Escultismo y movimientos juveniles
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Escultismo y movimientos juveniles

7. ¿Es el Escultismo un movimiento militar?

El objetivo del Movimiento de los Boy Scouts es formar buenos ciudadanos, y por esa razón se ha considerado innecesario introducir la instrucción militar.

El arte del Escultismo es un medio por el que incluso los verdaderos granujas pueden llegar a tener pensamientos más elevados y a los rudimentos de la fe en Dios; y, unido a la obligación de los scouts de hacer una buena acción cada día, sienta las bases de los deberes para con Dios y de la disposición a ser amables unos con otros. Os daréis cuenta de que lo que cuenta es la voluntad de la gente. La experiencia nos ha mostrado cómo el patriotismo nacional lleva hasta el extremo de la guerra con otras naciones, a pesar de los esfuerzos de los gobernantes por frenarlo. No creo que esto pueda conseguirse mediante la coacción.

El sencillo sistema de instrucción que se propone para los Boy Scouts solo se sugiere para que los scouters puedan mover a sus Tropas y Patrullas en buen orden en los desfiles, y no como un ejercicio que se practique a menudo con los muchachos cuando es posible hacer otras cosas. Cuando veo una Tropa que desfila bien, pero que fracasa al seguir un rastro o al cocinar su propia comida, me doy cuenta de que su Jefe de Tropa no es tan bueno como debería.

Un oficial indiferente o sin imaginación siempre acaba echando mano de la instrucción militar.

En el Escultismo para muchachos no hay ningún objetivo militar. Es verdad que el Movimiento tiene a un viejo general a la cabeza y a un buen número de antiguos oficiales en sus filas. La razón no es difícil de encontrar. Hombres que se han retirado de la Marina, del Ejército o de la Real Fuerza Aérea siendo todavía relativamente jóvenes han encontrado aquí una forma de ocuparse. Son, más que otros, hombres de carácter activo, imbuidos de ideales de servicio a sus semejantes y deseosos de hacer algún trabajo útil. Así que no es de extrañar que entren en el Movimiento Scout.

Además, muchos de ellos, como yo, han visto algunos de los horrores de la guerra; conocen el sufrimiento y la crueldad que trae consigo y no quieren que vuelva a ocurrir. ¿Se les puede negar esta oportunidad de convertir sus espadas en rejas de arado y sus lanzas en podaderas? Al fin y al cabo, no hay ninguna razón para que un viejo caballo de circo, cuando ha terminado su carrera en la pista, no pueda retirarse tranquilamente a un oficio civil, tirando del carro de un panadero.

Por otra parte, la formación scout nos abre una visión más elevada de esperanza, una visión que no tiene nada que ver con el militarismo. Al desarrollar la educación a través del arte de los bosques, más que mediante la instrucción, podemos dar a los futuros ciudadanos de todos los países la idea de la paz en lugar de la guerra, sin perder ni descuidar ninguna de las virtudes viriles ni de los atributos esenciales de una nación sana.

Si miramos hacia delante, vemos que los dos millones de scouts y guías que existen hoy suponen, como mínimo, otro millón que ya ha pasado por la formación y que serán los padres y las madres de la próxima generación. Por tanto, en los próximos años criarán a unos dos o tres millones de muchachos y muchachas en su misma línea de pensamiento y de acción.

Así pues, tenemos una oportunidad maravillosa. Debemos llevar adelante nuestra formación con la visión correcta, de modo que no nos contentemos con tener una Tropa brillante y con un éxito pasajero, sino que nos aseguremos de haber inculcado a los muchachos y a las muchachas los ideales más altos, y de que los lleven a su vida diaria y a la práctica de un espíritu cristiano que venza el egoísmo con el servicio y que sustituya, con buena voluntad y cooperación, las muchas rivalidades que nacen de un patriotismo estrecho. Así nuestro Movimiento ayudará de una manera tangible a crear el espíritu internacional de buena voluntad que hace falta para dar alma a la estructura que ya existe en la Sociedad de Naciones (N. del T.: la Sociedad de Naciones se creó al terminar la Primera Guerra Mundial; a grandes rasgos, puede decirse que es la antecesora de la ONU).

Así lo reconoce la propia Sociedad de Naciones en este significativo pasaje, sopesado con cuidado, tomado del informe de su Quinta Comisión a la Asamblea General:

«El Movimiento de los Boy Scouts y de las Girl Guides no es uno de esos movimientos desconocidos o poco conocidos con los que conviene esperar a ver qué resultados dan antes de tenerlos en cuenta y de que reciban ayuda de los distintos organismos públicos y gubernamentales. Fundado antes de la guerra de 1914, ya tenía antes de esa fecha un número considerable de seguidores en todo el mundo. Hoy reúne a más de dos millones y medio de jóvenes de ambos sexos, en todos los continentes y en todas las naciones, y sigue prosperando.

»La Quinta Comisión opina que, al recomendar a la Asamblea que invite a los gobiernos a prestar la ayuda necesaria, no se le estaría pidiendo apoyo para una empresa débil condenada a desaparecer. Se le está pidiendo a la Asamblea que ponga bajo su protección un Movimiento lleno de vida e inspirado en ideales, cuyo carácter noble y elevado no está en discusión y cuya utilidad es innegable desde el punto de vista que más nos importa a quienes estamos aquí reunidos: el de la paz mundial.

»Por tanto, no solo es necesario, sino absolutamente indispensable, que este Movimiento reciba todo el apoyo y toda la ayuda posibles.

»No hay que olvidar que los pensamientos y los sentimientos de la generación joven son un elemento importante de la conciencia de la humanidad: un elemento puro y sano, libre de todo prejuicio, de todo rencor y de recuerdos envenenados por el odio; un elemento de entusiasmo y de sentimientos generosos.

»Por esta razón debemos ayudar al Movimiento Internacional de los Boy Scouts y de las Girl Guides, un Movimiento que, gracias al intercambio constante de visitas, a la vida al aire libre, a los juegos compartidos y a los días felices pasados juntos, en los que los jóvenes llegan a entenderse unos con otros, hace crecer día a día sus sentimientos de comprensión, respeto y amor al prójimo, sea cual sea su idioma, su raza o su continente».