4. Espíritu
La Ley Scout
- El scout cifra su honor en ser digno de confianza.
- El scout es leal.
- El deber del scout es ser útil y ayudar a los demás.
- El scout es amigo de todos y hermano de todo scout.
- El scout es cortés.
- El scout es amigo de los animales.
- El scout obedece sin discusión las órdenes de sus padres, de su Guía de Patrulla o de su dirigente.
- El scout sonríe y silba en todas las dificultades.
- El scout es económico.
- El scout es limpio en pensamiento, palabra y obra.
La sonrisa scout
¿Has estudiado los diez artículos de la Ley? Sé que los has leído muchas veces y que los has repetido como una lección del colegio.
Pero no me refiero a eso. ¿Los has estudiado de verdad?
¿Has pensado con cuidado en cada artículo para ver cómo puedes ponerlo en práctica en tu vida diaria?
Creo sinceramente que cualquier scout que haga esto y practique la Ley en su trabajo y en sus juegos de cada día, no solo mientras es un chico, sino también después, cuando sea un hombre, hará de su vida un éxito.
Fíjate, por ejemplo, en el artículo 8, que dice: «El scout sonríe y silba». Suena ridículo, pero si lo practicas, sobre todo lo de sonreír, cuando estés en peligro, angustiado, enfermo o con un trabajo duro, descubrirás que, si te esfuerzas en sonreír, la mitad de la dificultad desaparece. Sonreír te hará sentirte más feliz y también hará felices a los demás al ver tu cara sonriente. Cuando tengas que hablar con un desconocido, aunque solo sea para preguntarle el camino, una sonrisa hará que enseguida se muestre amable contigo. Ya lo digo yo: «Una sonrisa es la llave secreta que abre muchos corazones». Tu sonrisa demuestra que tienes el ESPÍRITU adecuado: amistoso y bien dispuesto.
Ya te he dicho que, para ser un hombre completo, necesitas un CUERPO sano y una mente INTELIGENTE. Pero eso también puede tenerlo un asesino. Hace falta una tercera cosa para formar a un hombre de bien: el ESPÍRITU recto para hacer cualquier cosa.
Por qué un scout no frunce el ceño
Una vez vi en The Scout una buena foto de una Tropa haciendo ejercicio. Era muy buena, salvo por un error: los scouts hacían exactamente lo que Escultismo para muchachos dice que no debe hacerse. Fruncían el ceño en lugar de sonreír.
Si te mantienes sonriente, no solo te sientes más contento, sino que haces sentir a quienes te ven que disfrutas con el trabajo. Y, poco a poco, tu cara se vuelve más alegre o más amargada, según practiques una expresión u otra.
Debes afrontar tus problemas por ti mismo
Una vez vi a un mahometano que arrastraba un carro. Se le rompieron las varas y, como era un vago, dijo que no podía seguir.
—¿Por qué no?
—Dios me ha roto las varas. Si quisiera que siguiera, me las arreglaría.
Y durante la guerra de los bóeres hablé con un oficial bóer que me contó que, antes de la guerra, había aconsejado al presidente Kruger que consiguiera más artillería si quería vencer a los ingleses. Kruger le respondió:
—No. Si Dios quiere que ganemos, Él derrotará a los ingleses por nosotros.
Y mi amigo le replicó:
—No es así. Dios ayuda a quien se ayuda. Puede que le permita disfrutar de un ganso asado, pero espera que lo cocine usted mismo.
Cuando tengas un trabajo difícil, pide a Dios que te ayude y Él te dará fuerzas. Pero tienes que hacerlo tú mismo.
Lord Kitchener y los Boy Scouts
La muerte de lord Kitchener fue un golpe para todo el Imperio, porque apenas había un rincón de él que no hubiera visitado. Para los scouts fue un golpe especialmente duro, porque era miembro de nuestro Consejo y siempre mostró un interés especial por lo que hacíamos.
Hablábamos de ello a menudo, y en muchas ocasiones me aconsejó con amabilidad y con sugerencias valiosas. Siempre quiso lo mejor para nuestra nación, en forma de mejores ciudadanos que se encargaran de los trabajos del futuro. Para conseguir hombres así, primero tenemos que ayudar a los muchachos a ser eficientes y patriotas. Por eso pensaba tanto en los scouts y en su formación.
