Escultismo para muchachos
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Escultismo para muchachos

1. Arte scout

Fogata 1. Trabajos scouts

Me imagino que todo muchacho quiere ayudar a su país de una u otra manera. Un medio fácil de conseguirlo es hacerse scout.

Dos muchachos reman en una canoa por un río del bosque

Como sabéis, se llama scout al soldado elegido por su inteligencia y su valor al que se encarga, en tiempo de guerra, adelantarse al ejército para localizar al enemigo e informar al mando de todo lo que ha sabido ver.

Pero, además de los scouts de guerra, hay también scouts de paz: hombres que en tiempo de paz hacen un trabajo que exige las mismas cualidades. Los tramperos de América del Norte, los colonos de América del Sur, los cazadores de África Central, los descubridores, los pioneros, los exploradores de tierras vírgenes, los misioneros de Asia y de todas las partes del mundo, los hombres de los bosques australianos, los policías montados del noroeste de Canadá y de Sudáfrica, y tantos otros, son scouts de paz. Son hombres en toda la extensión de la palabra, curtidos en las artes del explorador: saben vivir en el monte, son capaces de encontrar siempre su camino y saben descubrir e interpretar rastros y huellas. Saben cuidar de su salud sin recurrir al médico, son fuertes y audaces, están prontos a hacer frente al peligro y siempre dispuestos a ayudarse unos a otros. Están acostumbrados a llevar la vida en sus manos y a entregarla generosamente si el bien de su país exige ese sacrificio.

Unos colonos descargan su equipo junto a una cabaña de troncos, con caballos al fondo
Los colonizadores, cazadores y exploradores de todo el mundo son scouts. Tienen que saber cuidar de sí mismos.

Renuncian a las comodidades para entregarse a su misión, y no lo hacen por diversión, sino para cumplir con un deber hacia su país, sus compatriotas o sus superiores.

Es una vida magnífica, pero no se puede emprender de buenas a primeras: hay que prepararse para ella.

Los que triunfan son los que aprendieron las artes del scout cuando aún eran niños.

El Escultismo es útil en cualquier tipo de vida. Un gran físico afirma que tiene un gran valor para el hombre de ciencia. Un médico eminente señala que un doctor o un cirujano necesita fijarse, como hace un scout, en los pequeños detalles y conocer su significado.

Así que voy a deciros cómo podéis aprender este arte por vosotros mismos y practicarlo sin salir de vuestro país. Es muy fácil de aprender y muy interesante una vez que se empieza. Lo más sencillo es que entréis en una Tropa scout.

Un hombre envuelto en una manta descansa junto a un río
La vida de un guardafrontera es magnífica, pero para vivirla hay que prepararse de antemano para las dificultades que puedan presentarse.

Las aventuras de Kim

En una novela de Kipling titulada Kim puede verse mucho de lo que es un scout. Kim, cuyo verdadero nombre era Kimball O'Hara, era hijo de un sargento de un regimiento irlandés destinado en la India. Se quedó huérfano siendo aún niño, al cuidado de su tía.

Todos sus compañeros de juego eran indígenas, y hablaba la lengua del país mejor que cualquier europeo. Se hizo muy amigo de un viejo faquir que recorría el país y viajó con él por todo el norte de la India. Un día se encontró con el antiguo regimiento de su padre y, al entrar a curiosear en el campamento, despertó sospechas de que fuera un ratero y lo detuvieron. Al registrarlo le encontraron la partida de nacimiento y, cuando supieron quién era, el regimiento lo adoptó y se encargó de su educación. Pero en cada permiso Kim se vestía de indio y se marchaba con los indígenas.

Más tarde conoció a un tal señor Lurgan, comerciante de joyas y antigüedades que, por lo bien que conocía a las gentes del país, colaboraba con el servicio de información.

