Qué pueden hacer los Scouts
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Qué pueden hacer los Scouts

10. Conclusión de las sugerencias

Una sugerencia para un mensajero

Un mensajero corre siempre el riesgo de que lo capturen y lo registren. Si le encuentran el mensaje, puede hacer mucho daño a su causa.

Todo scout conoce distintas maneras de esconder un mensaje encima y sabe que conviene llevar otro falso para que el enemigo lo encuentre; así creerá que ya tiene lo que buscaba y no seguirá registrando.

Pero lo malo es que el enemigo también tiene scouts, y no se tragan fácilmente lo del mensaje falso: siguen buscando hasta dar con el verdadero.

¿Cómo puedes hacer llegar tu mensaje sano y salvo cuando esté listo?

Pues hay una manera. El mensajero tiene que aprenderse el mensaje a conciencia, llevarlo en la cabeza y repetirlo al final del camino.

Parece muy sencillo, pero es asombroso lo poco que sale bien, a menos que el mensajero tenga de verdad buena memoria para retenerlo. El muchacho que es capaz de hacerlo está destinado a ser un hombre muy útil más adelante.

Por eso, en muchas Tropas, el Jefe de Tropa escribe un mensaje, se lo lee a un mensajero y lo envía a entregárselo a alguien que está a una o dos millas de distancia. El papel se lo queda él.

Ese «alguien» escribe el mensaje tal como se lo ha dado el mensajero y se lo devuelve al Jefe de Tropa, que lo compara con el que envió. Así el scout puede ver por sí mismo en qué se equivocó. Con un poco de práctica, los scouts llegan a hacerlo muy bien.

Os contaré algo que me pasó hace poco. Había salido a cazar. Llamé a un scout y le dije:

—Ve a ver al señor Duckworth, que vive en aquella casa, y dile que estoy cazando cerca del camino de Norland y que, si le apetece traer su escopeta, me encantaría que viniera a cazar conmigo.

Le repetí el mensaje dos veces al muchacho, y salió.

El señor Duckworth no vino, pero más tarde me mandó una carta en la que decía:

«Su scout vino a verme y me dijo: “Sir Robert quiere saber si vendrá usted a hacer de ojeador esta tarde”».

Naturalmente, no le apetecía nada ir a ojear la caza, así que contestó: «No, muchas gracias».

Un pequeño descuido con una o dos palabras basta para cambiar por completo el mensaje.

Un error fatal en la guerra

Del mismo modo, un scout que dibuja un mapa debe tener mucho cuidado de poner los signos correctos.

Conozco un caso en que un signo mal puesto en un mapa costó la vida a cientos de hombres.

Ya conoces los signos convencionales que distinguen un camino que atraviesa una trinchera excavada en el terreno de un camino que va por encima de un terraplén.

Pues bien, en la guerra entre Francia y Alemania de 1870, el general alemán usaba un mapa en el que el explorador que lo había levantado dibujó, por descuido, un camino que atravesaba una trinchera sin la línea exterior que rodea el sombreado, de modo que parecía un camino sobre un terraplén.

En aquel punto se libraba una dura batalla. Los cañones franceses apuntaban directamente a la trinchera; las tropas alemanas que iban por el camino no encontraban dónde ponerse a cubierto del fuego y estaban siendo destrozadas.

El general se encontraba a cierta distancia de esa parte del campo de batalla, pero cuando se enteró de lo que pasaba, miró el mapa y dijo:

—El camino va por un terraplén, así que los hombres solo tienen que bajar a un lado o al otro y quedarán a cubierto del fuego.

Y mandó allí a más y más hombres, que fueron cayendo uno tras otro. Aun así, el general siguió enviando más, hasta que al final, a fuerza de número, consiguieron cruzar el lugar, pero dejaron allí tres mil hombres.

El general nunca lo habría intentado de no ser por el error del mapa. ¡Solo dos líneas olvidadas por descuido causaron tantas muertes!

