Qué pueden hacer los Scouts
Índice
Aa

Letra

Columnas

Tamaño

100 %

Interlineado

Márgenes

Modo de lectura

Qué pueden hacer los Scouts · 5. Entre los maoríes y los pieles rojas

Brinda por tu salud y piérdela

Hay una cosa que me gustaría ver implantada entre nuestros futuros ciudadanos: que se abandone la costumbre de beber a la salud de alguien.

La mitad de los que beben empezaron por esa mala costumbre de brindar a la salud de alguien. Parece que hay que beber cuando nace un niño o cuando hay una boda.

Bebemos al encontrarnos y al despedirnos; cuando un muchacho tiene buena suerte, tiene que invitar a su amigo; cuando la tiene mala, es el amigo quien tiene que invitarle a él; y cuando no tiene suerte de ninguna clase, se invita a sí mismo, porque ya ha cogido la costumbre de brindar por la salud de alguien en cualquier ocasión. Y, una vez cogida la costumbre, casi siempre se convierte en una enfermedad.

Así pues, scouts, con vuestro buen comportamiento os habéis ganado la admiración y el reconocimiento de este hombre, que ha visto bastante de la vida y sabe de lo que habla. Y también habéis recibido su consejo, que es un consejo sabio. Espero que nunca lo olvidéis.

Si fumas, fuma en pipa, no cigarrillos

Ya que estoy con los consejos sobre los malos hábitos, os contaré que esta semana he visto la carta de un soldado del frente que dice que en su regimiento se considera que fumar cigarrillos es muy malo para los hombres, mientras que fumar en pipa no parece hacerles ningún daño.

Dice: «Cuando trabajamos se permite fumar en pipa, pero no cigarrillos. Desde que estoy en Francia solo fumo en pipa, nada de cigarrillos, y he notado que me sienta mucho mejor».

Estoy de acuerdo con él. Cuando yo fumaba, solo fumaba en pipa, porque los cigarrillos hacen mucho daño al corazón y a los pulmones. Pero al cabo de un tiempo dejé también la pipa, porque vi que estaba mejor sin ninguna de las dos cosas, y ya no volví a fumar nada.

Para mucha gente los cigarrillos son un veneno lento, y un buen consejo es no tener nada que ver con ellos.

Fijaos en que ninguno de los dos grandes scouts cazadores de los que os hablé antes, Buffalo Bill y F. C. Selous, fumaba ni tomaba bebidas alcohólicas. El hombre de las grandes praderas no necesita esos estimulantes, y si los toma no rinde igual en una aventura que exige valor.

Con los pieles rojas

El desfile de los scouts en un Jamboree, además de enseñar las costumbres y el carácter de tribus nativas como los zulúes, los maoríes, los australianos y otras, también presentaba a los pieles rojas. Esas costumbres no se habían inventado ni sacado de libros de cuentos, como ha ocurrido con muchas ideas sobre los pieles rojas, sino que en su mayoría eran las que aquella gente practicaba de verdad.

Es cierto que algunas de las costumbres que se mostraron eran de tribus norteamericanas como los pies negros y los cuervos, pero eran las que yo había visto con mis propios ojos. No sabía que los wyandottes (que en los viejos tiempos solían recorrer el camino de Pensilvania) todavía existieran.

Se ha visto a Powhatan, el gran jefe, en marcha con su tribu, acompañado por su hija Pocahontas.

Los guerreros van armados con arcos, lanzas, cuchillos, tomahawks, etc.

Las mujeres y los niños cargan con el equipaje, y las tiendas se transportan en armazones de madera arrastrados por caballos o perros.

Un hombre arrastra una carga sobre dos varas
Trineos para que tiren de ellos muchachos o perros

Los exploradores pieles rojas, que han estado de servicio para evitar cualquier sorpresa del enemigo, informan de que la fuerza de John Smith ha desembarcado de un barco y que uno de los exploradores ha caído prisionero.

Powhatan, al enterarse de estas noticias, ordena a su gente que acampe donde está y dice a los exploradores que vuelvan y, si es posible, capturen a algunos de los extranjeros.

Acampar

La tribu monta sus «cimientos» mientras algunos de los hombres salen a cazar para conseguir comida. «Persiguen», es decir, rastrean a sus presas.

Cazar

Uno de sus métodos es ponerse una piel de lobo y acercarse a cuatro patas a una manada de ciervos. Los ciervos suelen salir corriendo juntos, pero la curiosidad, mezclada con el miedo, hace que se agrupen todavía más para mirar a su enemigo, que entonces puede dispararles con el arco.

Incluso un tótem plantado en una llanura atrae a estos animales tan curiosos, y el cazador, apostado cerca de él, camuflado con hierba o disfrazado con una piel de ciervo, puede abatir alguno. Las mujeres tensan las pieles en bastidores y las curten frotándolas.

Una mujer india trabaja una piel tensada en un bastidor de palos
Una india curtiendo una piel en el campamento

Encender fuegos

Encienden el fuego haciendo girar con un arco un palo de madera dura sobre otra de madera blanda.

