3. Vida de campamento
Fogata 8. Exploración
Los exploradores son hombres que van en vanguardia abriendo camino en la espesura, o en cualquier otro lugar, para los que vienen detrás.

Cuando estuve de servicio en la costa occidental de África, tenía a mis órdenes a un buen número de scouts nativos. Como todos los scouts, intentábamos ser útiles de todas las formas posibles al grueso del ejército que venía detrás. No solo vigilábamos al enemigo y sus movimientos, sino que también hacíamos lo que podíamos por mejorar los caminos por los que tenía que pasar nuestro ejército, porque muchas veces no había más que una senda estrecha a través de la selva o de los pantanos. Así fue como nos convertimos en exploradores además de scouts.
Durante la marcha construimos cerca de doscientos puentes sobre otros tantos arroyos, atando troncos unos con otros. Cuando empecé esta tarea tan importante con mis scouts, descubrí que solo uno de cada mil hombres sabía usar un hacha para talar árboles y que, salvo una compañía de unos sesenta hombres, los demás no sabían hacer un nudo, ni siquiera mal hecho.
Salvar vidas con nudos
Cuando llegué a Canadá, hace algunos años, acababa de ocurrir una tragedia en las cataratas del Niágara. Era pleno invierno. Tres personas —un hombre, su mujer y un muchacho de diecisiete años— cruzaban a pie un puente de hielo que se había formado sobre el río cuando, de repente, el hielo empezó a ceder y se rompió en parte. El hombre y su mujer se encontraron de pronto sobre un bloque de hielo que flotaba y se iba alejando poco a poco de la masa principal, y el muchacho, sobre otro.
A su alrededor, el agua estaba cubierta de bloques de hielo que giraban y chocaban entre sí, de modo que era imposible nadar, y tampoco habría sido posible acercarles un bote, aunque lo hubiera habido. Así que los tres estaban a merced de la corriente, mansa en aquel punto, pero que lenta y seguramente los arrastraba río abajo hacia los terribles rápidos que había a una milla (unos 1.600 metros) de allí.
La gente de la orilla veía el peligro en que se encontraban, pero, aunque se juntaron miles de personas, nadie parecía dar con la manera de salvarlos. La corriente tenía que hacerlos pasar bajo dos puentes que cruzaban el río antes de los rápidos.
Los pobres náufragos flotaron en esa dirección durante una hora. Desde los puentes, que se alzaban a ciento setenta pies (unos 52 metros) sobre el agua, se habían descolgado cuerdas para que pudieran agarrarse a ellas al pasar.
El muchacho consiguió agarrarse a una, y unas manos bondadosas empezaron a izarlo; pero, cuando ya estaba a cierta altura, el pobre no pudo sostenerse más, cayó a la corriente helada y no se le volvió a ver.
El hombre del otro témpano también logró coger una cuerda e intentó atarla alrededor de su mujer, que se estaba desmayando, para que al menos ella pudiera salvarse. Pero allí la corriente era muy fuerte y él tenía las manos entumecidas, así que no fue capaz de anudar la cuerda; se le escapó de las manos y, unos segundos después, él y su mujer acabaron con sus penas en las aguas turbulentas de los rápidos.
¿Qué habríais hecho vosotros?
Es fácil pasarse de listo cuando las cosas ya han ocurrido, pero esta desgracia merece una reflexión. ¿Qué habríais hecho si hubierais estado allí? Porque el deber de un scout es pensar un plan y ponerlo en práctica en ocasiones como esta.
Un Jefe de Tropa canadiense me contó que, poco después del accidente, viajaba en tren y oyó a otros pasajeros hablar de ello. No sabían que él tenía relación con los scouts, y uno de ellos dijo: «Pues yo creo que, si hubiera habido allí un boy scout, habría encontrado la manera de salvar a esa pobre gente».
La gente suele pensar: «¿De qué sirve aprender cosas tan simples como hacer nudos?». Pues en aquel caso ese conocimiento habría podido salvar tres vidas.
Las cuerdas que se bajaron desde los puentes deberían haber tenido un par de lazadas en el extremo, para que las personas a las que se intentaba salvar pudieran pasárselas alrededor del cuerpo o meter por ellas las piernas y los brazos. Pero las cuerdas no tenían ninguna lazada, y los náufragos no sabían hacer esa clase de nudos, así que no pudieron salvarse.
Nudos útiles
Todo scout debe saber hacer nudos.
Hacer un nudo parece algo sencillo y, sin embargo, se puede hacer bien o mal, así que los scouts deben conocer la forma correcta de hacerlo. Una vida puede depender de un nudo bien hecho.
Un nudo bien hecho es el que aguanta cualquier esfuerzo y, sin embargo, se deshace con facilidad. Un nudo mal hecho es el que se suelta cuando tiene que resistir un tirón y que, cuando se intenta deshacer, está tan apretado que no hay manera de soltarlo.
Estos son algunos nudos útiles y para qué sirve cada uno:
- Nudo de rizo: para atar vendas y cuerdas.
- Vuelta de escota: para unir dos cuerdas del mismo o de distinto grosor.
- Nudo de pescador: para unir dos cuerdas mojadas o resbaladizas.
- Ballestrinque: para atar una cuerda a un mástil en trabajos de exploración.
- Cote doble o vuelta de braza: para atar una cuerda a un poste.
- Nudo de leñador: para asegurar el extremo de una cuerda a un mástil o a un tronco.
- As de guía: hace una gaza que no se corre. Sirve para socorrer a alguien.
- Nudo corredizo: se puede acortar o agrandar a voluntad.
- Ballestrinque doble: se usa en lugar del ballestrinque y para los vientos de las tiendas.
- Nudo de margarita: para acortar una cuerda o para tensar una que esté floja.
- Arnés de hombre: hace una gaza para arrastrar.
- Silla de bombero: tiene dos gazas para bajar a personas.