Al ver que Kim conocía tan bien las cosas y las costumbres de la India, pensó que sería un buen agente de información, una especie de detective entre los indígenas. Así que le dio clases de observación y le hizo ejercitar la memoria para recordar pequeños detalles, cosas muy importantes en la formación de un scout.

La formación de Kim

Lurgan empezó por enseñarle a Kim una bandeja llena de joyas. Se la dejó mirar durante un minuto, luego la tapó con un pañuelo y le preguntó cuántas piedras había visto y de qué clase. Al principio Kim solo recordaba algunas y las describía muy mal, pero tras unos cuantos ejercicios llegó a acordarse muy bien de todas, y también de cualquier otra clase de objetos que le enseñaran.

Al final lo nombraron miembro del Servicio Secreto. Le dieron una señal para que lo reconocieran —un relicario o insignia que debía llevar colgado al cuello— y una frase que, dicha de cierta manera, revelaba que era agente del Servicio.

Kim en el Servicio Secreto

Un día, Kim coincidió en un vagón de tren con un desconocido. Era un indígena con heridas bastante graves en la cabeza y en los brazos. Explicó a los demás viajeros que se había caído del carruaje camino de la estación, pero Kim, como buen scout, se dio cuenta de que las heridas no eran magulladuras, como cabría esperar de una caída, sino cortes limpios. Mientras el hombre se vendaba la cabeza, Kim vio que llevaba una insignia parecida a la suya, y se las arregló para que el otro pudiera ver la que llevaba él.

Enseguida el desconocido deslizó en la conversación algunas palabras secretas, y Kim le respondió con otras. Entonces el hombre se llevó a Kim aparte y le explicó que llevaba un mensaje secreto. Unos enemigos del gobierno lo habían descubierto y habían intentado matarlo. Probablemente sabían que iba en el tren y telegrafiarían a sus cómplices de todas las estaciones del trayecto. Tenía que entregar el mensaje a un oficial de policía sin que los enemigos lo atraparan. A Kim se le ocurrió proponerle un buen disfraz.

En la India hay multitud de santones mendicantes que recorren el país. Van casi desnudos, cubiertos de ceniza y con marcas pintadas en la cara. La gente, que admira su santidad, les da muchas limosnas en dinero o en comida. Kim mezcló harina con ceniza sacada de la pipa de un indígena, desnudó a su amigo y lo embadurnó. Después, con una cajita de pinturas que llevaba encima, le pintó en la frente las marcas apropiadas y le cubrió las heridas con harina y ceniza para que se notaran menos. Le revolvió el pelo para darle el aspecto desaliñado de un mendigo y lo llenó de polvo. Ni su propia madre lo habría reconocido.

Kim embadurna a un hombre semidesnudo sentado en el suelo
Kim disfrazó al hombre de mendigo con una mezcla de harina y ceniza.

Poco después llegaron a una gran estación y vieron en el andén al oficial de policía al que debían entregar el mensaje. El falso mendigo tropezó con él a propósito, y el oficial lo increpó en inglés. El mendigo le respondió con un montón de insultos en su lengua, pero metiendo entre ellos las palabras secretas. El oficial, aunque fingía no entender la lengua del país, lo entendió perfectamente y, por las palabras secretas, supo que se trataba de un agente. Así que hizo como que lo detenía y lo llevó al puesto de policía, donde pudo recibir el informe.

Por último, Kim se hizo amigo de otro miembro del Servicio, un indígena bastante culto, un babu, como los llaman en la India, y le fue muy útil, pues le ayudó a capturar a dos oficiales que estaban espiando.

Merece la pena leer estas y otras aventuras de Kim, porque muestran los servicios que puede prestar a su país un scout bien formado y lo bastante inteligente.

Los muchachos de Mafeking

Pude comprobar lo útiles que pueden ser los muchachos como scouts durante la defensa de Mafeking, en 1899 y 1900.