Él mismo era el mejor ejemplo del hombre que se necesita. Era AUTOSUFICIENTE; es decir, conocía su trabajo y la manera de hacerlo, y aunque las dificultades fueran en aumento, las atacaba decidido a superarlas y siempre lo conseguía.
Nunca pedía ayuda; prefería hacer su trabajo solo. No hacía nada por la gloria o la fama, no le importaban ni los elogios ni las críticas: seguía adelante con su trabajo porque era su deber. EL DEBER ANTE TODO podría haber sido su lema, y desde luego lo cumplió hasta el extremo de morir cumpliéndolo.
Hazlo tú mismo
Es una línea de conducta espléndida para cualquier SCOUT: hazte eficiente para depender de ti mismo y planea cómo actuar o cómo llevar a cabo cualquier trabajo que te salga al paso.
No te molestes en pedir ayuda a los demás: hazlo tú mismo.
No te preocupes por los elogios que recibas por lo que haces. Si lo haces bien, ya tendrás bastante satisfacción, y esa será tu mejor recompensa. Lo único que debe preocuparte es HACERLO LO MEJOR POSIBLE Y CUMPLIR CON TU DEBER.
El general Nogi
Hace unos cuantos años, lord Kitchener llevó al gran general japonés Nogi y al almirante Togo a conocer a su propia Tropa scout.
El general Nogi les contó que él no siempre había sido valiente y emprendedor. Pero cuando se encontraba con algo que le desagradaba o que no tenía ganas de hacer, se obligaba a hacerlo una y otra vez, hasta que dejaba de afectarle, y a partir de entonces lo hacía como parte de su trabajo diario.
Cuando se hizo hombre y soldado, afrontó todos los peligros y las dificultades con gran valor y alegría.
Como recordaréis, cuando murió el emperador de Japón, Nogi se quitó la vida, porque consideró que su deber era acompañar a su señor al otro mundo. Como prueba de valor, se dio muerte de la manera más terrible.
Aunque no compartimos sus ideas, podemos admirar el PRINCIPIO de su acto: no eludir nunca nuestro deber.
Una vez scout, siempre scout
Lord Kitchener dijo a 195 scouts: «Una vez que eres scout, debes seguir siendo SCOUT». Es decir, tienes que mantener siempre la costumbre del Escultismo, lo que significa:
- SER EFICIENTE. Hacer bien las cosas.
- HACERLO LO MEJOR POSIBLE. Puede que no seas sobresaliente, pero aférrate a tu idea y hazlo lo mejor que puedas.
- AYUDAR A LOS DEMÁS. Siempre que tengas ocasión.
- SERVIR A TU PATRIA. Trabajando duro en lo que hagas.
Y también dijo: «No lo hagas solo mientras eres un chico. Apréndelo y conviértelo en un HÁBITO, de modo que, cuando seas un hombre, sigas haciéndolo y sigas siendo scout: con tus buenas acciones, haciéndolo lo mejor posible, cumpliendo con tu deber ante todo y hasta la muerte».
Eso es lo que hizo lord Kitchener, y con ello te mostró el camino. Sigue su ejemplo.
Afabilidad
¿Has leído alguna vez Kim, la novela de Rudyard Kipling?
Yo conté la historia en Escultismo para muchachos y mencioné que a Kim lo apodaban «el pequeño amigo de todo el mundo».
Lo llamaban así porque era agradable no solo con sus amigos, sino con todo aquel a quien conocía.
Los scouts son iguales y se han ganado fama de ser «pequeños amigos de todo el mundo», sobre todo por hacer buenas acciones a los demás y por decir «No, gracias» cuando la gente quiere pagarles por ellas.
El scout, si es bueno, aprende a sonreír mientras trabaja, y eso lo cambia todo. Cuesta entender cómo puede conseguirlo el simple gesto de estirar un poco las comisuras de los labios, ¡pero así es! Una sonrisa agradable vale mucho. Significa que te alegra hacer tu trabajo y que lo haces de buena gana, y eso, naturalmente, agrada a la persona para quien lo haces.
Y eso es lo que tratas de hacer: agradar a la otra persona, no a ti mismo. Ahí es donde entran la educación y la cortesía.

Los británicos no mostramos lo suficiente nuestra cortesía, aunque la tengamos; o, por lo menos, tenemos buena disposición.
Cuando estuve en Noruega, cada vez que pasaba ante un muchacho o un hombre, aunque fuera un simple trabajador camino de su trabajo, se quitaba el sombrero, aunque no me conociera de nada.
