Manual de Lobatos
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Manual de Lobatos

7. Séptima dentellada

Observación · Adiestramiento de los sentidos · Rastreo · Un periódico de arena · Lectura de una pista · Animales domésticos

Observación

«Esta es la Ley de la Selva, tan vieja y tan verdadera como el cielo. El lobo que la cumple prospera; el que la quebranta morirá…

El chacal podrá ir detrás del tigre, pero tú, Lobato, cuando te crezcan los bigotes, recuerda que el lobo es cazador: sale adelante y se consigue su propia comida.»

—Rudyard Kipling

Esto quiere decir que el chacal es una bestia traicionera que no caza ni se consigue su propia comida: ronda por donde el tigre anda cazando y se queda con lo que este deja cuando ha terminado de comer. El chacal es igualito que el hombre inútil que nunca se gana su propio sustento, sino que va mendigándolo y vive del trabajo de los demás.

El lobo es diferente. Caza para comer, como el hombre que se mantiene a sí mismo y se abre paso en la vida sin esperar que los demás lo hagan por él. Y eso mismo, mis queridos Lobatos, estáis aprendiendo a hacer vosotros.

Cuando el lobo caza animales para comer, olfatea para saber dónde encontrarlos.

El hombre, que no tiene tan buen olfato, caza los animales siguiéndoles el rastro. Para un scout, el rastreo es el medio habitual no solo para cazar, sino también para conseguir información.

El rastreo es algo estupendo, pero para ser un buen rastreador hace falta mucha práctica y un buen entrenamiento. En la India se tarda siete años en formar a un buen rastreador.

Un rastreador árabe con un bastón al hombro
Un rastreador árabe.

Así que me temo que tendréis que esperar a ser scouts para aprender a rastrear de verdad; pero hay muchas cosas que podéis hacer siendo Lobatos y que después os ayudarán muchísimo.

Adiestramiento de los sentidos

Antes de que un scout pueda considerarse un buen rastreador, tiene que ser capaz de fijarse hasta en los detalles más pequeños que le ayuden a conseguir su objetivo. No basta con verlo todo: también tiene que usar la cabeza para deducir lo que significan las cosas que observa.

Como Lobatos, tenéis que aprender a serviros de los ojos y de los oídos, del olfato, de las manos y del cerebro. Aquí tenéis una lista completa, con la que tendréis trabajo de sobra. Ahora voy a enseñaros cómo practicar, no solo cuando estéis en la Manada, sino durante todo el día, hasta que os acostumbréis a fijaros en todo.

Estatuas y monumentos

No está mal llegar a conocer todas las estatuas que hay en vuestra ciudad. Yo llevaba conmigo una libreta en la que dibujaba las estatuas que iba viendo. Muy poca gente se fija en si hay estatuas o no. Es porque no usan los ojos como los usa un buen scout o un buen Lobato.

Si a un scout de Mánchester le preguntaran dónde hay una estatua de san Jorge y el dragón, probablemente contestaría que en lo alto de la estatua de la reina Victoria, en Piccadilly, hay una pequeña figura del santo.

Houdini, el gran ilusionista, hacía muchos de sus trucos gracias a su capacidad de observación y a su memoria. Lo aprendió de niño: miraba unos segundos los escaparates de las tiendas, se daba la vuelta y describía a sus compañeros los objetos que había expuestos. Es un ejercicio magnífico para Lobatos. Probadlo.

Usad los ojos

Cuando yo tenía la edad de un Lobato, me fijaba en el número de placa de cada policía con el que me cruzaba y después recordaba dónde lo había visto. Más tarde convencía a un amigo para que saliera de paseo conmigo por los sitios donde estaban de servicio los policías que yo había visto. (El policía de punto tiene que quedarse siempre en el mismo lugar para dirigir el tráfico o algo parecido, mientras que el que está de ronda vigila la zona que tiene encomendada).

En cuanto divisábamos a un policía, todavía muy lejos, me ponía la mano sobre los ojos a modo de visera, miraba fijamente en su dirección y recitaba despacio los números y las letras de su división. Cuando pasábamos a su lado, mi compañero se quedaba maravillado de lo buena que era mi vista y de lo bien que lo había deletreado todo.

