Aventura hacia la edad viril
Índice
Aa

Letra

Columnas

Tamaño

100 %

Interlineado

Márgenes

Modo de lectura

Aventura hacia la edad viril · 1. Hombres valientes

Un valiente ordenanza

Hace más de treinta años, algunos de nosotros estuvimos sitiados en Mafeking por los bóeres. La guerra de Sudáfrica ocurrió mucho antes de que nacierais vosotros, los scouts de hoy.

No voy a contaros toda la historia. Ahora somos buenos amigos de los bóeres y es mejor olvidar los días en que luchábamos unos contra otros. Solo quiero contaros un episodio de aquella guerra que creo que os interesará.

Una noche, los bóeres atacaron Mafeking, y bastantes de ellos rompieron nuestras defensas y se metieron en un viejo fuerte que había en medio de la plaza. Al amanecer los teníamos rodeados de tal forma que no podían ni salir a atacarnos ni retirarse. En la plaza había un intenso tiroteo, y los bóeres respondían con valentía a nuestro fuego siempre que podían. Entonces llegó la ocasión de un hombre: mi ordenanza. Un ordenanza, debéis saberlo, es un hombre que acompaña a caballo a un oficial, lleva sus recados, cuida de su caballo y está siempre dispuesto a defenderlo y a ayudarle.

Cuando el fuego entre nuestros hombres y los bóeres estaba en su punto álgido, vieron a mi ordenanza cabalgar hacia la posición de los bóeres. Agitaba un pañuelo blanco para indicar que iba en son de paz; aun así, le dispararon. Él siguió avanzando, mientras las balas silbaban a su alrededor y levantaban el polvo.

El ordenanza siguió adelante y, de repente, su caballo cayó muerto. Se levantó y, en vez de parapetarse detrás del caballo, como podría haber hecho, continuó a pie. Siguió avanzando hacia el enemigo que le disparaba. Y, aunque se trataba de un hombre solo que se acercaba a ellos, siguieron disparándole hasta que cayó herido.

Dos de nuestros hombres salieron de un parapeto cercano y se lo llevaron a toda prisa detrás de un edificio para ponerlo a cubierto. Pero estaba herido de muerte, y mientras se le escapaba la vida les dijo a sus salvadores:

—Díganle al coronel que intenté llevar su mensaje a los bóeres, pero que me hirieron antes de llegar.

¡Tu deber!

Yo no le había dado ningún mensaje que llevar, y todavía hoy es un misterio qué mensaje llevaba y quién se lo dio.

Lo que sabemos es que aquel valiente camarada recibió de alguien lo que entendió como una orden de ir al campo enemigo, y fue.

Sabía que podían herirlo o matarlo, pero también que su DEBER era cumplir las órdenes, fuera cual fuera el riesgo. Por eso fue.

Tuvo un consuelo que le hizo aceptar la muerte con serenidad: LO HIZO LO MEJOR QUE PUDO, y nadie puede hacer más.

En la Gran Guerra, miles, qué digo, cientos de miles de hombres hicieron lo mismo: vencieron el miedo y fueron hacia la muerte sencillamente porque era su deber.

Si vuestros padres o vuestros hermanos mayores fueron capaces de hacer eso y de sacrificar su vida, vosotros, muchachos y muchachas, seguro que podéis seguir su ejemplo de una forma más sencilla y renunciar, si no a la vida, al menos a una parte de vuestro tiempo y de vuestros juegos para cumplir con vuestro deber.

Pensad cuál es vuestro deber en la vida y decidíos a cumplirlo en memoria de los caídos.

Los scouts y las guías saben cuál es su deber: al ingresar en el Movimiento hacen la Promesa de hacer lo mejor que puedan y ¡la cumplen! Su deber principal es hacer una BUENA ACCIÓN cada día, es decir, ayudar a papá y a mamá en casa y a cualquier otra persona cuando se presente la ocasión.

Otros, además de los scouts, pueden cumplir con su deber de la misma manera, y espero que todos los que leáis este libro empecéis a hacer buenas acciones a los demás y sigáis haciéndolas siempre, en recuerdo de los hombres que hicieron la gran buena acción de dar su vida por vosotros durante la Gran Guerra.

