Escultismo y movimientos juveniles
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Escultismo y movimientos juveniles

4. La formación

En nuestras ciudades actuales, superpobladas, nos estamos volviendo hipercivilizados a toda velocidad. Se dice que dentro de unos siglos se nos habrán atrofiado las piernas de tanto depender del metro y de los autobuses baratos. Tampoco nuestro carácter mejorará por tenerlo todo hecho, fácil y pensado de antemano: la iniciativa, el ingenio para salir adelante con pocos recursos, la realización personal, el gusto por tocar música, la caballerosidad y otras virtudes humanas caerán en desuso. Seremos un pueblo alimentado artificialmente. Lo artificial está desplazando a lo natural de muchas maneras, y eso no nos hace ningún bien.

La vuelta a la naturaleza, a la escuela de los bosques y al aire libre, es la llamada que tenemos que atender si queremos devolver a la nación su salud moral y su vigor físico, y si queremos enseñar a las nuevas generaciones no solo a ganarse la vida, sino a vivirla. Ese es nuestro objetivo en el Movimiento Scout. Usamos los métodos y los medios que son naturales para los muchachos, y estimulamos que se expresen por sí mismos en lugar de imponerles una instrucción formal.

El deán Russell ha dicho esto del Escultismo, tanto el de los muchachos como el de las muchachas:

«Nuestras escuelas son buenas para transmitir información, los conocimientos que serán útiles a los futuros ciudadanos. Son bastante competentes para despertar los sentimientos adecuados y para desarrollar en los ciudadanos un juicio acertado; pero están lejos de formar los hábitos y de desarrollar y estimular las actitudes sin las cuales una persona será un mal ciudadano, e incluso un ciudadano peligroso.

»Es justo en este punto donde el programa del Escultismo completa el trabajo de las escuelas. Su programa está tan bien ajustado que, cuanto más lo estudiéis y más os adentréis en él, vosotros, los directores de escuela, más os convenceréis de que su creación fue un auténtico descubrimiento.

»El programa de los Boy Scouts es un trabajo de hombres hecho a la medida de los muchachos. Apela al muchacho no por ser un muchacho, sino porque es un hombre en potencia.

»Y es justo en este punto donde fallan los programas de muchas instituciones para muchachos y muchachas. Como sabe cualquier profesor, es fácil apelar a la fantasía volátil de la adolescencia. Hay una edad en la que el niño es feliz con un hacha, unas plumas y un traje de gamuza, y con esa clase de simbolismo se puede montar un buen programa. Una de las grandes organizaciones para muchachas ha cometido, en mi opinión, un error irreparable: apelar únicamente a esa clase de fantasías. El programa del Escultismo lo cambia de raíz. No se le pide al muchacho nada que no haga también el adulto, y paso a paso se le lleva desde donde está hasta donde debe llegar…

»Lo mejor del Escultismo no es su programa, sino su método. Me atrevo a decir que el método del Escultismo es algo que no hemos visto en ninguna otra parte en nuestro tiempo, y que no tiene comparación en los últimos tres o cuatro siglos. Es un sistema organizado en el que los propios muchachos, como líderes, hacen el bien y se inculcan hábitos correctos. En realidad, destacan dos cosas: una, que los hábitos quedan fijados; la otra, que ofrece ocasiones para ejercitar la iniciativa, el autocontrol, la confianza en uno mismo y la capacidad de dirigirse a uno mismo. Y esos dos fines están implícitos en todos nuestros esfuerzos educativos… Para desarrollar la iniciativa, el Escultismo no depende solo de su programa de actividades, sino de la manera admirable en que utiliza su propia maquinaria de organización. Su forma de organizarse ofrece una ocasión espléndida para desprenderse de cualquier método aprendido de antemano, y eso ocurre en la Patrulla y en la Tropa. Enseña a los muchachos a trabajar juntos, en equipo. Garantiza que unan sus esfuerzos para conseguir un fin común, y eso ya es, en sí mismo, democracia.