Amarres
- Amarre cuadrado: se empieza con un ballestrinque. Se dan las vueltas principales y luego unas vueltas de ajuste en ángulo recto con ellas. Se termina con un ballestrinque.
- Amarre diagonal: se empieza con un nudo de leñador alrededor de los dos postes. Se dan vueltas alrededor y luego otras de ajuste. Se termina con un ballestrinque.
- Amarre redondo: se hace un ballestrinque alrededor de uno de los postes, se dan unas vueltas alrededor de los dos postes, se aprieta y se termina con un ballestrinque.



Piñas o remates
- Remate en punta: evita que la cuerda se deshilache. Se destuercen los cordones del extremo y se entrelazan formando una corona. Luego se pasa cada cordón por encima del que tiene al lado y por debajo del siguiente, metiéndolo en el cuerpo de la cuerda. Se repite tres veces.

Empalmes
- Empalme corto: une dos cuerdas. Se destuercen los extremos de las dos cuerdas, se juntan y se entrelazan sus cordones. Se pasa cada cordón por encima del que tiene al lado y por debajo del que le corresponde en el cuerpo de la otra cuerda. Se repite.
- Empalme de ojo: forma una gaza permanente en el extremo de una cuerda. Se destuerce la punta de la cuerda y se forma una gaza de buen tamaño. Se pasa cada cordón, por turno, por debajo del que le corresponde en el cuerpo de la cuerda, y se sigue como en el remate en punta, repitiéndolo tres veces.

La mejor manera de aprender a hacer nudos es que te los enseñe alguien que sepa. Hay que practicar mucho, porque si no se olvidan enseguida. Usad trozos de cuerda o de cabo, y no cordelitos ni cordones de zapatos. Los que acabamos de ver son algunos de los nudos que todo scout debe conocer y usar cuando ata un cordel o una cuerda.
Para que el extremo de una cuerda no se deshilache, hay que hacerle un ligado especial, que consiste en enrollar varias veces un trozo de bramante alrededor de la punta de manera que no se vean los cabos del bramante. Hay varias formas de hacerlo. Esta es fácil y eficaz: se coloca a lo largo del extremo de la cuerda un trozo de bramante doblado en forma de lazada. Después se da vueltas con el cabo más largo del bramante, una y otra vez, alrededor de la cuerda, hasta llegar a medio centímetro de la punta, y se pasa por la lazada. Entonces se tira con fuerza del otro cabo, pero sin dar tirones para que no se rompa: así se arrastra el cabo largo por debajo de las vueltas hasta que queda oculta al menos la mitad. Por último, se corta lo que sobre de las dos puntas.

En el oeste de África no teníamos cuerdas, así que nos valíamos de enredaderas resistentes y de mimbres finos o ramas largas y flexibles, que hacíamos todavía más manejables pisando un extremo y retorciendo el otro con la mano todo lo posible. Con el sauce y el avellano se hacen buenos mimbres. Con estos materiales no se pueden hacer todos los nudos que se hacen con una cuerda, pero, en general, sí se puede hacer un nudo de leñador.
Construcción de chozas
Para vivir con comodidad en el campamento, un scout debe saber construirse un refugio de vivac donde pasar la noche, o una choza si va a acampar durante mucho tiempo. El tipo de refugio dependerá del lugar y del tiempo que haga.
Fijaos en la dirección en que suele soplar el viento y colocad el refugio con la entrada justo en el lado contrario y el fuego delante. Si acampáis en un bosque y tenéis permiso para usar los árboles, podéis construir varios tipos de refugio.
El refugio de vivac es la choza más sencilla, y se levanta rápidamente. Se construye clavando bien en el suelo dos ramas gruesas terminadas en horquilla, sobre las que se apoya otra rama a modo de caballete. Contra este se inclina una serie de palos con ramas atravesadas, paralelas al suelo, que sirven de soporte a la paja, las palmas o cualquier otro material que se use para cubrirlo. Todo el armazón debe quedar perpendicular a la dirección del viento.