Un acertijo

Se cuenta una historia de la guerra de los matabeles en la que dos scouts que habían salido de reconocimiento volvían con información muy importante. Al pasar cerca del enemigo, a uno de ellos lo hirieron gravemente en la cadera y le mataron el caballo. Su compañero desmontó al instante, lo subió a su propio caballo, montó también él y se alejó del enemigo. Pronto se encontró completamente apartado de su columna y sin poder galopar, porque el caballo cargaba con el peso del herido. Tuvo que dar un gran rodeo hasta que cayó la noche, con la esperanza de poder volver a la columna en la oscuridad; pero una o dos veces durante la noche descubrió que el enemigo seguía buscándolo, y tuvo que alejarse cada vez más. Mientras tanto, su amigo sufría muchísimo: perdía el conocimiento, tenía grandes dolores y, en sus momentos de lucidez, le suplicaba a su salvador que lo dejara morir o, mejor aún, que le pegara un tiro para acabar con su agonía, porque no tenía esperanza de sobrevivir y su peso sobre el caballo haría que los dos cayeran en manos del enemigo.

Aquí está el acertijo: ¿qué habrías hecho tú si hubieras sido el salvador?

Durante mucho tiempo, el salvador no hizo caso de lo que le pedía el herido; pero al final, cuando se paró a descansar, tuvo tiempo de pensar en lo que le gustaría hacer y en lo que era su DEBER hacer.

Le gustaría salvar a su amigo, si era posible; pero, si lo salvaba, no cumpliría con su deber de volver a la columna cuanto antes con la información que llevaba. Al final llegó a la conclusión de que debía poner fin a la agonía de su amigo pegándole un tiro, y de que su deber era hacia el mayor número de hombres, a los que debía llevar la información. Por eso, finalmente, lo hizo. Su único consuelo fue que, en el momento de disparar a su amigo, una horda de salvajes se le echó encima desde todas partes y a duras penas logró escapar al galope sin que lo alcanzaran. Si hubiera intentado salvar a su amigo, habrían muerto los dos y el mensaje nunca habría llegado al ejército.

Sé leal con tus amigos, pero, al mismo tiempo, no seas nunca desleal a tu deber. Esto puede ponerte a menudo ante un dilema; pero la forma de resolverlo, si tienes alguna duda, es poner tu DEBER por delante y cumplirlo.

El servicio durante los ataques aéreos

Durante la Gran Guerra, la policía de Londres empleó a un gran número de scouts como ayudantes durante los ataques aéreos. Solo escogió a los que tenían la especialidad de ordenanza, porque los necesitaba para recorrer las calles en cuanto terminaba el ataque y dar el toque de «Todo en calma», que indicaba a la población que podía salir de los refugios y volver a casa.

Eso significaba que, en cuanto empezaba un ataque, los muchachos tenían que ponerse el uniforme e ir a las comisarías, listos para el servicio, mientras la población se dirigía a los refugios.

Cuando se pidieron voluntarios para este servicio, yo esperaba que muy pocos padres lo permitieran, o que a muy pocos muchachos les apeteciera, dado el riesgo que corrían.

Pero ¡nada de eso! Acudieron a centenares, deseosos de poner su granito de arena y demostrar su valor, y sus padres estaban igual de entusiasmados. Como me dijo una madre: «Si a Jimmy tienen que matarlo, prefiero que sea haciendo algo útil por los demás».

Creo que muy pocos scouts, cuando aprendieron a tocar la corneta, se imaginaron que eso les serviría para ayudar a su patria y para ganar la insignia de Servicio en Tiempo de Guerra por un servicio importante frente al enemigo.

Todo en calma

El scout Alfred Page, de la 2.ª Tropa de Footing, era un scout hábil, con varias especialidades. Hacía poco que se había comprado una corneta para sacarse la especialidad de ordenanza.

Cuando llegó el ataque aéreo del 1 de noviembre de 1915, estaba preparado y se había puesto el uniforme para hacer su servicio de «Todo en calma» con la policía, cuando cayó una bomba que lo mató a él y a su padre.