Esto demuestra lo importante que es tener cuidado hasta en las cosas más pequeñas.

Una taza de campo

Cuando digo «una taza de campo» no me refiero a una taza hecha por la naturaleza, sino a otra cosa que un scout puede fabricar para una exposición, para venderla en el Jamboree de la Tropa o para hacer un regalo de Navidad: una taza de madera para beber.

Tú, que has vivido de campamento, sabes lo terriblemente caliente que se pone en los labios una taza de hierro y lo fácil que se rompe una de loza el primer día; sabes lo valiosa que sería en esos momentos una taza de madera.

Yo tengo una, y es la mayor bendición en un campamento. No es más que un cuenco de madera de sicomoro con un asa.

El asa tiene un agujero por el que se pasa un cordel para colgarla del cinturón cuando hay que caminar.

Una taza de madera con el asa agujereada
Una taza de campo

Cualquier scout que tenga costumbre de tallar puede hacer tazas así por docenas. Con un cuchillo bien afilado le sacará buen partido.

Odontología en el desierto

Hace unos años, dos exploradores andaban de caza mayor en una expedición por África occidental. Durante el viaje llegaron a un puesto aislado donde, en aquel momento, el Gobierno británico estaba representado por un solo miembro de la policía montada del distrito.

Era el único hombre blanco en muchas millas a la redonda, y cuando llegaron los dos exploradores estaba casi fuera de sí. No era la soledad del lugar lo que lo había llevado al borde de la locura, sino que llevaba algún tiempo sufriendo el más horrible dolor de muelas.

La vida que llevaba le había enseñado a valerse muy bien por sí mismo, ¡pero sacarse una muela él solo era algo que lo superaba! Así que, en cuanto vio a aquellos dos hombres, les suplicó que lo libraran de aquel tormento.

Ellos agradecieron entonces haber tenido la precaución de llevar un botiquín completo de primeros auxilios, que incluía unas tenazas de dentista. Ninguno de los dos había manejado nunca aquel instrumento y no les hacía ninguna gracia meterse en el asunto; pero no quedó más remedio, así que echaron una moneda al aire para decidir cuál de ellos haría de dentista.

El otro hizo de médico, lo que en este caso no consistía en administrar gas o cloroformo, ¡sino en mantener quieto al paciente tumbándolo en la arena, sentándose sobre su pecho y sujetándole los brazos!

El trabajo quedó hecho enseguida, y los dos exploradores se marcharon entre las bendiciones del policía montado.

El «médico» de aquella historia es hoy Comisionado Scout de Distrito en uno de los condados del centro de Inglaterra.

—Más vale estar Siempre Listo —decía—, ¡porque si aquella moneda hubiera salido cruz en vez de cara, yo habría sido el dentista y no el médico!

Lemas de las insignias

Aquí tenéis una serie de lemas para las insignias que preparé el otro día para alguien que me los pidió para hacer con ellos un calendario.

Quizá os interese descubrir los lemas de vuestras propias insignias.

  • Ambulancia: Estate preparado y no te asuste el trabajo ni el juego difícil: ya sea curar un brazo o preparar un asado, todo se convierte en trabajo fácil. (Canción scout)
  • Artista: Sabe dónde trazar la línea.
  • Aviador: Apunta alto.
  • Cestero: No pongas todos los huevos en la misma cesta.
  • Apicultor: Sé tan laborioso como una abeja.
  • Herrero:

Por un clavo se perdió una herradura, por una herradura se perdió un caballo, por un caballo se perdió un hombre, por un hombre se perdió una batalla.

