Qué pueden hacer los Scouts
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Qué pueden hacer los Scouts · 5. Entre los maoríes y los pieles rojas

Un castigo curioso

El capitán John Smith anotó en su diario que la mayoría de su grupo de aventureros británicos no estaban acostumbrados ni al mar ni al campo, porque eran sobre todo gente de ciudad, porteros, etc.

Como ejemplo, cuenta que se les llenaban las manos de ampollas al tirar de las cuerdas, remar, usar el hacha, etc., y que eso les hacía soltar tantas palabrotas que estableció un castigo: echar una taza de agua helada por la manga a cualquiera que hablara así. «Y muy pronto se gastó tanta agua helada como para llenar un pellejo de cerdo». En el gran Jamboree Scout de 1920, en Londres, también se representaron las siguientes escenas de la vida de John Smith:

Acampar

Al desembarcar, amontonaron el equipaje a un lado: sillas, mesas y cacharros de cocina formaban un solo bulto para acampar, junto con alfombras y tiendas decorativas. Las montaban, pero se venían abajo, hasta que un veterano les enseñó cómo había que hacerlo.

Cazar

Algunos pescaban desde el barco con anzuelo y sedal, pero sin éxito. Otros se aventuraron tierra adentro sin molestarse en reconocer el terreno; charlaban entre ellos, miraban, pero no veían nada. Uno apuntó a un conejo, pero le dio a un compañero en la pierna. Volvieron al campamento con las manos vacías y tuvieron que cenar un cerdo del barco.

Encender el fuego

Usaron pedernal y eslabón. Les costó muchísimo encender el fuego. Muchas varitas. Pusieron un trípode y los cacharros de cocina. Cocineros con pipa y guantes. Los muchachos ayudaron a recoger leña, etc.

Iniciación de los muchachos en la edad adulta

El doctor Syntax, un viejo maestro con toga, birrete y anteojos en la punta de la nariz, examinaba a los muchachos de las «tres erres» (N. del T.: escribir, contar y leer, por su pronunciación en inglés). A los que aprobaban se les permitía contar como hombres en la compañía. Algunos grandullones fortachones, unos burros, suspenden y tienen que volver con los pequeños.

Juicio a los malhechores

Tres oficiales forman un consejo de guerra para juzgar a los infractores: el doctor Syntax como presidente, el teniente Rolfe y otro miembro más.

Traen ante ellos a un hombre por decir palabrotas. Se ordena al contramaestre que le eche agua helada por las mangas.

Se juzga al hombre que hirió por accidente a su compañero y, después de mucho consultar los libros, se le condena a muerte por haber disparado a un camarada. La ley no deja claro si hace falta que la víctima haya muerto: basta con que le hayan disparado. El teniente Rolfe, el miembro más joven del consejo de guerra, no está de acuerdo con sus mayores y señala que el culpable es un tipo valiente.

Enfrentarse a la muerte

Preparan al prisionero para fusilarlo. Se le concede que le venden los ojos. El pelotón de fusilamiento está listo. Rolfe da un paso al frente para protestar y se coloca junto al hombre para que lo fusilen también a él. Vuelven a consultar los libros y, al final, el presidente del consejo de guerra dice: «¡Al cuerno la ley! Lo dejaremos libre por ser un hombre valiente».

La tripulación lo celebra.

Amistad

Syntax estrecha la mano al prisionero. El prisionero se vuelve hacia el teniente Rolfe, se saludan y le da las gracias.

John Smith trae al campamento a Powhatan con Pocahontas y su séquito. Les presenta a Rolfe y a otros oficiales. Rolfe acompaña a Pocahontas (la historia cuenta que después se casó con ella).

Tótems

Mientras se hace esta parte de la visita al campamento, la tripulación se prepara para la gran reunión.

El capitán Smith lleva a sus invitados a ver el Union Jack, en el centro de la explanada.

Lo acompañan sus señaleros y, entonces, hace la señal con antorchas a la tripulación para dar comienzo a la reunión.

La gran reunión

«Rule, Britannia».

Danza morris para una parte de la tripulación; trompeta para la otra.

Marchan hacia la montaña para explorar el país.

Powhatan

Esta es la descripción de la «pintura de guerra» de Powhatan.

Su penacho de plumas blancas de ganso, echadas hacia atrás, va cosido a una banda larga que se ciñe alrededor de la frente y le llega hasta por debajo de las rodillas.

En la base de las plumas grandes hay una hilera de plumas más pequeñas (marrones y blancas), y en la punta, plumas más esponjosas; los bordes están adornados con mechones de crin de caballo.

Cabeza de perfil con un tocado de plumas sobre una banda
El comienzo de un tocado de plumas, hecho con la copa de un sombrero viejo como base

El jefe lleva el pelo recogido en dos coletas, una a cada lado de la cabeza. Lleva un collar de garras de oso (se puede hacer de madera).