Mafeking era una pequeña ciudad como cualquier otra, en las grandes llanuras de Sudáfrica. A nadie se le había ocurrido nunca que un enemigo pudiera atacarla, lo que os demuestra que conviene estar preparados para todo lo que sea posible, y no solo para lo que sea probable. Pues bien, cuando nos atacaron en Mafeking, repartimos la guarnición —setecientos hombres entre policías y voluntarios— por los puntos que había que proteger. Después armamos a los hombres de la ciudad, unos trescientos.

Mapa del sur de África con Mafeking, Kimberley, el Transvaal y la provincia del Cabo
He aquí un mapa de Sudáfrica. Si lo examináis con atención, encontraréis Mafeking y otros lugares que se mencionan en este libro.

Algunos eran viejos colonos que supieron estar a la altura de las circunstancias; otros muchos eran dependientes de comercio, oficinistas y gente así, que nunca habían tenido un fusil en las manos. En total, disponíamos de mil hombres para defender una plaza de ocho kilómetros de perímetro, en la que vivían seiscientas mujeres y niños blancos y unos siete mil indígenas.

En semejantes circunstancias, cada hombre tenía un valor inmenso, y a medida que los muertos y los heridos reducían nuestro número, el trabajo de los combatientes y de los que tenían que hacer guardia aumentaba en proporción.

El Cuerpo de Cadetes de Mafeking

Fue entonces cuando Lord Edward Cecil, el oficial de Estado Mayor, reunió a los muchachos de la plaza y los organizó en un cuerpo de cadetes, les dio un uniforme y los instruyó.

Eran una pandilla alegre y muy útil. Hasta entonces habían hecho falta muchos hombres para transmitir órdenes y mensajes, hacer guardias y servir de ordenanzas. Todas esas tareas quedaron en manos de los cadetes, y así quedaron libres otros tantos hombres para reforzar la línea de fuego.

Un cadete de Mafeking saluda a un hombre sentado sobre una caja, con casas y humo al fondo
Los muchachos de Mafeking prestaron un magnífico servicio. Se les organizó en un cuerpo de cadetes, con uniforme, y se les dio instrucción.

Los cadetes, a las órdenes de su sargento mayor, un joven llamado Goodyear, hicieron un trabajo excelente y se ganaron de sobra las medallas que recibieron al terminar la guerra. Muchos tenían bicicleta, y así pudieron organizar un correo que llevaba las cartas de los habitantes de la ciudad a sus familiares destacados en los puestos exteriores, sin que estos tuvieran que exponerse al fuego. Aquel correo tenía sellos especiales, con la imagen de un cadete en bicicleta.

Sello de correos de Mafeking con un cadete en bicicleta y el valor de un penique
Sello postal usado en Mafeking.

Un día le dije a uno de estos muchachos, que acababa de cruzar bajo un fuego muy intenso:

—Uno de estos días te van a matar, por ir pedaleando así entre los obuses.

—Voy tan deprisa que no me pueden alcanzar —me contestó.

Aquellos pícaros no tenían miedo. Siempre estaban dispuestos a llevar órdenes, aunque cada vez que lo hacían se jugaran la vida.

¿Lo haríais vosotros?

¿Haríais vosotros lo mismo? Si un enemigo estuviera disparando de un extremo a otro de la calle y yo os mandara llevar un mensaje a la casa de enfrente, ¿iríais? Estoy seguro de que sí, aunque probablemente no os haría mucha gracia.

Por eso hay que prepararse de antemano. Es como meter la cabeza en agua helada: si os bañáis todos los días, lo hacéis sin pensarlo, porque os habéis acostumbrado; pero decídselo a alguien que no esté habituado, y dudará. Del mismo modo, un muchacho que tenga la costumbre de obedecer enseguida, cueste lo que cueste, irá cuando le pidáis cualquier cosa en una situación real, por grande que sea el peligro. Otro que no sepa obedecer temblará, y hasta dejará que sus amigos lo llamen cobarde.

