3. El Escultismo

El Escultismo es un juego de muchachos, dirigido por ellos mismos, en el que los hermanos mayores pueden ofrecer a los pequeños un ambiente sano y animarlos a dedicarse a actividades saludables que despierten en ellos las virtudes de la ciudadanía.
Su estímulo más fuerte procede del estudio de la naturaleza y de la vida en los bosques. Actúa directamente sobre el individuo y sobre la Tropa. Eleva las cualidades intelectuales tanto como las puramente físicas y morales.
Al principio, el Escultismo se orientaba hacia estos fines; pero ahora la experiencia nos ha enseñado que, cuando se dirige bien, no solo se orienta hacia ellos, sino que los alcanza.
Quizá quien mejor ha expuesto los fines y los métodos del Escultismo haya sido James E. Russell, decano del Teachers College de la Universidad de Columbia, en Nueva York, con estas palabras:
El programa scout es un trabajo de hombres adaptado a los muchachos. Fascina al muchacho no porque sea un muchacho, sino porque se encuentra en la etapa en que se está formando el hombre… El programa del Escultismo no exige a ningún muchacho nada que un hombre maduro no pueda hacer; pero, paso a paso, lo saca del lugar en que se encuentra y lo lleva al que mejor le corresponde…
Lo más destacado del Escultismo no es su plan de estudios, sino su método. Como sistema para guiar a los muchachos a hacer lo que es justo e inculcarles buenos hábitos, se acerca al ideal. En la práctica sobresalen dos cosas: la primera, que los hábitos arraigan; y la segunda, que ofrece ocasiones para ejercer la iniciativa, el dominio de uno mismo, la confianza en uno mismo y la capacidad de dirigirse a sí mismo.
Para desarrollar la iniciativa, el Escultismo no depende solo de su programa de trabajo para el muchacho, sino que aprovecha de manera admirable el engranaje de su organización. Su sistema de funcionamiento ofrece una espléndida oportunidad para escapar de los métodos que tienden a anquilosar a las personas. Esto se ve tanto en la Patrulla como en la Tropa. Enseña a los muchachos a trabajar juntos. Consigue un esfuerzo cooperativo hacia un fin común, lo cual es en sí mismo democrático…
Animando a los scouts a hacer Buenas Acciones con un espíritu sano y alegre, y no con beatería y a cambio de una recompensa, como primer paso, y después a prestar servicios a su localidad como medio de desarrollo, se puede hacer más por ellos que estimulando su destreza, su disciplina o su aplicación; porque así, aunque no se les enseñe tanto a ganarse la vida, se les enseña a vivir.
El Escultismo es sencillo
A un extraño, el Escultismo debe de parecerle a primera vista algo muy complicado, y es probable que más de un hombre haya aplazado indefinidamente la idea de hacerse Jefe de Tropa al pensar en la cantidad y variedad de cosas que, según él, tendría que saber para formar a los muchachos. Pero el león no le parecería tan fiero como lo pintan si se fijara en los siguientes puntos:
- El objetivo del Escultismo es muy sencillo.
- El Jefe de Tropa despierta en el muchacho el afán y el deseo de aprender por sí mismo, sugiriéndole actividades atractivas que irá practicando hasta que la experiencia le diga que las hace bien. (Para sugerencias de actividades, consúltese Escultismo para muchachos, Scouting for Boys).
- El Jefe de Tropa trabaja a través de sus Guías de Patrulla.
El objetivo del Escultismo
La finalidad de la formación scout es mejorar la calidad de los futuros ciudadanos, sobre todo en lo que se refiere al carácter y a la salud; sustituir el «yo» por el servicio; hacer de los chicos personas eficientes, moral y físicamente, para que esa eficiencia se emplee en servir al prójimo.
La ciudadanía, o civismo, se ha definido en pocas palabras como «lealtad activa a la comunidad». En un país libre es fácil, y muy corriente, considerarse buen ciudadano con solo cumplir las leyes, trabajar y opinar sobre política, deportes o asuntos generales, dejando que otros se ocupen del bienestar de la nación. Eso se llama ciudadanía pasiva; pero esa clase de ciudadanía no basta para mantener en alto, en el mundo, las virtudes de la libertad, la justicia y el honor. Solo la ciudadanía activa puede conseguirlo.
