Jóvenes caballeros del Imperio
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Jóvenes caballeros del Imperio

10. Limpieza

Ley 10. Un scout es limpio en pensamiento, palabra y obra

Los scouts decentes desprecian a los jóvenes que dicen guarradas, y no se dejan llevar por la tentación de decir ni de hacer nada sucio. Un scout es puro, limpio de mente y varonil.

Cuando los muchachos van creciendo, suelen querer presumir e impresionar a los demás chicos con su «hombría», o al menos con lo que ellos creen que es la hombría.

Normalmente empiezan por fumar. Creen que es lo que se lleva, así que chupan y echan humo de cigarrillos, en parte porque son baratos y en parte porque una pipa los marearía.

La razón por la que la mitad de ellos lo hacen es que son unos cobardes redomados y temen que los demás chicos se rían de ellos si no lo hacen. Se creen unos héroes tremendos, cuando en realidad son unos pobres borregos.

También les gusta decir palabrotas, porque piensan que así parecen tremendamente fieros y mayores. Y creen que contar historias sucias y hablar de guarradas es el colmo de la virilidad.

Pero esas cosas no significan gran cosa para los muchachos que las hacen. Normalmente se achantan y las esconden en cuanto hay un hombre delante. Solo las sacan para hacerse los listos delante de otros chicos. Eso demuestra que no están muy orgullosos de sus hazañas. Y el muchacho que tiene sentido del honor sabe enseguida, por sí mismo, que esas cosas van contra la ley de su conciencia, y no querrá saber nada de ellas.

Eso lo pone en una situación difícil cuando está entre otros chicos que presumen, porque estarán listos para burlarse de él. Pero si tiene honor y valor, les plantará cara con valentía y, como resultado, quedará como el único hombre de verdad del grupo.

Lo más probable es que, aunque en ese momento no lo demuestren, algunos de los otros vean que él tiene razón y ellos no, y reúnan el valor para seguir su ejemplo y ser limpios y honrados.

Si un scout, con su conducta, logra salvar a uno de esos compañeros, ya habrá hecho algo en este mundo.

Pensaréis que no hay ningún peligro en un chiste un poco subido de tono o en fumarse a escondidas un cigarrillo de vez en cuando; que, como mucho, será una tontería. Pero si os paráis a pensarlo, y sobre todo cuando más adelante veáis, como yo he visto, las consecuencias que acarrean cosas así, comprenderéis enseguida el gran daño que hacen y el gran peligro que encierran. Es el principio, y el principio de cualquier cosa suele ser lo más importante.

Si habláis o escucháis cosas indebidas, pronto empezaréis a pensar en cosas indebidas, y muy pronto empezaréis a hacerlas.

Cuando hacéis algo que no haríais delante de vuestro padre o de vuestra madre, os estáis convirtiendo en unos tramposos. Si hacéis esas cosas a escondidas, no sois honrados.

Quien no es honrado desde el principio seguramente seguirá siendo deshonesto el resto de su vida. En lo más hondo de su corazón siempre sabe que es un granuja, así que nunca se sentirá orgulloso de sí mismo; y los demás lo descubrirán tarde o temprano, de modo que nunca tendrá amigos de verdad ni un buen empleo.

Además, estas cosas le harán daño al cuerpo, sin duda.

El tabaco es un veneno para un chico en edad de crecer. Puede que no le haga demasiado daño si empieza cuando ya es adulto, pero mientras sus músculos todavía se están formando, es casi seguro que le dañará el corazón, los pulmones y la digestión, y probablemente también la vista y los dientes.

Supongo que la mayoría de los muchachos queréis ser buenos corredores y poder practicar todos los deportes, y estoy seguro de que todos los scouts queréis «estar preparados» para ser hombres sanos al servicio de vuestro país.

Pues bien, no podréis serlo si empezáis a fumar de jóvenes.

Como todo lo demás, la bebida empieza poco a poco; pero pronto va a más en el muchacho, a menos que esté alerta para frenarla. Más de la mitad de los delitos que se cometen en Gran Bretaña se deben a la bebida, y también la mayor parte de la pobreza y tres cuartas partes de la locura.

Con los pensamientos sobre las mujeres pasa algo muy parecido: pronto se convierten en malas acciones, y estas, si se repiten, se vuelven hábitos que llevan a muchísimos casos de miseria, enfermedad y demencia.

¡Sed fuertes!

¡Sed hombres! Alejaos de estos peligros.

Si algunos muchachos de vuestro alrededor están metidos en la porquería, dejadlos y marchaos a otra parte. No empecéis a holgazanear, a beber, a decir obscenidades ni a hacer lo que sabéis que está mal. Buscad cosas mejores que hacer: juegos, trabajos manuales, buenas acciones, trabajo. Así llegaréis a ser personas limpias, honradas y felices; y, lo que es más, hombres.