Recuerdo que pasamos junto a cuatro muchachotes que estaban sentados sin sombrero: los cuatro se pusieron de pie e hicieron una reverencia cuando mi amigo y yo pasamos, y luego volvieron a sentarse. Pura cortesía.
No me imagino a cuatro muchachos británicos haciendo algo así. Y los noruegos no estaban haciendo el payaso, porque no conozco hombres más nobles y viriles que los descendientes de los vikingos.
Británicos con buena disposición
Con esto no quiero decir que los británicos no seamos gente amable, aunque no lo demostremos.
Supongo que más de la mitad de los extranjeros que visitan nuestro país dicen que lo que más les impresionó fueron los policías. Y no me refiero a que los aporrearan con sus porras, sino a su cortesía.
Una señora norteamericana que escribió sus impresiones sobre Inglaterra contaba que le había sorprendido la buena disposición y la amabilidad que había encontrado en el país.
Decía que los hombres no eran tan abiertamente corteses como los de su país, pero que, en el fondo, estaban mucho más dispuestos a ayudar y a hacer favores de la mejor manera posible.
Ella conducía su coche por el lado equivocado, porque había olvidado que aquí las normas de circulación son distintas, y casi choca con otro coche. El conductor, en lugar de gritarle y ofenderla, se limitó a mover el dedo y decirle: «¡Traviesa, traviesa!».
Cómo tener buen carácter
Pues bien, los británicos tenemos fama de buen carácter y de afabilidad, y de vosotros, los hombres del futuro, depende que esa fama se mantenga.
El primer paso es formarte un buen carácter. Puede que digas que tienes mal genio, pero el carácter es algo que se hace bueno o malo. Si te impones a tu mal genio cada vez que tengas ganas de enfadarte, pronto lo dominarás.
La manera de imponerte es un truco scout: obligarte a sonreír y a silbar.
Cuando te den un golpe en la barbilla jugando al fútbol, o uno de los contrarios haga trampa, no grites como un crío: «¡Ya no juego!». Sonríe y sigue jugando.
¡Ahí es donde se demuestran el arrojo y el buen carácter!
Sonríe y silba
Este mundo en el que vivimos tú y yo es divertido y hermoso; lo que pasa es que se nos olvida darnos cuenta.
¿Dónde vas a encontrar más gloria y más torrentes de luz y calor que en la luz del sol? Es verdad que a veces desaparece con la lluvia y las nubes, pero siempre vuelve.
¿No te gusta escuchar una buena banda y buena música? Yo lo disfruto muchísimo.
¿Y no es maravilloso tener una cama caliente en la que dormir? ¿No es estupendo tener hambre y saciarla con buena comida?
Sí: aunque en el mundo haya nubes y dolor, también hay mucho sol y mucha diversión que sacarle, mucha alegría y muchas risas, si las buscamos.
Es más, está en nuestras manos dar un poco de diversión y de risa a los demás, si nos acordamos de hacerlo. Y eso nos hace todavía más felices.
Así que, si alguna vez te sientes deprimido, agobiado y dolorido, recuerda que las nubes pasarán y que el sol siempre vuelve a brillar. Levanta las comisuras de los labios y obliga a tu boca a sonreír. Si no eres capaz de sonreír y silbar a la vez (yo tampoco lo soy), hazlo por turnos: primero una cosa y luego la otra. De pronto descubrirás que las cosas no están tan mal. Y si consigues que los demás también lo sientan, serás más feliz. El sol volverá a brillar y todo irá bien.
Una vez soñé que me había muerto. Cuando llegué a la puerta del cielo, san Pedro me recibió y nos pusimos a charlar amigablemente.
De pronto me preguntó:
—¿Te gustó Japón?
—Nunca he estado en Japón —le respondí.
—¿Nunca has estado? ¿Y qué has hecho entonces en la vida? ¿No sabes que el mundo es hermoso para que lo conozcas y lo disfrutes?
¡Y me dio con la puerta en las narices!
Bueno, no hace falta ir hasta Japón para encontrar cosas hermosas y maravillosas; lo que pasa es que muchas veces pasamos a su lado sin verlas.
Ve, corta la brizna de hierba que tengas más cerca y examínala. ¿De dónde saca su precioso color verde y su maravilloso esqueleto de finas laminillas, su delicada pulpa verde, su capacidad de respirar y de beber, su vida y su muerte?

