Qué pueden hacer los Scouts · 3. Dibujar, volar, apagar fuegos y acampar
Regalos hechos en casa
El scout tiene mucho trabajo para conseguir sus insignias, pero el invierno es, sobre todo, la época de hacer cosas.
Los compañeros que piensan ir a la playa, lejos, tienen que ganar el dinero del viaje, así que tendrán que hacer cosas para venderlas; los que quieren demostrar lo que saben hacer los scouts tienen que preparar trabajos para una próxima exposición.
También es muy importante que hagas cosas que puedas regalar.
Hay tantas cosas que pueden hacer los scouts que cuesta proponer por dónde empezar. Una Tropa que conozco siempre está haciendo palos para encender fuego como los pieles rojas; también es fácil hacer juguetes para niños y venderlos a buen precio, si es que quieres venderlos.
Y hay un montón de buenas ideas que puedes adoptar.
Para los scouts que viven en el campo, o para los que hacen lo correcto y aprovechan los fines de semana para salir de excursión, hay que hacer bastones. Recordad que, cuando llega el otoño y la savia ya no corre por los árboles, es el momento adecuado para cortar y curar los bordones de caminar, y cuando caen las hojas en los bosques es más fácil encontrar las ramas apropiadas.
Además de los bordones corrientes, hay otros que se han puesto muy de moda: los bastones de pulgar (N. del T.: lo que nosotros llamamos «horquillas rover»). Es el bastón que llevan los Rovers en lugar del bordón, así que muchos compañeros andan buscándolos. Pero también gente ajena a los scouts ha cogido gusto a esta clase de bastones, y uno bueno se puede vender por dos o tres chelines. Es una gran oportunidad para los scouts.
La mejor madera para esto es el avellano o el fresno.
Disfrutarás mucho buscando las ramas adecuadas. Puede que recorras un largo camino antes de encontrar una que valga, o puede que tengas suerte, como yo el otro día, y encuentres media docena en un mismo bosque.
Buscas un bastón que haya crecido recto, ni muy grueso, para que no pese, ni muy delgado, para que no se doble ni se cimbree. Para que quede de 3/4 de pulgada de grueso, debes cortarlo de 2½ a 3 pulgadas de grueso. Debe medir entre 4 pies y 4 pies y 2 pulgadas de largo (unos 1,20 a 1,25 metros) y tener en la punta una bifurcación que forme una horquilla adecuada para apoyar el pulgar (por eso lo llamamos bastón de pulgar: lo llevarás con el dedo metido ahí).


Deja la corteza al natural y quítale todas las rugosidades, los bultos y las ramitas con una navaja bien afilada (no con una navaja cualquiera, sino ¡con una navaja bien afilada!).
Si el bastón no está recto en toda su longitud, caliéntalo hasta que esté blando y flexible y dóblalo en los puntos necesarios hasta que quede recto.
Así es como calenté el mío. Cogí un tubo viejo de agua de unos 6 pies de largo, tapado por un extremo con un trozo de madera, de metal o de cemento. El tubo se llena de arena seca, se apoya sobre unos ladrillos algo separados y se calienta por debajo, en varios puntos, con fuego o con lámparas.
Hacer cuchillos
Aquí va otro buen trabajo de invierno para scouts. Los Boy Scouts of America han adoptado una afición que también aquí puede venir muy bien en invierno: hacer cortapapeles decorativos de madera. Los hay de formas muy variadas y vistosas.
Y así es como los hacen. La Patrulla va al bosque, aunque debe tener permiso del dueño, y cada scout busca trozos que le gusten para hacer un mango vistoso o una buena hoja.
Necesitas un mango de 4 pulgadas de largo y una hoja de 4 a 6 pulgadas. Así que debes cortar un trozo de 1 pie de largo y 3 pulgadas de grueso para tallarlo.
Una vez corté una rama de castaño de unos arbustos y la fui tallando con mi cuchillo scout hasta convertirla en un cortapapeles.
La madera se corta en invierno, es decir, cuando la savia está baja, y después se deja secar por completo. Tállala con un cuchillo afilado (no un cuchillo cualquiera, sino un cuchillo afilado, ¡acuérdate!) o, si tienes un banco de carpintero, con un formón o un cepillo.
Dale los últimos toques con un cuchillo afilado. Después líjala para dejarla suave.
Y, por último, «coge un trapo con una gota de aceite, mójalo ligeramente en goma laca (barniz) y frota hasta que quede duro y brillante», dice la revista norteamericana Scouting.
Luego puedes volver a barnizar el mango. Después podéis añadir en la hoja, con tinta china y tinta roja, el signo scout o el lema que os guste, y vuestro nombre en el mango.
Saca la hoja de uno de los lados de la rama, no del centro. El centro suele tener el corazón en mal estado, aunque a veces tiene un corazón de color que mejora el aspecto de la hoja.

