Parte III
Objeto y método de la formación
Objeto de la formación de los Lobatos
Al encargarnos de la formación de los Lobatos, nuestro objetivo no es solo ofrecer un pasatiempo agradable a los Jefes de Manada y a los muchachos, sino, sobre todo, hacer más eficaces a los auténticos ciudadanos de nuestro país.

La formación que se ha dado a los muchachos hasta ahora ha demostrado no estar a la altura de lo que exige la época: el dinero que pagan los contribuyentes para educar a los niños y convertirlos en ciudadanos útiles es menor que el que tienen que pagar, por el fracaso de esa educación, para mantener la policía, las cárceles, la beneficencia, etcétera.
Si la formación actual no es tan buena como sería de desear, menos lo será en el futuro, y es precisamente el futuro lo que debe preocuparnos.
Está reconocido que, para formar ciudadanos útiles, la formación del carácter es más importante que la simple instrucción de los libros; y, sin embargo, no existe ningún plan práctico para incluirla en la educación, ni siquiera al mismo nivel que esa simple instrucción.
Se ha definido la eficacia como algo que «puede medirse por la cantidad de vigilancia que necesita un hombre para cumplir con sus obligaciones». Pero esto, por supuesto, solo se aplica a la eficacia moral, cuando la eficacia física tiene el mismo valor para completar la eficacia de un hombre como ciudadano.
La salud física, y cómo desarrollarla, debería formar parte de los conocimientos necesarios en la educación tanto como la parte literaria, científica y técnica. Los miles de horas y los millones de pesos que se pierden cada año por huelgas y paros no son nada comparados con los millones de pesos y de horas que se pierden por una falta de eficacia física que tendría remedio si se atajara a tiempo.
Por tanto, nuestra formación de los Lobatos se dirige a esos dos fines principales que se expusieron al principio de la Segunda Parte.
Se lleva a cabo en la época más importante de la vida del niño, cuando es más moldeable, tanto en el cuerpo como en el espíritu, para recibir una buena orientación.
Con unos cimientos puestos a una edad tan temprana, podemos esperar que lo que se construya después sea más sólido, sobre todo si se tiene en cuenta que forman parte de un sistema progresivo, continuado y mantenido durante toda su formación scout. De este modo, cuando lleguen a la edad del buen juicio, el deporte sano unido al carácter será un hábito de la mayoría, y no el entrenamiento de unos pocos.
Las Manadas de Lobatos se crearon como la rama menor del Movimiento Scout, para dar cabida al deseo de muchísimos muchachos pequeños que todavía no tienen la edad necesaria para ser scouts.
No conviene poner a estos pequeños a realizar las mismas proezas ni a pasar las mismas pruebas que los mayores, y menos en compañía de ellos, porque se esforzarían más de la cuenta tratando de competir con ellos; además, a los muchachos mayores no les gusta mezclarse con los pequeños en sus empresas. Por estos motivos es mejor y más conveniente tenerlos separados.
La formación de los Lobatos es distinta de la de los scouts, pero sirve de escalón hacia ella. El carácter de un muchacho no está firmemente asentado a los 11 o 12 años, y el Jefe de Manada debe tenerlo presente; de lo contrario, defraudará a sus muchachos si no los prepara para continuar en los Scouts. Es posible que un muchacho pierda en poco tiempo mucho de lo bueno que ha ganado como Lobato si esta labor se interrumpe antes de que sepa distinguir con claridad el bien del mal.
Una Manada normal no es una organización independiente, sino parte de un Grupo Scout. El Jefe de Manada debe trabajar en estrecha colaboración con los scouters, los scouts y los rovers. Debe dejar claro a cada muchacho nuevo, y a sus padres, que la Manada es solo la antesala de los Scouts, y mantener siempre ante los ojos de los Lobatos el ideal de llegar a ser un buen scout.