Nidos de aves

Observar y reconocer tres aves no domésticas…

Si queréis observar las costumbres de las aves y sus nidos, tenéis que fijaros en las cosas pequeñas y llevar los ojos bien abiertos.

Un muchacho subido a la rama de un árbol observa los pájaros

Por supuesto, los scouts y los Lobatos buscan los nidos de las aves no para robarles los huevos, sino para observar cómo construyen sus nidos, cómo son los huevos de las distintas especies y cómo alimentan y cuidan a sus polluelos. Todo esto lo podéis hacer rastreando y observando.

Solo a los malvados les gusta robar nidos y huevos. Los scouts y los Lobatos hacen todo lo que pueden por proteger los nidos. Los nidos se pueden encontrar mirando entre los árboles, pero lo mejor es observar a las aves cuando van y vienen. De hecho, con la mayoría de las aves salvajes es la única forma de dar con sus nidos. En algunos casos, encontrarlos es muy difícil.

Por ejemplo, veréis al avefría, y a un pájaro más común, la alondra, levantarse del suelo y subir cantando hacia el cielo; pero si vais al sitio de donde han salido, allí no encontraréis su nido. Estos pájaros corren unos metros por el suelo antes de alzar el vuelo, y cuando vuelven tampoco se posan en el nido, sino a cierta distancia. La alondra, como otras aves, hace el nido en el suelo.

Hay aves que construyen sus nidos en los huecos de los árboles o en los sitios más variados, como el caño de una bomba de agua o un cántaro. El pájaro carpintero hace su nido en el agujero de un árbol.

Dos nidos artificiales de madera sujetos al tronco de un árbol
Nido artificial hecho con un tronco hueco y sujeto a un árbol
Nido artificial de madera con un palo para fijarlo
Los nidos artificiales se fijan con firmeza a los árboles o a un mástil.

Rastreo

La primavera es la época del año más interesante para estudiar la naturaleza en las aves y en las flores. Las golondrinas y otras aves llegan entonces de tierras lejanas, del otro lado del océano, para pasar el verano entre nosotros. El muchacho corriente, que no sabe usar los ojos y los oídos, no encuentra ni la mitad del encanto que encuentra el Lobato cuando anda por el bosque o entre los setos.

Los que tengan buen oído descubrirán pájaros como el cenzontle o el mosquitero común (chiff-chaff), ese pajarillo diminuto e inquieto de canto muy agudo al que hace falta muy buena vista para seguir en su alegre vuelo de rama en rama.

Descubrir un nido de tordos da una gran satisfacción: allí encontraréis a la madre, con sus ojos brillantes, echada sobre los huevos. Es fácil amansarla si uno se porta bien con ella y le demuestra que no piensa hacerle ningún daño.

Os conviene tener un cuaderno y apuntar en él las aves que habéis encontrado y la fecha en que las visteis u oísteis por primera vez. Al año siguiente podréis comparar vuestras notas con las del año anterior o con las de algún compañero.

Apuntad el día en que oísteis por primera vez al cuco, o aquel en que visteis la primera golondrina o la primera alondra del año.

Además, podéis dibujar las siluetas de las aves y de sus huevos; así vuestro cuaderno será todavía más interesante.

También está bien hacer una lista de los nidos que hayáis descubierto. Los lobeznos de Terranova aprenden a valerse por sí mismos en la selva observando día tras día a las aves y a otros animales para conocer sus costumbres, igual que hace un Lobato.

Cuando un niño observa las aves, lo que quiere es saber más de ellas y dar más interés a sus propios trabajos; los lobos, en cambio, lo hacen para cazarlas mejor y comérselas.

Cuando los lobos jóvenes descubren una bandada de avefrías comiendo en el suelo, se arrastran para acercarse, pensando que sus cuerpos grises se confundirán con la hierba y parecerán troncos viejos. Es una caza muy emocionante, aunque los lobos solo consiguen atrapar unas pocas aves, y no las mejores. Cuando los patos acuden a los charcos o a las lagunas, los lobos aprenden a cazar a estas aves tontas despertando su curiosidad.

Dos lobos se deslizan agazapados entre los árboles

Se esconden entre la hierba, cerca del agua, mientras uno de ellos sale a jugar y a revolcarse por la orilla hasta que los patos lo ven y empiezan a estirar el cuello, asombrados ante aquella cosa rara que no habían visto nunca.

