3. Artes manuales y destreza

Hoy, como siempre, se observa un lamentable desperdicio de recursos humanos. Se debe sobre todo a los errores en la formación. A la mayoría de los jóvenes no se les inculca el amor al trabajo. Aunque a los muchachos se les enseñen oficios o técnicas comerciales, y se desarrollen en ellos las cualidades necesarias para triunfar en distintas profesiones, rara vez se les enseña cómo emplear su habilidad para labrarse una carrera, ni se enciende en ellos la llama de las ambiciones nobles y elevadas. Por eso encontramos con demasiada frecuencia clavijas cuadradas en agujeros redondos.
Nadie sabe con exactitud dónde está el error, pero es indiscutible que la situación es esa. Así, los muchachos que no tienen una inclinación natural a orientarse quedan a la deriva y se convierten en derrochadores o en lastres para la sociedad. Llevan su propia desdicha a cuestas. Se convierten en una carga para el Estado y muchas veces en un peligro para la paz y la tranquilidad de la nación. Además, muchos de los que entre ellos han logrado triunfar de algún modo habrían tenido sin duda más éxito si hubieran recibido una educación más práctica.
Con el Escultismo podemos hacer algo para remediar esos males. Podemos dar unos cuantos pasos para ofrecer incluso al chaval más pobre un rumbo y una oportunidad en la vida, o al menos darle alguna esperanza y enseñarle algún oficio.
¿De qué manera? Naturalmente, lo primero que se nos ocurre son las Especialidades de artes manuales. Pero hay que recordar que, aunque las llamamos artes manuales, según nuestros criterios son algo más que aficiones: forman parte del sistema que usamos para orientar a los muchachos a partir de un comienzo fácil. Después, estas aficiones se acercan más a las Especialidades, como formación profesional para los scouts de primera clase. Mientras tanto, las aficiones o pasatiempos tienen su propio valor. Con ellas el muchacho aprende a usar las manos y la cabeza, y poco a poco empieza a sacar provecho del trabajo. Puede que para un muchacho sigan siendo una afición durante muchos años, mientras que para otro quizá sean el primer paso hacia un oficio que acabe convirtiéndose en su profesión. En cualquier caso, el muchacho que las practica no correrá tanto peligro de acabar siendo un derrochador, porque las aficiones son un antídoto contra las artimañas de Satanás.
Pero, sin ciertas cualidades, las aficiones o artes manuales no bastarán para orientar al muchacho hacia una profesión. Por eso, el artesano necesita disciplina. Tiene que adaptarse a las indicaciones del jefe o del encargado y al ambiente de sus compañeros de trabajo. Tiene que ser formal, serio, eficiente y dispuesto.
Además, necesita energía, y esta depende de la ambición, la destreza, el ingenio y la salud que tenga.
¿Cómo aprovechamos nosotros todo esto en la formación de los scouts?
Primeras prácticas
El primer paso para que un scout se dedique a los trabajos manuales se da con más facilidad en el campamento que en ningún otro sitio. Al construir chozas, talar árboles, tender puentes, improvisar utensilios, montar tiendas, tejer alfombras y esteras en los telares del campamento, etc., los muchachos adquieren las nociones básicas y se inician en los oficios manuales, mientras descubren que esas tareas son muy útiles para estar cómodos durante la temporada de campamento.
Después de empezar así, les interesará mucho seguir practicando sus aficiones en las noches de lluvia o de frío. Y les servirá de gran estímulo saber que recibirán algún reconocimiento, cuando se les concedan insignias por su pericia, o cuando ganen algo de dinero vendiendo un trabajo bien hecho. Así, paso a paso, pronto se convierten en trabajadores enérgicos y entusiastas.
Especialidades
Las insignias que se conceden como reconocimiento de la habilidad sirven para despertar el interés por las aficiones o los trabajos manuales, uno de los cuales quizá se convierta algún día en una profesión o, al menos, evitará que el muchacho se sienta perdido cuando salga solo al mundo.
Las insignias son simplemente un incentivo para que los muchachos adopten aficiones u ocupaciones y progresen en ellas. Ante los demás, son la prueba de que el muchacho lo ha intentado; su propósito no es demostrar que quien las lleva domina el oficio en el que se ha iniciado. Si alguna vez intentáramos hacer del Escultismo un sistema formal de enseñanza seria y de rendimiento, se perdería todo el valor y la esencia de la formación a la que nos dedicamos, y correríamos el riesgo de meternos en el terreno de las escuelas sin tener los expertos necesarios.
