Escultismo y movimientos juveniles
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Escultismo y movimientos juveniles

5. Scouters y guiadoras

El mérito de la organización y la expansión del Movimiento de los Scouts y de las Guías se debe a la labor de un ejército de voluntarios. Lo mismo puede decirse de la Boys' Brigade, de la Church Lads' Brigade y de otras organizaciones de voluntarios. Aquí tenemos una prueba magnífica, aunque silenciosa, del espíritu patriótico que late bajo la superficie de nuestra nación. Estos hombres y mujeres aportan su tiempo y su energía, y en muchos casos también su dinero, para organizar y formar a los muchachos, sin pensar en ningún premio ni en ningún elogio por lo que hacen. Lo hacen por amor a su patria y a sus semejantes.

Es natural que el público en general sienta simpatía por todo lo que tenga que ver con los jóvenes, pero esa simpatía suele tirar a sentimental. Lo que hace falta es una simpatía práctica por parte de quienes saben ver en su justa dimensión lo que su país necesita. Mucha gente contribuye a un gran número de buenas obras de todo tipo, excelentes en sí mismas y con un gran espíritu caritativo, pero no siempre orientadas a ayudar a la nación en su conjunto. Hay sociedades para rescatar a los niños de la crueldad, a las niñas del vicio, a los animales del maltrato y a los hombres de la bebida, y así cientos de buenas causas. Hay que reconocer que todas ellas tienen el inconveniente de dispersar un gran esfuerzo en tratar de curar males que ya existen; pero lo que hace falta es concentrar los esfuerzos en prevenirlos en el futuro, porque eso tiene mayor importancia para la nación.

La raíz de todos estos males está, por lo general, en la falta de educación del carácter. Eso es lo que nosotros, en los Scouts y en las Guías, tratamos de remediar, y por eso trabajan estos hombres y estas mujeres. A pesar de lo numerosos que somos, solo llegamos a una pequeña parte de la juventud de nuestro país. Los muchachos están deseando unirse a nosotros, pero tenemos que rechazarlos porque no tenemos suficientes hombres para atenderlos y formarlos. Lo mismo pasa con las muchachas en el Movimiento de las Guías.

El trabajo de estos hombres no es el de un oficial ni el de un maestro de escuela, sino el de un hermano mayor que comparte con los muchachos toda la alegría y la diversión, pero que, además, ve con claridad la importancia y la trascendencia de su trabajo. Son conscientes de la magnífica oportunidad que se abre a cada hombre de hacer un trabajo muy valioso por su país y por sus semejantes, algo que, pasado el tiempo, puede mirar con gran satisfacción. No se trata solo de un placer que trae alegría, sino de una tarea que trae consigo la verdadera felicidad que nace de una vida bien vivida. Este es el espíritu con el que trabajan en el Movimiento Scout los Jefes de Tropa y los Comisionados, los miembros de los comités (N. del T.: se refiere al comité de padres de familia), los instructores, los organizadores y los secretarios; a todos ellos los abarca la palabra scouter. Aquí, en Gran Bretaña, forman una fuerza organizada de 30.000 voluntarios que dedican su tiempo de todo corazón a la causa del muchacho.

El propio Rey es el patrono del Movimiento y en muchas ocasiones ha dado muestras de ese mismo espíritu. El Príncipe de Gales, Jefe Scout de Gales, viste nuestro uniforme, nos acompaña en nuestros campamentos y concentraciones y ha mostrado un interés especial por los scouts de todas las partes del Imperio que ha visitado. La princesa María lleva su uniforme de las Girl Guides y, como presidenta, se interesa profundamente por esa rama del Movimiento. El duque de York tiene el doble cargo de presidente de los Boy Scouts de Londres y de Yorkshire. El duque de Gloucester es presidente de los scouts de ese condado. El príncipe Jorge muestra su interés por los Scouts Marinos como comodoro de esa rama, mientras que el duque de Connaught, como presidente de toda la Asociación, ha presidido durante los últimos años las reuniones del Consejo y ha mostrado un interés incansable por todos los asuntos.

Con todo este impulso y este liderazgo, es natural que una causa tan extraordinaria cuente con un número tan grande de hombres trabajando como scouters en el Movimiento. No se espera que un scouter sea un almirante «gruñón» ni un pedagogo titulado. Lo que se espera es que sea, ante todo, un hombre-muchacho, y el mejor posible, que entienda con claridad la psicología del muchacho gracias al recuerdo de su propia infancia. También tiene que ser capaz de despertar en los muchachos el deseo y el gusto por aprender. En otras palabras, su función consiste en fomentar, con su entusiasmo, la autoeducación activa de cada uno, en lugar de la aceptación pasiva de ideas en una clase o en una compañía. Nuestro principio es aprender expresándose, más que recibiendo impresiones desde fuera, y funciona.

