Manual de Lobatos
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Manual de Lobatos

14. Decimocuarta dentellada

Suciedad en una herida · Quemaduras · Escaldaduras · Ejercicios corporales · Andar guardando el equilibrio sobre un tablón · Investidura del Lobato de Segunda Estrella

Suciedad en una herida

Demostrar cómo limpiar y vendar un dedo cortado.

Los soldados japoneses tienen la obligación de mantenerse muy limpios, y sus jefes se preocupan mucho de que puedan darse un baño caliente todos los días. ¿Entendéis por qué se hace esto?

Porque, si un hombre resulta herido con la piel sucia, la herida se infecta y se agrava; en cambio, si la piel está limpia, se cura enseguida. Por eso debéis manteneros limpios y lavaros las manos a menudo. A cualquiera le puede pasar que se corte un dedo o se levante la piel de los nudillos, y, si tenéis la piel limpia, se curará pronto. Pero si dejáis que entre suciedad en el corte, se inflamará, se infectará y la curación será larga y dolorosa, y todo por no haber mantenido limpia la herida. Así que, si os hacéis un rasguño o un corte, poned encima un poquito de yodo, de mercurocromo o de tintura de metafén, y todo irá bien.

Un caballero bailaba con una dama cuando a ella se le aflojó la peineta del peinado. Al levantar la mano rápidamente para sujetársela, arañó sin querer a su compañero en la nariz. Él no le hizo caso ni le dio importancia, pero seguramente el polvo de la sala se metió en aquella heridita, que se le infectó y le envenenó la sangre de tal manera que murió al cabo de una semana.

Así que tened cuidado con toda clase de heridas, por pequeñas que sean: lavadlas bien y tapadlas para que no les entre el polvo, y así se curarán pronto. Lo que uséis para cubrirlas tiene que estar muy limpio y libre de gérmenes, y las heridas deben quedar bien tapadas para que no les dé el aire y duelan menos.

Quemaduras

Demostrar cómo cubrir una escaldadura o una quemadura.

Si alguna vez os habéis levantado la piel, sabréis que la carne que queda debajo es muy sensible y que el aire frío produce un dolor tremendo. Cuando alguien se quema, la piel se destruye y la carne queda al aire. Lo que hay que hacer entonces es ponerle encima grasa, aceite, vaselina o picrato, y cubrirla enseguida con una tela suave o con papel limpio. La zona quemada es muy sensible, no soporta nada duro y además se vuelve muy pegajosa; por eso, lo que se ponga directamente encima tiene que llevar mucho aceite, y después una gasa de lino o papel. Si no tenéis a mano aceite de oliva, podéis usar mantequilla, pero no aceite alcanforado. Recordad que las quemaduras producen un fuerte choque nervioso, así que el herido tiene que sentarse o tumbarse bien abrigado para no perder calor hasta que se recupere de verdad.

Escaldaduras

Demostrar cómo cubrir una escaldadura y una quemadura.

El fuego quema; pero el agua, el aceite y cualquier cosa caliente y húmeda escaldan. Una escaldadura, igual que una quemadura, hay que cubrirla lo antes posible, aunque sea con un trozo de tela si no tenéis otra cosa; pero nunca le pongáis aceite. Lo mejor es extender pomada de ácido bórico sobre una gasa gruesa o un trozo de tela limpia y vendar con ella la herida, sin apretar. Una escaldadura casi siempre forma ampollas: tened mucho cuidado de no reventarlas ni arrancarlas.

Ejercicios corporales

Hacer los siguientes ejercicios tal como se describen en el «Manual de Lobatos»: tocarse los dedos de los pies y flexión de rodillas.

Hay algunos ejercicios corporales que debéis practicar. Si los aprendéis y los hacéis todos los días, o varias veces al día, sobre todo al levantaros o antes de acostaros, os ayudarán a crecer sanos y fuertes mucho más deprisa que si no los hicierais. Pero tenéis que hacerlos todos los días, no solo cuando os acordéis, una vez al mes o los domingos.

Hay que hacerlos muy despacio, poniendo en juego todos los músculos de vuestro cuerpo, por dentro y por fuera; así, en poco tiempo, seréis grandes y fuertes.

Siempre es mucho mejor tener salud que unos músculos vistosos. El atleta empieza fabricando músculo y acaba fabricando grasa.

