Manual de Lobatos
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Manual de Lobatos

2. Especialidad de Coleccionista

Nota a los Jefes de Manada. Aquí no se pueden incluir los detalles sobre cómo ordenar los sellos, ni sobre escudos, etc., ni instrucciones sobre hojas y flores. Todo eso hay que buscarlo en libros dedicados a esas materias. Daremos, sin embargo, algunas sugerencias sobre métodos que ayudan a los Lobatos a ordenar sus colecciones o sus libros de recuerdos.

Lo principal es animar al niño a trabajar con método; y mejor aún si sigue un sistema propio, practicando la claridad y la limpieza en las notas descriptivas.

Un coleccionista montado a caballo persigue una mariposa con un cazamariposas

¿Qué coleccionar?

Ya sabéis, claro, cómo se coleccionan postales. Con los sellos aprenderéis enseguida si conseguís un álbum especial. Son de lo mejor que puede coleccionar un Lobato, porque, además, enseñan geografía. No los peguéis en el álbum con goma para siempre: preguntad a vuestro Jefe de Manada, que os enseñará a despegarlos del sobre y a usar las fijaciones especiales para colocarlos. Hasta aquí, todo bien; pero hay otras cosas que podéis coleccionar. Si vivís a la orilla del mar, podéis coleccionar conchas.

La forma correcta de hacerlo es pegarlas con limpieza en un cartón y escribir su nombre debajo.

Los fósiles o las distintas clases de piedras hay que ordenarlos en cajas o en los cajones de un armario o una cómoda, y en la etiqueta no solo debéis poner su nombre, sino también la fecha y el lugar donde los encontrasteis.

Las flores y las hojas tienen que estar bien prensadas y secas antes de pegarlas en el libro. Buscad su nombre correcto en un libro y escribidlo con limpieza debajo de cada ejemplar, y después, entre paréntesis, su nombre popular, es decir, el nombre que le da la gente del campo en el lugar del mundo donde estéis.

Si se guardan las hojas mismas, se secan, se vuelven quebradizas y a menudo se rompen en varios trozos. Por eso es buena idea hacer lo que se llama una reproducción, con fotografía o con papel carbón. Si usáis el primer método, colocad la hoja sobre un trozo de papel fotográfico y encima un cristal grueso, y ponedlo al sol o a la luz hasta que el papel se vuelva de color marrón oscuro. La hoja aparecerá fotografiada en el papel, que luego habrá que fijar. Cualquier aficionado a la fotografía os podrá explicar cómo se hace. Si preferís una copia con carbón, usad el mismo papel que se usa en las máquinas de escribir para sacar una o dos copias de una carta. Poned la hoja boca abajo sobre una superficie plana y dura, colocad encima el papel carbón, también boca abajo, y sobre él un papel corriente y resistente; frotad con la punta de los dedos, suave pero firmemente, toda la superficie de la hoja y, sobre todo, los bordes. Así el revés de la hoja quedará cubierto de carbón. Levantad los papeles y, con cuidado, también la hoja, cogiéndola por el tallo, y ponedla con el revés hacia abajo sobre una hoja de papel en blanco, una tarjeta o un libro, donde queráis tener la reproducción. Colocad otro papel encima de la hoja y frotad como antes, con mucho cuidado de que la hoja no se mueva, porque si no la reproducción saldría borrosa. De esta manera, el carbón del revés de la hoja pasará al papel blanco, en el que la hoja quedará impresa para siempre, y después le podréis poner su rótulo. Si os cuesta conseguir papel carbón, o es demasiado caro, podéis lograr algo parecido con humo: sostened una hoja de papel amarillo sobre una vela encendida hasta que toda su superficie quede bien ahumada, moviéndola con cuidado, y usad el papel así preparado igual que usaríais el papel carbón.

Una colección muy interesante es la de monedas, pero son difíciles de conseguir.

Cajas de cerillas

Conozco scouts que tienen colecciones de más de 150 clases diferentes: cajas de cerillas de todas las marcas y algunas de otros países.