Para ayudar a los scouters a asimilar estas metas y a llevarlas a la práctica con más facilidad, se han creado Centros de Formación en cada país y en cada provincia. Los Jefes de Campo (N. del T.: es decir, los encargados de impartir la formación, los portadores de los cuatro maderos), o directores de esos centros, han obtenido su diploma en un curso de formación en Gillwell Park, en el bosque de Epping. Este lugar se ha ganado fama hasta en los rincones más alejados del mundo por la novedad y el espíritu de su formación. Las colonias británicas, los países extranjeros, los Comités de Educación regionales, las autoridades de la Armada, los seminarios y las escuelas universitarias de magisterio han enviado hombres a formarse aquí, y en ningún caso han expresado otra cosa que satisfacción por los resultados.

Todos los cursos de formación, ya sea en Gillwell o en cualquiera de los «Campos de Formación Reconocidos», funcionan con los mismos principios. Lo primero que hacen todos los participantes es quitarse cualquier insignia de cargo que tengan y convertirse en muchachos bajo las órdenes de su «Guía». Así forman una Manada de Lobatos, una Tropa de Scouts o un Clan de Rovers, y la mayor parte posible de la formación se hace mediante juegos y competiciones entre Seisenas y Patrullas. De este modo, los novatos en el Escultismo y los veteranos ocupan su puesto codo con codo en la «Tropa» y hacen un curso práctico sobre temas como la dirección de la Tropa, el Sistema de Patrullas, las actividades bajo techo, los juegos, la acampada, la vida en el bosque, el pionerismo, el conocimiento de la naturaleza, las señales, el rastreo de huellas, las excursiones y muchos otros temas fascinantes que forman las actividades del Escultismo. Y, sobre todo, todos ellos acaban impregnados del verdadero espíritu del Escultismo.

Además de los cursos prácticos, el scouter tiene que completar un curso por correspondencia de tres partes y obtener un informe favorable de su Comisionado sobre el trabajo que hace con los muchachos. Entonces se convierte en el orgulloso poseedor de la «Insignia de Madera», una cuenta de madera ensartada en un cordón de zapato con la que adorna su uniforme (N. del T.: al principio se usaba una sola cuenta; más tarde se empezaron a usar las dos que llevamos hoy).

Aunque en un principio los cursos estaban pensados para los responsables de las Tropas, han despertado el interés de un buen número de Comisionados (entre ellos lord Meath, Comisionado de Irlanda, que tiene ochenta y tantos años), que se han formado voluntariamente con resultados muy beneficiosos para todo el Movimiento.

El Movimiento de las Girl Guides también tiene campos de formación en Foxlease Park, en el New Forest, y en Waddow, en Yorkshire, en el norte de Inglaterra. Allí, las que se sentían faltas de dotes de mando han obtenido buenos resultados y han ganado fortaleza y confianza, que luego afianzan con la práctica y la experiencia. Con esta preparación, los scouters y las guiadoras ya no dependen tanto de lo que puedan aprender en los libros o en otras fuentes; y, mientras hacen un trabajo valioso y muy necesario por sus hermanos y hermanas más jóvenes, se preparan ellos mismos para ser mejores padres y para tener más preparación y más comprensión con sus propios hijos en los años venideros.

En los últimos años se ha producido un gran avance porque los muchachos mayores de los grandes colegios británicos (public schools) han adoptado el Escultismo de todo corazón, con la idea de llegar a ser Jefes de Tropa y servir así a su país y a sus semejantes. En los Rovers tenemos un conjunto de jóvenes cuyo lema es «Servir» y que, en su mayoría, tienen experiencia en el Escultismo. En ellos nos apoyaremos en el futuro para continuar el trabajo.

La mayoría de los muchachos están deseando saber lo que es el Escultismo, y a diario los rechazamos porque no tenemos hombres que los guíen. Queremos Jefes de Tropa, antes que nada y por encima de todo; también queremos hombres destacados y con experiencia para Comisionados; queremos expertos y hombres con habilidades manuales para instructores y examinadores; queremos hombres y mujeres para formar a los lobatos; queremos scouters para los Rovers, y queremos secretarios y tesoreros que se ocupen de las cuentas. Aquí hay una oportunidad caída del cielo para cada hombre, y para muchas mujeres, que se preocupen por el bienestar del país: la de tener un trabajo feliz en una hermandad feliz, y un trabajo que les dará la mejor recompensa que cualquier hombre pueda desear en este mundo.