9. Novena dentellada
Cómo hacerse grandes y fuertes · La sangre · Alimentos sanos · Aseo diario · Aire fresco · Ejercicios · Saltos, equilibrio de libros, pídola y volteretas · Rodar el aro, etc. · Respirar por la nariz · Las uñas y su cuidado · Los dientes y su cuidado · Los pies · Saber la hora · Servicio
En nuestro ejército había un batallón de hombres muy bajitos, que no tenían la estatura suficiente para entrar en un regimiento normal; los llamaban los Bantams. Al principio a la gente le daba risa verlos, porque eran muy pequeños, pero pronto demostraron que en el combate valían tanto como cualquier otro. Un hombre pequeño puede llevar dentro un gran corazón y mucho valor.
Nuestros gurkas, los pequeños guerreros de nuestro ejército de la India, lo han demostrado. Estos hombres magníficos visten de una manera tan parecida a la de los scouts que, a primera vista, cualquiera los tomaría por scouts con la piel tostada por el sol.

Y ahí están también nuestros amigos los japoneses. Son muy pequeños, pero tan valientes y tan fuertes como los gurkas, y son unos soldados magníficos.
Así que, aunque un Lobato sea pequeño, puede ser tan valiente y tan útil como un muchacho más grande, si se esfuerza por serlo.

Los japoneses se hacen fuertes porque tienen mucho cuidado con lo que comen, se mantienen muy limpios, porque se asean constantemente, y ejercitan el cuerpo día tras día, y eso los vuelve muy fuertes. Además, siempre están sonrientes y de buen humor, y eso les ayuda a mantenerse sanos.
Cómo crecer
Un Lobato puede hacer lo mismo si quiere. Estoy seguro de que todos los Lobatos desean ser fuertes y sanos; pero un Lobato puede hacer algo más que un japonés o un gurka, porque además de hacerse fuerte puede ayudarse a crecer.
Os voy a contar algunas de las cosas que podéis hacer para estar robustos y sanos.
Sangre buena y abundante
Lo primero es conseguir que la sangre que corre por vuestras venas sea sana y abundante. La sangre es para vuestro cuerpo lo que el vapor para una máquina: según la fuerza que tenga, lo hace funcionar bien o mal. Además, vuestra sangre alimenta vuestro cuerpo, igual que el agua alimenta a las plantas: os hace crecer. Si el organismo no tiene sangre suficiente, se queda pequeño y débil, y a veces se marchita y muere.
«Pero ¿cómo puedo conseguir una sangre buena y abundante, si se fabrica dentro de mí?».

Alimentos sanos
Pues bien, la sangre se fabrica con los alimentos que tomáis por la boca, y para tenerla en abundancia tenéis que comer alimentos que sean buenos para fabricar sangre. No dulces ni caramelos, que, aunque están muy ricos, no son buenos: lo que hay que comer es carne sana, verdura y pan.
Así se consigue sangre abundante; pero además tiene que ser buena y sana, y eso también tenéis que conseguirlo vosotros mismos: nadie puede hacerlo por vosotros.
Ir al baño todos los días
Cuando habéis comido, masticando bien la comida, esta llega al estómago; la parte útil se asimila y pasa a la sangre, y la parte inútil pasa al intestino. Si dejáis que esa parte inútil se quede dentro de vosotros demasiado tiempo, más de un día, empieza a envenenar vuestra sangre y deshace el bien que la comida sana había hecho al organismo.
Por eso tenéis que tener mucho cuidado de libraros de la parte inútil de la comida al menos una vez al día, con regularidad. Ese es el secreto para conservar la salud.
Aire fresco y respiración profunda
Saber por qué hay que respirar por la nariz.
Podéis fortalecer vuestra sangre dándole aire fresco. La sangre necesita aire; por eso pasa continuamente por los pulmones, que están en medio del cuerpo, para tomar una parte del aire que respiráis por la nariz. Ayudad a vuestra sangre respirando hondo aire fresco. No ese aire viciado de las habitaciones cerradas, sino el aire limpio y abundante de los sitios abiertos.