Queremos encauzar a TODOS nuestros muchachos, dándoles impulso para que avancen en su desarrollo espontáneo, y no mediante una enseñanza obligatoria de materias.
Pero el sistema de Especialidades del Escultismo sirve también para dar al Jefe de Tropa un instrumento con el que estimular a los scouts y llevarlos hacia aficiones que les ayuden a formar su carácter y a desarrollar su destreza.
Es un instrumento que, bien utilizado, puede despertar ambición y esperanza incluso en los más torpes y en los más apocados, que de otro modo se quedarían rezagados muy pronto y quizá acabarían desesperanzados e inútiles en la lucha por la vida. Por eso no se fijan niveles de habilidad. Nuestro método de conceder insignias no se basa en alcanzar cierto nivel de habilidad, sino en el ESFUERZO QUE HACE CADA MUCHACHO PARA ADQUIRIR CONOCIMIENTOS O DESTREZA. Así, los más torpes o desanimados y los más inteligentes o aventajados tienen las mismas posibilidades y oportunidades.
De este modo, un Jefe de Tropa comprensivo y concienzudo, que ha estudiado la psicología de sus muchachos, puede poner a algunos dificultades estimulantes, de manera que los torpes empiecen en igualdad de condiciones con los más inteligentes. Y al muchacho apocado y tímido, obsesionado con su inferioridad por los muchos fracasos que ha sufrido, se le pueden facilitar los primeros éxitos para animarlo a esforzarse más. Si intenta hacer algo, por tosco que sea el resultado, el examinador debe concederle una Especialidad; y eso normalmente le dará ánimo para seguir practicando hasta ganar más Especialidades y, al final, llegar a tener una capacidad normal.
El examen para conceder insignias no es una competición, sino simplemente una prueba del esfuerzo de cada uno. Por tanto, el Jefe de Tropa y el examinador tienen que trabajar en estrecha armonía, juzgando cada caso por separado según sus méritos y sopesándolo todo para saber cuándo ser generosos y cuándo estrictos.
Algunos opinan que los muchachos deben cumplir al máximo ciertos requisitos antes de considerarlos merecedores de una Especialidad. Eso está muy bien en teoría, y con ese método se consigue que unos pocos muchachos lleguen a ser muy competentes; pero nuestro propósito es que todos se interesen. El Jefe de Tropa que al principio pone a sus muchachos ante una valla que pueden saltar fácilmente los verá salvarla con entusiasmo y confianza en sí mismos; pero si los pone ante una tapia de piedra demasiado alta, los verá acobardarse y ni siquiera intentar saltarla.
Sin embargo, no recomendamos el otro extremo, es decir, casi regalar las Especialidades a cualquiera que demuestre haber aprendido algo insignificante de las tareas asignadas. En realidad, es un asunto en el que los examinadores deben usar su criterio y su prudencia, sin perder nunca de vista los propósitos fundamentales.
Siempre existirá, sin duda, el peligro de que muchos vayan a la caza de chollos, intentando conseguir Especialidades fácilmente y sin merecerlas. Nuestro propósito es hacer de los muchachos ciudadanos concienzudos, alegres, sensatos y trabajadores, y no personas vanidosas y engreídas. El Jefe de Tropa debe estar siempre atento para frenar la caza de insignias y distinguir al cazador de chollos del trabajador entusiasta y serio.
En otras palabras, el éxito del sistema de Especialidades depende sobre todo del propio Jefe de Tropa y de cómo lo dirija.
Inteligencia
La observación y la deducción son la base de toda la sabiduría humana. Por eso la capacidad de observar y deducir tiene una importancia incalculable para los ciudadanos jóvenes. Los niños tienen una capacidad de observación asombrosamente rápida, pero disminuye con la edad, sobre todo porque las primeras impresiones y experiencias captan toda su atención, y esta va decreciendo a medida que se repiten.
En realidad, la observación es un hábito en el que hay que formar al muchacho, y el rastreo es una manera interesante de lograr que lo adquiera.
En cuanto a la deducción, ya sabemos que es el arte de razonar y sacar el significado de los detalles observados.
Por eso puede decirse que, cuando un muchacho adquiere el hábito de observar y deducir, ha dado sin duda un paso importantísimo en el desarrollo de su carácter.
Así se ve también claramente lo mucho que vale el rastreo para formar ese hábito. El rastreo en el campo y las charlas sobre su práctica deben fomentarse como parte de la formación en todas las Tropas scouts.