Un forzudo de circo, cruzado de brazos y vestido con una piel de leopardo
Un militar grueso y de gesto serio, con el abrigo lleno de medallas

Ejercicio de tocarse los dedos de los pies

Este es también un ejercicio de respiración, con el que se desarrollan los pulmones y el corazón, y la sangre se vuelve más sana y vigorosa. Para hacerlo, tenéis que estar de pie con naturalidad, levantar las manos hacia arriba todo lo que podáis y después doblaros hacia delante y hacia abajo hasta que los dedos de las manos toquen los de los pies, sin doblar las rodillas.

Poneos de pie, con los pies un poco separados; tocaos la nuca con las manos y mirad al cielo, echándoos hacia atrás todo lo que podáis.

Si unís vuestras oraciones a vuestros ejercicios, mientras miráis al cielo de esa forma decidle a Dios: «Soy tuyo de pies a cabeza», y respirad el aire de Dios (por la nariz, no por la boca). Después estirad los brazos hacia arriba todo lo que podáis, soltando el aire y diciendo el número de veces que lleváis hecho el ejercicio. A continuación, muy despacio, inclinaos hacia delante con las rodillas rectas hasta tocaros los dedos de los pies con la punta de los dedos de las manos.

Luego, sin doblar los brazos ni las rodillas, incorporaos poco a poco hasta volver a la posición del principio, y repetid el ejercicio varias veces.

Un muchacho con las manos en la nuca se echa hacia atrás mirando al cielo
Figura 1. Manos en la nuca, mirando al cielo. Las flechas indican que se coge el aire por la nariz; el círculo con flecha, que se suelta por la boca.
El muchacho estira los brazos hacia arriba; una flecha curva indica el movimiento hacia delante
Figura 2. Brazos estirados hacia arriba, soltando el aire.
El muchacho, con las rodillas rectas, se toca los dedos de los pies
Figura 3. Tocarse los dedos de los pies sin doblar las rodillas.

A algunas personas les cuesta tocarse los pies con la punta de los dedos, pero pueden empezar poco a poco, intentando primero tocarse las espinillas, y en pocos días llegarán a los pies. Por mi parte, os diré que yo me puedo tocar los dedos de los pies con los nudillos, que es un poco más difícil que hacerlo con la punta de los dedos; así se estiran muy bien los tendones de la parte de atrás de las piernas. Intentadlo.

Ejercicio de flexión de rodillas

Poneos de pie en posición de firmes (es mucho mejor hacerlo descalzos, porque así se fortalecen los dedos de los pies, y unos dedos fuertes os ayudarán a correr y a saltar). Con las puntas de los pies un poco hacia fuera, poned las manos en las caderas, poneos de puntillas, abrid las rodillas hacia fuera y doblad las piernas despacio hasta quedar en cuclillas, sin que los talones toquen el suelo en ningún momento.

Este ejercicio os fortalecerá la parte inferior del cuerpo y las pantorrillas.

Un muchacho de puntillas y en cuclillas, con las manos en las caderas
Flexión de rodillas.

Después levantaos despacio hasta volver a la posición de firmes, y repetid el ejercicio varias veces. La espalda debe quedar recta; hay que coger el aire por la nariz al subir y soltarlo por la boca al bajar. El peso del cuerpo tiene que descansar todo el tiempo sobre los dedos de los pies, y las rodillas, abiertas hacia fuera para ayudar a mantener el equilibrio. Mientras hacéis este ejercicio, recordad que sirve para fortalecer las pantorrillas y los músculos de los dedos de los pies, y también el estómago; por eso os sentará bien si lo practicáis varias veces al día.

Como en este ejercicio estáis unas veces de pie y otras en cuclillas, os servirá para recordar que, tanto si estáis de pie como sentados, trabajando o descansando, vuestra postura tiene que ser siempre correcta. Estos ejercicios no son un simple pasatiempo: ayudan a crecer y hacen fuertes a las personas.

Caminar sobre un tablón

Caminar sobre un tablón de cuatro metros de largo y quince centímetros de ancho, colocado por encima del suelo.

Para pasar la prueba hay que caminar sobre un tablón de cuatro metros de largo y quince centímetros de ancho, colocado a la altura de una mesa normal. Pero los Lobatos no se conformarán con eso: se inventarán otras formas más difíciles de guardar el equilibrio. Para practicar, buscad un tubo metálico de 10 o 15 centímetros de diámetro tendido en el suelo, un par de tablones de canto o un muro bajo, y poned al final una manzana o un pequeño premio para el Lobato que consiga recorrerlo, ponerse en cuclillas o agacharse para coger el premio y volver con él sin perder el equilibrio.

