Guía para el Jefe de Tropa
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Guía para el Jefe de Tropa

4. Servicio al prójimo

Un scout apático, de brazos cruzados, junto a otro que avanza contento y decidido
El verdadero scout es activo a la hora de hacer buenas acciones.

Las cualidades que hemos tratado hasta ahora son prendas personales cuyo fin es hacer del muchacho un ciudadano trabajador, viril y sano. Pero, hasta cierto punto, tienen un carácter que podríamos llamar egoísta, puesto que solo atañen a su propia persona. Pasemos ahora a la cuarta rama de la formación, con la que el muchacho adquiere una visión más amplia de las cosas y entrega una parte de sí mismo en beneficio de los demás.

Egoísmo

Si alguien me preguntase cuál es el vicio que más abunda en el mundo, respondería: «El egoísmo». Quizá al principio no estéis de acuerdo conmigo, pero creo que, si lo pensáis con detenimiento, acabaréis compartiendo mi opinión. Las estadísticas judiciales demuestran que la mayoría de los delitos se cometen por un exceso de egoísmo, en forma de codicia, venganza, afán de imponerse, etc. Además, casi todo el mundo daría con gusto una limosna para alimentar a un necesitado y se quedaría satisfecho de haber cumplido con su deber; pero quizá muy pocos lo harían si para ello tuvieran que privarse de parte de su propia comida, de su vino o de su postre.

El egoísmo se manifiesta de muchas formas. Fijémonos, por ejemplo, en la política de partidos. Un asunto que, como es natural, tiene varias caras es analizado por algunos como si solo tuviera una: la que a ellos les conviene. Esta ofuscación les hace odiar a quienes no piensan como ellos, y la lucha puede llevarlos a cometer crímenes abominables, que a veces disfrazan con los nombres más altisonantes. Del mismo modo, las guerras entre naciones estallan cuando ninguno de los adversarios quiere ver el punto de vista del otro, porque cada uno está obsesionado, por lo general, con sus propios intereses.

Las huelgas y los cierres patronales son, con frecuencia, ejemplos de un egoísmo exagerado. En muchos casos, los empresarios no han querido reconocer que un hombre que realiza trabajos pesados merece, en justicia, disfrutar de las comodidades y los placeres del mundo como fruto de su esfuerzo, y no vivir condenado a una servidumbre perpetua en beneficio de los accionistas del negocio. Por otra parte, el obrero debe comprender que sin capital no habría trabajo a gran escala, y que los accionistas de una empresa tienen que obtener alguna ganancia a cambio del riesgo de su inversión.

También en los periódicos encontramos ejemplos de egoísmo: basta leer las cartas de personas de pocas luces que, ante cualquier pequeña contrariedad, acuden a la prensa para airear sus asuntos.

Y aún hay más: ocurre en todas las clases sociales, e incluso en los juegos de los niños. A veces, cuando uno de ellos está descontento porque no ha ganado lo suficiente, abandona de golpe el juego diciendo: «¡No juego más!». Le importa un bledo estropear la diversión de sus compañeros; lo único que quiere es desahogar su despecho.

Medios para extirpar el egoísmo

El Escultismo trata, de forma práctica, de librar al niño de sus hábitos egoístas. Cuando el muchacho se impregna de espíritu caritativo, va por muy buen camino para dominar o arrancar de raíz esas tendencias dañinas.

La primera frase de la Promesa que hace un muchacho al entrar en el Escultismo es: «Cumplir mis deberes para con Dios». Fijaos en que no dice: «Seré leal a Dios». Eso expresaría un simple estado de ánimo, y no el impulso espontáneo a la acción, que es el espíritu activo de la Promesa.

El objetivo principal del Escultismo es ofrecer alguna forma práctica de educación, en lugar de seguir el método de inculcar normas prohibitivas, ya que el muchacho responde mejor a la acción que a la obediencia de mandatos teóricos. Por eso se procura incluir entre sus actividades la costumbre de hacer buenas acciones en la vida diaria, como base de una buena disposición y una cortesía futuras hacia los demás. El fondo religioso de todo esto es común a todas las creencias, y por eso el Escultismo no choca con ningún culto.

Así, el muchacho puede comprender mejor que parte de sus «deberes para con Dios» consiste en desarrollar, como un don sagrado, los sentimientos que Dios ha puesto en él, para que le sean de provecho a lo largo de la vida. Del mismo modo, debe cuidar su cuerpo, sus energías y su vigor reproductor para emplearlos al servicio de Dios; cultivar la mente, cuyas maravillosas facultades (razón, memoria y apreciación) lo elevan por encima de los animales; y engrandecer el alma, animada por el soplo divino del amor, que puede desarrollar si lo expresa y lo practica sin cesar. Así se enseña al muchacho que cumplir sus deberes para con Dios no significa simplemente acogerse a su infinita bondad, sino poner en práctica el elevado principio de «Amaos los unos a los otros».