Para eso, echad fuera todo el aire que tengáis dentro y luego tomad por la nariz todo el que os quepa en el pecho, hasta que el pecho y las costillas se ensanchen del todo. Practicadlo de vez en cuando a lo largo del día, siempre que estéis al aire libre: solo con eso ya os ayudará a crecer y a haceros fuertes.
Ejercicio físico
Además de la buena comida y del aire fresco, hay otra cosa muy importante que tenéis que hacer por vuestra sangre: el ejercicio.
Como ya os he dicho, la sangre es como el agua para la planta: alimenta el cuerpo, o la parte del cuerpo por la que pasa. Siempre tiene que llegar a todas las partes del cuerpo, pero si la ayudáis, lo hará mejor. Por eso los corredores y los futbolistas, con su ejercicio continuo, consiguen que la sangre les corra con más abundancia por las piernas, y las piernas les crecen en tamaño y en fuerza.
En la India hay algunos nativos que llevan siempre una mano levantada sobre la cabeza. Lo hacen como penitencia por los pecados que han cometido, y prometen mantener el brazo en esa postura y no volver a usarlo. El resultado es que, por falta de ejercicio, la sangre no circula bien por él (la planta no se riega como es debido) y, poco a poco, el brazo va adelgazando hasta quedarse en huesos cubiertos de piel, en algo inútil.
Así que, si queréis crecer en tamaño y en fuerza, ejercitad todos los miembros del cuerpo, que bien podéis hacerlo.
Saltar a la comba
Saltar a la comba con los pies juntos 30 veces hacia delante y 30 hacia atrás, dándole el propio Lobato a la cuerda.
El muchacho que salta a la comba echándola hacia delante y que encoge los dedos de los pies y agacha los hombros, en vez de hacerse un bien puede hacerse daño.
Conseguíos una cuerda (no hace falta que sea una de esas maravillas caras con mangos de madera, pero tampoco debe ser demasiado fina ni ligera) y ensayad a saltar.
Si no sabéis saltar, buscad a dos amigos que os den a la cuerda al principio, y usad la cabeza para aprender a saltar bien y en el momento justo. Poneos derechos, con los hombros bajos y las puntas de los pies casi tocando la cuerda. ¿Preparados? ¡Bien! Allá va por encima de vuestra cabeza. Ahora saltad con los talones juntos y las puntas de los pies hacia fuera, y al caer doblad un poco las rodillas hacia fuera. Entre salto grande y salto grande, mientras la cuerda pasa por encima de vuestra cabeza, dad un saltito: eso os ayudará a mantener el equilibrio y a llevar el compás.
Ahora intentad darle a la cuerda vosotros mismos. Empezad con ella por delante y manteneos erguidos. No caigáis sobre los talones como si fuerais elefantes; intentad saltar como una cabra montés (si podéis) y no os golpeéis los dedos en cada salto. Para conseguir vuestra Primera Estrella tendréis que saltar treinta veces hacia atrás, vosotros solos. Practicadlo con cuidado en casa.
Algunos niños pensarán que saltar a la comba es cosa de niñas; pero los Lobatos tienen más sentido común y no se lo creen. Saben que los futbolistas y los boxeadores usan este ejercicio en sus entrenamientos.
Pídola
He observado a muchos niños jugando a pídola. Algunos saltan muy bien, pero otros muchos parecen más bien sacos de carbón cayendo sobre la espalda de un mozo de carga que una persona saltando. Cuando empecéis a aprender, saltad sobre un muchacho de vuestra estatura o un poquito más bajo. Que se ponga de lado, en ángulo recto con vosotros, que se agache y que esconda bien la cabeza (si se pone con los pies separados y se sujeta la cabeza con las dos manos, habrá menos peligro de que le deis un golpe). Corred hacia él, apoyad las dos manos en su espalda para saltar, con las piernas bien abiertas, y procurad pasar por encima apoyándoos en él lo menos posible.
Equilibrio
Caminar erguido y con buen paso, sin usar las manos, llevando sobre la cabeza un objeto sólido de aproximadamente un kilo, a lo largo de diez metros; dar la vuelta y regresar al punto de partida. Se puede usar una gorra de Lobato.