Los patos, tímidos y salvajes por naturaleza, no pueden evitar echar un vistazo a todo lo que les resulta nuevo.

Y así, graznando todos a la vez, la bandada nada por el agua, girando juntos o separándose, hasta que por fin se dirigen hacia la orilla, todos con el cuello muy tieso para ver mejor lo que pasa.

Se acercan cada vez más hasta que, de repente, algo se mueve en la hierba y todos huyen zambulléndose y graznando como locos.

Pero siempre hay alguno que se queda con los lobos, como pago por su curiosidad.

Los lobos palpan el camino con los bigotes

Un buen scout no se fía solo de la vista. Tiene que usarla tanto de noche como de día, pero, claro, en la oscuridad no ve igual que con luz; por eso usa también otros sentidos: el oído, el olfato y el tacto.

Una vez tuve que guiar de noche a un gran grupo de soldados a través de un bosque oscuro para atacar al enemigo. Como había estado allí el día anterior, pude encontrar mis propias huellas y seguirlas con el tacto a medida que avanzábamos.

Todo scout tiene que trabajar a oscuras, y por eso aconsejo a los Lobatos que aprendan a hacerlo.

Una buena práctica es levantarse muy temprano, cuando todavía es de noche, y bañarse o lavarse con la esponja, cepillarse los dientes, hacer los ejercicios, vestirse y peinarse sin encender la luz. Pronto os acostumbraréis y lo haréis sin dificultad.

También podéis practicar a caminar con los ojos vendados. Así os daréis cuenta de lo útiles que son los demás sentidos.

Los Lobatos pueden escuchar y aprender a oír, y eso les ayudará a orientarse. La campana de la iglesia cercana, el silbato de un tren que sale de la estación o el canto de un ave en el campo: todo eso les servirá para saber hacia dónde van cuando no pueden ver.

También pueden guiarse por el olfato: saber cuándo pasan por delante de un establo, de una tienda de comestibles o del corral de una granja. Todas estas pistas les servirán para orientarse.

El lobo tiene muy buen olfato

En Egipto había un viejo guía árabe que estaba completamente ciego y, sin embargo, conocía muy bien el camino, incluso en el desierto, por el olor de la arena. De vez en cuando cogía un puñado de arena y la olía para saber si iba por buen camino, y reconocía el olor de cada campamento en cuanto llegaba a él.

Una vez, sus compañeros quisieron gastarle una broma: llenaron un saco de arena en el último campamento y, al llegar al siguiente, le dieron un puñado diciéndole que acababan de cogerlo de allí.

El ciego la olió y puso cara de asombro; la volvió a oler y dijo que lo sentía muchísimo, que seguramente se había equivocado y los había llevado de vuelta al campamento del que habían salido.

Se quedó hecho polvo hasta que, entre risas, le contaron la broma que le habían gastado.

Hace muchos años, cuando estábamos en guerra con los zulúes, una noche me despertó en el campamento un olor especial que había en el aire. Era el olor de un nativo.

Desperté enseguida a mis compañeros, pero ellos no lo olían porque estaban fumando, y los fumadores, por lo general, no tienen tan buen olfato como los que no fuman. De hecho, el tabaco no solo estropea el olfato: también estorba para correr, porque impide respirar bien, y a menudo perjudica la vista y la digestión. Por eso, un buen scout no fuma.

Pues bien, yo seguía notando que el enemigo estaba muy cerca, así que nos quedamos despiertos. Muy pronto oímos cómo se arrastraban por el suelo para sorprendernos y cogernos dormidos; pero los sorprendidos fueron ellos, con una descarga nuestra que los hizo salir corriendo.

Ya veis lo útil que puede ser el olfato. Os voy a contar otro caso, que ocurrió en Francia. Un hombre que llevaba un paquete se presentó en casa de un banquero rico. Como el banquero no estaba, su madre recogió el paquete. El mensajero dijo que lo que había dentro era muy valioso y pidió que le firmaran un recibo.

Mientras la señora se inclinaba sobre la mesa para escribir, el hombre le clavó un puñal en la espalda. Su hermana corrió a ayudarla, y el hombre la apuñaló también y huyó.

Las dos señoras, que solo estaban heridas, declararon que aquel hombre había estado antes en el banco con el nombre de Jamet. La policía buscó a Jamet por todas partes, pero sin éxito.