Un cine casero
Otra actividad de invierno muy popular es organizar un cine casero. Por cierto, ¿tú dices «cinema» o «kinema»? Lo correcto, en realidad, es lo segundo, porque es una palabra griega que se pronuncia con k.
La gente sensata nos previene contra los cines porque, aunque son muy entretenidos, a veces son muy malos para la vista; además, en los cines abarrotados es muy fácil pillar la gripe, resfriados, la varicela y otras cosas contagiosas, y encima te gastas bastante dinero cuando vas. Todo eso es muy cierto.
Al mismo tiempo, hay quienes disfrutan tanto con las películas que creen que vale la pena gastar algo para echarse unas buenas risas; si no van muy a menudo, no notan que les molesten los ojos, y si, como buenos scouts, respiran por la nariz y no por la boca, no corren el riesgo de tragarse los gérmenes venenosos que flotan en el aire.
Así es como lo veo yo, y disfruto yendo a ver películas. ¡Solo que no muy a menudo!
Eso sí, hay cierto tipo de películas que no me gustan. Me aburren mucho esas historias americanas: son larguísimas y tardan horas en contar lo que tienen que contar; los líos en que se mete la gente son imposibles, y la jerga americana con que los describen está tan destrozada que me quedo deseando que hubiera más películas británicas buenas en cartelera.
Ojalá dentro de no mucho podamos tener nuestros propios cines en los locales scouts, con películas nuevas cada semana. ¿Qué te parece?
Películas de mentira
Mientras tanto, si no tienes el de verdad, ¿por qué no te haces uno tú mismo?
Es una actividad estupenda para una tarde en el local de la Tropa, o como número en un concierto o una velada de la Tropa.
Representáis una escena breve en una sala a oscuras con una luz fuerte que caiga sobre el escenario. Los actores deben moverse muy deprisa y con torpeza, y caminar muy rápido, con pasitos cortos y veloces, como en el cine.
Entonces, justo delante de la lámpara que proyecta la luz, se pone una rueda con radios gruesos que haga ruido al girar. Así la imagen parpadea como en una película de verdad, solo que un poco más. Todo el número resulta divertidísimo si está bien hecho y no es muy largo.
Podríais, por ejemplo, representar una escena de Hamlet y, cuando llegue la parte de la representación teatral, darle un toque muy moderno mostrando una película del envenenamiento en un estilo escalofriantemente sangriento.

Este es el tipo de aparato que necesitas para tu «parpadeador»: puede ser una rueda de bicicleta con papel pegado entre radios alternos, con la bicicleta puesta del revés y los pedales movidos a mano. Yo nunca lo he probado, pero no hay duda de que podrías «apañarlo» así, de una manera o de otra.

Pero basta ya de actividades de invierno. Pasemos a hablar de otra cosa.
Acampada
Para acampar hacen falta dos cosas y, si quieres que salga bien, procura que las dos sean lo más pequeñas posible. Una es la tienda; la otra, la cocina y su fuego.
Como ya he dicho con cierto atrevimiento en otras ocasiones, he vivido en el campo la mayor parte de ocho años. Por lo general he sido mi propio cocinero, criado, carnicero y panadero. He vivido en tiendas de casi todos los tamaños, y he cocinado con fuegos que iban desde grandes hogueras hasta unos cuantos trozos de papel.
En cuanto a tiendas, la que he encontrado más adecuada para mis necesidades es una en la que sigo durmiendo todas las noches, en verano y en invierno, aunque tengo una casa cómoda donde podría dormir si quisiera. Pero no.
Mi tienda y mi cama consisten en una camilla colgada de unos soportes; por encima de la viga va una lona que se ata a los extremos de las vigas o se sujeta al suelo. Cualquiera puede hacerse una igual, y le saldrá tan barata como cualquier tienda que pueda comprar.