Les prometí recogerles algunas cuando viajara por el extranjero, y el resultado fue que acabé tan interesado como ellos, y también interesé a mis amigos. Recogíamos cajas de cerillas viejas de la nieve en Suiza, y las comprábamos en los rastros y en las tiendas de Florencia. Semanas después, mis amigos me mandaban tapas de cajas de cerillas dentro de sus cartas. Es sorprendente la cantidad de estampitas que se consiguen así.

Todos podéis coleccionar los cromos que vienen en las cajetillas de tabaco; pero coleccionar no quiere decir que os hagáis insoportables para los desconocidos.

Podéis pedir a vuestros padres, a vuestros hermanos, a vuestros tíos o a vuestros primos que os los consigan, y cuando tengáis por lo menos una docena, podéis poneros a ordenarlos en un libro.

Consejos para coleccionar en libros de recuerdos

Ya hablamos del libro de recuerdos en la duodécima dentellada.

El libro. Si vais a pegar en él fotografías, estampas, escudos, sellos, flores o ejemplares de cualquier clase, no uséis como álbum un cuaderno de ejercicios barato. Los muchachos suelen hacerlo, y eso significa que, cuando han terminado de pegar todos sus ejemplares, tienen un libro abultado y deforme. Podéis conseguir un libro hecho a propósito para pegar cosas, con el lomo ancho, para que, cuando las páginas estén llenas, quede liso y no se deforme. Así que ahorrad lo necesario para comprar un libro de recuerdos en una juguetería o una papelería. También podéis comprar hojas sueltas de cartulina, de las que llevan una tira de tela pegada en un borde a modo de bisagra, que se pueden unir unas con otras para formar un libro cuando estén llenas.

Para los sellos, claro está, tendréis que conseguir un álbum especial. Los hay bastante baratos, con unas fijaciones pequeñas e invisibles para pegar los sellos de manera que se puedan quitar sin estropearlos.

El pegamento. No uséis esa pasta amarilla tan pegajosa, y en tal cantidad que acabéis con la mesa, las páginas y las manos llenas de pegamento y con todo a vuestro alrededor hecho un desastre. Hay muchísimos pegamentos. En la duodécima dentellada ya os di las instrucciones para fabricar uno vosotros mismos. También podéis comprar un bote de pegamento con su brocha, o un frasco de goma. Tened mucho cuidado de llevar las manos bien limpias al usar la goma o el pegamento, porque si no dejaréis vuestras huellas, pegajosas y negras, en todo lo que toquéis. No apretéis los recortes con los dedos: usad un trapo suave. Tened especial cuidado con esto al pegar fotografías.

Los rótulos. No escribáis nunca el nombre de un ejemplar debajo de él sin haber trazado antes una línea suave a lápiz que os sirva de guía para escribir recto (luego se puede borrar). Practicad hasta hacer bien las letras de imprenta. Es una idea estupenda poner los nombres con limpieza en letras mayúsculas, primero a lápiz, muy suave, y después repasarlas con tinta. La limpieza de los rótulos marcará una gran diferencia en el aspecto de vuestro libro.

Si podéis conseguir tinta china, usadla, porque queda mejor que la tinta corriente. Os daré un buen consejo sobre los rótulos: comprad una pequeña imprenta de letras de goma para imprimir nombres. Podéis conseguir una con mango, tampón y todo por poco dinero. Colocad las letras necesarias para formar las palabras que queráis, entintadlas con el tampón y apretadlas con fuerza contra el papel. Quedarán mucho mejor que escritas a mano, y además es muy divertido. Aseguraos de que la palabra está bien escrita. Y más importante todavía que la buena ortografía y la limpieza es que los nombres y las descripciones sean correctos. Buscad siempre el nombre exacto del ejemplar y poned las cosas en orden, no revueltas: a esto se le llama hacer las cosas con método. Suena un poco pedante, pero es importantísimo. Nada en el mundo sale bien sin método. Recordad el proverbio:

«Planead vuestro trabajo, y luego trabajad según vuestro plan».