Jóvenes caballeros del Imperio
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Jóvenes caballeros del Imperio

6. Bondad con los animales

Ley 6. Un scout es amigo de todos los animales.

El scout debe librarlos del dolor siempre que pueda, y no debe matar sin necesidad a ningún animal, aunque sea una mosca, porque es una criatura de Dios. Sí está permitido matar un animal para comer o un animal dañino.

Una cosa curiosa es que los animales y los niños parecen reconocer enseguida a un hombre bueno cuando se lo encuentran, y se hacen amigos suyos al momento. Y siempre he comprobado que los hombres más valientes son los más cariñosos con ellos.

Habréis visto que nuestros soldados en el frente y nuestros marineros en la Armada tienen sus animales domesticados y sus mascotas. Cuando estuve en Francia, vi muchas veces a nuestros hombres jugando con niños franceses entre sus casas en ruinas, cerca de la línea de fuego.

Todos eran muy buenos amigos, aunque apenas sabían una palabra del idioma del otro.

Igual que un caballero o un scout es caballeroso con las personas más débiles, también lo es con los animales.

Los animales son más débiles que nosotros en inteligencia y entendimiento, pero pueden ser muy afectuosos y cariñosos cuando aprenden que los seres humanos, aunque son lo bastante fuertes para hacerles daño, los tratan con cariño y bondad.

Y están siempre dispuestos a demostrar que aprecian ese cariño. Lo veis en cómo un perro, loco de alegría, da vueltas, mueve la cola y enseña los dientes como si sonriera cuando os ve, o en cómo vuestro caballo resopla buscando el azúcar que sabe que le vais a dar.

Así que da a los animales todo el cariño que puedas y haz que su vida sea feliz.

Muchos muchachos tienden a ser crueles simplemente porque no piensan: todavía no son lo bastante hombres y están, como dije antes, en la edad de las tonterías.

Pero un scout maduro y caballeroso con la gente lo será siempre también con los animales. Y es asombroso el placer que recibes a cambio, ya sea enseñando a tu perro a obedecer la más mínima señal o domesticando a un petirrojo para que sea tu amigo.

El otro día conocí al dueño de un garaje que pasaba por ser un hombre bueno y generoso porque había cedido a la Tropa Scout del pueblo un desván como local de reunión. Pero me demostró de verdad que era un buen hombre cuando me llevó a su salón y me enseñó su canario domesticado, que a una orden suya hacía toda una serie de trucos: le cantaba, respondía a sus silbidos, acudía cuando lo llamaba y le daba besos.

Además del interés de domesticar a un animal en cautividad, puedes pasarlo en grande y vivir muchas aventuras acechando y observando animales y aves silvestres y aprendiendo sus costumbres y sus hábitos. Cuanto más lo hagáis, cuanto más entendáis cómo están hechos y cómo hacen sus distintas tareas, mejor comprenderéis las maravillas de la naturaleza y del Creador.

La manera correcta de observar nidos

A quien estudia los pájaros se le llama ornitólogo. Mark Twain, el escritor norteamericano tan divertido y bondadoso, dijo:

«Hay gente que escribe libros sobre los pájaros y que los quiere tanto que es capaz de pasar hambre y cansancio por encontrar una especie nueva de pájaro… y matarlo.

»A esos se los llama ornitologistas.

»Yo podría haber sido un ornitologista, porque siempre he querido a los pájaros y a los animales. Y empecé a aprender a serlo. Vi un pájaro posado en una rama seca de un árbol alto, cantando con la cabeza echada hacia atrás y el pico muy abierto, y antes de pensarlo le disparé con mi rifle. Su canto se cortó de golpe y cayó de la rama, flojo como un trapo. Corrí y lo recogí: estaba muerto. Tenía el cuerpo tibio en mi mano y la cabeza le colgaba de un lado a otro, como si tuviera el cuello roto; una telilla blanca le cubría los ojos y una gota de sangre roja le brillaba en un lado de la cabeza. Las lágrimas no me dejaban ver nada.