Al frente del Grupo hay un Jefe de Grupo, encargado de supervisar todas sus Secciones, pero que delega las responsabilidades concretas y los detalles de funcionamiento de cada Sección en su responsable. Por tanto, el Jefe de Manada responde ante el Comité de Grupo de la conducta y la administración de la Manada. Forma parte del Consejo de Grupo, compuesto por todos los Jefes con nombramiento que se encargan de desarrollar el programa del Grupo en su conjunto.
La Ley de la Manada y la Promesa son más sencillas que las del scout, porque no sería apropiado pedir a un niño que cargue con deberes y promesas que no entiende ni puede cumplir. Los Jefes de Manada deben, por supuesto, enseñar a cada uno de sus muchachos, de forma sencilla y práctica y después de consultarlo con sus capellanes, lo que significa la promesa de «cumplir sus deberes para con Dios», y darles además toda la instrucción religiosa y moral que consideren necesaria para preparar a un Lobato a convertirse en scout.
Método. Nuestro método de formación consiste en educar de dentro afuera, en vez de instruir de fuera adentro; en ofrecer juegos y actividades que, además de atraer a los muchachos pequeños, los eduquen en serio en lo moral, lo material y lo físico.
Nuestro propósito, como escribió Fisher, es fomentar «no tanto la adquisición de conocimientos como el deseo de adquirirlos».
Dicho de otro modo, el Jefe de Manada debe entusiasmar al muchacho en la dirección correcta. Si actúa según estos principios, le costará mucho menos llegar a la meta y conseguir una Manada de muchachos pulcros, despiertos y capaces.
Este es el medio con el que el maestro moderno logra mejores resultados que el maestro chapado a la antigua: forma un muchacho más eficaz que erudito, con más carácter y menos sabiduría libresca, que es lo que hoy cuenta para tener éxito en la vida.
Eficacia no quiere decir habilidad para ganar dinero, sino inteligencia y capacidad para vivir una vida libre, próspera y feliz.
Predicar «No lo hagas» es incitar al mal. Lo que hay que hacer es infundir el espíritu adecuado: el espíritu es a la acción lo que la pólvora al disparo.
La instrucción moral directa, como el barniz, deja un acabado agradable; pero, si debajo no hay un carácter bien templado, no resistirá la prueba.
Lord Morley dijo: «Los sabios saben bien, y a los necios les cuesta entender, que inculcar directamente la moral es invariablemente un instrumento sin fuerza y un método inútil».
El viejo sabio Platón nos marcó hace mucho el camino en educación, un camino que solo ahora empieza a seguirse, cuando dijo que en todo niño hay un bien innato y que el objeto de la educación debe ser desarrollar ese instinto natural hacia la virtud mediante prácticas adecuadas. No mencionó la lectura ni la aritmética como algo esencial; en cambio, sí habló de ampliar los instintos naturales y el carácter mediante la práctica, y no con meros preceptos.
El niño corriente (si es que existe) no quiere estar sentado sin hacer nada recibiendo instrucción teórica. Lo que quiere es estar haciendo cosas en la práctica, y esa es la palanca esencial que todo maestro tiene a su alcance.
Por tanto, lo primero es estudiar al propio muchacho: saber lo que le gusta y lo que le desagrada, conocer sus buenas y sus malas cualidades, y encauzar su formación en la buena dirección.
La actitud del Jefe de Manada
Hay dos puntos fundamentales en el trato con los Lobatos. El primero es que solo puede esperar tener éxito con ellos quien consiga convertirse en su «hermano mayor». El oficial que da órdenes no sirve, y el maestro de escuela es un completo desastre (aunque ni uno ni otro lo reconozcan ni lo confiesen). Nuestros Jefes de Manada, muchos de los cuales, por cierto, son mujeres, comprueban este hecho a diario.
Por hermano mayor entiendo a alguien capaz de tratar a sus muchachos como un compañero más, que participe en sus juegos y retoce con ellos, y que así se gane su confianza. De ese modo se coloca en la posición esencial para enseñarles con su propio ejemplo y guiarlos con él en la dirección adecuada, en vez de ser un dedo que señala el camino, muchas veces demasiado alto para ellos.
