15. Decimoquinta dentellada
Ascendiendo
«Como el serrucho que corta el tronco del árbol, la Ley va de atrás hacia delante y de delante hacia atrás, porque la fuerza de la Manada es la Tropa, y la fuerza de la Tropa es la Manada».
Esta es la historia de unos muchachos que querían entrar en los scouts, pero eran demasiado pequeños:
«… El escribano cogió la pluma y anotó que la gran Hermandad de los Scouts nació en 1908 y había crecido como ninguna otra de las fundadas para muchachos. Sus Tropas aparecieron por el norte y por el sur, por el este y por el oeste, y todos los scouts les decían a sus tíos y tías, a sus hermanos y hermanas: “No hay nada mejor que esto”.
»Pasaron unos años, y los Jefes de Tropa empezaron a notar que los muchachos más pequeños se arremolinaban a la puerta de los locales de los scouts y miraban hacia dentro con ganas. Aquellos muchachos les decían: “Dejadnos ser scouts”, y los Jefes de Tropa tenían que contestarles: “No, sois demasiado pequeños; marchaos”. Pero los muchachos no se iban, y al final los Jefes de Tropa acudieron al Jefe de todos los Scouts: “Díganos usted qué hacemos”. Y el Jefe Scout respondió: “Haced que se preparen para ser scouts; hacedlos Lobatos y reunidlos en una Manada”.
»Los Jefes de Tropa volvieron a su local y se lo contaron a los muchachos que querían entrar, y ellos contestaron: “Así sea. Formaremos nuestra Manada, y en ella creceremos lo bastante para convertirnos en scouts”.
»Pasaron los años y todo iba muy bien. Entonces el Jefe Scout, los Jefes de Tropa y los Jefes de Manada les dijeron a los muchachos que ya no eran demasiado pequeños: “Ya podéis ser scouts”. Pero muchos de ellos habían olvidado para qué los habían hecho Lobatos, y empezaron a poner excusas y a decir…».
¡Bueno! Ya sabéis perfectamente lo que dijeron: que eran muy felices con los Lobatos y no querían dejarlos; que no querían quedarse sin sus insignias y sus cintas para convertirse en unos don nadie en la Tropa; que los scouts no tenían ningún interés; que no conocían al Jefe de Tropa y que todos sus amigos estaban en la Manada.
Solo veían el lado malo de las cosas: que sería menos atractivo y que quizá se llevarían una desilusión. Ni siquiera se dignaban mirar el lado más importante, el que les había enseñado que el Escultismo es una gran aventura; que el Lobato nunca deja del todo la Manada, y que como scout puede hacer por ella más de lo que nunca pudo hacer como Lobato, porque los scouts juzgarán a la Manada por lo que hagan los que han salido de ella.
Los caballeros de antaño se enfrentaban al peligro y luchaban por el buen nombre de su señor, de su país y de su dama.
Los Lobatos de hoy pueden ir a la Tropa por el buen nombre de su Manada.
Cuantos más peligros os salgan al paso, más ocasiones tendréis de arrimar el hombro y seguir adelante. Si alguien os contara la historia de un hombre que se dio media vuelta ante una dificultad porque se encontraba más a gusto en casa, seguramente no lo tendríais en mucha estima, ¿verdad?
En la Manada no tenéis ocasión de ganaros las espuelas: lo único que hacéis es prepararos para ganarlas cuando seáis scouts. Todas las estrellas e insignias por las que trabajáis están ahí con ese fin, y por eso las lleváis también en vuestro uniforme scout. En cuanto consigáis vuestra Tercera Clase (Pietierno), habréis llegado mucho más lejos de donde estabais.
Los caballeros buscaban el peligro y estaban seguros de encontrarlo; pero, si miráis a vuestro alrededor, veréis muchachos que entraron en la Tropa antes que vosotros. ¿Acaso tienen un aspecto miserable o parecen medio muertos? ¡Me parece que no! Pues bien, probadlo vosotros y veréis lo que pasa. Las cosas parecen tremendas cuando uno tiene miedo.

Proponeos seguir adelante con la Tropa: desde que erais lobeznos sois miembros de la gran Hermandad Scout, que os admitió entonces; no la abandonéis ahora que se os pide dar un paso más. Ayudad a hacer realidad la frase con la que empieza esta dentellada.
Claro que no digo que la Tropa sea exactamente igual que la Manada. No, no lo es. En la Manada habéis estado como en una especie de criadero de la selva; en la Tropa tendréis que pensar por vosotros mismos y valeros por vosotros mismos, dominar vuestros impulsos y no seguir a la multitud sin estar seguros de que esa gente hace una labor scout. Tendréis que frenaros o animaros para no empezar a la ligera, ni dejar a medias, una empresa que os parezca difícil o aburrida. En una palabra, necesitáis mostrar verdadero valor y constancia.
«Respetar a los hombres, temer a Dios, honrar al Rey y amar al prójimo»: ese era el código de los caballeros. Vosotros ya tenéis vuestra armadura de scout (vuestro Guía y vuestro Jefe de Tropa os ayudarán a colocar cada pieza en su sitio); a ver, pues, lo que sois capaces de hacer con ella.
Paso de la Manada a la Tropa
Al final de la última reunión de vuestra Manada se celebrará una ceremonia parecida a esta. La Manada forma el Círculo de Parada en un extremo de la sala, y la Tropa forma en herradura en el otro. Entre la Tropa y la Manada, dos ayudantes sostienen una cuerda a poca altura del suelo; la cuerda simboliza la frontera entre las dos, y el Lobato tiene que cruzarla. La Manada lanza el Gran Clamor. Akela llama al Lobato que sube a la Tropa; este sale del Círculo y se coloca frente a su Jefe de Manada, que le desea buena caza en nombre de la Manada y le dice estas palabras:

«Hace tiempo, cuando llegaste a la Manada, te aceptamos como Parchetierno y pasaste a formar parte de la gran Hermandad de los Scouts. Ahora que sigues adelante hacia la Tropa, te pedimos que no nos defraudes.
»La Tropa no será para ti lo mismo que la Manada. En la Manada has estado como en el regazo de la selva, rodeado de cuidados; pero en la Tropa tendrás que pensar y valerte por ti mismo.
»Sigue por el buen camino, que es el camino del scout. Aunque el mundo intente arrollarte y hacerte dudar, ya no podrás dejar de hacer una cosa porque te parezca aburrida o difícil. Respeta a todos los hombres, ama a Dios, honra a tu patria y quiere a tu Hermandad. Ese era el código de los caballeros».
El Lobato repite por última vez su Promesa de Lobato, empezando por «Yo he prometido…». Después da la vuelta al círculo estrechando la mano de cada uno de los Lobatos y vuelve al centro. La Manada lanza tres vivas en su honor.
El muchacho y el Jefe de Manada avanzan hasta la línea, donde los espera el Jefe de Tropa. El Jefe de Manada le entrega el muchacho al Jefe de Tropa, que lo lleva a la herradura y lo presenta a su Guía. El Guía lo conduce a la que será su Patrulla.
La ceremonia termina con el grito de la Tropa. Es un paso más: ya habéis recorrido la selva y habéis abierto los ojos para hacer muchas cosas admirables. Ahora tenéis que seguir vuestro camino en el Escultismo. Akela y la Manada os despiden con un «¡Buena caza!» que os anima. Nunca olvidaréis los días que pasasteis en la Manada, y puede que algunos volváis a ella algún día para ayudar a otros Lobatos a abrir los ojos en la selva.
¡BUENA CAZA!