No hace falta esperar a una guerra para ser un scout útil. Hay muchísimas cosas que hacer en tiempo de paz, vayáis donde vayáis.

Fogata 2. Lo que hacen los scouts

Estas son las materias que tenéis que conocer para ser buenos scouts.

Vida al aire libre

Acampar es lo más alegre de la vida de un scout. Vivir al aire libre en la naturaleza que Dios nos ha dado, en los montes y entre los árboles, los pájaros, los animales, el mar y los ríos —es decir, vivir en contacto con la naturaleza, con una tienda de campaña por casa, cocinando nuestra propia comida y explorando—, trae consigo salud y felicidad, dos cosas que no se encuentran entre paredes de ladrillo y el humo de las ciudades.

Un scout cocina junto a una tienda de campaña entre los árboles

Hacer excursiones adentrándose cada vez más en el campo, explorando cada día lugares nuevos, es una aventura gloriosa. Además, así se adquiere tanta fuerza y tanta resistencia que pronto dejan de importar el viento y la lluvia, el frío y el calor.

Todo se acepta como viene, con una sensación de confianza que permite afrontar sonriendo cualquier dificultad, porque uno sabe que al final saldrá adelante.

Por supuesto, para disfrutar de un campamento o de una excursión, hay que saber hacerlo bien.

Hay que saber por uno mismo cómo montar una tienda o una cabaña, cómo encender una fogata, cómo cocinar la propia comida, cómo atar troncos para construir un puente o una balsa, cómo orientarse de noche igual que de día en un lugar desconocido, y otras muchas cosas.

Muy pocas personas aprenden estas cosas viviendo en lugares civilizados, donde tienen una casa cómoda y una cama blanda en la que dormir, donde les preparan la comida y donde, si quieren encontrar el camino, les basta con preguntar a un policía. Pues bien, cuando esas personas intentan hacer Escultismo o explorar, se ven incapaces.

Incluso vuestro ídolo deportivo, si lo ponéis en la selva junto a alguien experto en la vida de campamento y que sepa cuidar de sí mismo, verá que sus marcas como bateador no le sirven allí de nada: no será más que un pie tierno.

Conocimiento de la naturaleza

La manera de conocer a los animales es seguir sus huellas y acercarse a ellos arrastrándose para observarlos en su estado natural y estudiar sus costumbres.

El deporte de la caza consiste en el arte de acechar a los animales, no en matarlos. Ningún scout mata por gusto a un animal; si lo hace, es para conseguir alimento o porque el animal es dañino. Quien observa con constancia a los animales en libertad acaba encariñándose tanto con ellos que es incapaz de matarlos.

Este conocimiento incluye, además de saber ver las huellas y otras pequeñas señales, la capacidad de interpretar lo que significan: por ejemplo, a qué paso camina un animal, si va asustado o tranquilo, y así sucesivamente. Permite al cazador orientarse en la selva o en el desierto. Le enseña qué frutos silvestres y qué raíces pueden servirle de alimento, y cuál es la comida favorita de los animales, que por tanto puede servir para atraerlos.

Del mismo modo, en los lugares habitados permite leer las huellas de personas, caballos, bicicletas y coches, y deducir de ellas lo que está pasando.

Se aprende a sacar conclusiones de pequeños detalles, como el vuelo repentino de un pájaro, que indica que alguien se acerca aunque uno no pueda verlo. Fijándose en el comportamiento y la ropa de la gente, y atando cabos, a veces uno puede darse cuenta de que traman algo malo. O puede deducir que están afligidos y necesitan ayuda o comprensión, y entonces podéis cumplir con el deber principal de un scout: ayudar lo mejor posible a quien está en apuros.

Recordad que es una vergüenza para un scout que, estando entre otras personas, ellas vean antes que él cualquier cosa, grande o pequeña, cercana o lejana, alta o baja.