Lo curioso es que esta obligación de servir a los demás con buenas acciones es lo que antes y con más fuerza despierta el entusiasmo del scout. Aunque parezca algo trivial, sacrificar pequeñas comodidades y placeres personales en favor de los demás es, en realidad, la base sobre la que descansa el espíritu de renuncia en provecho ajeno.

Las buenas acciones más modestas que forman parte del credo del scout son ya el primer paso para desarrollar buenos sentimientos hacia el prójimo. El estudio de la naturaleza y de los animales refuerza la nobleza de sentimientos del muchacho y lo ayuda a vencer esa inclinación a la crueldad que mucha gente considera propia de la niñez, aunque yo, por mi parte, no creo que sea tan común como se supone.

De esas pequeñas buenas acciones el muchacho pasa a socorrer a lesionados y heridos y, de ahí, de forma natural, a salvar vidas en caso de emergencia. Así desarrolla el sentido del deber hacia los demás y la disposición a sacrificarse en cualquier momento de peligro. Todo ello le inculca de nuevo la idea de entrega a su hogar, a su prójimo y a su patria, y lo anima a vivir el patriotismo y la lealtad en un sentido mucho más elevado que el simple gesto mecánico de agitar una bandera.

Un scout carga a hombros a un herido

Servicio a la comunidad

La enseñanza del servicio a los demás no se queda en la teoría, sino que abarca dos aspectos distintos: inculcar el espíritu de benevolencia y ofrecer ocasiones para ejercitarlo en la práctica.

Esta enseñanza se transmite sobre todo con el ejemplo, y el Jefe de Tropa es el primero en darlo con su entrega patriótica al servicio de la juventud, sin otra mira que la satisfacción que le produce y sin esperar ninguna recompensa material.

El Jefe de Tropa da a sus muchachos la oportunidad de practicar sugiriéndoles que presten servicios especiales.

Y los servicios públicos son el mejor campo de formación práctica en el deber hacia la comunidad, porque en ellos el patriotismo y el sacrificio desinteresado se ejercitan llevándolos a la práctica.

La labor de los scouts en tiempos de paz y de guerra, cuando asumen voluntariamente pesadas obligaciones para servir a su patria, demuestra por sí sola su deseo de hacer el bien y su disposición a prepararse a fondo cuando los mueve una buena causa. Este terreno ofrece un medio poderoso para formar de manera práctica al ciudadano ideal.

Como ejemplo de servicio público puede citarse la ayuda que prestan los scouts a la población en caso de incendios y otras catástrofes. Estos servicios son especialmente adecuados para scouts con mucha experiencia en otras tareas, y el hecho de que se les confíen supone para ellos un gran aliciente.

Además, aunque la Tropa se organice y se equipe en un principio para apagar incendios, a medida que gana destreza puede encargarse también de prestar socorro en toda clase de accidentes que ocurran en el vecindario: accidentes de tráfico, asfixias, explosiones, crecidas o inundaciones, descarrilamientos, etc.

Para ello hacen falta, además de los ejercicios habituales, algunas nociones de salvamento y de primeros auxilios en caso de incendio, así como saber localizar y rescatar a las víctimas y prestarles en cada caso la asistencia adecuada, y haberlo practicado. Por ejemplo: conocer las sustancias químicas, manejar botes, saber sacar a una persona del agua, aplicar la respiración artificial, calmar a los animales asustados, actuar ante cables electrificados, líquidos hirviendo, etc.

El Escultismo es una fraternidad en la que no existen distinciones de clase social, religión, nacionalidad ni raza.

En algunos casos conviene que cada Patrulla se especialice en los recursos que exige un tipo concreto de accidente; pero, en general, si las Patrullas se entrenan poco a poco para todos, la Tropa en su conjunto puede alcanzar una eficacia completa.

No obstante, al organizar la Tropa para prestar ayuda en sucesos imprevistos, conviene asignar a cada Patrulla un cometido concreto, dividiendo a los muchachos, por ejemplo, en patrullas de salvamento, de primeros auxilios, de mensajeros, etc.

Se verá que la variedad de tareas que hay que realizar da pie a toda una serie de actividades que despiertan mucho interés en los muchachos.

Para lograr eficacia y destreza es imprescindible practicar movilizaciones de socorro con accidentes simulados.

Después, si esa eficacia se demuestra en público, sin duda llamará la atención de la gente y la animará a colaborar. La clave estará en que se reconozca que este servicio educa a los muchachos y tiene una gran utilidad práctica para todo el mundo.

Efecto posterior

El dominio de uno mismo y el desarrollo del amor y del servicio al prójimo encierran el sentido de la misericordia divina y transforman por completo el corazón de la persona: le dejan ver un reflejo del verdadero paraíso y le dan la gran satisfacción de sentirse parte del grupo de los que hacen el bien.

Entonces la pregunta que se hará el muchacho no será «¿Qué saco yo de esto?», sino «¿Qué puedo dar de mí mismo en la vida?».

Sea cual sea la religión que adopte más adelante, el muchacho habrá aprendido por sí mismo sus fundamentos y, al conocerlos por la práctica, se convertirá en un ciudadano con una amplia visión de bondad y simpatía hacia sus semejantes.