Aventura hacia la edad viril
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Aventura hacia la edad viril · 2. Cuerpo

Por qué los scouts no fuman

Todos los scouts conocen los diez artículos de la Ley Scout, pero hay un undécimo que no está escrito, aunque se sobrentiende. Es este: «El scout no es tonto». Y por eso los scouts no fuman mientras están creciendo.

No hay ninguna regla contra que los scouts fumen cuando han cumplido los 16 años. Antes de esa edad, la ley inglesa prohíbe fumar. Para los scouts mayores de 16 pido que no haya REGLAS. Los scouts no necesitan reglas: estoy seguro de que serían los últimos del mundo en cultivar A SABIENDAS un hábito que perjudica la salud y que los incapacita para cumplir sus deberes de scout. Aun así, de vez en cuando me llegan noticias que me obligan a repetir la advertencia que hice en Escultismo para muchachos (Scouting for Boys).

Ningún muchacho empezó a fumar porque le gustara, sino por miedo a que se burlaran de él o porque creyó que fumando parecería todo un hombre, cuando lo cierto es que así parece un borriquillo. Así que no os enfadéis: decidid no probar a fumar hasta que seáis mayores y mantened esa decisión.

Eso demostrará que sois hombres mucho mejor que ir por ahí con un cigarrillo a medio consumir entre los labios. Vuestros compañeros acabarán respetándoos mucho más y probablemente, en muchos casos, seguirán vuestro ejemplo en secreto.

Si lo hacéis, habréis hecho algo bueno por el mundo, aunque solo seáis unos muchachos. Y, partiendo de ese pequeño comienzo, probablemente seguiréis adelante y haréis grandes cosas cuando seáis mayores.

Un scout mareado, sentado al pie de un árbol, se sujeta la cabeza junto a una pipa humeante
Tomasito creyó que fumar era una diversión, pero pronto se dio cuenta de su error.

Para los hombres, fumar está bien como hábito desagradable, pero cuesta mucho dinero, que podría emplearse en algo mejor que no se esfume en una nube. Creo que me he ahorrado más de 500 libras por no fumar.

Para un muchacho que está creciendo, el tabaco es puro veneno, porque le debilita el corazón. El corazón es como una bomba que empuja la sangre por unos tubitos, las venas, hasta todos los rincones del cuerpo, y esa sangre alimenta los huesos, la carne y los músculos que te hacen un hombre fuerte y sano.

Si el corazón se debilita, por el tabaco o por cualquier otra causa, no puede bombear bien la sangre, y entonces el muchacho no crece grande y fuerte, sino que poco a poco se debilita, se cansa enseguida, come mal, le duele la cabeza, se le cansa la vista y se convierte en un pobre gusanillo alicaído en lugar de un joven grande, despierto y activo.

Los exploradores de verdad no fuman. Selous lo sabía, y también Burnham, el gran explorador norteamericano, y muchos otros que podría nombrar. Saben que el tabaco estropea la vista y el olfato y corta el aliento, cosas muy importantes para un scout, sobre todo para explorar de noche, cuando tiene que usar la nariz tanto como los ojos y los oídos para encontrar las cosas.

Es muy interesante echar la vista atrás para ver cómo empezó la costumbre de fumar. Dos marineros de la carabela de Colón, el hombre que descubrió América hace 430 años, fueron enviados a tierra a explorar la isla de Cuba y volvieron contando que los nativos llevaban unas pequeñas antorchas de las que sacaban humo. Esas antorchas eran, claro está, cigarros: hojas de tabaco cuidadosamente secadas y enrolladas en forma de bastoncillos delgados, que encendían y se ponían entre los labios para aspirar el humo. Esto sucedió en 1492.

Algunos años después, un explorador francés llamado Nicot trajo a Europa unas semillas de tabaco y lo cultivó, y así se puso de moda en Francia y en Italia.

El viejo almirante inglés sir Francis Drake fue, según la historia, el primer gran inglés que fumó; eso fue en 1585.

Según la conocida historia, sir Walter Raleigh, que exploró Virginia, en los Estados Unidos, fue el primero que fumó en Inglaterra por aquella época.

El sitio exacto donde fumó fue el jardín de la posada Virginia, en Henstridge Ash, en Somerset. El camarero, al ver que le salía humo de la boca, creyó que estaba ardiendo y se apresuró a echarle un cubo de agua para apagarlo. ¡Me imagino que lo apagó del todo!

Al cabo de pocos años, la gente empezó a darse cuenta de que fumar era perjudicial para la salud, además de desagradable para los que no fuman.

En Turquía, el sultán ordenó que a todo el que sorprendieran fumando le perforaran la nariz atravesándosela con la pipa, como escarmiento para los demás. Nuestro rey Jacobo I prohibió fumar en 1602 por ser «dañino para los ojos, desagradable para el olfato y malo para el cerebro».

En Rusia se consideraba que los fumadores no tenían sentido del olfato, y por eso se les cortaba la nariz.

El capitán John Smith, el gran explorador de su tiempo, vivió cuatro años en Virginia después de explorarla y nunca fumó, aunque otros lo hicieran, porque sabía lo perjudicial que es para un explorador. Muy pronto se aprobó una ley que prohibía fumar a los maestros de escuela, porque daban mal ejemplo a los niños.

En la escuela de Chigwell, en 1629, para ser maestro se exigía no ser tartamudo, ni frecuentar las tabernas, ni fumar tabaco.

Si leéis Escultismo para muchachos, veréis los nombres de muchos atletas famosos, jugadores de críquet, cazadores y exploradores que no fuman porque han comprobado que el tabaco les perjudica en sus deportes.

Y una última advertencia. Si, cuando seáis mayores, decidís fumar, no olvidéis, como hacen muchos fumadores, que sois caballeros y que debéis pensar en los demás.

Recordad también que a las señoras y a muchos hombres el humo del tabaco les resulta repugnante. No fuméis en los asientos delanteros de un autobús ni en un vagón de no fumadores.

No tiréis tabaco, ceniza ni cerillas usadas por todas partes. Y, sobre todo, no seáis guarros ni escupáis.

Autocontrol

Cuando un joven crece, le viene la tentación de pensar en mujeres. Les pasa a todos los chicos, así que, si eso te inquieta, no pienses que eres el único. Pero si quieres crecer fuerte y hecho un hombre, decídete a cumplir el décimo artículo de la Ley Scout, que dice: «El scout es limpio en pensamiento, palabra y obra». Es decir, no debes dejar que tus pensamientos se vayan hacia ese tema, sino desviarlos enseguida hacia algo mejor. No hagas caso a los compañeros que, como burros tontos, creen que tiene gracia contar historias sucias, y mucho menos te permitas hacer nada deshonroso.

Si cedes a la tentación, dañas tu salud y te impides desarrollarte del todo para llegar a ser un hombre hecho y derecho. Serías tonto si te dejaras vencer sabiendo cuál es el peligro. Al principio puede costarte un poco resistir, pero acuérdate de san Jorge: mira la tentación como tu dragón, lucha contra ella con fiereza y la vencerás.

Así que, si llega la tentación, recuerda el undécimo artículo de la Ley, «El scout no es tonto», que completa el décimo: «El scout es limpio en pensamiento, palabra y obra».

(Si quieres saber más sobre esto, lo encontrarás en mi libro Roverismo hacia el éxito [Rovering to Success]. (N. del T.: Este libro se publicó en 1922.))