Si el refugio es para una sola persona, puede ser muy pequeño: un metro de alto en la parte delantera, otro de ancho y dos de largo. El fuego debe hacerse a un metro veinte por delante, y hay que tumbarse a lo largo del armazón.
Si es para más de una persona, hay que hacerlo de dos metros de alto en la parte delantera por dos de ancho, de manera que varias personas puedan tumbarse a lo largo, una junto a otra, con los pies hacia el fuego.
Cómo cubrir la choza
Hay que empezar a cubrir el armazón por abajo, con capas superpuestas, igual que se colocan las tejas de un tejado, para que no entre el agua. Para cubrirlo se pueden usar ramas de árboles de hoja perenne, hierba, juncos, tepes, corteza de árbol, tablas o tejamaniles y ramitas, o brezo bien entretejido.
En general, conviene poner encima de la cubierta terminada unas ramas o palos gruesos que la sujeten por si se levanta un viento fuerte.
Si se quiere construir una choza completa, puede hacerse con una vertiente a cada lado, apoyadas las dos en el caballete. Pero una sola vertiente, con la hoguera delante, es más que suficiente para casi todo el mundo.
Otras chozas
Otra manera de construir una choza es apoyar un palo de dos metros en la horquilla de un árbol pequeño que esté a metro y medio del suelo, colocar después palos laterales contra él y cubrirlo todo igual que el refugio de una vertiente, pero cuidando siempre de que la entrada quede de espaldas al viento.

Cuando no hay palos, se puede hacer lo mismo que los nativos del sur de África: amontonar maleza, brezo o algo parecido para formar un muro semicircular que proteja del viento, y encender la hoguera en la abertura.

Los zulúes construyen sus chozas clavando en el suelo, en semicírculo, una serie de varas largas que doblan hacia el centro, donde atan todas las puntas. Después entretejen entre ellas, en horizontal, juncos suficientes para formar una especie de jaula redonda, que cubren de abajo arriba con capas superpuestas de paja bien sujetas al armazón. A veces dejan un agujero arriba, en el centro, que hace de chimenea.

Los pieles rojas construyen su tipi atando varios palos largos en forma de pirámide y cubriéndolos con trozos de tela o de piel cosidos entre sí.
Si la tienda o la choza da demasiado calor al sol, hay que poner sobre el techo unas mantas o capas de paja más gruesas. Cuanto más grueso sea el techo, más fresco estará el refugio en verano. Si la choza es muy fría, engrosad las paredes por la parte de abajo o levantad por fuera, alrededor de la base, un murete de tepes de unos treinta centímetros de alto.
No olvidéis nunca cavar una zanja alrededor de la choza para que no se inunde si llueve con fuerza durante la noche.
El hacha
Un hombre de los bosques tiene que saber usar muy bien el hacha. Para manejarla con soltura hay que empezar por aprender cómo se usa y después practicar mucho.
Solo los malos operarios se quejan de la herramienta; así que, antes de empezar a trabajar, hay que asegurarse de que el hacha está en buen estado.
Vuestra hacha debe ser de leñador, con una cabeza de casi kilo y medio. Aseguraos de que el mango sea perfectamente recto y esté alineado con la cabeza y el filo. Para comprobarlo, mirad a lo largo del mango con el filo hacia arriba. Si el filo no está en línea recta con el mango, los cortes saldrán defectuosos.
Cómo afilar el hacha
Hay que comprobar que el hacha tenga de verdad buen filo, y no solo un filo pasable. Un hacha mellada sirve para derribar un árbol tan poco como una navaja sin filo para sacar punta a un lápiz. Así que hay que aprender a afilar el hacha en una piedra de amolar mientras se está en la civilización, donde hay piedras de esas y gente que puede enseñarte a hacerlo.