Caballerosidad

En la antigüedad, los caballeros eran verdaderos scouts, y su código se parecía mucho a la Ley Scout que tenemos hoy.

Jamás hacían nada deshonroso, como mentir o robar. Antes preferían morir. Siempre estaban dispuestos a defender a su rey, su religión y su honor.

Un caballero a caballo lucha con su lanza contra un dragón

Cada caballero tenía un pequeño séquito formado por un escudero y varios hombres de armas, exactamente igual que nuestro Guía de Patrulla tiene a su Subguía (o ayudante) y a cuatro o cinco scouts.

El código de los caballeros

El séquito de los caballeros seguía este código contra viento y marea, y todos pensaban igual que su jefe:

  • Su honor era sagrado.
  • Eran leales a Dios, a su rey y a su patria.
  • Eran especialmente corteses y delicados con las mujeres y los niños, y ahorraban su dinero.
  • Se entrenaban en el uso de las armas para poder defender su religión y su patria de sus enemigos.
  • Se mantenían fuertes, sanos y activos para poder hacer bien todo esto.

Vosotros, scouts, no podéis hacer nada mejor que seguir el ejemplo de los caballeros. Algo muy importante de ellos es que cada día prestaban un servicio a alguien, y esa es hoy una de nuestras reglas.

Cuando os levantéis por la mañana, recordad que tenéis que hacer una buena acción a lo largo del día. Haced un nudo en vuestra pañoleta o en vuestra corbata para acordaros.

Si alguna vez veis que se os ha olvidado hacer la buena acción del día, haced dos al día siguiente. Recordad que, por vuestra Promesa Scout, os habéis comprometido por vuestro honor a hacerla. Pero no penséis que los scouts solo deben hacer una buena acción al día: su obligación es hacer una, pero si pueden hacer cincuenta, mucho mejor. La buena acción puede ser muy pequeña: echar una moneda en una hucha para los pobres, ayudar a una anciana a cruzar la calle, ceder el asiento a otra persona, dar agua a un caballo sediento o quitar de la acera una piel de plátano. Hay que hacer una todos los días, y solo vale si no se acepta nada a cambio.

Un scout le da algo a dos niños pequeños

Salvamento de vidas

El hombre que salva la vida de un semejante, como puede hacerlo cualquiera en uno de esos accidentes imprevistos que ocurren en las grandes ciudades, en las minas, en las fábricas y, en general, en la vida diaria, es tan héroe como el soldado que, en lo más duro del combate, corre a rescatar a un compañero caído.

Miles de scouts han ganado medallas por salvar vidas, y espero que muchos más sigan ganándolas.

Seguro que muchos de vosotros tendréis alguna vez la ocasión de salvar una vida, pero tenéis que ESTAR SIEMPRE LISTOS para ello. Tenéis que saber qué hacer cuando ocurre el accidente y hacerlo en el acto. No basta con leerlo en un libro y creer que ya se sabe. Hay que practicarlo a menudo y repetir lo que haya que hacer: por ejemplo, taparse la boca y la nariz con un pañuelo mojado para poder respirar entre el humo; rasgar una sábana en tiras para hacer una cuerda con la que escapar de un incendio; ventilar una alcantarilla llena de gas; levantar y transportar a una persona inconsciente; salvar y reanimar a una persona que parece ahogada, y así sucesivamente.

Cuando hayáis aprendido todo esto, tendréis confianza en vosotros mismos, y si ocurre un accidente, mientras todos están alterados sin saber qué hacer, vosotros podréis intervenir con calma y hacer lo que convenga.

Fortaleza

Para cumplir con todos los deberes y tareas de un scout hay que ser fuerte, sano y activo. Cualquiera puede conseguirlo con un poco de cuidado.

Hace falta bastante ejercicio: participar en juegos, correr, caminar, montar en bicicleta y cosas por el estilo.