Además, la inteligencia y el ingenio de los muchachos se desarrollan y se fortalecen mucho con prácticas, simulacros y ejercicios como orientarse con mapas; y también observando puntos de referencia en el campo, calculando alturas y distancias, anotando los rasgos de personas, vehículos y reses, o representando cuentos de Sherlock Holmes adaptados para la ocasión. Del mismo modo, las señales les aguzan el ingenio, les desarrollan la vista y les obligan a estudiar y a concentrarse. La enseñanza de los primeros auxilios tiene también cierto valor educativo.
En las noches de invierno y los días de lluvia, el Jefe de Tropa puede aprovechar bien el tiempo leyendo a los muchachos las principales noticias de los periódicos y ayudándoles a entenderlas con mapas, etc. Otro recurso excelente para animarlos a estudiar y a expresarse sin timidez ni apocamiento es preparar representaciones teatrales sobre episodios de la historia de la región donde viven.
Expresión personal
Nuestra Especialidad de Artista sirve para animar a los muchachos a expresar sus ideas con el dibujo, guiados por su propia capacidad de observación e imaginación, sin pretender hacerse artistas ni imitar a los artistas. Si se anima al chaval a dibujar, aunque sea de una forma tosca y rudimentaria, se le puede enseñar a reconocer lo artístico del color y de las líneas, y a darse cuenta de que incluso en un ambiente sórdido puede haber luz y sombra, color y belleza.
Una fase algo más avanzada de su educación puede empezar animándolo a practicar la fotografía mental, es decir, a observar los rasgos de un paisaje, un suceso o una persona, grabarlos en la memoria y luego reproducirlos en papel.
Esto enseña a ejercitar la capacidad de observación al máximo. Yo mismo he descubierto que, con una práctica constante, uno puede desarrollar en esto una habilidad admirable, que además puede ser muy útil en muchas ocasiones.
Las canciones en coro y las representaciones teatrales son medios excelentes para perfeccionar el arte de expresarse. Además, tienen la ventaja de ser un trabajo en equipo, en el que cada participante aprende su papel e intenta hacerlo bien, no para que lo aplaudan a él, sino para que triunfe todo el grupo.

Luego tenemos el ritmo, una forma de arte que surge de manera espontánea incluso en la mente menos instruida y que se manifiesta en la poesía, la música o el ejercicio físico. Aporta cierto equilibrio y cierto orden que despiertan interés incluso entre los salvajes; y hasta podríamos decir que sobre todo en esos seres humanos que están más en contacto con la naturaleza que los pueblos civilizados. En la música, como es lógico, el ritmo es mucho más evidente y universal que en otras formas. El canto de guerra de los zulúes, por ejemplo, cuando lo entonan a coro cuatro o cinco mil guerreros, es un modelo excepcional de ritmo que combina música, poesía y movimiento.
Y el placer de tocar algún instrumento musical es común a toda la humanidad. El canto, que engarza las palabras, ofrece al alma humana un medio de expresarse que, bien utilizado, da placer tanto al que canta como al que escucha.
El muchacho siente un amor natural por la música, y a través de ese amor se le puede llevar hacia la poesía y los sentimientos más elevados, como por una subida fácil y natural. Eso da al Jefe de Tropa un medio que puede usar enseguida para enseñar a los muchachos a divertirse y, al mismo tiempo, elevar sus pensamientos.
El teatro también debe formar parte de la educación de todo muchacho en el arte de expresar su propia personalidad.
En el colegio me animaron a participar en muchas representaciones teatrales, y después he dado gracias a Dios por aquella oportunidad. Porque así aprendí a ejercitar la memoria, me acostumbré a hablar con claridad y sin nervios ante mucho público y conocí el raro placer de imaginarme, durante un rato, que era otra persona. Además, aquella práctica nos permitió conocer la belleza literaria de obras de teatro famosas y sentir emociones de alegría o tristeza, de amor o compasión, mientras interpretábamos los distintos papeles.
Pero, sobre todo, nos dio el placer y la felicidad de divertir a otras personas en momentos en que necesitaban consuelo o entretenimiento.
Muchas Tropas scouts se dedican al teatro durante los meses de invierno, y así no solo aumentan sus fondos, sino que adquieren una educación valiosa mientras divierten a los demás.
De la afición a la profesión
Las aficiones, las artes manuales, la inteligencia y la salud son los primeros pasos para desarrollar el amor al trabajo y la capacidad de aguantar las luchas de la vida, algo esencial para conseguir el éxito. La segunda fase consiste en preparar al joven trabajador para la clase de trabajo que mejor se ajuste a sus cualidades.