Hay personas que caminan y otras que se arrastran encorvadas. ¿Qué hacéis vosotros? Es fácil distinguir a unos de otros. Los que caminan van erguidos, su paso tiene cierto ritmo y su mirada es despierta. El que se arrastra lleva los hombros caídos y la mirada perdida, y al andar no se fija en lo que hay a su alrededor, sino solo en el suelo.
Conseguíos tres libros más o menos del tamaño de este e intentad caminar llevándolos en equilibrio sobre la cabeza. Si os encorváis, los libros caerán enseguida al suelo; pero si camináis con los hombros rectos y la barbilla un poco levantada, pronto podréis competir con una figurita de barro.
Si este ejercicio os resulta muy difícil porque tenéis la cabeza de una forma rara, probad a hacerlo con la gorra de Lobato puesta.


Quizá hayáis visto cuadros de aguadores que llevan cántaros sobre la cabeza. Imitadlos; pero no intentéis llevar el mejor jarrón del dormitorio de vuestra madre, sino algo que no se rompa si se cae al suelo.

Volteretas
Dar tres volteretas hacia delante y otras tres hacia atrás.
La voltereta consiste en rodar por el suelo hechos una bola, con la cabeza entre los talones. Lo más importante que hay que recordar en este ejercicio es mantener los hombros redondeados y la barbilla bien metida; no os conforméis con saber rodar. Si podéis, después de rodar, poneos de pie sin ayudaros de las manos.


Rodar el aro
Algunos muchachos creen que rodar un aro es cosa de críos; sin embargo, enseña un montón de cosas útiles. Hay que correr de puntillas, listos para escabullirse a un lado o a otro; hay que tener buena vista y darle al aro con las dos manos. La mejor manera de practicarlo es poner varios obstáculos en vuestro camino y guiar el aro con seguridad alrededor de ellos y entre ellos, sin tocar ni uno. Cuando ya sepáis hacerlo, querrá decir que vuestras manos han aprendido a obedecer a vuestra cabeza.
Saltar a la pata coja
Recorrer a la pata coja unos 20 metros, describiendo un ocho. Usar cada pie durante la mitad del recorrido.
Saltar a la pata coja es cuestión de práctica. Intentad saltar como un pájaro, nunca como un elefante; para eso tenéis que saltar con la punta del pie, y no con todo el pie plano. Este ejercicio enseña a mantener el equilibrio, y por eso hay que practicar saltando en forma de ocho, sobre el pie izquierdo cuando se gira hacia el lado contrario.
Lanzar una pelota
Lanzar una pelota, primero con la mano derecha y después con la izquierda, de forma que un Lobato que esté a diez metros la atrape cuatro veces de cada seis lanzamientos. Atrapar una pelota con una mano o con las dos.
Lanzar y coger una pelota también es cuestión de práctica y de buena vista. Practicad mucho los lanzamientos con la mano izquierda, porque seguramente veréis que con la derecha os resulta muy fácil.

La prueba exige lanzar con las dos manos porque las dos tienen que ejercitarse por igual, para que no se desarrolle un lado del cuerpo más que el otro, como pasaría si solo usarais la derecha. Cuando intentéis coger la pelota, poned las manos en forma de cuenco y, cuando llegue la pelota, echadlas un poquito hacia atrás al mismo tiempo que la sujetáis con fuerza. Si ponéis las manos totalmente abiertas, la pelota rebotará en ellas, y si las ponéis separadas, pasará entre las dos sin que podáis cogerla. No perdáis de vista la pelota desde que sale de las manos del que la lanza, y moveos hacia el sitio donde calculéis que va a caer. No os quedéis quietos esperando que el otro haga todo el trabajo por vosotros.
La prueba de la Primera Estrella consiste en lanzar la pelota, primero con la derecha y luego con la izquierda, a un compañero que esté a diez metros de vosotros, de forma que la coja cuatro veces de cada seis lanzamientos. Después os toca a vosotros coger la pelota que os lancen desde diez metros, también cuatro veces de cada seis, con cualquier mano.
Todo esto os ayudará a convertiros en hombres fuertes y sanos; pero no olvidéis las otras cosas que también os ayudan: comer suficientes alimentos sanos (sin comer de más, porque eso solo os envenenaría la sangre); ir al baño todos los días con regularidad, para limpiar el cuerpo de sustancias venenosas, y respirar mucho aire limpio, haciéndolo profundamente y manteniendo las ventanas abiertas para que el aire se renueve constantemente en la habitación donde vivís o dormís.