Dar alegría
Creo que uno de nuestros fines en la vida es ser felices.
Este mundo, con todas sus bellezas y con el sol de la felicidad, se hizo para que lo disfrutáramos. Cuando llegan las nubes, con el dolor o la angustia, no son más que contrastes que nos muestran que la verdadera felicidad está detrás de ellas y que nos hacen apreciarla cuando llega.
El camino más corto y seguro hacia la felicidad es hacer felices a los demás. Yo lo llamo «dar alegría». Y aunque no seamos capaces de alegrarlos, ¡por lo menos podemos ayudarles! ¡Pero se nos olvida tan a menudo! O lo dejamos para cuando ya es demasiado tarde y la ocasión se nos ha escapado.
Para ser felices siempre hay que hacer buenas acciones. Para adquirir el hábito hace falta mucha práctica, y por eso hacer una buena acción diaria forma parte de la Promesa Scout.
Al principio puede costarte un poco acordarte cada día de que tienes un deber que cumplir, y quizá te resulte difícil encontrar algo útil que hacer por los demás. Pero si perseveras y te obligas a hacerlo día tras día, muy pronto se convertirá en un hábito y descubrirás que hay muchas cosas que puedes hacer y que cuentan como buenas acciones, aunque sean pequeñas.
Podría contaros un sinfín de anécdotas sobre las buenas acciones que han hecho los scouts, pero una de las más simpáticas que he oído últimamente es la de un scout que dejó con mucho cuidado una piel de naranja en la acera. Cuando le preguntaron por qué lo hacía, contestó:
—Estoy haciendo una buena acción para otro scout: le doy la oportunidad de hacer la suya recogiendo esa piel para que la gente no se resbale.
¡Hazlo ahora!
Hay un lema que me gusta mucho, en el que todo scout debería pensar y según el cual debería actuar: «Solo pasaré por aquí (por la vida) una vez; el bien que pueda hacer a un semejante, DEBO HACERLO ahora. No debo aplazarlo ni dejarlo de lado, porque no volveré a pasar por aquí».
Una vez iba conduciendo mi coche y adelanté a un hombre en una carretera soleada y polvorienta. Cuando ya me había alejado, pensé que podía haberme ofrecido a llevarlo. Luego pensé que quizá iba cerca, a alguna casita que hubiera más adelante.
Pero a medida que avanzaba no vi ninguna casa ni ningún desvío, y no dejaba de pensar que aquel pobre hombre tendría que recorrer a pie toda esa carretera polvorienta cuando yo podía haberle ayudado. Había perdido mi oportunidad. No lo había «hecho ahora».
Cómo hacer feliz a la gente
¿Por qué tenemos los scouts una especialidad de animador? ¿Y por qué me alegra siempre saber que un scout la ha conseguido?
Pues porque, cuando veo a un scout con esa especialidad, sé que tiene una habilidad o una destreza por encima de la media. Un muchacho que tiene una especialidad no puede ser un inútil.
Además, como cómico, usando su talento, puede divertir a la gente y ser una bendición para sus semejantes. Pero, al mismo tiempo, si no tiene cuidado, puede convertirse en una calamidad… ¡y hacer que les entren ganas de asesinarlo!
Hace unos días, un párroco de Bolton me dijo: «Cuando el rey Saúl le arrojó la lanza a David, a lo mejor tenía un buen motivo. No sabemos qué estaba tocando David con su arpa. Hoy en día, mientras la gente está en la iglesia, ponemos los bastones y los paraguas fuera del alcance de sus dueños y escondemos al organista detrás de un biombo. ¡A veces tienta demasiado a la congregación!».
Tened cuidado de que vuestros intentos de divertir no acaben cansando a los demás.
Los actores a veces son unos cabezas huecas y piensan más en sí mismos que en los demás. No penséis en luciros o en exhibir vuestra habilidad: haced vuestra actuación pensando solo en divertir y hacer feliz al público.
Cuando estaba en el ejército, en la India, actué y canté muchas veces. Lo hacía casi siempre para animar a los hombres cuando lo estábamos pasando mal por el cólera y otras enfermedades que nos desanimaban. También lo aproveché para recaudar fondos.
Y ahí es donde los scouts animadores pueden hacer un trabajo muy bueno para su Tropa o con fines benéficos.