Sin embargo, el jefe de la brigada de detectives recogió el paquete que había dejado el hombre, que solo contenía una vieja guía de ferrocarriles. Pero también descubrió algo importante: la guía desprendía un olor muy peculiar a curtiduría. La policía investigó en las curtidurías de Gentilly, en las afueras de París, y descubrió que un hombre con un cargo importante en una de ellas había estado hacía poco en casa de un banquero parisiense. Lo llevaron ante las señoras, que lo reconocieron enseguida, y no tuvo más remedio que confesar. Fijaos en lo mucho que vale darse cuenta de ciertos detalles y señales, unirlos y saber lo que significan.

El lobo tiene buen oído

Durante la guerra de Sudáfrica, estando yo en un campamento al pie de una montaña, oí allá arriba, entre los riscos, el grito de alarma de un mandril.

En el campamento había cientos de hombres, pero creo que muchos no oyeron el grito y, los que lo oyeron, no le dieron importancia. Para un scout, en cambio, significaba mucho: ¿por qué iba a asustarse de repente un mono allá arriba, entre las rocas, y a dar la voz de alarma a sus amigos?

Saqué los prismáticos y examiné la montaña con mucho cuidado. Pronto descubrí entre las rocas las cabezas de dos o tres hombres. Como ponían mucho cuidado en mantener el cuerpo escondido, comprendí que eran espías bóeres que nos vigilaban. Así que, en secreto, mandé dos grupos de hombres a subir por el otro lado de la montaña para llegar por detrás y capturarlos.

Así lo hicieron, y mis sospechas resultaron ciertas: eran exploradores enemigos que espiaban nuestros movimientos y que, al moverse, habían asustado a los monos.

Un periódico de arena

Salgamos a dar un paseo por el campo y veréis lo que nos cuenta. ¡Hola! ¿Qué es esto? El Señorito Gorrión ha estado andando por el suelo. ¿Cómo lo sabéis? Pues porque los pájaros pequeños que viven en los árboles suelen ir saltando con las dos patas juntas. Las aves más grandes, o las que viven a ras de suelo, como los faisanes, las gallinas y los pavos reales, suelen caminar moviendo primero una pata y luego la otra.

Una gallina y la huella de su pata
Una oca y unos patos dejan un rastro de huellas de patas palmeadas
Las aves que viven en el agua andan sobre sus grandes patas planas, con los dedos hacia dentro, como la vieja Mamá Pata Plana o el Pato Amarillo.

¿Y esto qué es?

El Señorito Gorrión se ha parado a pelearse con un trozo de pan que ha robado. Luego se ha ido dando saltitos con él en el pico, porque, a juzgar por la huella que dejó, el trozo era bastante grande, y como no ha quedado nada en la arena y no ha podido comérselo entero, seguro que se lo ha llevado.

¡Sí, mirad! Allí hay migas de pan en el suelo y algunas huellas que llegan hasta ellas.

Pero ¿qué es lo que vemos cruzando el rastro del gorrión? Nada menos que el del Hermano Conejo, que ha salido a dar un paseo.

Un conejo y el rastro de sus huellas

Y más allá, donde está el trozo de pan, las huellas del gorrión se acaban de golpe: ha echado a volar.

¿Lo habrá asustado el Hermano Conejo? No: las huellas del gorrión están encima de las del Hermano Conejo, lo que demuestra que pasó por allí un rato después que él.

Además, si el pan ya hubiera estado allí cuando pasó el Hermano Conejo, le habría dado un mordisco. ¿No os parece?

Entonces, ¿por qué interrumpiría el Señorito Gorrión su paseo, abandonaría su pan y echaría a volar?

¡Ah, ya lo veo! Hay otras huellas. ¿Quién camina con tanto cuidado que pone las patas traseras casi en el mismo sitio que las delanteras y, en lugar de dejar en la arena las huellas de sus cuatro patas, solo deja dos? ¡Ah! ¡Es la Señora Gata! También ella ha venido a cazar, porque sus huellas están cada vez más juntas a medida que se acerca al Señorito Gorrión, y los movimientos nerviosos de su cola han barrido la arena aquí y allá.