Las cuatro ramas de la formación scout
Para alcanzar la meta de formar para la ciudadanía activa, debemos enseñar las cuatro ramas que se indican a continuación, indispensables para formar buenos ciudadanos, y que inculcamos de dentro afuera, en lugar de hacerlo al revés:
Carácter. Lo enseñamos mediante el Sistema de Patrullas, la Ley Scout, las historias scouts, el conocimiento de la vida en los bosques, la responsabilidad del Guía de Patrulla, los juegos de equipo y el ingenio que exige la vida de campamento. Esto incluye el reconocimiento del Creador por su obra divina, el aprecio de la belleza natural y el amor a las plantas y a los animales que despierta la vida al aire libre, durante la cual uno se familiariza con ellos.
Salud y vigor. Mediante juegos, ejercicios y el conocimiento y la práctica de la higiene personal y de una buena alimentación.
Artes manuales y destreza. De vez en cuando, mediante actividades bajo techo, pero sobre todo mediante exploraciones, construcción de puentes, vida de campamento y expresión de la personalidad en las artes, todo lo cual contribuye a formar trabajadores eficientes.
Servicio al prójimo. Llevar a la vida diaria la práctica de la religión haciendo «buenas acciones», desde las más pequeñas hasta las de provecho general.
Los detalles de estas cuatro ramas aparecen en el esquema siguiente, y su descripción se encuentra en la segunda parte de esta obra.
Esquema del Escultismo: formación para la ciudadanía
1. Carácter
| Cualidades que se desean fortalecer | Mediante la práctica de |
|---|---|
| Cívicas: probidad; respeto a los derechos de los demás; disciplina; capacidad de mando; responsabilidad. | Trabajo de Patrulla; juegos de equipo; Corte de Honor; Ley Scout y Promesa. |
| Morales: honor; caballerosidad; confianza en uno mismo; valor; capacidad de disfrutar; nobleza de sentimientos e ideas; religiosidad; devoción; respeto a uno mismo; lealtad. | Obras y actividades scouts; apreciación de la naturaleza; estudio de las tradiciones y de la historia natural; astronomía; bondad con los animales; servicio al prójimo (véase más abajo). |
2. Salud y vigor
| Cualidades que se desean fortalecer | Mediante la práctica de |
|---|---|
| Salud. | Responsabilizarse de la propia salud; higiene; templanza; continencia; acampada. |
| Vigor. | Desarrollo físico; deportes; natación; caminatas; excursiones a la montaña; otras actividades semejantes. |
3. Artes manuales y destreza
| Cualidades que se desean fortalecer | Mediante la práctica de |
|---|---|
| Destreza técnica; inventiva; ingenio. | Técnicas scouts; tareas y recursos de campamento; exploración; insignias como premio a las distintas artes manuales. |
| Intelectuales: observación; deducción; expresión personal. | Aficiones; estudio de los bosques; rastreo. |
4. Servicio al prójimo
| Cualidades que se desean fortalecer | Mediante la práctica de |
|---|---|
| Altruismo; abnegación; deberes cívicos; patriotismo; servicio a la patria; humanitarismo; servicio a Dios. | Ley Scout y Promesa; Buenas Acciones; primeros auxilios; lucha contra incendios; cuerpos de auxilio en caso de accidente; ayuda en hospitales; otras labores en beneficio de la comunidad. |
Las actividades del Escultismo
Con la palabra «Escultismo» se designan el trabajo y las cualidades de los hombres de los bosques, los exploradores, los cazadores, los marinos y los colonizadores.
Al transmitir a los muchachos los rasgos de esos personajes, les ofrecemos un sistema de juegos y prácticas que satisface sus deseos e instintos y que, al mismo tiempo, tiene valor educativo.
Desde el punto de vista de los muchachos, el Escultismo los reúne en pandillas fraternales, que son su forma natural de organizarse, ya sea para jugar, para hacer travesuras o para holgazanear; les da un uniforme y un equipo elegantes; despierta su imaginación y su espíritu romántico, y los lleva a una vida activa al aire libre.