Los mejores trabajadores, y las personas que más disfrutan de la vida, son los que ven su trabajo como una especie de deporte o de juego; y cuanto más entusiasmo ponen en el juego, más disfrutan de su tarea. No sin razón, el famoso historiador H. G. Wells ha dicho: «He observado que los llamados grandes hombres son en realidad personas con corazón de niño; es decir, que son niños por la seriedad con que disfrutan trabajando. Trabajan porque les gusta trabajar, y así su trabajo es en realidad un juego, un placer para ellos. El niño no es solo el padre del hombre: es el hombre mismo, y nunca desaparece».
Otro hombre ilustre, Ralph Parlette, también tiene razón cuando dice: «Jugar es hacer algo por amor; trabajar es hacer algo por obligación».
En el Escultismo intentamos ayudar a los muchachos a adquirir esa actitud, entusiasmándolos con las cosas que interesan a cada uno y que más tarde les serán útiles.
Lo hacemos, ante todo, a través de las diversiones del Escultismo y de su alegría. Después, por etapas, los muchachos pueden ir orientándose de forma natural, sin darse cuenta, hacia su propio desarrollo para el futuro.
La participación del Jefe de Tropa
Basta por ahora sobre la manera en que un muchacho puede prepararse en la práctica, a través del Escultismo, para iniciarse en una profesión. Pero eso solo lo prepara. Todavía está en manos del Jefe de Tropa ayudarle más para que esa profesión o carrera sea provechosa y le traiga éxito:
- En primer lugar, mostrando al muchacho los medios para completar la formación superficial que ha recibido, con los que probablemente podrá convertir sus aficiones en oficios, por ejemplo. El Jefe de Tropa puede indicarle dónde conseguir una formación técnica superior, cómo obtener becas o puestos de aprendiz, cómo prepararse por su cuenta para ciertas profesiones, cómo invertir sus ahorros, cómo pedir trabajo, etc.
- En segundo lugar, si conoce las distintas clases de agencias de empleo y cómo utilizarlas, así como las condiciones de trabajo en diversas profesiones, el Jefe de Tropa puede prestar al muchacho una ayuda de valor incalculable, aconsejándole (puesto que ya conoce sus cualidades) sobre el camino en la vida para el que está mejor preparado.
Todo esto significa que el Jefe de Tropa debe investigar e informarse bien sobre estas cuestiones y otras parecidas. En otras palabras, con un poco de trabajo podrá ayudar a muchos de sus scouts a llevar una vida útil, sana y fructífera.
Para cualquier chaval, aunque solo sea un humilde recadero, es muy alentador saber que va por buen camino para ascender cuando hace su trabajo tan bien que su jefe no podría encontrar a nadie mejor. Pero tendrá que mantenerse firme en su buena conducta, sin dejar que los contratiempos o los desánimos lo desvíen del rumbo, porque, si se pierde y se desanima, nunca tendrá éxito. La paciencia y la perseverancia siempre triunfan cuando se va por el buen camino.
Los empleos
El Jefe de Tropa, observando y estudiando el carácter y las habilidades de cada muchacho, puede deducir hasta cierto punto, más o menos, para qué camino en la vida está mejor preparado. Pero debe tener en cuenta que la cuestión del empleo es algo que tienen que resolver los propios muchachos y sus padres.
Es, por tanto, un asunto que debe consultar con los padres, y en el que debe advertirles del peligro de empujar a su hijo a un empleo que no encaja con sus aptitudes solo porque aporta dinero de inmediato. Conviene que intente que el muchacho y sus padres vean las posibilidades futuras que se abrirán si se dan los primeros pasos en la dirección más adecuada, según las circunstancias.
Y aquí es importante distinguir entre los empleos que ofrecen al muchacho oportunidades de progresar y los que no llevan a ninguna parte, es decir, los que no ofrecen perspectivas de ascenso. Estos últimos a menudo dan mucho dinero durante un tiempo y aumentan los ingresos semanales de la familia. Por eso algunos padres los eligen para sus hijos, sin importarles que no les sirvan para hacerse con una buena profesión o un buen oficio más adelante, cuando sean hombres.
Y los puestos que ofrecen buenas perspectivas de futuro también deben elegirse con cuidado, teniendo en cuenta la capacidad del muchacho. Un empleo que exige una destreza especial puede considerarse, en principio, preferible a otro que no la exige, de cara al éxito futuro del muchacho en la vida. Pero hay que procurar que esta cuestión no se deje para tan tarde que haya pasado ya el momento de que el muchacho se adapte a las normas y exigencias de la carrera que quiere emprender.