La hombría no es suciedad

No hace mucho hubo cierta polémica sobre algunos teatros de variedades de Londres. Mucha gente estaba disgustada por el lenguaje bajo y sucio, o por las insinuaciones, de algunos de los actores. La mayoría de esos espectáculos, en los que salían mujeres medio desnudas bailando y tratando de parecer guapas, habían venido de otros países y, en realidad, no gustan al británico medio.

Harry Lauder es divertidísimo, pero lo es sin ser indecente, y lo mismo le pasa al famoso cantante Chevalier. Dan Leno nos hacía reír y nunca fue indecente, y por eso él y otros cantantes han tenido tanto éxito.

Hace poco vi una función en la que una mujer medio desnuda salió al escenario a bailar; aunque la habían anunciado a bombo y platillo como la gran atracción del local, la aplaudieron muy poco. Después salió una chica de aspecto alegre, vestida con ropa normal, que se limitó a cantar una balada inglesa, y sin embargo la aplaudieron y la vitorearon tanto que tuvo que salir a cantar una segunda y hasta una tercera vez.

Creo que al británico decente y varonil le gusta un espectáculo limpio; le gusta reírse sanamente o escuchar buena música. Creo que son pocos (y casi todos ellos cobardes y viciosos) los que disfrutan yendo a ver los espectáculos medio indecentes y obscenos que a veces llegan de otros países.

Varios hombres junto a una vieja bomba de agua en la plaza de un pueblo
La plaza del mercado de Bailleul, en Francia, en 1916

En 1916 estuve alojado en Bailleul, en Francia, en casa del alcalde, y desde una de sus ventanas hice este dibujo de la plaza. Cuando volví a visitar la ciudad en 1918, había quedado hecha añicos por un fuerte bombardeo. Entre los montones de escombros encontré todavía en pie la misma vieja bomba de agua, y logré situarme donde había estado la casa; pero, aparte de un montón de ruinas, no quedaba nada de ella ni de ninguna de las casas vecinas de alrededor de la plaza del mercado.

La Orden del Baño

Antiguamente, cuando se armaba caballeros a los miembros de la Orden del Baño (N. del T.: una de las órdenes de caballería inglesas más altas y apreciadas), estos tomaban un baño como parte de la ceremonia. Durante una visita a Hull me alegró mucho ver que, en un club de muchachos, cada chico se bañaba al llegar.

En la primera sala, nada más entrar en el club, cada uno se quita toda la ropa y la cuelga en una percha preparada para ello. Después pasan a un baño de inmersión y, a continuación, a una sala para secarse. Más allá está el vestuario, donde les dan una camiseta y unos pantalones cortos para llevar esa noche, hasta que llega la hora de ponerse su ropa y volver a casa.

Este baño diario es excelente para mantener a un muchacho sano y fuerte, y la parte más importante es la fricción con la toalla.

Ahora bien, a menudo a un scout le resulta difícil bañarse. A veces en su casa no tiene medios para hacerlo, y en el desierto o en la sabana suele haber muy poca agua. Pero si tiene una toalla, sobre todo si está húmeda, siempre podrá darse una buena fricción con ella y frotarse bien todo el cuerpo. Eso es lo que me gustaría que hicieran todos los scouts cada mañana al despertarse. No solo os mantendrá limpios, sino que os hará mucho más sanos, felices y fuertes, porque limpia la piel y activa la sangre para que corra por las venas y os dé salud.

Así que cada scout debe hacerse con una toalla y darse su fricción todas las mañanas al despertarse.

De la misma manera, cepillaos los dientes con regularidad, todas las mañanas y todas las noches; así evitaréis que se os piquen y os ahorraréis los dolores de muelas.

Escupir

«Caballeros, no escupan; los hombres no deben escupir», decía un aviso que vi en una ciudad americana. Había otro parecido: «Si espera que lo traten como a un caballero, no escupa».

En los vapores que iban a Sudamérica, a los pasajeros ingleses les molestaba a menudo la cantidad de escupitajos que algunos pasajeros extranjeros dejaban en la cubierta.

A uno de los capitanes se le ocurrió una buena idea: ordenó a un marinero que, con una fregona, siguiera a cada uno de esos extranjeros adondequiera que fuese. Cada vez que el extranjero escupía, el marinero pasaba la fregona, y en poco tiempo los extranjeros aprendieron que, si se comportaban como los demás caballeros y no escupían, se libraban de llevar detrás a un criado con una fregona. Así que pronto dejaron aquella sucia costumbre.

Cuando estuve a cargo de un edificio público en Malta, que por las noches vigilaban centinelas malteses, pronto me di cuenta de que no siempre necesitaba hacer rondas para comprobar si estaban alerta: su costumbre constante de escupir me revelaba a la mañana siguiente si habían estado despiertos y por dónde habían andado durante la noche.