Estas cosas tenéis que practicarlas vosotros mismos; nadie puede hacerlo por vosotros. Así que depende de vosotros haceros grandes, fuertes y sanos, o quedaros pequeños y débiles.
¿Recordáis ahora las cuatro cosas que tenéis que hacer? ¿Cuáles son?
- Alimentos sanos.
- Ir al baño todos los días.
- Aire fresco.
- Ejercicio físico.
Respirar por la nariz
Saber por qué hay que respirar por la nariz.
Os habréis dado cuenta de que, al hablar de la respiración, os he dicho que tomarais el aire por la nariz. ¿Por qué no por la boca? Por esta razón: la garganta, en la parte de atrás de la boca, es muy delicada y se resfría o se inflama con facilidad. Si respiráis por la boca, el aire le da de golpe y puede provocaros un resfriado; en cambio, si respiráis por la nariz, el aire se templa al pasar por ella y llega a la garganta, como quien dice, por la puerta de atrás, ya calentito.
Pero hay otra razón más para respirar por la nariz.
En el aire flotan unos bichitos diminutos llamados gérmenes. Son tan pequeños que no se pueden ver a simple vista, aunque con una buena lupa de aumento sí se ven.
Son unas criaturas pequeñísimas y retorcidas, y muy peligrosas si se meten en vuestro cuerpo, porque pueden causar enfermedades de muchas clases.
Si respiráis con la boca abierta, lo más probable es que dejéis pasar algunos por la garganta hasta el estómago, donde pueden hacer mucho daño. En cambio, si respiráis por la nariz, quedarán atrapados en la mucosidad de las fosas nasales y los expulsaréis al sonaros.
Cuando hagáis un trabajo duro, si mantenéis la boca abierta, la garganta se os secará enseguida y tendréis sed, y eso no os pasará si respiráis por la nariz.
Se os ha dado la boca para comer y la nariz para respirar. ¿Por qué no usarlas para aquello para lo que se os han dado? Los indios pieles rojas de Norteamérica enseñaban a sus niños a respirar por la nariz atándoles la boca de día y de noche. Lo hacían para que no roncaran, porque solo roncan las personas que duermen con la boca abierta. Y roncar en un lugar rodeado de enemigos es muy peligroso, porque darían fácilmente con el sitio donde estáis durmiendo y os podrían apuñalar.
Las uñas
Saber por qué y cómo hay que llevar las manos aseadas y las uñas limpias y cortadas.
En el ejército japonés, donde, como ya os he dicho, los soldados son siempre muy limpios, tienen orden de lavarse las manos antes de cada comida, y nunca pueden llevar las uñas sucias. Se cree que esta costumbre ha evitado muchas enfermedades entre los soldados.
La razón es que esos pequeños gérmenes venenosos que flotan en el aire viven en la suciedad, y es muy fácil que lleguen a vuestras manos y se escondan en las uñas. Por eso tenéis que tener mucho cuidado de llevarlas limpias, sobre todo antes de comer.
Las uñas, tanto las de las manos como las de los pies, deben llevarse bien cortadas con tijeras. Hay personas que a menudo sufren dolores porque la uña del dedo gordo del pie se les clava en el dedo de al lado. Normalmente es porque han dejado crecer demasiado esa uña, que, apretada por el zapato, se ve obligada a crecer hacia el lado y se mete en la carne. Tenéis que tener mucho cuidado de cortaros a menudo las uñas de los pies, una vez a la semana o, como mucho, cada diez días; cortadlas rectas, a ras del dedo, no en curva, y con unas tijeras bien afiladas.
Las uñas de las manos también tenéis que cortarlas una vez a la semana, para tenerlas en orden. Estas podéis cortarlas en curva, siguiendo la forma del dedo, para que las esquinas no se enganchen y se rompan.
Morderse las uñas es muy perjudicial.
Los dientes
Saber por qué y cómo hay que llevar los dientes limpios.