Este ejercicio os fortalecerá las piernas y los pies, y, por dentro, la parte alta del estómago.

Juegos y prácticas

Piedras para cruzar. Poned en el suelo trocitos de cartón o de madera (clavados al suelo), o dibujad una línea quebrada que represente las piedras por las que se cruza un río, unas más juntas y otras más separadas. Cada Lobato tiene que intentar pasar él solo, dos veces. En el segundo intento llevará en la mano una tabla de 20 centímetros de lado con una pelota de tenis encima, que, por supuesto, no debe caerse.

Haced simulacros de incendio, imaginando que a un muchacho lo envuelven las llamas. Envolvedlo en cualquier tela que tengáis a mano: una manta, la chaqueta de un compañero, una alfombra, etc. Practicadlo con cada muchacho, porque es la mejor manera de que se le grabe en la cabeza cómo debe actuar y no lo olvide nunca. Curad al «herido» como si de verdad tuviera una quemadura. Limpiad y vendad una quemadura en un dedo.

Haced que cada muchacho, por turno, practique los ejercicios físicos hasta que estéis seguros de que entiende cómo se hacen y para qué sirven.

Fin de las pruebas de Segunda Estrella

Haber cumplido por lo menos nueve meses de servicio satisfactorio como Lobato. Ser capaz de volver a pasar las pruebas de Lobato y de Primera Estrella. Tener la credencial al día.

Ya hemos llegado al final de la prueba de Segunda Estrella, y vuestros dos ojos estarán abiertos como los de un lobo. Ahora podréis ser mucho más útiles a vuestro Akela, a los Lobatos, a vuestros padres en casa y a las personas con las que tratéis. Pero solo seréis serviciales de verdad si seguís practicando todo lo que habéis aprendido, no solo para la Segunda Estrella, sino también para la Primera, desde que erais Parchetiernos.

En la segunda parte de este libro encontraréis los detalles de las especialidades que ya podéis conseguir; pero antes hay que celebrar una pequeña ceremonia, que preparará Akela, en la que os convertiréis en Lobatos de Segunda Estrella.

Investidura de los Lobatos de Segunda Estrella

La Manada forma el Círculo de Parada, con Akela en la Roca del Consejo. Los Lobatos que han conseguido la Segunda Estrella se colocan en grupo en el centro del Círculo, con la cabeza descubierta. La bandera nacional queda a la derecha de Akela y el Tótem de la Manada, a su izquierda. Akela tiene las gorras, con las dos estrellas ya puestas, y anuncia a los Lobatos que han superado la prueba y que, por tanto, ya son Lobatos de verdad. Les recuerda el significado de las dos estrellas y les explica que, igual que los lobos nacen con los ojos cerrados, caminan a ciegas unos días y poco a poco empiezan a ver las cosas, primero con un ojo, y después aprenden a ver y a obedecer las órdenes del Viejo Lobo, así ellos, como Parchetiernos, han aprendido la Ley de la Manada, la Promesa y la manera de hacerse sanos, activos y fuertes.

«Mirarás siempre hacia delante, observarás a tu alrededor para ayudar a los demás y empezarás a cazar tú solo en la selva tu propio alimento».

«Ya que has demostrado que tienes abiertos los dos ojos y que, por tanto, puedes ver, a partir de ahora llevarás la gorra con dos estrellas, que significan que tus ojos son tan brillantes y limpios como ellas».

Miraréis hacia delante y estaréis preparados para hacer lo que se os pida; observaréis a vuestro alrededor para ayudar a los demás, y miraréis hacia atrás para recordar todo lo que se os ha dicho. Así seréis lobos despiertos y útiles.

Si la Manada tiene Tótem, se lleva al centro del círculo y la Manada lo saluda con el Gran Clamor. El Jefe de Manada lo sostiene y dice:

—Ahora que vuestros dos ojos, los dos ojos del Tótem y todos los ojos de la Manada están puestos en vosotros, ¿repetiréis vuestra Promesa de Lobatos?

Cada Lobato, por turno, se acerca al Tótem y lo coge con la mano mientras repite la Promesa; entonces el Jefe de Manada le pone la gorra en la cabeza.

El Lobato se retira y pasa el siguiente. Cuando todos han repetido la Promesa, el Jefe de Manada les pregunta si harán siempre lo mejor que puedan, y los nuevos Lobatos responden: «¡Lo haremos!». El Jefe de Manada les desea buena caza y los despide. Los Lobatos de Segunda Estrella corren a reunirse con su Seisena y estrechan la mano a cada uno de sus compañeros.