Para mí tiene un gran valor que, por muy húmedo que esté el suelo, la cama y las cosas no están en el suelo y, por tanto, se mantienen secas; y que, por muy fuerte que sople el viento, la tienda no se puede venir abajo. Dos veces he vivido tan a gusto en medio de tornados y de campos inundados mientras mis compañeros de acampada lo pasaban mal.
No digo que mi tienda sea mejor que cualquier otra; sería una tontería, porque cualquiera que haya diseñado alguna vez una tienda sabe de sobra que la suya es la mejor. Solo digo que a mí me va tan bien como cualquier otra que haya usado. Es una que cualquier scout puede hacerse él mismo, y si se acampa en una zona de bosque no hace falta llevar las vigas, porque se pueden conseguir allí mismo; así que solo tienes que llevar la lona del techo y la tela de la hamaca.
Del mismo modo, un buen cocinero de campamento no quiere ir cargado con un montón de ollas, cacharros y trastos.
Cuando mi mujer y yo hicimos un viaje por el desierto de Argelia, solo llevábamos una parrilla para hacer toda la comida y una vieja lechera de latón para las bebidas. Eso, lo reconozco, era demasiado poco para estar cómodos, ¡y teníamos que hervir el café en el mismo cacharro en el que cocinábamos el pescado, las verduras y los pudines! No: necesitas dos recipientes para hervir, uno bajo y plano y otro hondo, y además una sartén.
Y, para el fuego, no quieres una hoguera enorme que ase al cocinero en vez de la comida. Enciende el fuego asegurándote de prepararlo bien desde el principio y usando astillas para prender, es decir, varitas rectas cortadas con tu cuchillo. Después se alimenta con palos cortos y duros hasta formar un buen montón de brasas rojas y brillantes.
Un hoyo en el suelo calentado de esta manera y convertido en un horno cerrado te cocinará la comida mientras tú te vas a hacer otras cosas, siguiendo el mismo principio que la «caja de heno», en la que dejas los cacharros con la comida a medio hacer para que termine de cocerse, bien apretados entre heno o periódicos y bien protegidos del aire de fuera.
Mochilas
El otro día vi a un grupo de excursionistas en marcha, todos con la mochila a la espalda; aunque solo habían recorrido unas pocas millas, muchos ya notaban en la espalda todas las aristas y salientes de lo que llevaban dentro, y las mochilas se les balanceaban de un lado a otro, haciéndoles sentir acalorados, doloridos y cansados. No es que todo estuviera mal: es que no estaban acostumbrados a hacer y llevar la mochila correctamente, y un poco de preparación en este sentido marca toda la diferencia en la comodidad de la marcha.
En Noruega, todo el mundo, hombres, mujeres y niños, lleva una mochila a la espalda; da igual que esté llena o vacía, la llevan siempre, lista para cargar algo si hace falta. Están tan acostumbrados que, si un día la dejaran, se sentirían casi desnudos y a disgusto.
Sus mochilas tienen un armazón de madera que se adapta a la espalda, mantiene el cuerpo de la mochila separado de quien la lleva y, al mismo tiempo, impide que se balancee.
Hace poco quise dibujar el armazón de mi mochila, pero lo había perdido, hasta que oí a mi hijo pequeño, Peter, que me cantaba: «Papá, acabo de bajarme de Sharker (es su caballito de madera) para pasar revista a los scouts, y llevo mi mochila conmigo». Y allí estaba, con mi mochila puesta.

Apagar fuegos
Durante la guerra, cuando todos los jóvenes estaban lejos, en el frente, los scouts hicieron posible que se marcharan muchos bomberos a los que no se podía relevar de su servicio. Los scouts recibieron formación para hacer ese trabajo y aceptaron ocupar su lugar, de modo que los bomberos pudieron irse a combatir.
Desde entonces se han formado en muchos sitios brigadas de bomberos compuestas por scouts, porque la gente ha comprobado que los scouts hacen bien el trabajo si se les deja.
En Escultismo para muchachos te conté qué hacer en caso de incendio, pero también tenemos un librito del gran jefe de bomberos, el capitán Wells, que cuenta a los scouts todo lo que quieran saber sobre cómo combatir el fuego, manejar una bomba de incendios, usar las salidas de emergencia, etc.
Pero hay uno o dos consejos más que conviene recordar. Cuando estés en una casa en llamas, si el humo se vuelve muy denso y asfixiante, arrástrate por el suelo; cerca del suelo suele ser menos espeso.
Si te encuentras con una puerta cerrada que necesitas cruzar, recuerda que la parte más débil son los paneles, y normalmente puedes atravesarlos de una patada.
Si se te prende la ropa, no corras a pedir ayuda, porque el aire solo avivará las llamas; rueda por el suelo, envuélvete en una manta o haz cualquier cosa que impida que el aire alimente el fuego; o envuélvete las manos en trapos, toallas, etc., y apaga las llamas a golpes.
Echa el agua a la base del fuego, no a las llamas. Durante los incendios se hunden suelos y techos; si te quedas junto a una puerta, estarás en el sitio más seguro para protegerte de las tablas que caen.
Muchos muchachos han salvado una vida porque sabían cómo sacar a rastras a una persona inconsciente de un edificio en llamas. La cuestión no es saber hacerlo, sino practicarlo de vez en cuando.