Un hombre se presentó al oficial de guardia para alistarse en el ejército. El oficial lo examinó para ver su fuerza, su estatura y su vista; después le miró los dientes y le dijo:
—Es usted un hombre grande y fuerte, pero no puede alistarse en el ejército, porque tiene los dientes en mal estado.
El hombre se marchó muy sorprendido y les contó a sus amigos que, por lo visto, hoy en día los soldados no solo tienen que servir para matar al enemigo, sino también para comérselo. La verdad es que un soldado no sirve si no puede, cuando hace falta, masticar pan duro y carne dura.
Si una persona no mastica bien la comida, cuando esta llega al estómago no se aprovecha la parte que debe pasar a la sangre, y ya os he dicho que eso es necesario para la salud. Así que conservad los dientes sanos y fuertes.
No hay ninguna parte del cuerpo que los gérmenes venenosos ataquen más que los dientes. Se meten por sus huecos y los agujerean, y eso trae ese dolor tremendo que se llama dolor de muelas; los dientes se pican y hay que sacarlos, y entonces ya no se puede masticar bien la comida.
Pero todo esto os lo podéis evitar si os tomáis la molestia de limpiaros los dientes como es debido, cepillándolos y enjuagándolos hasta echar esos gérmenes de la boca.
Lo primero que hace falta es un cepillo de dientes y pasta o polvo dental.
Lo que no hay que olvidar es usarlo todas las mañanas y todas las noches, y también, si se puede, después de la comida del mediodía.
Haced la guerra a esos gérmenes con el cepillo hasta sacarlos de sus escondites, entre los dientes y por detrás de ellos, y luego echadlos de la boca con buenos buches de agua, para no darles ocasión de agujerear y destrozar las muelas.
En las selvas vírgenes de África no hay farmacias y, sin embargo, los nativos tienen unas dentaduras espléndidas, que mantienen limpias cepillándose después de cada comida con cepillos hechos de trocitos de madera. Cogen un palito y golpean una de sus puntas con un martillo hasta que queda como una brocha de pintar.

Juego: El cepillo de dientes y los gérmenes
Los Lobatos se ponen en círculo y se dan las manos con los brazos totalmente estirados. Un Lobato, en el centro, es el cepillo de dientes, y otro, fuera del círculo, es el germen. El objetivo del juego es que el cepillo de dientes atrape al germen. Los Lobatos del círculo pueden impedir que el germen entre o salga bajando las manos y juntándose; pero el cepillo de dientes puede entrar en el círculo y salir de él como quiera.
Los pies
Saber por qué y cómo hay que llevar los pies aseados.
Vuestros pies trabajan más que el resto del cuerpo y, además, como pasan todo el día encerrados en los calcetines y los zapatos, hay que lavarlos más a menudo.
No podréis caminar mucho si os duelen los pies. Los pies se llenan de ampollas con facilidad porque se dejan húmedos por el sudor, que además moja los calcetines; eso reblandece la piel, se forman ampollas y la carne queda en carne viva.
Esto se puede evitar quitándose los zapatos y dejando que los calcetines y los pies se sequen, para que la piel no se reblandezca.
Para evitar las grietas, conviene echarse polvos de talco o untarse grasa en los pies antes de ponerse los calcetines.
Ampollas. Si os salen ampollas en los pies, cuidadlas y se os curarán fácilmente; pero si os descuidáis, la piel se levanta y se forma una herida.
Así se tratan las ampollas: coged una aguja y pasadla por la llama de una cerilla para desinfectarla. Cuando se haya enfriado, pinchad con ella la ampolla por un lado y apretad la piel hacia la aguja para sacar todo el líquido que tenga dentro.
Botas. Las ampollas suelen salir porque las botas son demasiado grandes y los pies bailan dentro. Hay dos formas de remediarlo.
Una es usar calcetines más gruesos, o dos pares. La otra es sujetar bien los zapatos a los pies con una correa: se pasa por debajo de la suela, se cruza por encima del empeine y luego se rodea el tobillo, donde se ata. Así os ahorraréis las ampollas.

Tampoco uséis botas demasiado estrechas, porque con ellas nunca podréis caminar lejos: con tanto andar, los pies se hinchan, y hay que ser listo y dejarles sitio suficiente.