Tenéis una gran oportunidad en las largas veladas de invierno, cuando podéis ensayar buenas obras de teatro, espectáculos, conciertos y otras funciones. Los ensayos son divertidos y, como las señales y los nudos, son una ocasión de aprender a trabajar en equipo: cada uno aprende su papel y lo hace bien, sin buscar el aplauso para sí mismo, sino para toda la función.
Por el amor de Dios, acordaos de que vuestra función sea nueva y original. La gente se cansa de ver siempre conciertos del mismo tipo, o la misma obra o el mismo espectáculo. Pensad en algo nuevo o, al menos, vestid vuestras viejas ideas con ropa nueva. Os voy a poner un ejemplo de lo que quiero decir.
¡El Selluraphone!
Hace años, cuando estaba destinado en Malta, hice un viaje a Sicilia, donde compré una curiosa silla de latón, una pieza del arnés del caballo que tira de las carretas.
Cuando desembarqué en Malta con mi trofeo, un amigo lo vio y quiso saber si era un instrumento musical.
—¿Qué otra cosa crees que puede ser? —le contesté.
Entonces me rogó que lo tocara en el siguiente gran concierto que estaba preparando, y acepté.
Conseguí una orquesta de cuerda para que tocara un famoso y precioso nocturno, y yo hice de solista con mi nuevo instrumento, que bauticé como «Selluraphone».
Corrió el rumor de que se iba a estrenar ese maravilloso instrumento con un nocturno de Chopin, y la gente se agolpó para oírlo. Me colgué el instrumento del cuello con una correa y movía los botones como si fueran las teclas, mientras que, por detrás, había escondido un peine envuelto en papel con el que llevaba la melodía. Con el rico acompañamiento de la orquesta de cuerda sonaba bien, y cosechó una lluvia de aplausos y de peticiones de bis. Nadie sospechó que aquel aparato fuera otra cosa que un instrumento musical, y cuando después traté de explicarlo, sencillamente no me creyeron: pensaban que les estaba tomando el pelo.

Os lo cuento como ejemplo de cómo introducir algo nuevo en una función.
Claro que actuar bien supone mucho trabajo, y es una pena que, después de semanas de preparación, todo se acabe en una sola noche.
Pues no lo hagáis así. Cuando ya hayáis actuado, repetid la función en los alrededores, en las parroquias cercanas, etcétera, para divertir a otra gente además de a la vuestra y, de paso, sumar un poco de dinero a vuestros fondos.
Así podréis también hacer una buena acción donde será especialmente bien recibida, dando una o dos funciones en un hospital, un asilo o una residencia de inválidos.
Lo que consiguió una buena acción
Los Boy Scouts de América son ya más de un millón, contando dirigentes, Consejo y miembros de los comités.
Son muchos, ¡y todo empezó con la acción de un boy scout inglés hace veinte años! Aquel scout se ofreció a indicarle el camino a un caballero como su buena acción del día. Cuando el forastero quiso pagarle el favor, el chico contestó, por supuesto: «No, gracias, señor. Soy scout».
¿Un scout? ¿Y eso qué era? El caballero nunca había oído hablar de los scouts. Le hizo preguntas al muchacho y acabó visitando la Oficina Central de Londres, donde aprendió mucho sobre los scouts.
Era estadounidense.
Volvió a su país con la historia de esa maravillosa hermandad de scouts, siempre dispuestos a hacer buenas acciones a quien las necesitara sin aceptar recompensa.
La idea arraigó en Estados Unidos y empezaron a surgir Tropas en todos los estados.
Yo fui allí en 1912 y la difundí en unos 24 lugares, y ahora hay allí casi tantos scouts como en todo el resto del mundo junto.
Ese es el resultado de una pequeña buena acción hecha por un scout.
En agradecimiento, los Boy Scouts de América nos hicieron una «Ofrenda de Gratitud»: la estatua de un búfalo americano, dedicada al «Scout Desconocido», que el príncipe de Gales descubrió cuando se instaló en Gilwell Park.
El scout es cortés
La cortesía es en gran parte lo mismo que la caballerosidad, que está muy ligada al honor. Ambas las practicaban en la Antigüedad los caballeros, que arriesgaban su vida para defender y ayudar a los débiles, hombres, mujeres y niños, frente a los abusones y los malhechores.
¿Por qué lo hacían?