»Amigos míos, como director de escuela os digo que estoy sinceramente convencido de que nuestras escuelas en América, sostenidas por el público y al servicio del público, no estarán a la altura de la tarea que les exigirá la próxima generación si no incorporamos todo lo posible el espíritu scout y el método scout, y si, además, no llenamos todo lo posible las horas de ocio de los muchachos con un programa de Escultismo al aire libre… Confío en que, cuando los directores de escuela cumplan con sus obligaciones hacia el Estado, cuando entiendan lo que el público quiere y lo que acabará teniendo, y cuando lleguen al fondo de su propio patriotismo y comprendan que de ellos, más que de cualquier aula de América, depende el bienestar futuro de este país, no dejarán de probar y de poner en práctica un instrumento que hace tanto bien».

He citado estas palabras del deán Russell porque entiende muy bien el planteamiento del Escultismo. Nuestro principio de formación consiste en dar a los muchachos y a las muchachas algo que hacer, y no solo algo en que pensar, en su tiempo libre fuera de la escuela. Les ofrecemos un ambiente sano y actividades sanas para el cuerpo y para la mente, y los animamos a ser activos y a hacer cosas, en lugar de limitarse a recibir instrucciones de forma pasiva. Así, entre sus tareas diarias, cada scout no se limita a abstenerse de lo que es egoísta: tiene que hacer una Buena Acción a alguien que necesite ayuda. La Buena Acción es una de las piedras de toque del Escultismo, y es asombroso lo fielmente que, por regla general, se cumple.

Una vez, un educador mantuvo conmigo una discusión amistosa en la que insistía en que la autoeducación activa tiene sus límites y en que hace falta cierta dosis de pasividad y de restricción. Puso un ejemplo: «La cuestión del tabaco. Hay que decirles a los chicos que no deben fumar; si no, acabarán haciéndolo y se dejarán arrastrar. Ahí no cabe la autoeducación».

Bueno, eso depende de cómo se les plantee el asunto a los chicos. En los Boy Scouts lo hacemos así. Les decimos: «Podéis fumar si queréis; pero, viendo el daño que puede hacer a vuestro corazón, a vuestra respiración, a vuestra vista y a vuestro olfato, tan necesarios para el Escultismo, suponemos que no vais a hacer una tontería así hasta que seáis completamente adultos».

Planteado de esta manera, son los propios chicos quienes tienen que pensarlo por sí mismos. Eso los convierte en personas responsables y los lleva a ejercitar su fuerza moral con una buena meta a la vista.

Me han pedido muchas veces que explique por qué nosotros, de entre todas las organizaciones juveniles, nunca nos hemos unido al movimiento de cadetes (Cadet Movement). La razón principal para no hacerlo, y para seguir formando a los muchachos según las líneas scouts incluso durante la guerra, era que la instrucción militar tiende a educar desde fuera, imponiendo ejercicios, entrenamientos y órdenes en masa, en lugar de educar a cada muchacho desde dentro y de forma individual para formar su carácter y su autodisciplina, que, al fin y al cabo, son la base de la eficacia, ya sea como soldado, como marino o como ciudadano. Es de suponer que la meta del movimiento de cadetes es, como la del Escultismo, ofrecer a los muchachos actividades para su tiempo libre que complementen la formación escolar; pero ofrece el viejo estilo de instrucción impuesta, así que no parece encajar con los métodos educativos modernos ni responder a las necesidades de los tiempos.

Es más, en materia de formación, y a una edad tan difícil, lo que parece bueno para un muchacho de dieciséis años no lo es para uno de catorce, y puede ser francamente malo para un niño de diez. La instrucción de los cadetes tiende a tratar a todos por igual. En el Escultismo, en cambio, aunque nuestro límite de edad va «de los ocho a los ochenta» y aunque los cuatro principios —carácter, habilidad manual, salud y servicio— se aplican a todas las edades, los detalles de la formación varían según la etapa de desarrollo en que se encuentre el muchacho.

Hay quien me ha dicho que a los muchachos les atraen los desfiles, la espada de madera y los adornos de los soldados. Es verdad que la Church Lads' Brigade (Brigada de Muchachos de la Iglesia), la Boys' Brigade (Brigada de Muchachos) y otras asociaciones de cadetes han comprobado que cierta dosis de ejercicios militares atrae a algunos muchachos, y los han incorporado a sus programas de formación. Pero cuando pregunté a la mayor autoridad en la materia, el propio muchacho, descubrí que la vida natural de aventura del pionero y del explorador tenía mucho más atractivo para el muchacho corriente; y que, además, le ofrecía una sucesión de actividades que no solo le interesaban, sino que lo retenían.

