1. Primera dentellada
Historia de Mowgli · Los Lobatos · El muchacho zulú · Deberes de los Lobatos · El círculo de la Roca del Consejo · El Gran Clamor · Juego: Shere Khan y Mowgli
El libro de la selva, de Rudyard Kipling, es la base de la historia del lobo, que es nuestro tema en las primeras dentelladas. Si podéis leer ese libro a los Lobatos después de haberles dado un resumen como el que sigue, apreciarán mejor su significado y lo disfrutarán más.
Historia de Mowgli
Conocer la historia de Mowgli.
Hace mucho tiempo, allá lejos, en la India, un enorme tigre recorría la selva en busca de comida. De pronto llegó al lugar donde había acampado un leñador con su familia, y pensó en el banquete que se iba a dar zampándose a aquel hombre dormido, o, mejor aún, al niño gordito del leñador, que también estaba allí.
Aunque el tigre era enorme y robusto, no era muy valiente, y no estaba dispuesto a enfrentarse abiertamente a un hombre armado.
Así que se deslizó hasta cerca de la hoguera; pero, como iba mirando a sus presas, no pisó con cuidado y de pronto puso la pata sobre unas brasas. El dolor le hizo rugir y despertó a los del campamento, de modo que no tuvo más remedio que escapar, hambriento y cojeando.
También el leñador y su mujer huyeron despavoridos, sin recoger al niño, que, sin saber el peligro que corría, echó a andar sin rumbo en medio de la noche.
Con el paso inseguro de sus pocos años, fue subiendo la colina y llegó, sin saber cómo, a la cueva que servía de guarida a un enorme lobo gris, fiero pero noble y bondadoso. Al ver que el niño entraba sin miedo en la cueva, y pensando además que el tigre lo buscaría para devorarlo, el lobo lo cogió con el hocico, como hacen los perros con sus crías, y lo dejó caer con suavidad entre cuatro lobeznos recién nacidos que estaban tumbados cerca de Mamá Loba. Ella, al ver cómo el pequeño se acomodaba sin recelo entre sus hijos, le cogió cariño y desde entonces lo tomó a su cuidado.
Poco después, Tabaqui, el chacal, se acercó al tigre, que se llamaba Shere Khan, y le dijo:
—Señor Tigre, conozco el lugar donde se esconde el pequeño que tanto os abre el apetito. Si lo matáis, bien podéis darme un trozo como premio por haber descubierto el escondite. Está allí, en aquella cueva, debajo de la roca.
El chacal es un animal asqueroso y servil que empuja a otros animales a cazar y matar, y se conforma con las sobras que ellos dejan.
Shere Khan fue enseguida a la entrada de la cueva. Era tan estrecha que podía meter la cabeza, pero no el resto del cuerpo. El lobo gris que estaba dentro lo sabía muy bien y, por eso, no le tenía miedo.
El lobo advirtió al tigre que se marchara de allí y buscara su comida sin intentar quitar a otros lo que ellos habían capturado. Le dijo que no debía quebrantar la Ley de la Selva, que prohíbe a los animales matar a un ser humano, porque cuando eso ocurre se reúnen muchos hombres para perseguir al asesino, y eso trae problemas a todos los animales de la selva.
Por toda respuesta, Shere Khan rugió de rabia y, para intimidar al lobo, empezó a amenazarlo y a decirle todo lo que le iba a hacer. Mamá Loba se unió a su marido para que el tigre se alejara y los dejara en paz, porque se había propuesto cuidar a aquel niño, que algún día crecería y podría matar a Shere Khan si este no entraba en razón.
Por fin el tigre se marchó, y el niño se quedó con los lobos y creció como uno más de la familia. Lo llamaban Mowgli, y le enseñaban todas las mañas de la selva, entre ellas a correr y a cazar lo que necesitaba para comer. Así creció y se hizo fuerte y valiente.
También lo llevaban a los Consejos en los que se reunía la manada de lobos, sobre cierta roca.
Como lobato, tuvo que aprender muchas cosas.
En el libro Veredas del norte (Northern Trails), de W. J. Long, podéis leer todo lo que un lobezno aprende de sus padres sobre la caza.
La primera lección consiste en enseñarle a ser rápido y activo. Para ello, le dejan cazar saltamontes, y así, persiguiéndolos, aprende a saltar, a trepar, a revolverse y a dar zarpazos. No le dan de comer: le enseñan que, si quiere comida, tendrá que rastrear, acechar y tener paciencia, porque, si no aprende a hacer bien su trabajo, se morirá de hambre. Comer o no comer depende de él mismo.
Lo mismo le pasa al muchacho que quiere ser scout. Ante todo, tiene que aprender las mañas y los deberes que puede enseñarle un scout veterano. También tiene que ser activo y fuerte, cualidades que adquirirá con juegos y ejercicios. Tiene que abrirse camino en la vida, y eso no se lo enseñarán las diversiones. Si quiere tener éxito, deberá actuar con cautela y aprender todo lo que le sea útil en la profesión que vaya a seguir. Su victoria dependerá de él mismo, no de sus maestros ni de sus padres.
Por eso, deberá hacerse el propósito de ser un verdadero Lobato y de labrarse su propio triunfo. Más adelante, cuando sea scout, aprenderá las cosas que tienen que saber los mayores.
Los Lobatos
Saber qué es un Lobato.
Los scouts pequeños, que todavía no tienen la edad necesaria para entrar en la rama de los mayores, se llaman Lobatos. ¿Por qué?
Por la sencilla razón de que un lobato es un lobo pequeño, y si a los scouts se les llama lobos, lo más natural es llamar Lobatos a los scouts jóvenes.