Desde el punto de vista de los padres, fomenta la salud y el desarrollo físico de sus hijos; les da energía; les enseña trabajos manuales y les aguza el ingenio; inculca en el chico disciplina, determinación, caballerosidad y patriotismo. En una palabra, les forja el «carácter», lo más importante para que un muchacho se abra camino en la vida.
La formación scout atrae a muchachos de todas las clases sociales, ricos y pobres, e incluso a los impedidos, a los sordomudos y a los ciegos. Despierta el deseo de aprender. El principio que mueve al Escultismo es estudiar las ideas del muchacho y animarlo a educarse por sí mismo, en lugar de esperar a que lo instruyan.
Ofrece un buen comienzo en la formación técnica, ya que concede insignias como premio a la destreza en distintas aficiones y trabajos manuales, además de las ya establecidas para los scouts de primera y de segunda clase, que reconocen sus méritos en natación, exploración, cocina, vida de campamento y otras actividades que ponen de relieve su hombría y su habilidad. Ofrecemos tantas insignias en esta etapa inicial para que todos se animen a probar diferentes tareas, y para que el ojo atento del Jefe de Tropa pueda reconocer enseguida la inclinación particular de cada uno y, después, darle ánimos según el caso. Ese es el mejor camino para desarrollar el carácter individual del muchacho y encaminarlo hacia una carrera brillante.
Más aún: estimula en el muchacho el sentido de la responsabilidad, en beneficio de su propio desarrollo y de su salud; confía en su honor y espera que haga una Buena Acción todos los días.
Cuando el propio Jefe de Tropa tiene algo de muchacho y es capaz de ver todas las cosas desde el punto de vista del muchacho, puede muy bien, si tiene imaginación, inventar actividades nuevas y variarlas a menudo para saciar la sed de novedad de los chavales. Fijémonos, por ejemplo, en lo que hacen las compañías de teatro. Si ven que una función no gusta al público, no se empeñan en repetirla con la esperanza de que, a la larga, acabe gustando a los espectadores: la retiran y la sustituyen por otra más interesante.
Los muchachos son capaces de encontrar aventuras hasta en un charco sucio, y si el Jefe de Tropa es un hombre-muchacho, también él podrá encontrarlas allí. Para tener ideas nuevas no hace falta gastar mucho dinero ni disponer de aparatos, porque muchas veces son los propios muchachos los que aportan sugerencias.
Otra forma eficaz que tiene el Jefe de Tropa de idear actividades que gusten a los muchachos es mantener los oídos abiertos y dejar descansar un poco el cerebro.
En tiempo de guerra, cuando un explorador de infantería sale de noche a cumplir su misión de averiguar lo que hace el enemigo, tiene que fiarse en gran parte del oído. Del mismo modo, cuando un Jefe de Tropa está a oscuras respecto a las inclinaciones o al carácter de sus muchachos, puede arrojar bastante luz sabiendo escuchar. Escuchando podrá descubrir lo más profundo del carácter de cada muchacho y darse cuenta de qué es lo que más puede interesarle.
Así también, durante las reuniones del Consejo de Guías de Patrulla o alrededor del fuego de campamento, si uno se impone como tarea especial escuchar y observar, consigue de los propios muchachos mucha más información de la que podría sacarles conversando.
Además, cuando se visita a los padres, no hay que presentarse ante ellos con la idea de impresionarlos con el valor del Escultismo, sino con el propósito de conocer sus ideas sobre la educación que debe darse a sus hijos, lo que esperan del Escultismo o los defectos que le encuentran.
En general, cuando escasean las ideas nuevas, hay que evitar imponer a los scouts actividades que a uno le parece que les van a gustar. Hay que averiguar qué actividades interesan a la mayoría, escuchándola o haciéndole preguntas, y después ver hasta qué punto pueden ponerse en práctica, es decir, si son beneficiosas.