No sacaban dinero con ello, porque para un caballero era una deshonra aceptar recompensa por una buena acción. Lo único que obtenían era el peligro de morir o de ser heridos. Era una aventura. Eran deportistas viriles. Su conciencia les decía que lo justo era que los hombres fuertes y valientes protegieran a los más débiles. La ley del país no les obligaba a hacerlo, pero para ellos había una ley más fuerte: su propio sentido del honor, que los llevaba a ser hombres caballerosos.
El honor era su ESPÍRITU; la caballerosidad era poner en PRÁCTICA lo que el honor les dictaba.
El muchacho corriente no es caballeroso o, al menos, lo lleva escondido; lo que pasa es que está en la edad del burro tonto y se le olvida. Si ve a un pobre o a un lisiado, muchas veces se le queda mirando o se ríe de él. Olvida que el otro es un desafortunado que tuvo la mala suerte de nacer así.
Un muchacho sano que ve a una persona deforme debería dar gracias a Dios por haberle dado un cuerpo sano, capaz de disfrutar de la vida, y debería hacer todo lo posible por agradar a su hermano menos afortunado.
Eso es lo que debe hacer un scout, porque es caballeroso.
Caballerosidad en el metro
A los scouts no se les juzga tanto por lo que hacen en un desfile como por lo que hacen cuando están solos, lejos de sus compañeros y de sus jefes.
Me ha dado pena enterarme de que hace unos días un scout, que debería haberse portado mejor, ha desprestigiado al Movimiento con su conducta. Era un scout con tres años de servicio y nueve especialidades, pero aun así era tan despistado que viajó en el metro de Londres en el mismo vagón que un caballero que llevaba una insignia scout en la solapa y ni siquiera se dio cuenta.
Pero, lo que es peor, tampoco se dio cuenta de que cerca de él había dos señoras de pie que no encontraban asiento, mientras él iba cómodamente sentado como un concejal gordo.

No es así entre los scouts (hasta los pies tiernos son caballerosos). Me dio mucha pena oír esto de un scout que se suponía eficiente. Porque la verdadera eficiencia no se demuestra con especialidades en la manga, sino con la conducta de un muchacho que practica el verdadero espíritu del Escultismo y la caballerosidad.
Alguien ha sugerido que quizá las señoras fueran «empleadas o mecanógrafas», en cuyo caso habrían estado sentadas todo el día y estar un rato de pie no les haría ningún daño. Esa es una manera equivocada de ver las cosas y una idea equivocada de lo que es la falta de cortesía. Un hombre debe ser siempre cortés con una señora, sea cual sea su posición.
El hombre que «se aferró a ello»
En Inglaterra, en primavera, los gorriones empiezan a cantar y, año tras año, les dicen a los scouts lo mismo: «¡Stick to it, stick to it!» (N. del T.: «¡Aférrate a ello, aférrate a ello!»).
Este lema me recuerda a uno de los mejores scouts que he conocido, el difunto lord Strathcona. Murió hace muchos años, pero su recuerdo seguirá vivo, porque dejó una obra que siempre irá unida a su nombre.
Empezó siendo un muchacho pobre en Escocia y acabó siendo uno de los hombres más ricos de Inglaterra, no solo en dinero, sino, lo que es más importante, en la admiración y el cariño de una enorme cantidad de compatriotas.
A los dieciocho años se fue a Canadá, siendo un simple Donald Smith, y entró en la Compañía de la Bahía de Hudson. Esta compañía compraba pieles a los tramperos y a los indios, y sus puestos de compra estaban en lugares apartados, para quedar cerca de los cazaderos.
Los puestos estaban fortificados para defenderse de los ataques.
Al joven Smith lo enviaron a un lugar llamado Mingan, en el nordeste de Canadá, en el Labrador, una región fría, inhóspita y deshabitada. Al cabo de un tiempo allí, empezaron a dolerle los ojos y tuvo miedo de quedarse ciego.
No había médico ni nadie a quien consultar, así que emprendió el viaje a Montreal para que lo viera un médico. Se llevó con él a dos indios mestizos. Durante semanas luchó contra la naturaleza, entre la nieve y las tormentas, pero al fin llegó a Montreal.
¿Creéis que lo trataron como a un héroe?
Nada de eso. Sus jefes le echaron una bronca por haber abandonado el puesto sin permiso y le ordenaron que volviera de inmediato.
Al principio se enfadó tanto (como nos pasaría a muchos) que estuvo a punto de dejar la Compañía.
