5. Especialidad de Artista
Nota a los Jefes de Manada
Los Jefes de Manada deben tener en cuenta que la Especialidad de Artista no está pensada solo para los que ya tienen gusto y talento artístico, sino para cualquier Lobato que tenga ojos, dedos y sentido común. Su objetivo es animar al Lobato a expresarse, a observar, a memorizar, a trabajar con limpieza y a concentrarse. Hay que animar a los muchachos despiertos a conseguir esta Insignia, sobre todo si muestran inclinación por ella. Si el Jefe de Manada tiene algún amigo artista, debe procurar que vaya a las reuniones para dar consejos a los muchachos y corregirles los trabajos. Cinco minutos de consejos de un experto con alma de artista valen tanto como cinco horas de consejos de un aficionado cuya única cualidad como maestro es la buena voluntad.
Aunque no se exige que se ciñan a las reglas académicas, sí se pide gusto y cierta ejecución artística. Por ejemplo, un montón de intentos grotescos presentados por un muchacho que no es más que un «cazador de insignias», sin ningún talento artístico, no merece la Insignia. En cambio, siempre hay que animar un deseo sincero de expresar ideas, aunque se haga de forma tosca.
Sugerencias para los Lobatos
Todo el mundo puede dibujar si lo intenta; no hace falta aprender.
Si practicáis un poco y copiáis cuadros de otros para ver cómo se las arregla el artista, pronto os daréis cuenta de que sois capaces de hacer algo.
Todos los artistas del mundo tuvieron una época en la que no dibujaban mejor que cualquier otro niño pequeño.
No esperéis convertiros en artistas de golpe y porrazo. Lo más probable es que al principio lo hagáis bastante mal, pero sed constantes e iréis aprendiendo poco a poco.
No es cuestión de lo que se aprende en la escuela.
En la parte más salvaje del sur de África viven algunas tribus nativas tan poco civilizadas que apenas son algo mejor que los monos. No tienen lenguaje propio, viven en la maleza y en los árboles, no llevan ropa y no cocinan los alimentos, sino que se los comen crudos: son verdaderos salvajes. Y, sin embargo, hacen muy buenos dibujos en las paredes de sus cuevas y en las rocas.
Nunca aprendieron a dibujar en la escuela; ni siquiera saben lo que es una escuela. Pero con un palo quemado a modo de lápiz y barro de distintos colores como pintura, hacen cuadros espléndidos de los animales salvajes que viven a su alrededor.
Si estos hombres de la selva, como se les llama, pueden hacer buenos dibujos sobre las piedras con herramientas tan rudimentarias y sin que nadie les enseñe, seguro que un Lobato puede hacer lo mismo con buenos lápices de colores o pinceles, buen papel y buenos consejos. ¡Probad!

Sacad buena punta a los lápices, porque con eso tendréis medio dibujo ganado. Al principio nunca conseguiréis un buen dibujo con un lápiz despuntado. Lo mismo vale para los dibujos a pluma: usad una plumilla dura y tinta china.
Cuando dibujéis, no pongáis nunca una línea ni un toque sin una buena razón; si no, el dibujo se vuelve confuso.

Lo correcto es pensar primero en lo que vais a dibujar, trazar luego un contorno suave y repasarlo después con líneas más oscuras y precisas.
El papel limpio también ayuda mucho a hacer un buen dibujo, pero nunca tendréis el papel limpio si lleváis los dedos sucios.
Forma
Pensad en lo que queréis dibujar y dibujadlo lo mejor que podáis. Puede que os salga un caballo con un cuerpo larguísimo, la cabeza y el cuello en una esquina, las patas delanteras en otra, las traseras en la tercera y la cola en la cuarta; y, una vez dibujado, no se parecerá en nada al animal que vemos por la calle. Buscad entonces un dibujo de un caballo hecho por un artista y copiadlo. Así veréis qué le faltaba al vuestro para parecer un caballo.


Dibujad una casa, un árbol, un hombre o lo que queráis. Luego copiad un cuadro sobre el mismo tema y veréis vosotros mismos cómo podéis mejorarlo.
Hay errores que cometen todos los principiantes al dibujar una figura humana. Uno es hacerle los brazos demasiado cortos. Cuando hayáis dibujado los brazos de un hombre, pensad en los vuestros: si los estirara hacia abajo, ¿llegaría siquiera a tocarse las rodillas? Seguramente descubriréis que apenas le llegan a las caderas. Además, tenderéis a dibujar piernas muy grandes y cuerpos muy pequeños, y probablemente sin cuello.
Uno de los grandes artistas del mundo, Miguel Ángel, ponía especial empeño en dibujar y esculpir el cuerpo humano con sus verdaderas proporciones, e inventó una escala muy sencilla. Cualquier Lobato puede hacerla y comparar con ella sus dibujos para ver si están bien. Consiste en un cuadrado dividido en cuatro partes exactamente iguales, con la parte de arriba dividida a su vez en tres.
Si dibujáis dentro de ese cuadrado a un hombre de pie con los brazos extendidos, veréis que el centro exacto del cuadrado coincide con el centro de su cuerpo; que sus pies llegan al borde inferior; y que sus brazos, estirados a los lados con los dedos también estirados, tocan justo los dos lados del cuadrado. Su cabeza toca la línea de arriba y ocupa todo el alto de la última franja, es decir, una sexta parte del total. Esa era, según Miguel Ángel, la proporción correcta del cuerpo humano, así que creo que podemos usarla sin miedo como escala para nuestros dibujos.

Expresión
Cuando ya hayáis hecho el contorno de la cosa, es decir, su forma, tenéis que darle algo de vida.
El otro día vi un retrato magnífico que un niño de cinco años había hecho de su madre. Podría haberla dibujado rígida, con líneas fijas, pero no lo hizo: como era un día de viento, la dibujó tal como la veía, y me parece muy bien. El vestido de su madre se movía sacudido por el viento, así que no podía dibujar con líneas fijas algo que no paraba de moverse; lo que hizo fue dibujar los pliegues que recordaba de su vestido.

Así se hace un buen dibujo: se miran las cosas con los ojos bien abiertos, como un buen lobo, se recuerda cómo eran y luego se pasan al papel.
Una buena manera de expresar el movimiento en vuestros dibujos es hacer primero pequeños bocetos de figuritas con cabeza de alfiler, hasta conseguir que representen lo que queréis, y dibujarlas después a mayor tamaño.

El color
Claro que querréis hacer dibujos en color. Pues bien, al principio podéis hacer mucho con solo tres lápices: uno rojo, otro azul y otro negro. Podéis dibujar un muñeco con la cara roja, la chaqueta azul y las botas negras. Lo mejor es dibujar primero el contorno muy suave con el lápiz negro y luego colorearlo.
O podéis dibujar un vapor negro con chimeneas rojas sobre un mar azul y un cielo azul. Poned espuma blanca en las olas y nubes blancas en el cielo, y añadid el humo negro y rizado, muy negro a la salida de la chimenea, pero cada vez más claro a medida que se aleja.
Si tenéis muchos lápices o tizas de colores, pintad flores. Podéis copiar las que hayáis coleccionado o dibujar alguna historia que os hayan contado.
Si tenéis una caja de pinturas y pinceles, mejor todavía.
No os hacen falta muchos colores: con el rojo, el azul, el amarillo y el marrón basta para hacer muchísimos, porque, mezclándolos entre sí, se obtienen un montón de colores.
- El rojo y el azul dan el violeta.
- El azul y el amarillo dan el verde.
- El marrón y el azul dan el negro.
- El rojo y el amarillo dan el naranja.