Cuando una Tropa resuena con el estruendo alegre de sus carcajadas, disfruta de sus éxitos y vibra de emoción ante nuevas aventuras, pocos serán los que la abandonen por aburrimiento.
El Escultismo es un juego alegre al aire libre, en el que muchachos grandes y pequeños buscan juntos la aventura como si fueran hermanos y cosechan salud y felicidad, habilidad y diligencia.

El espíritu del Escultismo
Lo fundamental es el espíritu del Movimiento, y la llave que libera ese espíritu es el misterio romántico de la vida en el bosque, que se revela en el concierto de la naturaleza.
¿Dónde encontrar a un muchacho —o, puestos a ello, a un hombre maduro—, incluso en estos tiempos materialistas que vivimos, que sea sordo a la llamada de la naturaleza y que escape a la fascinación de un camino abierto?
Quizá no sea más que la obediencia a un instinto primitivo…, pero el hecho es que existe. Con esa llave puede abrirse una puerta imponente, aunque solo sea para dejar entrar una ráfaga de aire libre y un rayo de sol en vidas que, de otro modo, se irían marchitando poco a poco.
Pero, por lo general, puede hacer mucho más.
Los héroes indómitos de los bosques, los colonizadores y exploradores, los que recorren los mares y los que surcan los cielos son como el flautista de Hamelín para los muchachos. Los seguirían adondequiera que los llevaran; harían cualquier cosa, siempre que les tocaran la fibra de la hombría y del arrojo, la aventura, las hazañas, la eficiencia, la destreza y el sacrificio espontáneo en provecho de los demás.
En ello encuentra el muchacho satisfacción y un goce espiritual.
Observad a ese joven que va por la calle mirando sin ver, con los ojos perdidos en el vacío. ¿Estará forjando en su cabeza una epopeya de arriesgadas aventuras en las praderas o en la inmensidad de los mares peligrosos? ¡Quién sabe! Lo que sí podemos afirmar es que su imaginación febril lo ha llevado a un mundo de sueños, muy lejos de la prosaica realidad de su vida.
¿Habéis leído las historias de Búfalo Bill y de las manadas de bisontes que recorrían las vastas praderas del oeste de Norteamérica? ¿Podéis imaginar el humo que sale en espirales de las tiendas de los indios sioux y comanches, y casi verlo? Yo he soñado con ellos durante muchos años.
Las excursiones le ofrecen ahora al muchacho la oportunidad de echarse una mochila a la espalda, como los primeros colonos, y sentirse uno más entre los hombres de los bosques. Puede descubrir y seguir senderos y rastros, hacer señales, encender fuego, construir su choza y cocinar su comida. Puede poner su talento y su habilidad manual al servicio del arte de explorar y acampar.
La pandilla forma su grupo natural de amigos, y en las actividades del Escultismo la sigue dirigiendo el mismo cabecilla.
Podrá formar parte del conjunto, pero sabe también que tiene valor como persona.
Las actividades al aire libre le enseñan a conocer los placeres sanos de la vida.
Esto tiene también su lado espiritual.
La sabiduría de la naturaleza se va bebiendo a sorbos durante las caminatas por el bosque, donde el alma que empieza a despertar se abre y busca a su alrededor nuevos prodigios. Las excursiones son la mejor escuela de observación y de práctica, y nos hacen comprender las maravillas de un mundo portentoso.
Le quitan a la mente los velos que le impiden apreciar la belleza de cada día. Le enseñan al joven de ciudad que las estrellas cuelgan del firmamento y no solo allí donde apuntan las chimeneas, y que los arreboles del atardecer derrochan sus colores muy por encima del tejado del cine al que suele ir.
El estudio de la naturaleza le revela a la mente humana la perfección con que el Creador armonizó lo inmenso con lo microscópico, y le muestra que el sexo y la reproducción cumplen un noble papel en la gran obra de la creación.
El Escultismo eleva el nivel moral del pillo más empedernido y le inculca los principios de la fe en Dios. Junto con la obligación del scout de hacer cada día una buena acción, sienta las bases de los deberes para con Dios y para con los demás. Sobre esa enseñanza, sus padres o su director espiritual pueden formar con más facilidad en el muchacho el credo que deseen.