Un día encontré el suelo del puesto de uno de ellos completamente limpio y seco, así que lo llamé y lo acusé de haberse ausentado sin permiso. Como no sabía cómo lo había averiguado, confesó que había salido a ver a un amigo, pensando que no había nada de malo en ello, puesto que el lugar estaba bien cerrado y asegurado.

Por suerte, los ingleses no tienen costumbres tan sucias como la de estar siempre escupiendo; pero, aun así, algo de eso se ve por las calles, y aunque sea poco, es algo malo.

No es solo una mala costumbre que resulta desagradable para los demás, sino que además es peligrosa, por lo siguiente:

Muchas personas padecen, sin saberlo, tuberculosis u otras enfermedades de los pulmones. Cuando escupen, esparcen una buena cantidad de pequeños «gérmenes» que, aunque son demasiado pequeños para verlos, pasan al aire y los respiran con facilidad los transeúntes. Esos gérmenes llevan las semillas de la enfermedad, que se plantan en personas sanas y las vuelven «tuberculosas» también.

Por desgracia, a la gente le gusta escupir en los vagones de tren. Hace poco multaron con diez chelines y dos guineas a un hombre al que sorprendieron haciéndolo.

Su excusa fue que tenía mucha tos.

Cualquier scout podría haberle dicho que, además de lo sucio y desagradable de esa costumbre, es muy peligroso para los demás pasajeros que un hombre con mucha tos se deje llevar por ella. Las pequeñas semillas de la enfermedad quedan sueltas y pueden entrar en la garganta y los pulmones de otras personas, y quizá traerles la enfermedad o la muerte.

La guerra contra la tuberculosis

Cada año mueren sesenta mil personas en Gran Bretaña a causa de la tuberculosis.

Una de cada ocho muertes se debe a la tuberculosis.

Doscientas cincuenta mil personas, una de cada doscientas, tienen la enfermedad.

La tuberculosis se contagia por descuido o por ignorancia, al respirar los gérmenes o al beberlos con la leche.

Aquí tenéis unas reglas sencillas que, si las seguís, os ayudarán a no contagiaros:

  1. Vivid mucho al aire libre.
  2. Dormid con la ventana abierta.
  3. Respirad por la nariz.
  4. Si bebéis leche, aseguraos de que sea pura.
  5. Mantened sana la sangre con ejercicio y con una alimentación buena y sencilla.
  6. Mantened vuestra casa limpia y bien ventilada.
  7. No descuidéis nunca un resfriado.

Muchas vacas tienen los gérmenes, o semillas, y los transmiten con su leche.

Por eso la leche debe «esterilizarse», es decir, calentarse lo suficiente para que los gérmenes mueran antes de beberla.

Un hombre ordeña una vaca y, al otro lado de una línea de puntos, una niña bebe de una taza
De la vaca a la taza. No bebáis la leche directamente de la vaca, porque muchos de estos animales tienen los gérmenes de la tuberculosis.

También hay muchas personas que llevan dentro los gérmenes de la tuberculosis aunque todavía no estén enfermas. Tarde o temprano lo estarán, y esparcen gérmenes cada vez que tosen o escupen.

Cómo se contagia la tuberculosis

Un hombre escupe; una línea de puntos lleva los gérmenes hasta un scout que respira por la nariz y de allí a un chico con la boca abierta
Un hombre escupe y los gérmenes suben por el aire. Intentan entrar en un chico que respira por la nariz, pero salen despedidos. Entonces intentan entrar en otro chico que respira con la boca abierta, y así llegan a sus pulmones.

Estos gérmenes vuelan por el aire con el polvo y entran en la boca de otras personas, y de ahí en sus pulmones, si esas personas llevan la boca entreabierta. Si respiran solo por la nariz, como espero que hagan todos los scouts, hay menos probabilidades de que los gérmenes lleguen a los pulmones, porque quedan atrapados en la mucosidad pegajosa de las fosas nasales y se expulsan al sonarse.

Lo mismo ocurre con otras enfermedades, además de la tuberculosis.

Un misionero scout puede moverse entre personas enfermas de resfriado, sarampión y otras enfermedades si respira solo por la nariz. Todas las enfermedades «contagiosas» se propagan por gérmenes que vuelan de una persona a otra.

Los gérmenes de la tuberculosis que entran en vosotros van a los pulmones, que son como grandes esponjas a través de las cuales la sangre recibe el aire que necesita para mantenerse sana. Los gérmenes de la tuberculosis consumen los pulmones.

Este pequeño y desagradable germen prospera en el polvo y en el aire oscuro y húmedo, así que se agarra con fuerza incluso a personas sanas en habitaciones oscuras y sucias, donde no se abren las ventanas.

El aire fresco, la luz del sol y la limpieza matan los gérmenes.

Ahora que sabéis lo que es la tuberculosis, haríais una buena acción si se lo explicarais a otras personas.

Quiero que todos los scouts que lean esto se lo expliquen por lo menos a cinco personas. Así podrían salvar vidas.