Por favor, no me malinterpretéis ni penséis que pido al Jefe de Manada que sea blando y complaciente. Nada más lejos: el compañerismo necesita firmeza y rectitud si se quieren obtener resultados duraderos.
El modo de ser de los Lobatos
El segundo punto que hay que tener en cuenta, y que es de primera importancia, es que el niño de 7 a 10 años es muy distinto del de 11 a 15. No quiero decir que el cambio se produzca de golpe a los 11 años, sino que los muchachos más pequeños crecen en cuerpo y en inteligencia proporcionalmente más deprisa que los mayores, y que en la mayoría de ellos la transición gradual se produce más o menos a esa edad.
Se puede dar por hecho que los muchachos en la edad de los Lobatos tienen tendencia a mentir, a ser egoístas, a ser crueles, a ser fanfarrones y a ser hipócritas; pero también se puede ver a primera vista que estos rasgos no nacen de la malicia, sino que son el resultado natural de una manera de pensar propia de su edad. Hay que reconocer que, mientras el muchacho mayor, el de edad scout, está lleno de la idea de trabajar en pandilla bajo la dirección de un buen Guía, compitiendo con otras pandillas y, sobre todo, en empresas caballerescas, el más pequeño, que apenas sale de la primera infancia, es más individualista. Es como si estuviera más centrado en sí mismo por el hecho de verse, por primera vez, haciendo cosas él solo: tiene ganas de hacerlo todo sin ayuda, de construir cosas, y en cuanto da un paso adelante en cualquier cosa, está deseando enseñarlo.
Acaba de salir de la edad de los juguetes y todavía vive mucho en el mundo de la fantasía. Por eso se encuentra en la época más moldeable de su vida.
Por ese mismo motivo empiezan a brotar en él muchas semillas del mal, listas para crecer en mala dirección, pero fáciles de controlar y de encauzar hacia el bien.
La cuestión que a muchos nos preocupa es cómo llevar a cabo esta tarea.
Está claro que el Jefe de Manada debe ser rápido en reconocer esos malos instintos allí donde asomen. Lo que suelen hacer los padres, que ya han olvidado su infancia, en los raros casos en que han sido lo bastante listos para reconocer esas tendencias, es tratar de reprimirlas. Pero la represión es lo peor que se puede hacer: es como cortar los brotes y conseguir que salgan por todas partes, y peor que antes. Lo único que consigue es que el niño mienta con más habilidad, que esconda su egoísmo y que ponga un velo más espeso sobre su hipocresía.
Las cualidades que se observan en estas tres etapas pueden resumirse así:
Fases del crecimiento
- De 6 a 8 años: instinto dramático; les gusta fingir.
- De 8 a 11 años: predominio de la individualidad y de la rivalidad.
- De 11 a 15 años: admiración por los héroes y cooperación leal.
| Hasta los 7 años | De 7 a 11 años | Después de los 11 años |
|---|---|---|
| Dramático | Rivalidad personal | Cooperación |
| Ingeniosidad naciente | Individualidad | Ingenio |
| Fingir | Ingeniosidad | Inventiva |
| Cuentos de duendes, etc. | Curiosidad | Juegos con reglas |
| Humor extravagante | Ansia de nuevas experiencias | Juegos de equipo |
| Entusiasmo por los juegos nuevos | Disciplina | |
| Coleccionismo de sellos, recortes, etc. | Admiración por el heroísmo | |
| Retozo | Romance | |
| Inquietud mental | Aventuras | |
| Inquietud física | Actividad | |
| Crueldad | Sensibilidad | |
| Afán de lucirse | Nacimiento de la conciencia | |
| Cuentos de actos de valor | Compasión | |
| Buen humor | ||
| Simpatía |
Los niños pequeños tienden a exagerar y, por eso, a mentir sin mala intención; pero hay que curar esta costumbre en sus primeras fases, antes de que no tenga remedio.