Pero, pensándolo mejor, comprendió que los directores tenían razón. Lo habían puesto allí para hacerse cargo de una mercancía valiosa y de un trabajo importante, y su deber era aferrarse a su puesto y no presentarse por su cuenta en las zonas civilizadas.
Así que aceptó la reprimenda y volvió, en largas jornadas de marcha, a su lúgubre puesto del Labrador. Por suerte, había podido consultar a un médico que le curó los ojos.
Fue un viaje terrible, tan duro que sus dos guías murieron por el camino a causa de las penalidades. Pero Donald Smith SE AFERRÓ A ELLO y siguió luchando, hasta que por fin llegó a su puesto, agotado y rendido.
Y aferrarse fue el secreto de su éxito.
Durante trece años se mantuvo firme en su trabajo en aquella región desolada. Sus jefes vieron que era tan firme y tan fuerte en el cumplimiento de su deber que lo fueron ascendiendo hasta convertirlo en el director general de la Compañía.
Entonces surgió la idea de construir el ferrocarril transcanadiense.
La gente pensaba que era una locura; que nunca saldría rentable construir un ferrocarril que atravesara aquella inmensa región, que en aquellos tiempos aún no se había explorado.
Pero Donald Smith miró más lejos y presintió que llegaría el día en que Gran Bretaña estaría llena de gente y se necesitaría espacio para los cultivos y el ganado de los colonos. Así que invirtió sus ahorros en el ferrocarril y trabajó duro para sacarlo adelante.
Todo parecía estar en su contra.
Pero SE AFERRÓ A ELLO y luchó contra las dificultades hasta que por fin ganó. Hoy ese ferrocarril (el Canadian Pacific) es uno de los más importantes del mundo y ha hecho de Canadá un gran país, poblado por miles de británicos.
Así amasó su fortuna y, más tarde, como recompensa por su magnífico trabajo para el Imperio, le nombraron lord Strathcona.
Muchos hombres dejan de trabajar cuando llegan a los sesenta o sesenta y cinco años, pero lord Strathcona no: siguió AFERRÁNDOSE A ELLO veinte o treinta años más que la mayoría. Hasta pocos días antes de su muerte seguía trabajando. Murió a los noventa y cuatro años.
Cuando en todas las oficinas vecinas de Victoria Street, en Londres, ya estaban las luces apagadas y las puertas cerradas, la ventana de lord Strathcona seguía brillando, tanto que los policías y otros la llamaban «el Faro».
¿Por qué iba a trabajar tanto un hombre así? No lo hacía por dinero: tenía de sobra. Era simplemente porque lo consideraba su deber, y SE AFERRABA A ELLO.
Además de sus aventuras en Canadá y de su capacidad para aferrarse a su deber, lord Strathcona era un buen scout en otros aspectos: era bondadoso y ayudaba a los demás.
En la guerra de Sudáfrica pagó de su bolsillo la formación de un regimiento para luchar por el rey: un noble regimiento de caballería llamado Strathcona's Horse.
Así que espero que ningún scout, por joven o pobre que sea, pierda la esperanza de triunfar en la vida. Si SE AFERRA A ELLO, lo conseguirá. «Trabajad duro y jugad duro» es el consejo que el difunto señor Roosevelt (N. del T.: Theodore Roosevelt, presidente de los Estados Unidos de 1901 a 1909) daba a los boy scouts, y él sabía hacer ambas cosas como nadie.
Muchos muchachos creen que no valen para jugar duro y están demasiado cansados para trabajar duro, así que holgazanean mucho, fuman como descosidos y escupen, y acaban convertidos en gañanes.
Pero recordad esto: no importa lo pobres o débiles que seáis, siempre podéis mejorar jugando bien y trabajando más que antes.
Muy mal tienes que estar si no puedes decirte, con toda sinceridad: «Bueno, podría estar peor. Gracias a Dios, no soy ciego ni inválido; por lo menos tengo buenas piernas para correr y manos para trabajar. Lo volveré a intentar».
Vive según tu lema: AFÉRRATE A ELLO.
Camaradería con el extranjero
En el primer campamento que hicimos se juntaron muchachos de todas las clases, algunos de ellos de los suburbios del East End (N. del T.: barrio de Londres).