  • Barquero: Rema tu propia canoa.
  • Corneta: No toques tu propia trompeta.
  • Carpintero: Hagas lo que hagas, hazlo bien, de modo que después puedas sentirte orgulloso de ello.
  • Oficinista: No digas nunca nada que no quede tan claro como lo escrito en blanco y negro.
  • Cocinero: El budín se prueba comiéndolo.
  • Ciclista: Vigila a los perros cuando vayas cuesta abajo.
  • Lechero: No aguas nunca la leche; en otras palabras, haz siempre tu mejor trabajo.
  • Electricista: Igual que una pequeña chispa pone en marcha un motor, un muchacho puede hacer un gran trabajo.
  • Animador: Ríe todo lo que puedas y haz reír también a los demás: eso los hace felices.
  • Granjero: Una lluvia abundante da grandes cosechas.
  • Amigo de los animales: Sé amable con los hombres y sé amable con las bestias.
  • Jardinero: Siembra bien para cosechar bien.
  • Mañoso: Aprendiz de todo y maestro de algunas cosas.
  • Jinete: Puedes llevar un caballo al agua y puedes hacerle beber, siempre que antes le hayas hecho pasar sed.
  • Intérprete: Hay scouts en todo el mundo.
  • Lavandero: La limpieza va de la mano de la santidad.
  • Peletero: Confórmate con lo que tienes. Más valen unos zapatos viejos que ir descalzo.
  • Tirador: Mhlalapanzi, nombre zulú que significa «el hombre que se tumba para disparar»; es decir, el que asienta bien sus planes antes de ponerlos en práctica.
  • Albañil: Cada hombre tiene su sitio en el mundo, como los ladrillos en una pared.
  • Maestro de armas: Defensa, no desafío.
  • Minero: Los que trabajan sin que nadie los vea suelen ser los que más se esfuerzan.
  • Misionero: En la necesidad se conoce al verdadero amigo.
  • Músico: Pon armonía, y no disonancia, en tu Tropa.
  • Naturalista: Dios hizo a los animales. No nos corresponde a nosotros matarlos sin necesidad.
  • Guía: Sigue recto y no dejes de avanzar.
  • Fotógrafo: Da siempre una visión fiel de las cosas.
  • Piloto: Mantente lejos de las rocas y de las arenas movedizas.
  • Piloto: Los scouts ayudan a allanar el camino a los demás.
  • Gaitero: La historia del gaitero Laidlaw, condecorado con la Cruz Victoria, antiguo scout.
  • Fontanero: Suelda tus amistades con amabilidad.
  • Avicultor: No cuentes los pollos antes de que salgan del cascarón.
  • Impresor: Un pequeño fallo se ve desde lejos, como una palabra impresa sin cuidado.
  • Socorrista: Piensa en el hombre que está en peligro, no en ti mismo.
  • Pescador de mar: En el mar quedan tantos peces como los que se han sacado de él.
  • Cazador: Despacio, despacio, se atrapa la presa.
  • Astrónomo: No pidas la luna; inténtalo con algo más cercano.
  • Vigía: Traza tú mismo el camino para labrarte una carrera.
  • Nadador: El peligro es como el agua fría: cuanto más la miras, menos te gusta. Tírate de cabeza y nada con valor.
  • Telegrafista: Una noticia dada a tiempo vale más que tomos enteros escritos tarde.
  • Observador: Mantén la vista despierta.
  • Leñador: De una semilla nació un roble.

Un consejo para los señaladores

Hace poco aparecieron en algunos artículos propuestas de una frase para uso de los señaladores que contuviera todas las letras del alfabeto en el menor espacio posible. Un Comisionado Scout escribió para decir que los scouts usan una mucho más corta que la que se había propuesto, que tenía cuarenta y dos letras.

La frase de los scouts tiene solo treinta y tres letras, y dice así: The quick brown fox jumps over the lazy dog («El rápido zorro marrón salta sobre el perro perezoso»).

Pero, ¡caramba!, los scouts salieron derrotados, porque otro corresponsal mandó una frase aún más corta, de solo treinta y dos letras: Pack my box with five dozen liquor jugs («Llena mi caja con cinco docenas de jarras de licor»).

Esta la envió un clérigo. Espero que no quisiera decir que de verdad pensaba llenar su caja con semejante cargamento. La frase scout era un poco más larga, pero sin duda más deportiva.