Para quitarles la costumbre de mentir, cuando los pilléis en una mentira, no los riñáis: limitaos a hacerles saber que no os han engañado. A algunos muchachos los vencerá el desprecio, y a otros, sin duda, los curará el ridículo. Cuando vuelvan a intentar mentir, hacedles alguna indicación suave que les muestre que no habéis olvidado la primera mentira; es casi seguro que dará buen resultado.
Pero, al mismo tiempo, tenéis que poner mucho cuidado en no estar recordándoles sus faltas pasadas; al contrario, que vean que confiáis en ellos y que tenéis fe en que superarán esas muestras de debilidad.
El desprendimiento puede enseñarse a los niños de forma práctica, acostumbrándolos a hacerse regalos unos a otros.
Los pequeños, por naturaleza, no pueden estarse quietos ni diez minutos, y mucho menos durante horas, como se les exige en la escuela.
Debéis recordar que padecen «el picor del crecimiento, tanto moral como físico». La mejor medicina es cambiar de actividad, dejarlos salir a correr o ponerlos a bailar una danza guerrera.
En cuanto al deporte, no os conforméis con dejarlos que vayan a su aire, haciendo las cosas como se les ocurra; ayudadlos con vuestros consejos y, si no estáis gordos, también con vuestro ejemplo. Enseñadles a correr, a saltar, a lanzar la pelota, a dar volteretas, a atraparla, etc.
Esto es mejor para los muchachos, en lo físico y en lo mental, que la gimnasia sueca, porque los prepara para lo que tendrán que hacer en sus juegos y tiene el mismo valor para fortalecer sus órganos y sus músculos mediante un proceso natural.
La relación entre el Jefe de Manada y el Lobato se parece al cuidado que la madre loba tiene de sus lobeznos, tal como lo describe W. J. Long en su libro Senderos del norte (Northern Trails), del que pueden sacarse muchas historias encantadoras sobre los lobeznos en la naturaleza para contárselas a nuestros Lobatos en su Cueva.
Sobre la madre loba escribe lo siguiente:
«En las tardes luminosas y en los largos crepúsculos del verano, lleva a sus lobeznos en pequeñas excursiones para que cacen por su cuenta. No los lleva a cazar un gran reno ni una astuta zorra, como podríais suponer, sino más bien ratas y ratones, o como mucho pequeños ciervos, que es el límite de la ambición de la madre para sus pequeños… Es sorprendente lo pronto que los lobeznos aprenden que la caza no se coge como quien coge cerezas, y cambian de estilo: cazan arrastrándose, en vez de hacerlo al descubierto, donde hasta un puercoespín se daría cuenta; se esconden detrás de rocas y arbustos hasta que llega el momento justo y entonces se lanzan de golpe sobre una chocha o algún otro animal parecido.
»Un lobo que no es capaz de coger un saltamontes no tiene derecho a cazar conejos: eso parece ser lo que, sin saberlo, guía a la vieja madre en las tardes de sol, cuando no va a las espesuras donde abunda la caza, sino que lleva a sus lobeznos a las llanuras soleadas, a la orilla de los páramos de los renos.
»Allí se pasan horas enteras cazando escurridizos saltamontes que corren a tontas y a locas sobre la hierba seca. Saltan para atrapar uno al vuelo con las patas, como si fueran gatos, o tiran dentelladas salvajes para cogerlo con el hocico, y vuelven a caer al suelo retorciéndose para no darse de cabeza.
»Y siguen, con expresión alegre y el hocico afilado como un signo de interrogación, buscando más saltamontes.
»Muy poca cosa, y a menudo ridícula, es esta caza de saltamontes».
Por lo menos, así nos lo parece a nosotros, y probablemente también a la vieja y sabia madre, que conoce todas las maneras de cazar, desde los grillos hasta los renos y desde los gorriones hasta los patos salvajes.
Pero el juego es el primer gran educador, y esto es tan cierto en los animales como en las personas. Para los lobeznos, sus carreras a tontas y a locas detrás de los saltamontes hacen la caza de un ciervo tan emocionante y tan llena de sorpresas como seguir sobre la nieve blanda la pista de una cría de lince recién nacida.