Puede usted muy bien vestir a un muchacho de vaquero, de bufón, fraile o torero, de siervo y hasta de emir; mas no puede descubrir, con el tacto y al momento, de ese joven el talento, con solo tocarle el manto: si es un héroe o es un santo; si es medianía o portento…
Lo que hace al héroe es el espíritu, no la ropa que lleva por fuera. Ese espíritu está latente en todo muchacho, pero hay que descubrirlo y sacarlo a la luz.
La Promesa Scout, que el muchacho se compromete a cumplir bajo palabra de honor —hasta donde alcanza la idea que tiene del honor—, y la Ley Scout son los pilares de nuestra disciplina, y dan fruto en casi todos los casos. Al muchacho no hay que gobernarlo con la represión, sino con la acción. La Ley Scout es una guía para sus actos, no una barrera contra sus faltas. Se limita a marcarle la pauta y a decirle lo que se espera de él como scout digno de la distinción que se le concede.
La imaginación del muchacho vuela sobre las praderas y los mares. En sus excursiones se identifica con el indio, el explorador y el hombre de los bosques.

Sistema de Patrullas
El Sistema de Patrullas es uno de los rasgos esenciales que distinguen la formación scout de la de cualquier otra organización parecida, y cuando se aplica como es debido, no cabe duda de que da buenos resultados.
La clave del éxito de una buena Tropa está en agrupar a los muchachos en Patrullas de seis a ocho y en formarlos como unidades independientes bajo la responsabilidad de sus propios jefes.
La Patrulla es siempre la unidad del Escultismo, tanto en el trabajo como en el juego, en los ejercicios y en los deberes.
Dar responsabilidades a cada uno para formarle el carácter da resultados valiosísimos, y no se hacen esperar en cuanto se hace al Guía responsable de la buena marcha de su Patrulla. El Guía tiene libertad para organizarla como prefiera y para desarrollar las cualidades de cada uno de los muchachos de su grupo. Parece una tarea complicada, pero en la práctica da buenos frutos.
Después, mediante la competición y la emulación entre Patrullas, el Jefe desarrolla el verdadero espíritu que debe animar a un scout, porque templa el carácter de los muchachos y eleva en general su nivel de eficacia.
Cada muchacho de una Patrulla comprende que él mismo es una unidad responsable y que el honor de su grupo depende, en cierta medida, de lo bien que desempeñe su papel.
Consejo de Guías de Patrulla: la Corte de Honor
La Corte de Honor es una parte importante del Sistema de Patrullas. Es un comité permanente que, bajo la dirección del Jefe de Tropa, resuelve los asuntos de la Tropa, tanto los administrativos como los disciplinarios. Inculca a sus miembros la dignidad, los ideales de libertad, el sentido de la responsabilidad y el respeto a la autoridad legítima. Al mismo tiempo, les da práctica, individual y colectiva, en unos procedimientos muy valiosos para unos muchachos que serán los ciudadanos del mañana.
Ha resultado conveniente admitir en este Consejo a los Subguías, porque, además de aprovechar su ayuda, se les da la ocasión de practicar sus funciones. La Corte de Honor tiene también algunas misiones especiales, como resolver los casos de disciplina y conceder premios y honores.
Valor del Sistema de Patrullas
Es importante que el Jefe de Tropa conozca los extraordinarios resultados que puede conseguir con el Sistema de Patrullas. Es la mejor garantía de la vitalidad y del éxito de la Tropa, y le ahorra al Jefe buena parte de las pequeñas tareas de rutina.
Pero, ante todo, la Patrulla es una escuela de carácter. Refuerza en el Guía de Patrulla el sentido de la responsabilidad y las dotes de mando. Impulsa a los muchachos a anteponer el interés del grupo al suyo propio, y desarrolla en ellos la abnegación y el dominio de sí mismos, con un espíritu de cooperación y camaradería.