Una gata acecha agazapada junto a sus huellas

Pero ¿qué significa este cambio tan brusco? Ahora salta apoyándose en sus largas patas traseras, cae, da media vuelta a la derecha para dar otro salto y sale corriendo hacia la izquierda. Todo porque el viejo perro Pifas va tras ella. Allí se ven las huellas que ha dejado en su carrera, hundidas en la arena, que ha ido lanzando hacia atrás con sus violentos saltos mientras perseguía a la gata.

Un perro persigue a una gata, que huye de un salto
El viejo Pifas, el perro, persigue a la Señora Gata.

¡Y cómo se ha enfadado el señor Giles, su dueño! Ahí se ve dónde se detuvo en su paseo para llamar a Pifas. ¡Oh, sí! Aquí le tiró el bastón, y el pobre perro se lo devolvió humildemente a su amo. (Como veis, las huellas del señor Giles no van hasta donde cayó el bastón, pero las del perro sí van hasta allí y vuelven hasta donde se paran las del señor Giles; además, el bastón ya no está en la arena).

Un anciano con bastón se inclina para llamar al perro
El señor Giles está muy enfadado con Pifas.
Un perro trae un bastón entre los dientes
El pobre Pifas vuelve humildemente junto a su amo con el bastón entre los dientes.

El señor Giles ha vuelto a casa dejando en la arena las marcas profundas de su bastón, con Pifas corriendo detrás; la Señora Gata se ha retirado con la cola bien alta; el Señorito Gorrión pía junto a una chimenea, y el Hermano Conejo está sano y salvo en su madriguera seca.

Y aquí terminan las noticias del día.

Lectura de una pista

Zadig era un magnífico scout persa. Un día se escapó uno de los mejores caballos del rey y no había forma de encontrarlo. Zadig paseaba por el bosque cuando se le acercaron unos criados del rey a preguntarle por el caballo perdido, y él les contestó:

—¿Me preguntáis por un caballo de raza, tordo, de metro y medio de alzada, con una cola de un metro de largo, que lleva un freno con copas de oro y herraduras de plata y que, además, cojea de la pata delantera izquierda?

—Sí. ¿Dónde está?

—No lo sé. Yo no lo he visto.

Lo detuvieron inmediatamente, pensando que lo había robado. Por la tarde encontraron el caballo y lo llevaron a las cuadras reales. Entonces volvieron a interrogar a Zadig, que se lo explicó así:

—En un sendero del bosque vi unas huellas de herradura que mostraban que el caballo iba al trote cuando pasó por allí. La pata delantera izquierda daba pasos más cortos que la otra, de lo que deduje que cojeaba. Las huellas eran pequeñas, lo que indica que el caballo es de raza y caro. En los arbustos de los dos lados del sendero había polvo que la cola del caballo había ido sacudiendo de vez en cuando hacia uno y otro lado; el sendero tenía dos metros de ancho, así que la cola del caballo debía de medir un metro.

»En un sitio había un árbol inclinado sobre el sendero, justo a metro y medio de altura. Al pasar por debajo, el caballo lo había rozado con el lomo y había dejado en él dos o tres pelos; por ellos supe que era tordo y que medía metro y medio de alzada.

»Al caminar, había golpeado una piedra con uno de sus cascos y había dejado allí una astilla de plata; y, más adelante, se había parado a comer un poco de hierba junto a una piedra y se había frotado contra ella, dejando unos granitos de oro, lo que demostraba que llevaba un freno con copas de oro.

Así es como leen los scouts sus noticias; pero eso exige llevar los ojos bien abiertos y no dejar escapar ninguna señal, por pequeña que sea. Aun así, pasará mucho tiempo antes de que vosotros podáis hacer lo mismo.

Animales domésticos

Para estudiar y conocer a los animales y las aves os ayudará tener alguno en casa, aunque sea muy pequeño para empezar, como una rata blanca o un cobaya. Pero antes, por supuesto, consultadlo con vuestras madres. Uno de los artículos de la Ley Scout dice: «El scout ve en la naturaleza la obra de Dios: protege a los animales y a las plantas»; así que preparaos desde ahora para ser buenos con los animales que encontréis. Si tenéis un animal en casa, podéis hacer mucho por él: por ejemplo, darle de comer a su hora (a vosotros también os gusta comer a vuestra hora, ¿verdad?), tenerlo limpio, tener limpio también el sitio donde vive, y así con todo.