Y, aunque no lo sabían, durante aquellas tardes agradables aprendieron muchas cosas que les servirán todos los días de su vida.
Lo mismo pasa con los Lobatos: les enseñamos cosas pequeñas jugando, y algún día les servirán para hacer cosas serias.
El gran principio para llevar una Manada de Lobatos, gracias al cual se los puede atraer y corregir sus defectos, es convertirse en una familia feliz.
Los niños necesitan hacer ruido: dejad que lo hagan. Cuando jueguen, dejad que jueguen con toda el alma. Si el Jefe de Manada tiene sentido común, organizará así su programa.
La risa es esencial, y ya hemos dicho que a los scouts hay que enseñarles a sonreír. Con los Lobatos no basta con una sonrisa: hace falta una buena carcajada. La risa es el antídoto de muchas de sus travesuras, sobre todo en los pequeños; les ayuda a ser buena compañía y a tener amplitud de miras. El muchacho que se ríe mucho miente poco.
Cómo dirigir una Manada
Una vez considerados el carácter del muchacho y el espíritu con el que hay que trabajar con él, que es el primer paso importante para que su formación tenga éxito, permitidme que os dé unas cuantas sugerencias sobre la organización y la formación de la Manada.
Conformaos con empezar con unos pocos muchachos. Existe la tendencia a empezar con una Manada grande, y es un error.
Lo primero que tenéis que hacer es marcar el tono a pequeña escala: tener un puñado de levadura para hacer el pan. E incluso entonces, no tratéis de formar una Manada grande. Por experiencia, estoy convencido de que 18 es el máximo de muchachos que puedo atender personalmente. Teniendo en cuenta que vosotros seréis más capaces que yo, calculo que 24 es el máximo que cualquier persona bien dispuesta puede formar como es debido.
Por supuesto, podréis hacer marchar con facilidad a 120 muchachos, pero eso no es formarlos.
Organización
El sistema de Seisenas. La Tropa Scout se compone de Patrullas, y la Manada, de Seisenas. Una Seisena está formada por 6 muchachos a cargo de un Seisenero, ayudado por un Subseisenero. Estos guías solo deben tener la responsabilidad de guiar y formar, siempre bajo la supervisión del Jefe de Manada. Un Seisenero no es un Guía de Patrulla en pequeño, y no se le debe confiar la formación de la Seisena.
La mayoría de los Jefes de Manada opinan que un Seisenero debe haber obtenido su Segunda Estrella antes de recibir su segunda cinta, y que un Subseisenero debe tener por lo menos la Primera Estrella.
Si se desea, un Seisenero puede recibir el nombre de Primer Seisenero y llevar tres cintas.
Los Jefes de Manada deben tener su Consejo de Manada, o Consejo de la Roca, y una Reunión de Formación de Seiseneros. El Consejo lo forman el Jefe de Manada, el Subjefe, los Seiseneros y, a veces, los Subseiseneros. Es un órgano que se reúne con regularidad, pero sin protocolo, y en sus reuniones se trazan y se discuten los planes de la Manada; además, da al Jefe de Manada la ocasión de corregir y de elogiar a sus guías.
La Reunión de Formación de Seiseneros suele celebrarse a continuación del Consejo de la Roca, y entre las dos duran tres cuartos de hora. En ella se repasan los trabajos ya vistos y se practican otros nuevos. Como la mayoría de los Lobatos tienen una memoria corta y poco fiable, el Jefe de Manada que quiera tener buenos ayudantes, que es lo que en realidad son los Seiseneros, debe darles esa oportunidad.
Reuniones. Las reuniones deben ser lo más frecuentes posible, en días y horas fijos. La puntualidad de los niños debe ser una prueba tanto de su obediencia como de sus ganas de no perderse algo bueno. Vuestra puntualidad es todavía más necesaria.