Todos convivieron y jugaron juntos. No hubo diferencias entre pobres y ricos: lo que te toque es solo cuestión de suerte, y cuando todos visten el uniforme scout, la diferencia no se nota. Nuestra Ley Scout dice: «El scout es hermano de todo scout». Esto ha quedado bien demostrado en los últimos años en nuestros Jamborees, cuando se reunieron miles de scouts de más de cuarenta países. Los muchachos aprendieron que, aunque procedían de naciones distintas, sus aficiones y sus diversiones eran parecidas y podían ser amigos.
Hoy, en todo el mundo, muchísimos scouts visitan a sus hermanos scouts de otros países, de modo que los hombres del futuro crecen entendiéndose, como camaradas, sin mirarse con recelo y antipatía. Es poco probable que quieran pelearse.
Así es como trabajamos por la paz del mundo, y espero que todo scout que lea esto se ponga manos a la obra para hacerse amigo de POR LO MENOS un scout extranjero, ya sea por carta o visitándolo y acampando juntos, y que conserven esa amistad en los años venideros. Así estarán cumpliendo su deber para con Dios, ayudando a que haya «paz en la tierra a los hombres de buena voluntad».
Final
Me gustan los perros. ¿A ti no? Son unos seres leales y sensibles. Aprenden a traer y llevar cosas, y así demuestran lo inteligentes que son. Son buenos compañeros, siempre con ganas de salir a pasear y dispuestos a jugar contigo.
Es maravilloso ver que tienen carne y hueso, sangre, cerebro y ojos como nosotros, los seres humanos. Lo mismo ocurre con otros animales y con las aves. Hay una especie de parentesco entre nosotros.
Los elefantes, a veces, parecen casi humanos. Como el caballo y el perro, aprenden a ayudarnos en nuestro trabajo (habrás visto cómo apilan troncos en Birmania). Y, también como la gente, disfrutan haciendo bien una maniobra una y otra vez. Una vez, cuando un tronco era demasiado grande para que lo acarreara uno solo, vi venir a otro elefante a ayudarle por el otro extremo.


Como scouts, cuando acampamos vivimos entre los pájaros y los animales y aprendemos más sobre ellos. Cuanto más aprendemos, más nos gustan y más unidos nos sentimos a ellos.
¡Eso es lo que somos! A nosotros y a ellos nos ha creado y nos ha dado la vida Dios, el Creador, así que somos parientes, seamos hombres o animales. Todos vivimos un tiempo en este mundo y luego morimos. La gran diferencia es que, aunque los humanos no podemos correr tan deprisa como los perros ni somos tan fuertes como los caballos, tenemos más inteligencia, con la que podemos leer e inventar; un espíritu más elevado que el suyo; una conciencia que nos dice si obramos bien o mal; y conocemos a Dios.
Para empezar, Dios nos ha dado nuestro cuerpo, y es nuestra responsabilidad ante Él convertirlo en algo sano llevando una vida limpia y saludable.
Pero también nos ha dado la capacidad de disfrutar de la vida mientras estamos en el mundo. Entre todas las maravillas y bellezas que ha puesto a nuestro alcance podemos encontrar montones de alegría, si la buscamos y sabemos reconocerla.
Pero si no obramos bien, es posible que acabemos siendo desgraciados y retorcidos.
Mis tristezas vienen de mis propias faltas. Estoy seguro de que Dios nos quiere felices, y también de que uno de los mejores caminos para ser felices es hacer todo lo que podamos por hacer felices a los demás, es decir, hacerles buenas acciones.
Jesucristo vino al mundo para decirnos que nuestro deber era servir a Dios haciendo dos cosas. Tenemos que:
- Amar a Dios.
- Amar al prójimo: ser amables y ayudar a nuestros semejantes.
Ya veis que nuestro deber es bien fácil, con tal de que nos acordemos de cumplirlo.
Como scout, has prometido:
- Cumplir con tu deber hacia Dios y el Rey (N. del T.: «el Rey» figura en el texto original de la Promesa de B.-P.).
- Obedecer la Ley Scout.
- Ayudar al prójimo en todas las circunstancias.
Si de verdad cumples estas tres cosas (y espero que lo hagas, porque prometiste POR TU HONOR intentarlo), llevarás una vida viril, feliz y útil. ¡Así que adelante! Haz fuertes tu cuerpo, tu mente y tu espíritu, mantén tu Promesa Scout toda la vida, y así serás de verdad un HOMBRE y no un GAÑÁN.