Un scout deberá dormir al aire libre siempre que pueda. Un muchacho acostumbrado a dormir con las ventanas cerradas se resfriará la primera vez que intente dormir al raso. Por eso lo que hay que hacer es dormir siempre con las ventanas abiertas, en verano y en invierno. Así no hay peligro de constiparse. Yo, personalmente, no puedo dormir con las ventanas cerradas o con las persianas bajadas, y cuando vivo en el campo duermo fuera de casa.

Un poco de ejercicio por la mañana y por la noche ayuda mucho a mantenerse en forma, no solo para lucir músculos, sino para que los órganos internos trabajen y la sangre circule bien por todo el cuerpo.

Todo verdadero scout se bañará a diario. Y si no puede bañarse, por lo menos se frotará con una toalla mojada.

Los scouts respiran por la nariz y no por la boca. Así evitan la sed y quedarse sin aliento con facilidad, no respiran toda clase de gérmenes del aire y no roncan por la noche.

Respirar hondo es muy útil para desarrollar los pulmones y llevar aire fresco (oxígeno) a la sangre, siempre que el ejercicio se haga al aire libre y sin excesos. Para respirar hondo hay que tomar aire despacio y por la nariz, no por la boca, hasta que el pecho se expanda todo lo posible. Después se suelta el aire lentamente, de forma uniforme y sin esfuerzo. Pero la mejor respiración profunda es la que se consigue de forma natural: corriendo.

Patriotismo

Mi país y el vuestro no surgieron de la nada. Los construyeron, con duro trabajo y esfuerzo, hombres y mujeres que a veces llegaron a sacrificar su vida; es decir, con un patriotismo de corazón.

En todo lo que hagáis, pensad antes que nada en vuestra patria. No gastéis todo vuestro tiempo y vuestro dinero solo en divertiros; pensad primero cómo podéis emplearlos en bien de todos. Cuando lo hayáis hecho, podréis divertiros a vuestra manera, con todo derecho y con la conciencia tranquila.

Quizá no veáis cómo un muchacho puede ser útil a su país, pero si se hace scout y cumple la Ley Scout, cualquiera puede serlo.

«Mi patria antes que yo»: ese debe ser vuestro propósito. Si os examináis con sinceridad, tal vez descubráis que ahora mismo estáis haciendo justo lo contrario. Pero espero que, si es así, os corrijáis de inmediato y sigáis así en adelante. No os conforméis, como los romanos y como hoy algunos otros pueblos, con pagar a otros para que jueguen por vosotros o libren vuestras batallas. Haced algo vosotros mismos para que vuestra bandera siga ondeando.

Dos scouts suben una cuesta cargando con su equipo y con una canoa
Los scouts aprenden a fortalecerse al aire libre. Como los exploradores, cargan con su propio equipaje y «reman su propia canoa».

Si os tomáis el Escultismo con este espíritu, estaréis haciendo algo que merece la pena. No lo hagáis solo porque es divertido, sino porque así os preparáis para ser buenos ciudadanos, no solo en beneficio de vuestro país, sino del mundo entero. Entonces habréis adquirido el verdadero espíritu patriótico que debe tener toda persona que valga algo.

El crimen de Elsdon

(La siguiente historia, verdadera en lo esencial, ilustra de forma general los deberes de un scout).

Hace muchos años se cometió un asesinato brutal en el norte de Inglaterra. El asesino fue capturado, condenado y ahorcado, sobre todo gracias al arte scout de un pastorcillo.

Conocimiento de la naturaleza. El muchacho, Roberto Hindmarsh, había estado cuidando sus ovejas y volvía a casa por un sendero de montaña, lejos del camino, cuando se cruzó con un vagabundo que estaba sentado en el suelo, con las piernas estiradas, comiendo.

Observación. Al pasar, el muchacho se fijó en el aspecto del vagabundo y, sobre todo, en unos clavos dispuestos de una forma peculiar en las suelas de sus botas.