Si sabéis estas cosas y las ponéis en práctica, podréis disfrutar de verdad de vuestras caminatas.
Saber la hora
Saber decir la hora mirando el reloj.
Antiguamente, cuando el hombre tenía que dedicar casi todo el tiempo a cazar, a matar y a comerse su comida, y a descansar después del trabajo que todo eso le daba, no necesitaba saber la hora exacta del día o de la noche.
Pero hoy, que la gente tiene muchísimas cosas que hacer, hace falta saber la hora con precisión de segundos.
En la escuela habéis aprendido que 60 segundos forman un minuto, 60 minutos una hora y 24 horas un día con su noche.
Fijaos bien en la esfera de un reloj. Veréis que tiene dos manecillas (una grande y otra pequeña), doce números y 60 rayitas.

La manecilla pequeña se mueve muy despacio por la esfera, y cuando señala un número, o está cerca de él, ese número es la hora del día o de la noche.
La manecilla grande se mueve mucho más deprisa, porque señala los minutos y tiene que recorrer las 60 rayitas, de las doce a las doce, mientras la pequeña solo avanza de un número al siguiente.
Los doce números marcan las horas, pero sería un trabajo insoportable contar las rayitas una por una para saber cuántos minutos han pasado o cuántos faltan para una hora. Por eso los relojeros las han colocado de forma que entre un número y el siguiente hay cinco minutos. El número dos marca dos veces cinco minutos después de la hora, es decir, 10 minutos; el número ocho está cuatro veces cinco minutos antes de la hora, es decir, indica que faltan 20 minutos. El tres está a un cuarto de los 60 minutos (tres veces cinco); el seis, a la media hora, y el nueve, a un cuarto antes de la hora.
¿Sabríais decirme qué hora es cuando la manecilla pequeña está entre las tres y las cuatro y la grande en el cinco? Pues las tres y veinticinco, naturalmente.
Fabricaos vosotros mismos un reloj de juguete con manecillas que se muevan. Pronto seréis expertos, y cuando alguna ancianita que ya no ve bien el reloj os pregunte la hora, podréis decírsela y no tendréis que contestar «no lo sé».
Decirle la hora a alguien es hacerle un servicio.
Servicio
Haber cumplido tres meses de servicio satisfactorio como Lobato. Ser capaz de volver a pasar las pruebas de Parchetierno. Tener la credencial al día.
Me imagino que en vuestro Grupo tendréis Rover Scouts (quizá alguno os ayude a guardar la compostura). Pues bien, su divisa es «Servir», y tienen que buscar todas las formas posibles de hacer cada día un servicio, o un trabajo, a algún desconocido. Pero los Rovers no son los únicos que tienen que servir. Los Lobatos también harán en esto «lo mejor que puedan».
Por eso también vosotros tenéis que pasar tres meses sirviendo en vuestra Manada antes de recibir la Primera Estrella (la mayoría estaréis más de tres meses, porque seguramente Akela querrá que dominéis bien las materias antes de daros la Estrella). Se espera de vosotros que vayáis puntualmente a las reuniones y que en ellas hagáis lo que podáis para ayudar a que el programa salga adelante. No basta con ir con regularidad a las reuniones de la Manada. Tenéis que obedecer las órdenes con prontitud, hacer todo lo posible por ayudar a los demás Lobatos de la Manada y poner todo de vuestra parte para que los juegos y el trabajo salgan bien. Pero, sobre todo, tenéis que demostrar que intentáis hacer siempre lo mejor que podéis por cumplir la Ley de la Manada y la Promesa, no solo cuando estáis con la Manada, sino siempre: en casa, en la escuela y en la calle.
Juego: Las flechas
(Se llama así porque las preguntas son como flechas con las que se hiere a los Lobatos).
Los Lobatos se sientan en círculo, y en el centro se coloca el Jefe de Manada, que les hace preguntas sobre nudos, la bandera, etc. Si un muchacho falla la primera pregunta que se le hace, dobla un brazo como si lo llevara en cabestrillo; si falla por segunda vez, dobla el otro; a la tercera se pone de rodillas, y a la cuarta se tumba en el suelo como si estuviera muerto.