4. Especialidad de Jardinero
Nota a los Jefes de Manada
Recordad que la afición a la jardinería despierta varias de las cualidades que querríais ver en todo Lobato: paciencia y constancia, previsión, observación, amor a la naturaleza y habilidad manual.
Además, hay que interesar en ella tanto a los Lobatos de ciudad como a los del campo. Los más afortunados tendrán un jardín, pero las pruebas alternativas permiten que el Lobato que no tiene una parcela conozca, aunque sea de forma limitada, lo divertido que es cuidar un jardín.
Los Jefes de Manada que consigan entusiasmar a sus Lobatos con la jardinería tendrán la satisfacción de saber que los han iniciado en una afición que les durará toda la vida, porque el microbio de la fiebre de la jardinería es prácticamente incurable.
Sugerencias para los Lobatos sobre jardinería
Los Lobatos que tienen la suerte de tener un jardín saben que la jardinería es un entretenimiento que no pierde el interés en todo el año. A finales del invierno y principios de la primavera hay que remover y preparar la tierra para sembrar en ella las semillas de las verduras o de las flores. Después vienen la siembra y la plantación; más tarde, en verano, hay que trasplantar, quitar las malas hierbas, podar y regar. Incluso en otoño hay mucho que hacer para preparar el año siguiente. Si no se hacen planes con tiempo, y si en verano se olvida uno de quemar los desperdicios y hacer la limpieza general del jardín, no merecerá la pena ni volver a mirarlo. Por eso todo jardinero tiene que pensar en su jardín con antelación.
Además de hacer planes, es muy importante ser constante: no descuidéis vuestro jardín durante unas cuantas semanas, porque luego os costará mucho volver a ponerlo en buen estado. Las malas hierbas crecen más deprisa que las plantas buenas.
Otro pequeño consejo: cuando tengáis ocasión, echad un vistazo a otros jardines y escuchad lo que hablan los jardineros; así podréis aprender un montón de cosas.
Conseguiréis los mejores resultados si empezáis a trabajar vuestro jardín en primavera. Si podéis elegir, escoged un terreno al que no den sombra los árboles. Cavadlo hondo y limpiadlo de malas hierbas. Si podéis conseguirlos, mezclad con la tierra estiércol y hojas secas. Desmenuzad bien la tierra y allanadla con un rastrillo. Cuando hayáis hecho todo esto, estaréis listos para sembrar lo que queráis.

La siembra
Se pueden comprar sobres de semillas de todas clases a precios muy bajos, y a menudo traen las instrucciones para sembrarlas. Hay semillas de flores que hay que sembrar cada año, como las del maíz y la reseda. Otras se siembran cada dos años. Y otras son perennes, lo que quiere decir que la planta dura varios años. Pero las que duran un solo año son las mejores, sobre todo para empezar.
Al sembrar, si la tierra está muy suelta, pisadla un poco, porque las semillas se desarrollan mejor en tierra firme. Si las semillas son grandes (como las de los guisantes o los berros), hay que ponerlas de una en una, a centímetro y medio de profundidad. Si son pequeñas, como las de amapola, se esparcen sobre la tierra y después se aprieta esta con suavidad. No hay que sembrar las semillas pequeñas un día de viento, porque se las llevará fuera del bancal.
Algunas semillas brotan a los pocos días, según el tiempo que haga; pero no hay que impacientarse si pasan una o dos semanas y todavía no han empezado a salir. Cuando las plantitas hayan crecido un poco, habrá que arrancar algunas: es lo que se llama «aclarar». Se hace porque las plantas necesitan mucho sol y mucho aire, y si los tallos están demasiado juntos, ninguno crecerá como es debido. En algunos casos habrá que proteger los tallos del sol, si calienta demasiado.
La plantación
Si en lugar de semillas os decidís por plantas, haced un agujero lo bastante grande para que sus raíces puedan extenderse y cubridlas bien con tierra fina. Mantened la superficie del terreno mullida con la azada: así acabaréis con las malas hierbas y, al mismo tiempo, dejaréis que penetren el aire y la humedad.
Riego y escarda
Si veis que vuestro jardín necesita riego, regadlo por la tarde, y no os conforméis con mojar un poco la superficie: las raíces son profundas, así que hace falta mucha agua.
Arrancad todas las malas hierbas sin compasión. Solo con la experiencia se aprende a reconocer las verdaderas malas hierbas. Cualquiera distingue el diente de león, la ortiga y las distintas clases de hierbajos; pero hay otras muchas, y las peores son la correhuela y la grama, que tienen unas raíces horrorosas que se enroscan alrededor de las plantas y las ahogan.
Plantas de maceta
Una planta de maceta necesita más cuidados que una que crece al aire libre, así que tenéis que saber más sobre ella. Por ejemplo, a simple vista no se sabe cuándo necesita agua; pero si golpeáis la maceta y suena claro, quiere decir que la planta está demasiado seca: echadle agua por arriba varias veces, hasta que salga con facilidad por abajo. Si suena sordo, la planta no está muy seca. Un Lobato con buen oído aprenderá pronto a distinguir la diferencia. No reguéis nunca con agua demasiado fría, tal como sale del grifo; la mejor es el agua de lluvia. Y nunca hay que dejar la maceta debajo de un grifo.
A veces a los helechos y a otras plantas les gusta que los sumerjan en un cubo de agua durante una o dos horas; además, los helechos y otras plantas pueden sacarse a la lluvia en un día caluroso.
Pero tened cuidado con los vientos fríos de fuera y con las corrientes de aire dentro de casa. Las plantas de maceta necesitan aire y sol, pero odian las corrientes. A veces conviene limpiarles las hojas con agua tibia y una esponja para quitarles el polvo, pero hay que hacerlo con muchísimo cuidado.
Los geranios, los jacintos y los narcisos son unas plantas de maceta magníficas.
Jardineras
En primavera se pueden adornar preciosamente con flores, y en verano con dos o tres geranios rojos trepadores, o con plantas anuales sembradas de semilla. Los berros crecen muy bien en las jardineras, y también las plantas trepadoras. Recordad que es mejor un buen riego de vez en cuando que un riego superficial muy seguido.
Bulbos en agua
Conseguid un tarro con la boca más estrecha que el bulbo, para que este no se caiga al fondo. Llenadlo de agua, escoged un bulbo bonito y firme y colocadlo en la boca del tarro. Dejadlo a oscuras hasta que empiecen a asomar las raíces, y entonces sacadlo a la luz.
El alféizar de una ventana es un buen sitio para ponerlo. Cambiadle el agua una vez a la semana. Al principio no lo pongáis donde haga mucho calor.
Sembrar mostaza y mastuerzo en una franela
Tomad un platillo o un plato y un trozo de franela de su mismo tamaño. Humedeced la franela y esparcid las semillas sobre ella, cuidando de que no se seque nunca.