Discreción. No se paró a mirar: solo de pasada, de un vistazo, captó los detalles y siguió su camino sin llamar la atención del hombre, que lo tomó por un muchacho cualquiera.

Un muchacho pasa junto a un vagabundo que come sentado al pie de un muro de piedra
Roberto Hindmarsh, el muchacho, se fijó en el aspecto del vagabundo sin llamar su atención.

Deducción. Cuando el muchacho estaba ya cerca de su casa, a unas cinco o seis millas (unos ocho o diez kilómetros) de allí, se encontró con una multitud que rodeaba una cabaña. La anciana Margarita Crozier, que vivía en ella, había aparecido asesinada. Se hacían toda clase de conjeturas sobre quién podía haber cometido el crimen, y las sospechas recaían en una pequeña banda de tres o cuatro vagabundos que merodeaban por la comarca robando y amenazando de muerte a quien se atreviera a denunciarlos.

El muchacho lo oyó todo y se fijó en unas huellas de pisadas peculiares que había en el jardín, alrededor de la cabaña. Las marcas de los clavos eran iguales a las que había visto en las botas del vagabundo con el que se había cruzado, y, como es natural, dedujo que aquel hombre tenía algo que ver con el asesinato.

Caballerosidad. Que la víctima fuera una mujer indefensa despertó en el muchacho sentimientos de caballerosidad contra el asesino, quienquiera que fuese.

Decisión y autodisciplina. Así que, aun sabiendo que los compinches del asesino podían matarlo por denunciarlo, dejó a un lado sus temores y fue enseguida a contar a las autoridades lo de las huellas del jardín, y les dijo dónde podían encontrar al hombre que las había dejado si se daban prisa.

Salud y fuerza. El hombre al que había visto comiendo estaba ya bastante lejos del lugar del crimen y nadie lo había visto, salvo aquel muchacho. Por eso se creía a salvo, sin imaginar que el chico fuera capaz de caminar hasta el lugar del asesinato y volver después, como hizo, acompañado de la policía. Por eso no tomó ninguna precaución.

Pero el muchacho era fuerte, uno de esos chicos sanos de la montaña, y pudo hacer el camino deprisa y bien, de modo que encontraron al hombre y lo capturaron sin dificultad. Era Guillermo Winter, un gitano.

Lo juzgaron, lo declararon culpable y lo ahorcaron en Newcastle. Después trajeron su cuerpo y lo colgaron de un poste cerca del lugar del crimen, como era costumbre en aquella época.

Dos de los gitanos, sus cómplices, fueron capturados con parte de lo robado y también los ajusticiaron en Newcastle.

Bondad. Pero cuando el muchacho vio el cuerpo del asesino colgado del poste, sintió una gran tristeza por haber causado la muerte de un semejante.

Salvamento de vidas. Sin embargo, el magistrado lo mandó llamar y lo felicitó por el buen servicio que había prestado a sus conciudadanos, pues al librar al mundo de un criminal tan peligroso había salvado otras vidas.

Deber. Le dijo:

—Has cumplido con tu deber, aunque te pusiera en peligro y te causara mucho dolor. Pero eso no debe preocuparte. Era tu deber ayudar a la policía a hacer justicia, y el deber debe cumplirse por encima de todo y sin tener en cuenta las consecuencias, aunque cueste la propia vida.

Ejemplo. Así fue como aquel muchacho cumplió con cada una de las partes del deber de un scout.

Puso en práctica el conocimiento de la naturaleza, la observación sin ser visto, la deducción, la caballerosidad, el sentido del deber, la resistencia y la bondad.

No pensó que lo que había hecho, por propia voluntad, se contaría años después como ejemplo de cumplimiento del deber.

Del mismo modo, vosotros debéis recordar que otras personas pueden observar vuestros actos y tomarlos también como ejemplo. Así que cumplid con vuestro deber, pronto y en cualquier ocasión.