»Desde entonces no he matado a ninguna criatura que no me estuviera haciendo daño, ni lo voy a hacer».

Un buen scout suele ser un buen «ornitologista», como se llamaba a sí mismo Mark Twain. Es decir, le gusta acechar a los pájaros y observar todo lo que hacen. Observándolos puede descubrir dónde y cómo construyen sus nidos.

A diferencia de muchos chicos, no quiere robarles los huevos, sino que le gusta observar cómo crían a sus polluelos y cómo les enseñan a comer solos y a volar. Aprende a distinguir cada especie por su canto y por su manera de volar; sabe qué pájaros se quedan todo el año y cuáles vienen solo en ciertas estaciones, qué comida prefieren, cómo cambian de plumaje, qué clase de nido construyen y cómo son sus huevos.

En Gran Bretaña están desapareciendo muchísimos pájaros porque muchos chicos se llevan todos los huevos cada vez que encuentran un nido.

Buscar nidos se parece mucho a la caza mayor: buscas en los lugares que frecuentan los pájaros que te interesan y, si observas, los verás entrar y salir volando del nido, y así lo encuentras. Pero luego no vayas a destrozar el nido y llevarte los huevos. Si de verdad eres coleccionista, coge solo un huevo y deja los demás, y no toques el nido, porque los padres lo abandonarían y los huevos, de los que quizá habrían salido pajaritos, se echarían a perder.

Mucho mejor que llevarse los huevos es hacer una fotografía o un dibujo de la hembra empollando en el nido, o reunir una colección de ilustraciones de los distintos nidos que construyen las diferentes clases de pájaros.

Dicen que Aberdeen, en Escocia, es un lugar especial para las alondras, y la razón es la siguiente.

Hace algunos años, a finales de marzo, llegó un vendaval muy fuerte con una tormenta de nieve, y toda la parte alta de la región quedó tan cubierta de nieve que los pájaros huyeron a las tierras bajas cerca de la costa. Los campos junto al mar estaban cubiertos de alondras.

Muchísima gente salió a atraparlas con liga, redes, trampas y escopetas. Se capturaron vivas una gran cantidad para mandarlas a los mercados de Londres y de otras ciudades.

Un caballero se encontró con un hombre que vendía una jaula llena de alondras. Estaban apiñadas de un modo terrible, todas aleteando aterrorizadas por su encierro y forcejeando unas contra otras en su ansia desesperada por escapar. Le dieron tanta pena que compró el lote entero y se las llevó a su almacén, donde pudo darles espacio de sobra, comida y agua.

Después se ofreció a comprar, a precio de mercado, todas las alondras que se capturaran para los mercados. Así reunió más de mil, y las metió en una habitación grande donde tenían una libertad relativa y comida en abundancia. Dicen que por las mañanas su canto era casi ensordecedor y que sobre la casa se juntaban bandadas de pájaros para escucharlas.

Por fin pasó el mal tiempo, el sol volvió a brillar y los campos se pusieron alegres y verdes. Entonces el buen hombre que había dado cobijo a los pájaros abrió las ventanas de la habitación, y todos salieron volando en un alegre tumulto, trinando y cantando mientras subían hacia el aire luminoso y tibio, o se alejaron aleteando hacia los campos y bosques cercanos.

Y allí construyeron sus nidos y criaron a sus polluelos, y por eso hoy se oye cantar a la alondra por todo Aberdeen.

Nidos de pájaros

En enero fui con un grupo de scouts a ver nidos de pájaros. Parece una época rara para hacerlo, pero en realidad fuimos a ver cómo se atrae a los pájaros para que vengan a anidar en el Santuario de Aves que hay cerca de Brentford, a las afueras de Londres.

Entramos en el gran bosque y enseguida nos vimos rodeados de pájaros: por todas partes se oían los reclamos, los trinos y los silbidos de cantores invisibles, y solo de vez en cuando alguno cruzaba volando el camino.

Entonces nos fijamos en que casi todos los árboles tenían a un lado una cajita, cerrada del todo salvo por un pequeño agujero redondo en la parte delantera. Eran las «cajas nido»: cada primavera vienen los pájaros, hacen el nido en ellas y crían a su familia. Gracias a eso, el lugar está ahora lleno de pájaros cantores.