Una camisa de piel de alce, adornada (hecha de arpillera con la parte de abajo teñida de un color intenso). Las mangas llevan una banda decorativa hasta la mitad, a la que se añaden mechones de pelo negro. Los pantalones también son de piel de alce (hechos de arpillera).

Mocasines tejidos (pintados a mano de color marrón).

Una capa de piel de búfalo sobre los hombros (de arpillera forrada de lino negro, con ribetes de piel negra).

Powhatan de pie, con penacho de plumas, capa y lanza
Powhatan con su atuendo de guerra completo

Señales australianas de paz y de guerra

Las señales para indicar si una tribu está en paz o en guerra son estas:

  • Para la guerra, levantan polvo con el pulgar y se meten la punta de la barba en la boca.
  • Para la paz, agitan una rama verde.

Los mensajeros siempre llevan consigo una libreta en la que apuntan un recordatorio del mensaje, para que no se les olvide.

Como los australianos no tienen escritura ni libros, estos recordatorios consisten en un trocito de vara en el que el mensajero hace ciertas marcas y signos que le recuerdan lo que tiene que decir.

Tengo varios en mi colección y los he descrito con detalle en el libro Los Boy Scouts al otro lado de los mares (Boy Scouts Beyond the Seas), donde también verás cómo se arroja una lanza con la woomera y cómo se lanza el bumerán.

Los dibujos de las varas dicen muy poco a un extraño, y lo mismo pasa, sin duda, con los tótems.

Tótems

Las distintas tribus y clanes tienen su propio tótem, igual que nuestras Patrullas. Algunos de esos tótems representan peces, tortugas o pájaros, aunque difícilmente reconocerías al animal original por la manera en que lo dibujan.

Tótem australiano en forma de tortuga, decorado con puntos
Una muraian (tortuga), de dieciséis pulgadas de largo y siete de ancho (unos 40 por 18 centímetros)

Aun así, algunos de estos tótems pueden quedar muy bonitos para que los usen las Patrullas. Se recortan en láminas finas de madera y se decoran en rojo, negro, amarillo y blanco.

En la exhibición, las tribus llevan varios tótems y los comparan con los de otras tribus de distintos países. Los mensajeros oficiales acompañan a los tótems como guardia de honor.

Señales

Llega entonces la llamada para que la tribu empiece la gran reunión. El método australiano de transmitir señales se basa sobre todo en mensajeros y corredores de relevos.

Corren gritando «¡Cooee!», luego se paran y agitan sus banderines para mostrar que van en misión oficial, y agitan ramas para mostrar que vienen en son de paz. Vuelven a correr dando a la tribu la llamada de «¡Cooee!», que, según dicen, se oye a tres millas. Al oírla, la tribu se apresura y se dirige hacia sus tótems y, en el transcurso de la exhibición, descubren que sus tótems se han reunido bajo la bandera británica.

Quien tenga ganas de saber más sobre estos tótems, armas, etc., debería ir a verlos al Museo Británico o leer sobre ellos en Las tribus nativas de Australia (Native Tribes of Australia), de Baldwin Spencer.

El gran descubrimiento de un scout

Hace algún tiempo llegó la noticia de que un aventurero inglés había descubierto en Sudamérica unas ciudades antiguas que habían permanecido ocultas a los ojos del hombre durante seiscientos años.

El capitán Campbell Besley había estado explorando Perú, y esto es lo que encontró:

«Entre la espesa maleza no veíamos nada, pero la espada y el machete nos abrieron camino y dejaron al descubierto partes de unos edificios extraordinarios, que en su concepción y ejecución no tenían nada que envidiar a lo que se puede ver hoy en el mundo civilizado. Su arquitectura era más impresionante que la de nuestro Parlamento británico.

»Lo que vimos eran palacios incas, con salas de reuniones más largas que los salones de nuestros hoteles más grandes y modernos. Nuestro guía indio nos dijo que la ciudad principal, llamada Plateryoyoc, llegó a tener una población de probablemente unos cincuenta mil habitantes.

»Entre estos restos de un “mundo perdido” encontramos algunos ejemplares maravillosos de champi, que es una mezcla de oro y plata, algunos utensilios de plata, unos cuantos cuchillos semicirculares y vasijas de todo tipo y forma.

»Muchas de esas vasijas estaban ricamente decoradas. Está claro que los incas tenían en su tiempo métodos de su propia invención para trasladar piedras enormes de un lugar a otro. Encontramos una piedra de unas 300 toneladas que, evidentemente, se había traído desde muy lejos. Estaba cortada en parte con algún instrumento parecido a una sierra.

»Las ciudades estaban protegidas por enormes puertas de piedra fortificadas. Aquellos audaces ingenieros habían encauzado el río cercano con muros de piedra a lo largo de cuarenta y cinco millas, para evitar el desastre de una invasión o de una inundación».

Yo también he oído hablar de unas ruinas parecidas en Sudamérica, y estoy deseando que el Movimiento Boy Scout me deje tiempo para ir a buscarlas. Como veis, a los scouts les queda mucho por explorar y descubrir.