Preparad de antemano vuestro programa de trabajo. No debe haber pausas para pensar qué se va a hacer a continuación, ni se debe tener a los muchachos ociosos en ningún momento. Que ninguno se quede mirando o esperando su turno. Todos los Lobatos deben estar ocupados todo el tiempo, trabajando o jugando. Recordad que a esa edad la imaginación no puede detenerse mucho tiempo en una misma cosa. Los cambios frecuentes, con variedad y contraste, deben ser la marca de vuestros programas. Jugar es lo más importante en la vida de un niño, así que tened preparados muchos juegos que le satisfagan y le diviertan.
Insistid en la pulcritud y en los detalles pequeños (con elogios, no con castigos): en el vestir, en la limpieza de las botas, en una postura despierta y en la rapidez para saludar.
No hagáis instrucción militar por ningún motivo. La única formación admitida entre los Lobatos es el círculo, y no las filas. El círculo es fácil de formar si los Lobatos se acostumbran desde el principio a acudir a la llamada «¡Manada, Manada, Manada!».
Las reuniones deben empezar y terminar con el Gran Clamor. El programa siguiente es solo un ejemplo de lo que se ha comprobado que da resultado:
- Principio: Gran Clamor.
- 5 minutos: revista del uniforme, etc. Cobro de las cuotas.
- 10 minutos: un juego activo, mental y físico; por ejemplo, carreras de relevos.
- 15 minutos: formación de las Seisenas a cargo de los Seiseneros, bajo la supervisión de los Viejos Lobos.
- 10 minutos: juegos tranquilos.
- 10 minutos: formación impartida directamente por los Viejos Lobos.
- 5 minutos: un juego tranquilo.
- 5 minutos: una historia.
- Fin: alguna ceremonia. Gran Clamor.
Ceremonias. Las dos grandes ceremonias de los Lobatos son la Promesa y el paso a los Scouts. Nunca deben hacerse de cualquier manera. Preparad de antemano un programa de acuerdo con la Sexta y la Décima Dentelladas. El Jefe de Manada puede introducir los cambios que le parezcan adecuados para él y sus Lobatos, siempre que las líneas generales coincidan con las que se describen en esas Dentelladas y que se cuide especialmente que los Lobatos puedan entender las ceremonias. Un programa demasiado complicado suele ser un programa pesado. La sencillez y la solemnidad deben ser las notas principales de las ceremonias de los Lobatos.
Padres. Una gran ayuda para tener éxito es estar en contacto con los padres de vuestros Lobatos, consultar sus opiniones y, sobre todo, interesarlos explicándoles los distintos pasos que vais dando. Debéis visitarlos al menos una vez al año, invitarlos a las fiestas y a los campamentos de la Manada y conseguir que os ayuden en las tareas de los Lobatos en casa.
Registros. Cada Manada debe llevar con cuidado un registro en el que se anote la historia de cada uno de sus miembros como Lobato; aunque sea un simple libro de registro o un simple diario, será interesante leerlo en el futuro. Cada Seisenero puede tener un cuaderno en el que anote la asistencia y las cuotas de sus Lobatos, pero uno de los Viejos Lobos debe revisarlo.
Finanzas. El Jefe de Manada debe procurar que en la Manada se lleven unas cuentas en las que se anoten las cuotas. Los muchachos tendrán derecho a revisarlas. Conviene encargar a alguien de este asunto de forma permanente, en coordinación con las demás Secciones del Grupo. Si se recibe dinero de fuera, debe formarse un comité, probablemente junto con el Grupo, que se encargue de él.
Formación
Contar historias. El Jefe de Manada puede conseguir la atención completa de sus Lobatos en cualquier momento contándoles una historia, y con ella puede inculcarles la lección que quiera. Es una manera de dorar la píldora que nunca falla, siempre que el narrador tenga algunas dotes para ello.
En este arte hay algunos puntos que conviene cuidar. Os recomiendo usar el sentido común y prestar un poco de atención a cómo son los niños. La historia debe contarse con naturalidad, sin afectación y con algo de teatro: la voz chillona de una vieja, la voz llorona de un chacal, la voz insinuante del tigre; moviendo las manos para mostrar cómo se arrastra la serpiente y los puños cuando se trata de una pelea. Pero hay que tener siempre cuidado de no exagerar, para que la atención de los Lobatos no se fije más en los gestos que en vuestras palabras.