Por regla general, el fuego se enciende dentro del campamento, en un pequeño hoyo, con un trípode encima del que se cuelgan los utensilios de cocina o la carne para asarla. El fuego ceremonial, sin el que ninguna ceremonia está completa, se hace al aire libre.

La ceremonia india de iniciación

Powhatan y sus jefes principales se sientan alrededor del fuego para poner a prueba el valor y la resistencia de los muchachos que quieren convertirse en guerreros de la tribu.

Un extraño hechicero pintado de amarillo dirige la ceremonia.

Esquema de una cara pintada con los colores indicados, y un hacha de piedra
El hechicero siempre va pintado de muchos colores. Es el verdugo y usa un hacha de piedra

A cada muchacho lo sujetan dos guerreros que, con un afilado cuchillo de desollar, le hacen unos cortes en los brazos y en las piernas por los que se introducen unos ganchos de madera.

De esos ganchos se cuelgan el escudo, las armas y la «bolsa de la medicina» de un guerrero, además de una calavera de búfalo.

Se prepara un poste central, o un barril. Varios guerreros bailan en círculo a su alrededor, unidos por un cordel que cada uno lleva agarrado. Mientras bailan, los dos hombres que llevan a cada muchacho de la mano lo hacen correr en un círculo más amplio, por fuera de la danza, con todo ese pesado equipo colgado de los ganchos. Los hacen ir deprisa y tienen que seguir sonriendo todo el tiempo, hasta que los ganchos les desgarran la carne. Entonces sus acompañantes los sueltan, se marchan corriendo y los dejan para que se recuperen como puedan.

Dos guerreros pieles rojas; uno lleva objetos pesados colgados de la piel
El joven guerrero tiene que sonreír mientras carga con un equipo pesado colgado de unos ganchos que le han clavado en brazos y piernas

Después de esto se les rinden honores y se les entregan armas y plumas, y desde entonces se les considera guerreros. Ahora veremos…

Un consejo de ancianos australianos

Los ancianos de pelo y barba canosos son los consejeros de la nación y llevan diademas de plumas negras en la cabeza, mientras que los jóvenes llevan plumas blancas. Para las ceremonias, o corroborees, como ellos las llaman, se pintan el pelo y la cara con franjas rojas y blancas.

La formación de los muchachos

Antes de llegar a la categoría de hombres, los muchachos tienen que presentarse ante los ancianos y pasar una serie de pruebas y ceremonias.

En una de las pruebas, el curandero, armado con un cincel de piedra y un martillo, le arranca un diente al muchacho. A veces hacen falta media docena de golpes para terminar el trabajo, pero se espera que el muchacho no dé ninguna muestra de miedo ni de dolor.

La postura en que se lleva a cabo la iniciación es curiosa: primero se tumban dos hombres boca abajo en el suelo y el muchacho al que van a operar se tumba atravesado encima de ellos.

Después cubren al muchacho de pintura blanca y lo mandan al bosque, donde debe pasar varias semanas sin que nadie lo vea.

Si se dejara ver por una mujer, los matarían a los dos. De hecho, a las mujeres no se les permite asistir a las ceremonias de iniciación y, por eso, antes de que empiecen, unos heraldos corren haciendo sonar el bidu bidu, o «bramador de toro»: un trozo de madera plano atado a un cordel corto, que hacen girar una y otra vez hasta que produce un sonido grave.

El muchacho recibe también algunos consejos paternales de los mayores sobre cómo debe comportarse como un hombre, y después se le entregan los adornos y las armas que solo los hombres pueden llevar.

Los adornos son un cinturón decorado, una cuerda de pelo humano alrededor de la cintura y una cinta en la cabeza de la que cuelgan dos manojos de plumas blancas de cacatúa.

Sus armas son lanzas con puntas afiladas de hueso o de piedra; bumeranes, que son unas varas curvas y afiladas capaces de volar una distancia enorme a gran velocidad y que, en algunos casos, pueden lanzarse de modo que vuelvan al lanzador; y también la woomera, una especie de pala plana con un saliente que encaja en una muesca de la base de la lanza y con la que pueden arrojar las lanzas a gran distancia. (Haz una y pruébala tú mismo. Lanzar el bumerán también es un buen deporte, y algunos llegan a hacerlo extraordinariamente bien: lo arrojan a setenta u ochenta yardas, unos setenta metros, y consiguen que vuelva a ellos).

Justicia

El consejo de ancianos también juzga a cualquier hombre que se niegue a cumplir las leyes de la tribu. Cuando pronuncian discursos, lo hacen con mucha más viveza que nosotros: un anciano describe el delito del acusado, salta, discute y gesticula con tal excitación que suele acabar el discurso agotado.

En este caso, el culpable se había reído cuando uno de los ancianos tropezó con un tronco. Si le hubiera pasado a un joven, cualquiera habría soltado una carcajada (porque son de lo más alegres), pero a los ancianos hay que tratarlos con mucho respeto.

Entonces se pone al prisionero frente al verdugo, un hechicero pintado de forma horrible, adornado y armado con una gran hacha de piedra. Antes de matarlo, se le permite hablar en su defensa.