Muerto por una mota de suciedad

La muerte de lord Harrington, hace poco, habrá causado una triste impresión a muchos Boy Scouts.

Por un lado, porque les tenía mucho cariño a los scouts; y, por otro, porque él mismo era un poco scout.

Digo que era un scout porque hacía muchas de las cosas que hacen los scouts.

Aunque pasaba de los sesenta, tenía todo el empuje y el espíritu de un muchacho. Jugaba al polo tan bien como un joven. Le gustaban mucho los animales y entrenaba a sus caballos y a sus sabuesos como si fueran verdaderos amigos. Y como era amable con los animales, ya te imaginas que también lo era con las personas: siempre estaba dispuesto a hacer una buena acción, sobre todo con los niños.

Además era un hombre mañoso y pasaba mucho tiempo en su taller. Precisamente allí encontró la muerte, en parte porque no era un scout completo: no se aplicó los primeros auxilios adecuados cuando tuvo un pequeño accidente.

Estaba trabajando en el taller cuando tocó con la mano una tubería caliente y se hizo una quemadura pequeña, del tamaño de un chelín, en un nudillo.

Sabía lo bastante de primeros auxilios como para ponerse un poco de aceite. Así que cogió un trozo de madera, lo mojó en aceite y se untó la mano. Pero no recordó que, cuando se trata una herida de cualquier clase, media batalla se gana usando los materiales más limpios.

Si te haces un corte grande, por ejemplo, es mejor dejarlo abierto y que sangre más que vendarlo, si el único trapo que tienes a mano está sucio.

La suciedad entra con mucha facilidad en una herida y enseguida envenena la sangre.

Antes de terminar, déjame recordarte también una vieja historia que quizá algún día te sea útil.

Viviendo en una bañera

Hace mucho tiempo vivía un hombre muy inteligente que, sin embargo, no era feliz, porque en cuanto aprendía una cosa descubría siempre que le quedaba algo más por aprender. Y quería saberlo todo.

Era como subir una montaña: en cuanto llegas a lo que crees que es la cima, descubres que hay otro pico un poco más alto, y otro detrás, y parece que aquello no se acaba nunca.

Eso fue justo lo que le pasó a aquel sabio. Se llamaba Diógenes. Quizá hayas oído hablar de él. Pues bien, con el tiempo perdió la paciencia y, como la zorra que decía que las uvas estaban verdes porque no podía saltar la tapia y alcanzarlas, empezó a decir que no valía la pena aprender nada y que todo era una estupidez, sobre todo los hombres que se pasaban la vida aprendiendo, ganando dinero y gastándolo.

Así que se fue a vivir a una bañera lo bastante grande para tumbarse dentro y comía lo que encontraba que crecía de forma silvestre. Llevaba una vida sencilla, solo que no la disfrutaba mucho.

Se volvió huraño y amargado, y no le caía bien a nadie. Si alguien iba a verlo, sacaba la cabeza de la bañera y se ponía a ladrar como un perro de mal carácter.

No eligió ese modo de vida porque pensara que era el mejor, sino porque creía que todo lo demás era peor, y esa no es manera de empezar nada si quieres disfrutarlo.

Nadie pensó que Diógenes y su modo de vida valieran la pena, así que nadie lo imitó, y no los culpo.

Es una buena advertencia: no sirve de nada intentar que otros copien tu modo de vida, porque eso solo hace que se aferren más a sus viejas costumbres. Limítate a demostrar que el tuyo es mejor, si de verdad lo es; y si has vivido de acuerdo con tus principios scouts, estoy seguro de que lo es.

Tú sabes que el Escultismo es lo mejor; pues deja que los demás se den cuenta viendo cómo trabajan los scouts, y muy pronto querrán hacerse scouts.

Siempre he pensado que la gente que critica a los demás o se burla de su manera de hacer las cosas es como Diógenes en su bañera: por regla general no tiene nada mejor que enseñar, y desde luego no conseguirá que nadie se vaya a vivir a la bañera con ella.