Sobre todo, no dejéis que se corte el hilo de la historia en el momento en que todos están deseando oír el desenlace. No hagáis preguntas al público ni permitáis que os las haga a vosotros: llevadlos sin interrupción hasta el suspiro del final, cuando su curiosidad quede satisfecha.
De vez en cuando será buena idea leerles un cuento. Si se hace bien, los Lobatos aprenderán a apreciar el valor de los buenos libros. Pero contarles un cuento siempre es mejor que leérselo.
Teatro. Otra actividad muy popular y de gran valor para la educación del carácter es la representación de obras de teatro.
A veces resulta útil combinarla con las historias que se cuentan. Casi no hace falta que os enumere los distintos aspectos que desarrolla: aprender a expresarse, concentrar el pensamiento, desarrollar la voz, la imaginación, la ternura, el buen humor, la disciplina y el equilibrio, la instrucción moral e histórica, quitarles el engreimiento, y así sucesivamente. El Jefe de Manada lo descubrirá todo por sí mismo en cuanto se dé cuenta de la gran ayuda que son para él las representaciones, y de cómo los Lobatos, metidos en la ficción, le ahorrarán la mitad del esfuerzo. Las charadas y las representaciones improvisadas son tan buenas, a su manera, como las obras más estudiadas y ensayadas.
Juegos. En la Primera Parte, en cada uno de los pasos de la formación, solo he dado uno o dos ejemplos de juegos y prácticas, que de ningún modo deben tomarse como una lista completa; completarla queda en manos del ingenio del Jefe de Manada.
Hay que tener siempre claro que en esa dirección están muchos de los medios que facilitan el éxito, sobre todo si los juegos se enseñan pensando en el beneficio moral y físico que se quiere que obtengan los niños. Se pueden agrupar según un criterio más o menos parecido a este:
- Para la disciplina y la cooperación: juegos de equipo como el béisbol, el fútbol, el baloncesto, el hockey y el voleibol.
- Para concentrar el pensamiento y el esfuerzo: caminar sobre un tablón, atrapar una pelota, las canicas, saltar de piedra en piedra, brincar.
- De observación: el juego de Kim, coleccionar hojas, seguir una pista y rastrear.
- De construcción: hacer volar una cometa, construir maquetas de aviones, maquetas de Seisena.
- Para la destreza de los dedos: nudos, pajaritas de papel, composiciones con recortes (para biombos o álbumes de recuerdos).
- Ejercicios físicos: trepar por un palo, saltar a la pata coja, lanzar una pelota, saltar a la comba, dar volteretas y carreras de relevos de todas clases.
- De vista: objetos colocados cerca y lejos, adivinar cuántos hay, y así sucesivamente.
Cuando los juegos se usan con esta finalidad, para educar a los niños, valen tanto como muchas horas de escuela.
Acantonamientos. Son la ocasión más valiosa para conocer a los Lobatos: en unos pocos días de acantonamiento sabréis más de ellos que en un mes entero de reuniones normales, y además podréis influir en su carácter, su limpieza y su salud de manera que adquieran hábitos duraderos.
Pero no debéis olvidar nunca que el acantonamiento es una de las mayores responsabilidades que puede echarse a la espalda un Jefe de Manada. No es cosa de poca importancia sacar a los niños de su casa y hacerse responsable de ellos todo el tiempo que estén con uno.
Los campamentos no son tan esenciales para los Lobatos como para los scouts. Por tanto, es mejor no intentarlos si no tenéis todos los medios y la experiencia necesarios.