Ahora bien, para obtener los mejores resultados hay que dar a los Guías de Patrulla una responsabilidad real y completa. Si solo se les da una responsabilidad a medias, los resultados también serán a medias. El objetivo principal no es ahorrarle molestias al Jefe de Tropa, sino cargar de responsabilidad al muchacho, porque es el mejor medio de fortalecer su carácter.
El Jefe de Tropa que quiera tener éxito no solo debe estudiar la teoría y los métodos del Sistema de Patrullas, sino también poner en práctica las sugerencias que lee. Lo importante es llevarlas a cabo, y los Guías de Patrulla y los scouts solo pueden adquirir experiencia con la práctica continua.
Cuantas más tareas se les encomienden, más darán de sí y más fortalecerán su energía y su carácter.
Los mayores progresos se dan en las Tropas cuyo mando y responsabilidad están en manos de sus Guías de Patrulla. Esta es la llave del éxito en la enseñanza del Escultismo.

Uniforme scout
He dicho a menudo que me importa un bledo que el scout lleve uniforme o no, con tal de que ponga el corazón en su trabajo y cumpla la Ley Scout. Pero es raro el scout que no lo lleve si puede comprarlo.
El espíritu del Escultismo le empuja a lucirlo.
La misma regla vale para quienes dirigen el desarrollo del Escultismo, es decir, los Jefes de Tropa y los Comisionados. No están obligados a llevar uniforme si no les gusta, pero, como dirigentes, tienen que dejar a un lado sus preferencias para dar ejemplo a los demás.
Yo, personalmente, me pongo el uniforme aunque solo sea para pasar revista a una Patrulla, porque estoy seguro de que eso levanta el ánimo de los muchachos. Valoran más su propio uniforme cuando ven que un hombre mayor no tiene reparo en llevarlo.
Su dignidad se fortalece cuando se dan cuenta de que los toman en serio hombres que consideran importante formar parte de su hermandad.
La elegancia del uniforme y el cuidado de los detalles pueden parecer cosas sin importancia, pero tienen su valor para desarrollar la dignidad y contribuyen muchísimo a la buena reputación del Escultismo entre los profanos, que juzgan por lo que ven.
Es, sobre todo, una cuestión de ejemplo. Enseñadme una Tropa con ropa desaliñada y os diré al instante que su jefe es descuidado en su persona y en sus modales. Los Jefes de Tropa deben pensar en ello cuando se pongan el uniforme o se calen el sombrero para darse el último toque. Recordad que sois el modelo que copian vuestros muchachos, y que vuestra pulcritud en el vestir se reflejará enseguida en ellos.
La labor del Jefe de Tropa
Todos los principios del Escultismo se encaminan a un buen fin. El éxito de su aplicación depende del Jefe de Tropa y de cómo los ponga en práctica. Lo que pretendo ahora es ayudarle en esa tarea: primero, mostrándole el propósito de la formación y, segundo, sugiriéndole los métodos con que puede llevarla a cabo.
Seguramente muchos Jefes de Tropa querrían que les explicara los detalles con todo lujo. Pero eso sería en realidad imposible, porque lo que conviene a una Tropa concreta o a un tipo de muchachos en un lugar determinado quizá no funcione con otros que viven a solo dos kilómetros, y mucho menos con los que están repartidos por todo el mundo en condiciones completamente distintas. Sin embargo, se pueden hacer ciertas sugerencias generales; si se adoptan, los Jefes de Tropa podrán juzgar por sí mismos qué detalles dan mejores resultados.
Pero antes de entrar en pormenores debo repetirlo una vez más: no os asustéis por el tamaño imaginario de la empresa. Ese miedo desaparecerá en cuanto veáis su objetivo. Hay que fijar la vista en él y poner todos los medios para conseguirlo.
Como dice muy bien la obra inglesa Peveril del Pico (Peveril of the Peak): «Poco importa que no alcancemos del todo nuestros ideales, siempre que sean elevados y nos impulsen hacia la perfección».
Habrá momentos en que se acumulen tantas dificultades que parecerá que se desvanecen todas las brillantes posibilidades de éxito. Pero consuela pensar que esas dificultades, que hemos visto aumentadas por el cristal de la exageración, se desvanecen en cuanto les hacemos frente.