El hijo del señor Mark Webb, el guarda del santuario, que todavía es un muchacho, lo sabe todo sobre los pájaros que vienen allí y sobre sus costumbres, y conoce también todas las plantas y árboles que crecen en el bosque. Es un buen acechador scout, y se nota que se divierte mucho y que disfruta vigilando a los pájaros y sus costumbres.

Pues bien, casi cualquier scout puede hacer lo mismo. Mi consejo es que, en cuanto podáis, hagáis una o dos cajas nido y las colguéis en los árboles. Así, cuando llegue el momento, tendréis la satisfacción de ver cómo algún pájaro raro viene a vuestra caja y cría allí a su familia.

La caja debe medir unas ocho o diez pulgadas de alto (entre 20 y 25 centímetros) por seis de ancho y seis de fondo, con el techo inclinado para que escurra la lluvia.

La entrada es un agujerito redondo u ovalado cerca de la parte de arriba de la caja, para que quede sitio suficiente para el nido en la parte de abajo.

Conviene poner en la parte delantera de la caja un pequeño listón para que se posen los pájaros, sobre todo los más jóvenes. Si puedes, pinta la caja con brochazos verdes y marrones para que se confunda con el tronco y las hojas del árbol; si quieres, ponle el nombre de tu Patrulla o de tu Tropa.

Después fíjala al tronco del árbol a unos seis pies (casi dos metros) del suelo, donde estará a salvo de ratas y serpientes, y lo más lejos posible del camino, si hay alguno cerca, para que los pájaros no se asusten con la gente que pasa. Si queda en el lado soleado, mucho mejor.

Una caja nido clavada en el tronco de un árbol

Los pájaros anidan en casi cualquier cosa que les ofrezca seguridad y abrigo; por ejemplo, una tetera vieja o una lata vieja son sitios que les encantan para anidar. Si echas todos los días unas migas o unos granos de maíz cerca de la caja, los pájaros se acostumbrarán y pronto la adoptarán como su hogar.

Cualquier scout que no tenga un árbol propio donde colgar su caja seguramente conseguirá permiso, si lo pide con educación, para ponerla en el bosque o el jardín de algún vecino o en un parque, e ir de vez en cuando a ver cómo va.

En la mayoría de las cajas, el techo o la parte delantera tienen bisagras para poder abrirse, pero no conviene examinar el nido una vez construido, porque los pájaros adultos lo abandonarían.

La migración de los pájaros

La migración de los pájaros, cuando cambian de lugar de residencia, sigue siendo un enigma para los naturalistas. Es asombroso ver cómo parece gustarles viajar, y nadie entiende por qué siguen ciertas rutas por el aire.

Por ejemplo, la reinita de cabeza negra americana pasa el verano en Alaska y el invierno en Sudamérica. Va por el camino más recto posible de Alaska a Brasil, volando sobre mar y tierra, y el golfo de México es, desde luego, un mar muy ancho. En cambio, la golondrina risquera, que también pasa el invierno en Brasil y el verano en el norte de Canadá, sigue una ruta muy distinta: vuela unas 2000 millas más para no pasar sobre el mar y va siempre por tierra, por Panamá, Nicaragua, Honduras, Guatemala, México y luego por los Estados Unidos.

Las distancias que recorren los pájaros en sus migraciones son enormes. Se sabe que algunas aves americanas viajan 8000 millas, y que una parte del viaje, 2500 millas sobre el mar, la hacen sin descansar.

Quizá te preguntes cómo sabemos que las aves recorren distancias tan grandes. Pues bien, muchos naturalistas y observadores atrapan pájaros jóvenes o cansados y los marcan poniéndoles en una pata una anilla pequeña con un número. Luego, otros naturalistas están atentos en otras partes del mundo y, cuando matan o atrapan un pájaro con uno de esos números, lo comunican.