En cualquier caso, es aconsejable que solo llevéis a una parte de la Manada: los niños mayores y más de fiar. El acantonamiento no debe durar mucho. Un acantonamiento largo supone un esfuerzo excesivo para las personas que tienen la responsabilidad, y además, si dura demasiado, mata la ilusión con que lo esperan los muchachos. Una semana es lo máximo, y un fin de semana largo, digamos del viernes por la noche al martes o miércoles por la mañana, es más que suficiente. También es aconsejable no llevar a los Lobatos demasiado lejos de casa. A poca distancia, la aventura es igual de grande para ellos; en cambio, si los alejáis de su casa, tendréis dificultades realmente serias si surge una enfermedad o un accidente.
No llevéis a los Lobatos de acantonamiento vosotros solos. Es posible que os las arregléis para atender un acantonamiento sin ayuda si todo sale bien; pero el éxito y la alegría del acantonamiento pueden resentirse, y si ocurre algo grave os encontraréis en una situación imposible. Un acantonamiento de Lobatos no debe dirigirlo nunca menos de dos personas, y además es imprescindible que haya un adulto por cada 6 Lobatos. Lo ideal, por supuesto, es contar con 3 adultos: uno que se encargue de la dirección general del acantonamiento, otro de la comida y un tercero de las diversiones de los Lobatos.
Los acantonamientos mixtos no están permitidos y son, sin duda, malos desde todos los puntos de vista.
En Vacaciones de Manada y campamentos de Lobatos (Pack Holidays and Cub Camping) encontraréis un libro útil y completo sobre lo que hay que hacer y lo que hay que evitar en un acantonamiento.
Recordad que os hacéis responsables de la seguridad, la comodidad y la salud de vuestros Lobatos, y que no debéis hacerlos víctimas de vuestra inexperiencia. Aprended a cuidar los detalles; no dejéis nada al azar y, en la medida en que sea humanamente posible, preparaos contra los accidentes y los imprevistos. Un buen acantonamiento puede tener un valor incalculable para vuestros Lobatos. Uno malo puede ser un reproche constante para vosotros, para vuestra Manada y, probablemente, para el Movimiento. Es mejor formar a vuestros niños con métodos quizá menos atractivos y más lentos que un acantonamiento que correr el riesgo de hacerles daño.
Por último, no intentéis dirigir un acantonamiento hasta que tengáis experiencia y seáis plenamente conscientes de las dificultades y responsabilidades que supone. Si de alguna manera podéis asistir a un acantonamiento de una Manada bien dirigida, hacedlo antes de organizar uno vosotros mismos.
Sumario
La idea es esta:
- Trabajos manuales: para desarrollar la constancia, el ingenio, etc.
- Estudio de la naturaleza: para desarrollar el espíritu de observación, la religión y la bondad con los animales.
- Juegos: para desarrollar la risa, el buen carácter y el compañerismo.
- Deporte: para aprovechar la competencia individual en el desarrollo físico.
- Juegos de equipo: para desarrollar el desprendimiento, la disciplina y el espíritu de equipo.
Para terminar, permitidme decir que en este esquema que propongo he dejado a propósito muchos detalles sin definir. No es más que un boceto sobre el que cada Jefe de Manada debe construir su propio programa de formación.
Lo esencial es que hagáis vuestros el espíritu y la finalidad que aquí se indican. No quiero que los Jefes de Manada se sientan atados por la tradición, las reglas y el temario.
Su propia experiencia, su imaginación, el recuerdo de su niñez y su simpatía por los niños serán, naturalmente, sus mejores guías. Lo principal es no introducir el escultismo directamente en la formación de los Lobatos: no está pensado para ellos y les quitaría las ganas de pasar al grado superior, el de scout.
Espero, por tanto, que este manual sea útil a los Jefes de Manada, no solo porque les sugiere qué actividades seguir, sino también por qué seguirlas. Espero que les muestre las dificultades con que tropezarán, que al principio les parecerán montañas y más tarde montoncitos de tierra, y que les haga ver que este trabajo es tan fascinante para los Jefes de Manada como valioso para las vidas jóvenes que tienen a su cuidado y para el bienestar futuro de la nación, de la que esos niños serán los ciudadanos del mañana.