En este caso, el prisionero cuenta a los ancianos cómo una vez luchó con un gran «canguro viejo», y representa la escena: cómo el canguro, dando saltos enormes, intentaba golpearlo y abrirlo en canal con las patas traseras, hasta que él vio su oportunidad y le clavó la lanza en el corazón.

Como es natural, el tribunal se entusiasma con la dramática escena representada ante sus propios ojos y, en vez de condenarlo, no puede evitar aplaudirle.

Caballerosidad

El jefe del consejo proclama entonces que queda perdonado y absuelto de sus delitos gracias a su valor.

El resto de la tribu, que ha estado de pie alrededor siguiendo el juicio desde que el bramador de toro la llamó, recibe la decisión con aclamaciones.

Para dar un «hurra», gritan: «¡Ah, ah, ah!».

Amistad

Todos los miembros del consejo felicitan al prisionero por haberse salvado.

Donde nosotros nos damos la mano, ellos se aprietan el pecho.

Las tribus suelen estar en guerra unas con otras, pero un mensajero siempre se considera sagrado y no se le puede matar ni capturar, porque se supone que lleva un mensaje importante.

El juicio del capitán John Smith

Los jefes se reúnen para juzgar al capitán John Smith, al que han traído prisionero. Powhatan está especialmente furioso con él, y el hechicero está dispuesto a matarlo. Ensaya golpes con el hacha que pasan rozando la cabeza de Smith para que se acobarde. Smith les hace frente con una sonrisa.

Caballería

Pocahontas intercedió por él, y Powhatan se dejó convencer para perdonarlo, por admiración a su valor y porque Smith había perdonado a su prisionero piel roja.

Pocahontas, con un manto de plumas, tiende la mano en actitud de súplica
Pocahontas intercede por la vida del capitán Smith

Invitaron a Smith a sentarse en el círculo, junto al fuego, con los jefes.

Saludo de paz

La pipa de la paz. Los jefes encienden una pipa preciosa y apuntan con la boquilla al norte, al sur, al este y al oeste, y después al sol que brilla en lo alto. Gritan: «¡How, how, how!» y dan una o dos caladas; luego, sujetando la pipa con una mano y la boquilla con la otra, se la acercan a la boca a otro del grupo para que también dé una calada. Mientras tanto hay que guardar un silencio sepulcral.

Después John Smith invitó a Powhatan y a Pocahontas a visitar su campamento, y allá fueron, acompañados por mensajeros y portadores de tótems.

Tótems

Compararon sus tótems con los de las distintas tribus que había en el campamento de Smith. Smith les explicó entonces el Union Jack (N. del T.: así se suele llamar a la bandera del Reino Unido), bajo el cual aquellas tribus habían agrupado sus tótems por voluntad propia, y Powhatan explicó por señas que le gustaría hacer lo mismo.

Hacer señales

Entonces hizo señales de humo a su tribu, y John Smith también hizo señales de distintas maneras a su gente para reunirla para la ceremonia.

Mientras tanto, las mujeres y los muchachos indios desmontaron las tiendas, listos para partir. Reunión general junto a la bandera y el «Rule, Britannia», seguidos de una danza de guerra. Las tribus se marcharon.

Montar un tipi

(N. del T.: el tipi o teepee es la tienda de los indios pieles rojas).

Hacen falta seis varas largas, de unos doce pies (unos tres metros y medio), y dos algo más largas para las alas de humo. Ata cuatro de las varas a unos nueve pies del suelo, ábrelas como un trípode y añade las otras dos. Ata a una de ellas la lengüeta del vértice del tipi y extiende la lona alrededor. Ciérrala por delante con pasadores de madera que atraviesen los ojales, de modo que unos pasen a través de los otros. Los de abajo se abren hacia la izquierda a partir de la puerta, que normalmente mira al este.

Los lazos de cuerda se dejan en la parte inferior de la tienda, todo alrededor, y a través de ellos se clavan en el suelo las estacas que la mantienen sujeta.

Las alas de humo se mantienen en su sitio con dos varas que se cambian de posición según el viento.

Cuando el jefe baja las varas de su ala de humo y deja las alas colgando, es una señal para la tribu de que pronto levantará el campamento.

Un tipi decorado con las alas de humo abiertas y una vara con banderola al lado
Un tipi con alas de humo (ennegrecidas en la punta); fuera están las varas de las cabelleras

Hacer un tipi

Toma una tela de 8 por 16 pies. Desde el centro de uno de los lados largos, marca un semicírculo de 8 pies de diámetro y córtalo.

Marca también unos círculos más pequeños para la pintura decorativa. Con los retales, corta dos alas de humo pequeñas y cóselas. Haz dos aberturas en forma de V, de un pie cada una, a cada lado del centro, y haz unos bolsillos en las esquinas de las alas de humo para que puedan entrar las varas. Haz primero un modelo en papel.

Patrón del tipi: un semicírculo de tela con dibujos, las alas de humo y las medidas
Diagrama de un tipi