La Universidad de Aberdeen marcó así una gran cantidad de pájaros, con una pequeña anilla de aluminio en una pata que llevaba la inscripción «Aberdeen University» y un número.

Un pato salvaje marcado en Escocia cayó en una red ese mismo año en Holanda.

De cinco frailecillos marcados en Aberdeenshire, cuatro murieron en Irlanda ese mismo año y otro en Portugal, a 1250 millas de distancia. Un zorzal marcado en Escocia fue cazado en Portugal el mismo año.

En Aberdeenshire se sacó de su nido a un pájaro joven, se le marcó, y menos de cinco meses después lo cazaron en Suecia.

Como veis, es interesante estudiar así los viajes de los pájaros. Los scouts pueden ayudar estando atentos: si alguna vez atrapáis un pájaro con anilla o sabéis de alguno, debéis comunicarlo al profesor A. Thompson, de la Universidad de Aberdeen, indicando el número de la anilla, la clase de pájaro, dónde se encontró y en qué fecha.

Estudiar a los animales

Sin duda, el jabalí es el más valiente de todos los animales; él es el verdadero «rey de la selva», y los demás animales lo saben. Si por la noche vigilas un abrevadero en la selva, verás que los animales que llegan se acercan arrastrándose con nerviosismo, mirando en todas direcciones en busca de enemigos escondidos. Pero el jabalí llega fanfarroneando, balanceando de un lado a otro su gran cabeza y sus colmillos relucientes; no pretende molestar a nadie, pero todos se inquietan al verlo, y hasta un tigre que esté bebiendo gruñe y se quita de en medio.

Muchas veces he pasado noches de luna en la selva observando a los animales, sobre todo a los jabalíes, y es tan divertido como salir a cazarlos.

He capturado y tenido en cautividad un jabalí y una pantera jóvenes, y me han parecido unos pillastres de lo más divertidos e interesantes. El jabalí vivía en mi jardín, pero nunca llegó a domesticarse del todo, aunque lo tenía desde que era una cría.

Venía cuando lo llamaba, pero con mucha cautela. A los extraños no se acercaba nunca, pero a un nativo se le echaba encima y trataba de rajarlo con sus pequeños colmillos.

Practicaba con los colmillos dando vueltas a toda velocidad alrededor del tronco de un árbol viejo del jardín: galopaba sin parar trazando ochos durante cinco minutos seguidos, y luego se dejaba caer de costado, jadeando por el esfuerzo.

Mi pantera también era un animal precioso y de lo más juguetón; me acompañaba como un perro, pero no era de fiar con los extraños.

Creo que uno llega a conocer y a entender mejor a los animales teniéndolos primero como mascotas y observándolos después en su vida libre y salvaje.

Pero, antes de ir a estudiar a los animales salvajes en la selva, todos deberíais estudiar en casa toda clase de animales, salvajes y domésticos. Estaría muy bien que cada scout tuviera algún animal, por ejemplo un poni o un perro, pájaros o conejos, o incluso mariposas vivas.

Todo scout debería saberlo todo sobre los animales domésticos que ve a diario. Debe saber todo lo necesario sobre los cuidados, la comida y la bebida de un caballo, cómo ponerle y quitarle los arreos, cómo meterlo en la cuadra y que no se le debe hacer trabajar cuando está cojo.

Caballerosidad con una oveja

Una señora paseaba por las colinas de Sussex con su anciano padre, que era inválido. De pronto vio, más abajo, unas ovejas encerradas en el redil, como suelen estarlo por la noche. Entre ellas había dos perros grandes, y los cuerpos de dos ovejas muertas daban fe del daño que ya habían hecho, mientras las demás, asustadas, se apiñaban esperando su turno.

La señora no sabía qué hacer: no quería dejar solo a su padre inválido mientras ella bajaba, y la pendiente era demasiado empinada para que él lo intentara.

Justo entonces aparecieron por allí cinco scouts bastante jóvenes; el mayor tenía trece años. Enseguida tomaron el asunto en sus manos y fueron a por los perros. Al verlos, los perros dejaron a las ovejas y se les echaron encima ladrando, y los scouts retrocedieron. Pero solo durante un minuto.