En las praderas de Norteamérica, los indios pieles rojas formaban una nación de scouts. Cada miembro de la tribu tenía que ser un magnífico scout, y si no lo era, lo despreciaban.
Por eso había competencia entre aquellos jóvenes y valientes guerreros por ver quién era el mejor scout, y al que demostraba serlo lo apodaban Lobo.
Había lobos grises, lobos blancos, lobos rojos, lobos flacos, etc., pero todos eran lobos. Era, pues, el título de honor que distinguía a un buen scout.

En el otro extremo del mundo, en el sur de África, aunque sus habitantes eran completamente distintos (negros salvajes en lugar de indios pieles rojas), también había buenos scouts, y a los mejores los llamaban Lobos.
Un scout, como sabéis, es un joven animoso y decidido que está dispuesto a llegar voluntariamente hasta la muerte, si hace falta, para cumplir con su deber; que sabe abrirse paso en tierra extraña, de día o de noche; que se basta a sí mismo; que es capaz de encender su propia hoguera y de guisar en ella su comida; que puede seguir las huellas de animales y hombres sin ser visto, y que, al mismo tiempo, sabe obedecer las órdenes de sus jefes hasta la muerte.
La prueba de los muchachos zulúes
En el sur de África, la mejor de las tribus era la de los zulúes, y la de sus descendientes, los matabeles, los suazis y los masáis. Todos y cada uno de ellos eran buenos guerreros y buenos scouts, que habían aprendido el Escultismo de muchachos.

Los muchachos de la tribu iban siempre a los campos de batalla para llevar las mantas y la comida a los guerreros. Ellos no combatían: se dedicaban a mirar las batallas de lejos y a aprender cómo se combate, para hacer lo mismo cuando les llegara el momento.
Los más espabilados, los mejores de entre ellos, eran los lobatos, los futuros lobos scouts de la tribu.
Entre los zulúes estaban el um-fan (el «greñudo»), el joven guerrero y el veterano ring-kop, que corresponden a nuestros Lobatos, scouts y scouters.