Así que dejó este mundo CUMPLIENDO CON SU DEBER y, sin duda, como buen scout que obedecía la Ley Scout, estaba preparado para presentarse ante Dios. No hay nada como estar siempre listo para lo que es POSIBLE, aunque no parezca PROBABLE. Es posible que tú, que lees estas líneas, mueras hoy. No digo que sea probable, pero es posible, ¿no?

¿Estás preparado? ¿Estás haciendo todo lo posible por cumplir la Promesa Scout y los diez artículos de la Ley? Si es así, todo está en calma. Igual que el scout Page: cuando estaba preparado para dar el toque de «Todo en calma» a los demás, recibió de Dios su propio toque de «Todo en calma» para dejar su humilde refugio en este mundo e ir al cielo.

Scouts serenos a bordo del Britannic

Durante un tiempo, en la Gran Guerra, todos los scouts envidiaban a los hermanos scouts que habían sido elegidos para embarcar en el Britannic cuando zarpó hacia el Mediterráneo como buque hospital para las tropas de Salónica y Egipto.

Y los envidiaron todavía más cuando el barco se hundió por una mina o un torpedo y los scouts demostraron su valor y su serenidad ante el peligro.

Estos son algunos de los relatos que publicó la prensa sobre cómo se comportaron en aquellas difíciles circunstancias, y todos reflejan la espléndida conducta de los chicos.

El señor George Renwick escribió en el Liverpool Post:

El contramaestre cuenta una buena anécdota de un Boy Scout. Cuando alcanzaron al barco, el muchacho subió a cubierta, saludó y preguntó si podía hacer algo. «Sí —le dijo el contramaestre—, espera un poco, que te voy a necesitar dentro de unos minutos». El muchacho se mantuvo en su puesto durante diez minutos, mientras el barco se hundía rápidamente, y luego, cuando el contramaestre le dio sus órdenes, se marchó comentando: «Ha sido una buena explosión, señor, pero no creo que nos haga mucho daño».

El cronista añade:

Los scouts se comportaban de manera parecida. Todos los que iban a bordo se portaron extraordinariamente bien… Un chiquillo muy simpático iba en un bote que quedó hecho añicos al chocar con la hélice. Se salvó agarrándose a una cuerda que tenía cerca y, aunque tenía las manos cortadas y sangrando, aguantó hasta que lo rescataron.

Uno de los oficiales que dirigían el embarque en los botes salvavidas exclamó al cabo de un rato: «Si no bebo un poco de agua, no voy a poder seguir gritando». Un Boy Scout que estaba cerca lo oyó y bajó a buscarle un vaso de agua. Mientras tanto, los demás muchachos habían subido al bote, y para meterlo a él en el bote salvavidas tuvieron que lanzarlo por encima de la borda: un pequeño viaje aéreo que no le hizo ningún daño.

Uno de los scouts estaba de servicio en el puente de mando como ordenanza del capitán. Cuando el capitán vio que el barco estaba a punto de hundirse, decidió quedarse en él hasta el final, como hacen siempre los capitanes. Se volvió hacia el scout y le dijo que podía dejar el puente e ir a los botes.

Un rato después, cuando el barco se hundía, encontraron al scout todavía en el puente. Se había negado a salvarse porque consideraba que su deber era quedarse con el capitán. Los dos se hundieron juntos con el barco, pero después los rescataron los ocupantes de otros botes.

Podría contaros docenas de historias sobre el valor de los scouts, pero os cuento estas solo como ejemplo, para mostraros que los muchachos pueden ser tan valientes como los adultos. Por eso dije antes que estoy seguro de que cada uno de vosotros, al leer esto, se mostrará, cuando llegue la ocasión, tan dispuesto como ellos a cumplir con su deber, por molesto o peligroso que sea.

¿Estaréis preparados para hacerlo? Sí, sé que lo estaréis. En vosotros, los scouts, tenemos un grupo de futuros hombres tan bueno como el que tuvo Gran Bretaña en otros tiempos.

Y, por supuesto, se podría llenar un libro, qué digo, docenas de libros, con más relatos de hombres valientes de antaño. Yo solo os he puesto media docena de ejemplos.