La Tropa se mantiene con un número reducido de miembros, no solo para que el Jefe de Tropa pueda conocer personalmente a cada muchacho, sino porque es la única forma posible de desarrollar el carácter de cada uno. Pensamos que cuarenta es el máximo ideal (N. del T.: en otros libros habla solo de treinta y dos). Por la misma razón, el Sistema de Patrullas se tomó de la Policía de Sudáfrica (South African Constabulary). Y se creó un sistema completo de insignias, como el de la Marina Real y el de esa misma policía, para buscar la excelencia en las distintas ramas del trabajo.

El plan que se presenta a continuación resume los medios con los que tratamos de inculcar carácter, salud física, habilidad manual y espíritu de servicio a la generación que está creciendo.

I. Carácter

Cualidades que se desarrollan y actividades scouts con las que se desarrollan:

  • Concentración: las señales.
  • Observación: el rastreo de huellas.
  • Deducción: el rastreo de huellas.
  • Autodisciplina y lealtad: las actividades de equipo.
  • Responsabilidad: el Sistema de Patrullas.
  • Juego limpio: la Corte de Honor.
  • Valor: el Escultismo Marino.
  • Caballerosidad: las Buenas Acciones.
  • Amabilidad: la compasión con los animales.
  • Amplitud de miras: la correspondencia con hermanos scouts de otros países.
  • Pensamientos elevados: el respeto a la naturaleza.

II. Salud física

Aspectos del desarrollo y prácticas scouts con las que se fomentan:

  • Responsabilidad sobre la propia salud: acampar y cocinar.
  • Higiene: la limpieza.
  • Constancia: la práctica.
  • Templanza: el entrenamiento.
  • Desarrollo personal: nadar, escalar, caminar y jugar.

III. Habilidad manual

Habilidades que se fomentan y las insignias scouts con las que se fomentan:

  • Aficiones, habilidades artísticas, habilidades industriales y creatividad: más de cincuenta insignias de especialidad, como las de carpintero, bombero, nadador, artista, apicultor, piloto, cocinero, electricista, naturalista, músico, etc.

IV. Servicio

Aspectos de la educación cívica y servicio scout con el que se enseñan:

  • Espíritu cívico: hacer de guía local, con conocimientos de la historia pasada y presente.
  • Acción cívica: los conocimientos de primeros auxilios.
  • Patriotismo: la ayuda organizada a la policía.
  • Servicio a los semejantes: los bomberos, las ambulancias y los hospitales.
  • Servicio a Dios: la atención a ancianos y enfermos.
  • Gobierno civil: la Corte de Honor, los debates y los juicios.

La Corte de Honor es una pieza muy importante de la Tropa de Boy Scouts. Es un comité permanente formado por los Guías de Patrulla, bajo la dirección del Jefe de Tropa, que se ocupa de los asuntos de la Tropa, tanto de los administrativos como de los disciplinarios. Desarrolla en sus miembros el respeto por sí mismos y un ideal de libertad unido al sentido de la responsabilidad y al respeto a la autoridad; y les da práctica en la forma de llevar las reuniones y tomar decisiones, algo de un valor incalculable para los muchachos, tanto individual como colectivamente, como futuros ciudadanos. Gracias en buena parte a esta formación de la Corte de Honor y del Sistema de Patrullas, durante la Gran Guerra muchas Tropas que se habían quedado sin Jefe de Tropa pudieron seguir adelante: no solo mantuvieron su rutina normal de Tropa, sino que prestaron un gran número de servicios públicos en aquellos tiempos de necesidad.

Nuestro objetivo en el Movimiento Scout es formar a los hombres del futuro para que sean hombres útiles, desprendidos, caballerosos y responsables, y que jueguen limpio con todo el mundo. La mayoría de los muchachos de hoy tendrán algún día voz en el gobierno de su país y, sin tocar el tema de la política, los estamos preparando para ello al darles los rudimentos del autogobierno.

Muchas veces he visto a cuatrocientos o quinientos muchachos (Guías de Patrulla scouts) reunidos en una conferencia, sin más que un adulto entre ellos, y ese adulto sentado al fondo. Y cada vez me ha impresionado más. El alto nivel de los temas elegidos, el entusiasmo y la compostura del público, la soltura con la que se expresaban los oradores y la rectitud y la justicia con que se votaba hablan de una escuela de deberes cívicos de un valor incalculable.