Algunas cosas que todo scout debe hacer

En la revista de una Tropa encontré estas máximas, que vale mucho la pena poner en práctica:

  • Ponte a ti mismo el último.
  • Quita del camino los pequeños estorbos.
  • Cuando a otro le pase algo bueno, alégrate con él.
  • Cuando otros sufran, ten para ellos una palabra de consuelo.
  • Habla de tus errores en vez de hablar de los errores de los demás.
  • Ten un sitio para cada cosa, y cada cosa en su sitio.
  • Guárdate tus propios problemas, pero está atento para ayudar a los demás con los suyos.
  • Coge el picaporte y cierra cada puerta detrás de ti sin dar un portazo.
  • No interrumpas nunca una conversación; espera con paciencia tu turno para hablar.
  • Busca la belleza en todas las cosas y mira con optimismo todo lo que te pase.

Un consejo a los Rovers

Muchos Rovers leen ahora mis libros, así que, antes de terminar, aquí va un consejo especialmente para ellos.

En realidad, no estoy seguro de que no convendría que todo joven pasara unos años encerrado en un monasterio o en un manicomio antes de hacerse sabio. ¿Me oís, Rovers?

¿Por qué?

Porque todo muchacho, cuando va dejando atrás la niñez, tiene la cabeza llena de grandes ideas, hasta que el sombrero se le queda pequeño. Por esa época de la vida casi todo el mundo cree que va a convertir al mundo entero a su religión, o que va a traer la libertad a todos con su política o con una revolución.

Cuando se le pasa esa fase, por lo general quiere matar a alguien, o matarse. Más tarde sienta la cabeza y solo piensa en lo tonto que fue.

Como ejemplo de las ideas curiosas que tienen los jóvenes, hace poco supe de dos muchachos que, sin conocerse, pensaban que los edificios de Inglaterra eran tan horrorosos que debían hacerse arquitectos para mejorar el aspecto artístico de nuestras ciudades.

Uno de ellos es hoy un brillante oficial de la Guardia Real a caballo (Life Guards); el otro, según creo, es un comerciante próspero.

Yo también pasé por lo mismo, así que no puedo sino comprenderlos. En mi caso, estaba empeñado en hacerme misionero y morir mártir bajo las palmeras, achicharrado de calor. Pero mi ambición romántica se acabó en seco gracias a mi madre, que era una mujer práctica y me dijo que no fuera tonto, que entrara en el Ejército, hiciera algo por mi país y, para empezar, viera un poco de mundo. Si después seguía queriendo ser misionero, habría mucho trabajo de verdad de esa clase esperándome en casa, en las grandes ciudades de Inglaterra, sin necesidad de irme a buscar palmeras.

Cuando a un joven le dan estos arrebatos de genialidad, está convencido de que tiene razón y de que todos los demás, incluida su madre, se equivocan; así que no escucha nunca el otro punto de vista.

Pues bien, por eso fracasan muchos muchachos; por eso hay tantas huelgas: muy a menudo los patronos no son capaces de ver el punto de vista de los obreros. Y por eso tanta gente es infeliz en la vida: solo ven lo que les gusta a ellos y no son capaces de ver el punto de vista de los demás.

Las personas que andan siempre armando jaleo por sus derechos se pasan la vida bastante amargadas, porque no ven que los demás también tienen derechos, y así se fabrican un auténtico infierno. Los mayores dicen que pedir la luna es absurdo, pero eso es justo lo que están haciendo miles de hombres.

No hace falta esperar al otro mundo para encontrar el cielo o el infierno: puedes tener los dos en este, si sabes cuál es el camino correcto.

Así que este es mi consejo, si quieres que el mundo sea un lugar feliz para ti y para los demás: fíjate siempre a tu alrededor y ponte en el lugar del otro, y verás que siempre hay algo que decir a su favor, igual que a favor tuyo.