Es fácil olvidar la mejor manera de hacer un nudo tal como se describe en Escultismo para muchachos. Pero si lo practicas a menudo, te saldrá con facilidad y de forma natural, y no te costará hacerlo bien en medio del nerviosismo de un incendio de verdad.
Algún día podrías verte en un incendio, así que estate preparado. Aprende todo lo que puedas sobre la extinción de incendios y el salvamento de vidas mientras tengas ocasión y, como scout, sigue practicándolo siempre que puedas.
Cuando era niño vivía en Londres y todas las noches estaba atento por si veía el resplandor de algún incendio; cuando veía uno, o cuando oía las sirenas de los bomberos, me iba hacia allí. Así estuve presente en muchísimos incendios y llegué a llevarme tan bien con los bomberos que en muchas ocasiones me dejaban ayudarlos. ¡Cómo lo disfrutaba!
En muchas partes del país, los Rovers han asumido la tarea de apagar fuegos como parte de su formación, y en muchas ciudades y pueblos se les considera «la brigada de bomberos local».
Me gustaría que las Tropas que se dedican a esto llegaran a hacerlo bien, de modo que, si se les pidiera, pudieran organizar una buena demostración de extinción de incendios y de rescate que dejara buena impresión al público y mostrara al mismo tiempo de lo que son capaces en ese tipo de trabajo.
Hace poco, una colonia lejana de nuestro Imperio sufrió un duro golpe. Allá en la Guayana Británica, la catedral de Georgetown, la capital, ardió por completo. Como la mayoría de los edificios, estaba hecha de madera, pero tan ingeniosamente trabajada y tallada que su torre y sus almenas parecían casi exactamente de piedra.
Un fontanero estaba reparando con su brasero unas goteras en las tuberías del tejado cuando, de pronto, se le cayeron unas brasas, y así empezó el incendio.
Con aquel clima seco y caluroso y una fuerte brisa, la hermosa torre ardió como una pila de leña preparada para una hoguera, y en pocos minutos se levantó una llamarada enorme, con llamas que saltaban a alturas increíbles.
Ese día el suministro de agua de la ciudad había fallado por una avería en la maquinaria de bombeo, así que la brigada de bomberos tenía muy poca agua cuando llegó al lugar, y el fuego había prendido tanto en la catedral que pronto se perdió toda esperanza de salvarla.
Aun así, los bomberos hicieron todo lo que pudieron y trabajaron con valor para impedir que el incendio se extendiera a otras casas del barrio.
Y, como de costumbre, allí donde hay algún apuro, los scouts aparecieron enseguida y cumplieron con su deber como hombres. Este es el informe de su trabajo que me hicieron llegar:
«Todos los informes mencionan con elogio a los scouts. Una de las Tropas estaba formada por chicos del Colegio Católico de San Estanislao, bajo la dirección de su Jefe de Tropa, el padre Alban Robinson.
»El Jefe de Tropa fue el primero en subir al altar mayor, con el techo ya ardiendo sobre su cabeza, para descolgar todos los adornos».
Otra escena se describía así:
«Un coche de bomberos dobló la esquina con gran estruendo, arrastrado por un policía y cuatro scouts pequeños cuyas edades sumadas apenas igualaban la del agente. Sudando y con gran esfuerzo, lucharon hasta llevar el coche a un lugar seguro».
El padre Robinson, Jefe de Tropa, se llevó sin embargo los elogios más entusiastas de los periódicos; pero, como él dice que mucho de lo que se contó es exagerado, nos limitaremos a reproducir su propio relato de lo que vivió:
«Cuando se vino abajo la fachada de la catedral, yo estaba con un grupo a unas diez yardas (unos nueve metros), con una manguera. Ya antes había sido duro, pero nunca olvidaré aquel viento caliente y terrible y las chispas que, literalmente, nos llovían encima. Tuvimos que poner la manguera hacia arriba y moverla de un lado a otro para que las chispas no nos quemaran la ropa y para apartar el humo.
»En aquel momento, aunque estábamos en un lugar abierto, no veía ni al hombre que tenía al lado ni la manguera. Detrás de nosotros había hombres que empujaban la manguera y nos gritaban que siguiéramos avanzando, a medida que nos iban pasando más tramo. La presión de la manguera estaba al máximo, lo que la ponía muy rígida, y al cabo de un rato tuvimos que soltarla.
»Yo mismo me libré de cuatro o cinco accidentes graves, si no de la muerte… No os podéis imaginar lo que es un incendio en una ciudad de madera; y este era el mayor incendio en cincuenta años. Debía de haber unos trescientos hombres intentando apagarlo y, sin embargo, ¡no pudimos salvar ni uno de los cuatro edificios!
»Una de las campanas tubulares cayó a menos de un pie de un agente de policía… Una viga cayó desde la torre sobre una acera de cemento con tanta fuerza que la resquebrajó y se clavó casi un pie y medio en el suelo.
»Me alegra poder decir que todo el mundo elogió a los scouts. Trabajaron como titanes… Los chicos acarrearon nada menos que cuatro cargas de carbón para la bomba de incendios, y además enrollaron la manguera después del incendio, porque los bomberos estaban agotados».