Antes de que los admitieran como scouts y guerreros, tenían que superar pruebas muy duras. Esto es lo que debían hacer:
Cuando un muchacho tenía edad para ser guerrero, le quitaban la ropa y le pintaban todo el cuerpo de blanco. Luego le daban un escudo para protegerse y una lanza pequeña para matar animales y enemigos, y lo dejaban solo en la selva.
Si alguien lo veía mientras le quedaba algo de pintura blanca en el cuerpo, debían darle caza y matarlo. Y hay que tener en cuenta que la pintura tardaba un mes en caerse sola, porque no se podía lavar.
Durante un mes, el muchacho se veía obligado a esconderse en la selva y a vivir como mejor pudiera.
Tenía que seguir las huellas de los ciervos y acercarse a ellos sin ser visto hasta poder alcanzarlos y matarlos, para conseguir así comida y ropa. Tenía que encender el fuego frotando dos palos para cocinar, porque no llevaba cerillas, ni bolsillos donde guardarlas. Debía tener cuidado de que su hoguera no echara demasiado humo, para que no lo descubrieran y le dieran caza.
Necesitaba recorrer grandes distancias, trepar a los árboles y cruzar los ríos a nado para escapar de sus perseguidores. Tenía que ser valiente para defenderse de los leones y de otros animales salvajes que pudieran atacarle. Debía saber qué plantas eran comestibles y cuáles venenosas, fabricarse los utensilios de cocina con corteza de árbol o con barro, y construirse una choza y tenerla bien escondida.
Tenía que poner especial cuidado en no dejar tras de sí ninguna huella por la que pudieran seguirle la pista. Si roncaba mientras dormía, sus enemigos podían descubrirlo; por eso necesitaba acostumbrarse a mantener siempre la boca cerrada y a respirar por la nariz sin hacer ruido.
Durante un mes tenía que llevar esa vida, unas veces con un calor abrasador y otras en medio del frío y de la lluvia.
Cuando por fin la pintura blanca había desaparecido de su cuerpo, podía volver a su poblado, donde lo recibían con grandes muestras de alegría, y ocupaba enseguida su lugar entre los guerreros de la tribu.
A partir de entonces podía seguir su carrera y llegar a ser, según su valor, un ring-kop, es decir, un guerrero de verdad; podía llevar un anillo en la cabeza y seguir así hasta conseguir el honroso título de Lobo.
Ya os podéis imaginar que muchos de los muchachos que se sometían a esta prueba no llegaban al final. Algunos morían devorados por las fieras, otros asesinados por los hombres, y muchos se ahogaban o perecían de hambre o de frío. Solo los mejores salían adelante y demostraban que eran hombres de verdad.
Esto sí que era una prueba dura, ¿verdad?
Caballeros
Antiguamente, los caballeros eran nuestros scouts: hombres dispuestos a morir por su patria, que habían jurado ser bondadosos con los ancianos y generosos y amables con las mujeres y los niños.
También ellos, como los zulúes, habían aprendido sus deberes desde niños: habían servido como pajes a los caballeros, ayudándoles a ponerse la armadura. A medida que crecían y se hacían jóvenes, pasaban a ser escuderos; aprendían a montar a caballo, se ejercitaban en el uso de las armas y, al mismo tiempo, se instruían en las leyes de la caballería para convertirse en verdaderos caballeros. Tenían que demostrar que conocían de verdad sus deberes y que estaban preparados para ascender, exactamente igual que los jóvenes guerreros zulúes. Como digo, esto ocurría en siglos pasados. Hoy muchos jóvenes desearían que aún existieran los caballeros de antaño, para poder vivir y llevar a cabo las hazañas que ellos realizaban, y los más pequeños querrían ser sus pajes y escuderos.
Pues bien, los caballeros existen en nuestra época. Los hombres que yo considero los caballeros de antaño son los scouts de hoy: los guardias de las fronteras de nuestro país, los guardabosques, los cazadores, los exploradores, los cartógrafos, los soldados y los marinos, los exploradores del Polo, los misioneros; todos los hombres de nuestra raza que viven en lugares salvajes, que se enfrentan al trabajo y al peligro por cumplir con su deber, que pasan toda clase de penalidades y que, sabiendo cuidar de sí mismos, están a la altura del nombre de patriotas por su valor, su bondad y su justicia en todas las partes del mundo. Esos son los scouts de nuestra nación hoy; esos son los Lobatos.
Pero no podrían cumplir con su deber si no lo hubieran aprendido desde niños.
Cómo pueden los niños aprender a ser scouts
Los niños de todo el mundo tienen la oportunidad de convertirse en scouts siendo antes Lobatos, exactamente igual que en la antigüedad los escuderos aprendían a ser caballeros.
Hoy también los scouts más jóvenes, los Lobatos, igual que los pajes de antaño se preparaban para convertirse en escuderos, pueden aprender a ser scouts cuando tengan edad para ello.

Deberes de los Lobatos
En las dentelladas que siguen os explicaré cómo se aprenden los distintos deberes de un Lobato: hacer nudos, encender hogueras, estar cómodo en el campamento, construir una choza, orientarse en lugares desconocidos, enviar señales a los amigos, ayudar al prójimo y prestar auxilio en caso de accidente.
No importa que seáis ricos o pobres, ni que viváis en el campo o en la ciudad: todo el mundo puede aprender estas cosas y hacerlas como aquí explico.
La Roca del Consejo y los círculos
Cuando la manada se reunía en la selva, Akela, el Viejo Lobo, se ponía de pie sobre una gran roca situada en el centro, con los lobos sentados a su alrededor.
En vuestra Manada podéis marcar la roca con un pequeño círculo de piedras o de estacas, o con tiza.
El Círculo de la Roca mide más o menos tres pasos de diámetro; en el centro se coloca el asta de la bandera o el tótem de la Manada.
Cómo formar el Círculo de Parada
Cuando la Manada está reunida en la Roca del Consejo, el Jefe de Manada da la orden de formar el Círculo de Parada. Cada Lobato coge de la mano a los que tiene a los lados y todos caminan hacia atrás hasta formar un gran círculo.
Este círculo se usa para el Gran Clamor, para las danzas de la selva y para las competiciones.