Celebraron un consejo de guerra, volvieron a avanzar con los bordones en la mano y esta vez lograron ahuyentar a los perros. Lo último que vio la señora fue a la pequeña y valiente patrulla, sin las mochilas, arrodillada junto a una pobre oveja tendida en el suelo. Después se marchó, convencida de que la oveja estaba en buenas manos.

La oveja se reanimó en unos segundos: le lavaron las sienes con agua, y también bebió un poco, que le sentó de maravilla. Pero aún no tenía fuerzas para ponerse de pie. ¿Qué hacer entonces?

Con las mochilas y los bordones improvisaron una camilla. Luego vino lo difícil: subir a la camilla aquel cuerpo tan pesado. Por fin lo consiguieron, y la procesión emprendió la marcha campo a través hasta la granja, que estaba a dos millas (algo más de tres kilómetros).

Cuando llegaron, los scouts ayudaron al granjero a darle los primeros auxilios —quizá mejores que los suyos— y emprendieron el camino de vuelta a casa.

Es una historia completamente verídica. ¿Qué habría pasado hace veinte años si unos chicos del pueblo hubieran visto a esos perros destrozando a las ovejas? Quizá habrían salido corriendo, tal vez en busca de ayuda; pero no estoy muy seguro de que no se hubieran quedado mirando, y hasta disfrutando un poco, pensando solo en la buena historia que tendrían para contar a sus amigos al volver a casa.

El Escultismo no solo ha enseñado a los chicos qué hacer en una emergencia, sino que ha enseñado, y sigue enseñando, a nuestros muchachos más pequeños a amar a las personas y también a los animales.

Lord Nelson en una corrida de toros

Esto es lo que escribió Lord Nelson sobre una corrida de toros a la que asistió en España:

«La plaza tenía capacidad para 1600 personas y había unas 1200. Los toros fueron elegidos y sacados de uno en uno. Sus adversarios eran tres jinetes a caballo y varios hombres a pie con capas. Tuvimos lo que podría llamarse una buena “fiesta”, pues murieron cinco caballos y dos hombres resultaron bastante malheridos; si hubieran muerto, el espectáculo habría sido completo.

»Sentimos lástima por los toros y por los caballos, y a mí no me habría disgustado ver a algunos de los “dones” (los españoles) volando por los aires, lanzados por los animales enfurecidos.

»Sorprende que las mujeres puedan quedarse sentadas viendo semejante espectáculo, y más aún aplaudirlo. A nosotros mismos nos revolvió el estómago y apenas pudimos mirarlo: los caballos destripados y muertos y los toros cubiertos de sangre eran demasiado. Hemos visto una corrida de toros y estamos de acuerdo en que nada en el mundo nos convencerá de ver otra».

Eso escribió Nelson, el héroe de tantas batallas terribles. Y demuestra hasta qué punto a un hombre acostumbrado a ver sangre y muerte puede parecerle horrible lo mismo cuando se hace por deporte, a costa del sufrimiento de pobres animales.

Los scouts deben recordarlo cuando traten con animales y sentir lo mismo que sintió Nelson, el príncipe de los Scouts marinos.

Un buen scout joven

Me encontré con un joven Guía de Patrulla que iba con prisa, sin duda de servicio. Le pregunté adónde iba y me respondió que a reunir a su patrulla, que por entonces solo tenía tres miembros, para ir a buscar a tres novatos que se unieran de inmediato, porque tenían entre manos un trabajo serio.

Después supe por su padre en qué consistía ese trabajo serio. La patrulla había descubierto a un grupo de chicos que torturaban ranas inflándolas al soplarles con pajitas. Los scouts no eran lo bastante fuertes para detenerlos, pero fueron a ver al policía y le preguntaron si podían tomarse la justicia por su mano e ir a por aquellos chicos. El policía dio su permiso, y ahora iban a reunir a toda la patrulla para atrapar a los torturadores y poner fin al martirio de las ranas.

Más tarde me enteré de que lo habían conseguido.