Un perro de pie mira al frente
A este perro, como a vosotros, también le gusta comer a su hora.

Juegos y prácticas

Aquí tenéis algunos juegos y prácticas para aguzar los sentidos.

Juego: En el estanque

Los Lobatos forman un círculo alrededor del Viejo Lobo, justo por fuera de una línea pintada con tiza. Cuando el Viejo Lobo da la orden «¡Al estanque!», todos saltan hacia dentro. A la orden «¡Fuera!», todos saltan hacia fuera. Si ya están dentro y se da la orden de entrar, nadie debe moverse de su sitio, y tampoco si ya están fuera y se da la orden «¡Fuera!». Órdenes como «En el estanque» o «En la orilla» no se deben obedecer, porque solo son trampas para pillar a los despistados. Gana el Lobato que cometa menos errores.

Juego: Fulano dice

Los Lobatos forman un círculo y el Viejo Lobo da varias órdenes, pero no hay que obedecer ninguna que no empiece con las palabras «Fulano dice». Los Lobatos pierden una vida por cada error que cometen.

Juego: Tocar hierro

En medio de cualquier juego, el Viejo Lobo dice: «¡Tocar hierro!», «¡Tocar madera!», «¡Tocar algo amarillo!», etc., y todos los Lobatos corren enseguida a hacer lo que se les ha mandado. El último en hacerlo pierde un punto.

Juego: ¿Qué es? (Gusto)

Todos los Lobatos que participan en este juego llevan los ojos vendados, y a cada uno se le dan a probar varios sabores muy conocidos. Gana el Lobato que reconozca más. Algunas cosas de sabor fuerte que podéis usar son el queso, la pimienta, la cebolla, etc.

Juego: ¿Qué es? (Olfato)

Se colocan en fila varias bolsas de papel, separadas sesenta centímetros unas de otras; cada una contiene una cosa distinta de olor fuerte, como café, tabaco, cebolla, queso, pétalos de rosa o cáscaras de naranja. Cada Lobato tiene cinco segundos para oler cada bolsa. Cuando las ha olido todas, escribe en un papel lo que contiene cada una, en el orden en que se las han presentado, o se lo dice en secreto al Viejo Lobo.

Juego: ¿Qué es? (Tacto)

Todos los Lobatos que participan en este juego llevan los ojos vendados, y se les dan a tocar varias bolsas de papel con cosas como arroz, terrones de azúcar, té, etc.

Gana el Lobato que acierte más cosas.

Juego: ¿Qué es? (Oído)

Los Lobatos que participan en este juego llevan los ojos vendados. El Viejo Lobo hace varios ruidos, como inflar la rueda de una bicicleta, cerrar una puerta o arrastrar una silla por el suelo. Gana el Lobato que adivine más.

Juego: Acechar

Un Lobato se sienta con los ojos vendados en el centro de un círculo. A una señal convenida del Viejo Lobo, uno de los Lobatos del círculo se acerca con sigilo y toca al del centro. Si lo consigue, ocupa su lugar. Si el del centro lo oye y lo señala antes de que lo toque, el que se acercaba tiene que volver a su sitio en el círculo.

Juego: Dibujar una cara

Los jugadores se colocan en círculo. El Viejo Lobo dibuja una cara en el aire: primero traza el contorno (un círculo en el sentido de las agujas del reloj), después el ojo derecho, luego el izquierdo y por último la nariz, todo con el índice de la mano izquierda. Los Lobatos intentan hacer lo mismo, en el mismo orden y de la misma manera.

Juego: Trampas de observación

Llevad a la Manada a dar un paseo por la ciudad o por el campo, después de haber fijado de antemano cuántos puntos vale cada una de las cosas que podrán ver por el camino. Por ejemplo:

  • Un caballo cojo: 8 puntos.
  • Una urraca: 3 puntos.
  • Una bandada de siete aves: 3 puntos.
  • Una piedra con forma de huevo: 3 puntos.
  • Un roble: 1 punto.
  • Un vestido rojo: 1 punto.
  • Una estatua: 1 punto.

Y así sucesivamente.

Cada muchacho, cuando ve uno de los objetos de la lista, se lo dice en secreto al Viejo Lobo, y este le apunta los puntos junto a su nombre.

Al final del paseo se suman los puntos y se ve quién ha ganado.