Llamada de la selva
Esté haciendo lo que esté haciendo, en cuanto un Lobato oye la llamada «¡Manada, Manada, Manada!», corre a ocupar su sitio en el Círculo de Parada alrededor del Jefe de Manada. Si este dice «¡Manada!» una sola vez, significa silencio: todos deben dejar lo que estén haciendo y escuchar.
¡Alerta!
Recordad que, cuando un Lobato recibe la orden de «¡Alerta!», se pone de pie, erguido como un soldado, con los talones juntos, las manos a los lados, el pecho fuera, la cabeza recta y los ojos mirando al frente y a ningún otro sitio.
Cuando os den la orden de «¡Alerta!», no saquéis la barriga ni la metáis; quedaos con los pies juntos y la vista al frente, como soldados.

Cuando se da la orden de descanso, el Lobato debe quedarse con los pies separados y las manos juntas a la espalda, y puede mirar hacia donde quiera.
El Gran Clamor (Gran Aullido)
Hacer el Gran Clamor (Gran Aullido).
Los lobos están sentados alrededor de la Roca del Consejo formando un gran círculo cuando Akela, el Viejo Lobo, jefe de la manada, llega a ocupar su sitio sobre la roca. En ese momento todos echan la cabeza hacia atrás y le dan un grito de bienvenida. Cuando vuestro Viejo Lobo, Akela, es decir, vuestro Jefe de Manada, u otra autoridad llegue a una de vuestras reuniones, debéis saludarlo formando un círculo, exactamente igual que los jóvenes lobos, y dar el Gran Clamor de los Lobatos. Así que formad el círculo inmediatamente (y deprisa: un Lobato nunca camina, siempre corre).
Justo después, sentaos sobre los talones, con las manos tocando el suelo entre los pies y las rodillas hacia fuera.

En esta postura, cuando el Viejo Lobo llega a la manada, los lobeznos echan la cabeza hacia atrás y gritan. Pero su grito significa algo: que lo reciben con alegría y que, al mismo tiempo, están dispuestos a obedecer sus órdenes.
El lema del Lobato en todo momento es: «Siempre lo mejor».
Así que, cuando el Jefe de Manada entre en el círculo, levantad la barbilla y gritad todos a la vez, alargando cada palabra: «¡A-k-e-l-a, h-a-r-e-m-o-s l-o m-e-j-o-r!». La palabra «mejor», viva, fuerte y corta. Al mismo tiempo saltaréis para poneros de pie, llevándoos las dos manos a los lados de la cabeza, con los dedos índice y corazón apuntando hacia arriba como si fueran las orejas de un lobo.

Así se hace. Pero ¿qué significa?
Significa que haréis lo mejor que podáis con las dos manos, no solo con una, como la mayoría de los muchachos, que solo saben usar la derecha. Que lo mejor de vosotros valga el doble que lo mejor de un muchacho corriente.
Seguid con las manos a los lados de la cabeza mientras el lobo llama en voz alta a la Manada diciendo: «Dyb, dyb, dyb, dyb», que significa: «Haced lo mejor».
Después del cuarto «dyb», todos los Lobatos bajan la mano izquierda con elegancia, a lo largo del cuerpo, y mantienen la derecha en posición de saludo, pero ahora con los dedos que apuntan hacia arriba separados, para hacer el saludo, y gritan: «Dob, dob, dob, dob», que quiere decir: «Haremos lo mejor». Después del cuarto «dob», cada Lobato baja rápidamente la mano derecha junto al cuerpo y se queda firme, esperando órdenes.
Ponerse en esta posición significa que están dispuestos a hacer lo mejor con las dos manos, no con una sola, como el muchacho corriente.
Ahora sentaos otra vez sobre los talones y tratad de repetir el Gran Clamor al Viejo Lobo.
Juego: Shere Khan y Mowgli
Papá Lobo, Mamá Loba y los lobos pequeños forman una cadena, uno detrás de otro, con Mowgli, el más pequeño, al final. Cada uno se agarra a la cintura del que tiene delante.
Entonces llega el tigre, el señor Shere Khan, que quiere coger a Mowgli. Pero cada vez que lo intenta, Papá Lobo se interpone y no le deja, y toda la cadena de lobos, bien agarrados unos a otros, trata de defender a Mowgli, que está detrás.
Mowgli lleva un pañuelo colgando por detrás, a modo de cola, metido bajo el jersey. Si Shere Khan consigue quitárselo en tres minutos, gana el juego; si no, ganan los lobos.