de conocimientos de higiene y fisiología.
- Prevención (la formación scout como remedio): salud a través de prácticas al aire libre (no solo ejercicios), de la responsabilidad del propio desarrollo para alcanzar un buen nivel de salud y de la higiene en la práctica.
¿Dónde y cuándo aplicar el remedio?
Las autoridades educativas y otras instancias han dado varios pasos para mejorar las cosas, y con éxito: centros de juego, institutos nocturnos, escuelas de campo, excursiones, comités extraescolares, formación continua, etc., son algunas de las actividades oficiales. Pero, dadas las limitaciones de los maestros y de los funcionarios, todavía falta algo y hay sitio para organizaciones voluntarias que den no solo formación continua a los muchachos que dejan la escuela y no están en contacto con ninguno de los medios oficiales pensados para ellos, sino también formación en carácter, salud y civismo.
Lord Eustace Percy, cuando era presidente del Consejo de Educación, dijo: «El Movimiento Scout hace por los muchachos lo que el sistema educativo no puede hacer, salvo en pequeña medida, porque toma al muchacho mientras está en la escuela y lo acompaña después de la edad escolar hasta el comienzo de su vida adulta».
El campo natural de cualquier remedio es la generación que está creciendo y su educación.
Theodore Roosevelt, expresidente de los Estados Unidos, dijo con mucha razón: «Si vas a hacer algo permanente por el hombre corriente, tienes que hacerlo antes de que sea hombre. El secreto del éxito está en trabajar con el muchacho, no con el hombre».
John Wanamaker dice: «Salva a un hombre y habrás salvado a una persona; salva a un muchacho y habrás salvado toda una tabla de multiplicar».
Los muchachos de la nación están llenos de entusiasmo y de espíritu, y solo necesitan que se les oriente en la dirección correcta para convertirse en ciudadanos buenos y útiles. Mucho de este espléndido material se pierde —¡o algo peor!: se deja que se vuelva dañino para la nación— por falta de una educación más completa, por falta de una mano que guíe a los chicos en el momento crítico de su vida, cuando están en la encrucijada donde su futuro se bifurca hacia el bien o hacia el mal.
Ellos serán los padres de otros chicos, a los que se supone que tendrán que formar en la línea correcta de la buena ciudadanía, cuando en realidad ellos mismos no tienen la menor idea de lo que significa la palabra. Y la culpa no es solo suya. Reciben una enseñanza muy pobre sobre cómo valerse por sí mismos, la caballerosidad, la economía, el civismo y el patriotismo.
a) ¿Cómo puede aplicarse un remedio a esto?
b) ¿Qué forma tomará ese remedio?
c) ¿Cómo puede ayudar cada persona?
Aquí hay un campo de trabajo magnífico para los hombres que se toman a pecho el interés de su país. La guerra despertó el patriotismo de muchos que antes eran indiferentes y que, una vez puestos en marcha en esa dirección, quieren seguir «aportando su parte» ahora que la lucha ha terminado. Que vengan y formen a la siguiente generación para que sean hombres tan buenos como ellos.
Nuestro remedio y su aplicación
Estas dificultades me parecieron remediables en algunos aspectos y me llevaron a proponer, como un paso para resolverlas, un esquema de autoeducación con el nombre de «Escultismo para muchachos». Pensé que, aplicado a todas esas sociedades, podrían adoptarlo en común y quedar unidas por él gracias a su carácter deportivo y práctico; que la falta de obstáculos podría atraer a un mayor número de posibles instructores, y que, sobre todo, la variedad de sus actividades atraería a los propios muchachos, incluso a los más reacios.
Las habilidades scouts reúnen las virtudes de nuestros colonizadores, como la inventiva, la audacia, la fiabilidad, etc., unidas a la cortesía de los caballeros. Estos atributos, tanto morales como físicos, se presentan a los chicos de manera sencilla para que los imiten y los practiquen a diario.
Vemos la formación desde el punto de vista del muchacho y la moldeamos en consecuencia, y la organización está pensada para cubrir en lo posible las necesidades del instructor: descentraliza la autoridad y da respaldo local sin supervisiones molestas, obstáculos ni gastos.
Es inútil intentar gran cosa con los adultos derrochadores de hoy.
a) El remedio debe aplicarse a la generación que se está formando.
b) Su meta debe ser inculcar «carácter» a los hombres del futuro. Por «carácter» se entiende la confianza viril en uno mismo y la generosidad, algo de ese cristianismo práctico que distingue a los birmanos en su vida diaria (aunque teóricamente sean budistas).
c) ¿Cómo puede ayudar cada ciudadano? Se ve por lo que han conseguido en este terreno las Brigadas Juveniles, los Clubes de Muchachos, la YMCA (Asociación Cristiana de Jóvenes), las Brigadas Eclesiásticas para chicos y numerosas asociaciones del mismo tipo. Aunque su trabajo ha sido bueno, con todo su esfuerzo solo cultivan una parte del campo. Nosotros tenemos 400 000 muchachos, además de los de otras sociedades, etc.; pero ¿qué es eso comparado con los 4 millones de muchachos de las islas británicas que necesitan ayuda?
Que no lleguen a un número mayor se debe a:
- La falta de unión o de esfuerzo conjunto entre las distintas sociedades.
- La dificultad de conseguir suficientes jóvenes que se encarguen de formar a los muchachos.
- La dificultad de atraer a los muchachos y de mantener su interés una vez conseguido.