En la India, cuando cazábamos jabalíes con lanza, nos parecía imprescindible tener las lanzas tan afiladas como una navaja de afeitar. Cada vez que matábamos un jabalí, volvíamos a afilar las puntas para estar listos para el siguiente. Como no podíamos llevar piedras de amolar, llevábamos unas limas finas con las que podíamos afilarlas.
Muchos hombres de los bosques veteranos llevan limas así para mantener afiladas sus hachas. Entre ellos hay un dicho: al mejor amigo se le puede prestar el último dólar, pero el hacha nunca, a no ser que estés seguro de que es un buen leñador y no le mellará el filo.
Cómo cuidar el hacha
Solo un tonto va dando hachazos por todas partes: a los árboles, a las raíces, a las ramas caídas en el suelo. Así no solo estropea árboles valiosos, sino que, cada vez que golpea la tierra o las piedras, mella el filo. Y cuando se cansa, tira el hacha en cualquier sitio, donde alguien que pase descalzo por la noche puede cortarse un pie.
Cuando no uséis el hacha, clavadla en un tocón y dejadla allí hasta que volváis a necesitarla, o hacedle una funda de madera, o guardadla en su funda de cuero.
Uso del hacha
Al usar el hacha, el Pie Tierno suele intentar compensar su mala puntería dando golpes más fuertes. Si lo ve alguien que sabe, no podrá evitar sonreír y pensar en el dolor de espalda que le espera, igual que el que tuvo él la primera vez que usó un hacha.
No hay que dar los golpes con demasiada fuerza. Lo importante es apuntar bien, para que caigan exactamente donde uno quiere. El balanceo del hacha y su propio peso harán el resto. Dad los golpes en diagonal, no de frente.
Un buen leñador usa la mano izquierda con la misma habilidad que la derecha, y eso se consigue con un poco de práctica.
Tala de árboles
Cuando se trata de talar un árbol con algún fin útil, lo primero que hay que hacer es conseguir el permiso necesario.
Para empezar, hay que quitar las ramas que estorben el balanceo del hacha y que podrían echar a perder vuestra puntería. Quitad también las zarzas y otras cosas que puedan desviar el golpe en el momento crítico. Haced que los que os miran se mantengan bien apartados de vosotros.
Para talar un árbol se quita un trozo del lado hacia el que se quiere que caiga y después se hace otro corte en el lado opuesto. Preparad bien vuestro plan, de modo que el árbol caiga en una dirección en la que no haya otros árboles que le estorben o que lo retengan con sus ramas.
Empezad el primer corte haciendo dos marcas, la de arriba separada de la de abajo una distancia igual al grosor del árbol. Luego dad, alternativamente, un golpe horizontal en la marca inferior y otro en diagonal hacia abajo desde la superior, y sacad el trozo que queda entre los dos. Seguid así hasta llegar al centro del árbol.
Entonces id al lado opuesto y haced allí otro corte, unos diez centímetros más arriba que el anterior.

Sacad buenas tajadas en cada golpe; no os conforméis con astillas, que solo le harán ver a quien pase por allí que ha estado trabajando un pie tierno. Todo depende de la buena puntería. Cuando el árbol cae, hay que tener cuidado con el extremo inferior del tronco, el que queda entre los dos cortes, porque muchas veces salta hacia atrás. Por eso no hay que ponerse nunca justo detrás del árbol. Varios pies tiernos han muerto por esta imprudencia. Cuando el tronco cruja y el árbol empiece a inclinarse, moveos hacia delante y a la vez hacia un lado, alejándoos del extremo del tronco.
Desramado y corte de leña
Una vez que el árbol ha caído, hay que desramarlo, es decir, quitarle todas las ramas para dejar el tronco limpio. Se trabaja desde la base hacia la copa. Cortad cada rama desde abajo y lo más cerca posible del tronco.
Después, el tronco se corta en trozos, y a eso se le llama hacer leña. Se corta de fuera hacia dentro, hasta la mitad del grosor. Luego se le da la vuelta al tronco y se hace lo mismo por el lado opuesto, hasta que el trozo se separa.
Construcción de puentes
Un puente sencillo puede construirse con dos caballetes. Todos los amarres son cuadrados, excepto el del centro de los palos cruzados.


Como ya os he contado, en el país de los ashanti mil scouts, que hacían a la vez de exploradores, tuvieron también que construir cerca de doscientos puentes, y hacerlo con el primer material que tenían a mano.
Hay muchas maneras de construir puentes. Los puentes de los exploradores se hacen, por lo general, uniendo palos con amarres.
En la India, en el Himalaya, los nativos construyen puentes con tres cuerdas tendidas de una orilla a otra del río y unidas de trecho en trecho por palos en forma de V, de modo que una cuerda sirve de paso y las otras dos de barandillas, una a cada lado. Estos puentes se mueven un poco, pero aun así se puede pasar por ellos y son fáciles de construir.


La manera más sencilla de tender un puente sobre un arroyo estrecho y hondo es derribar un árbol para que quede atravesado sobre él, o dos o tres si hace falta. Después, con una hachuela, se puede aplanar la cara de arriba. Si además se le pone un pasamanos, se tiene un puente magnífico.

También se pueden usar balsas para cruzar ríos. Se pueden construir dentro del agua, si el río no es muy profundo, o fuera de ella en caso contrario. Cuando la balsa está terminada, se sujeta por uno de sus extremos río abajo y se empuja el otro, dejando que la corriente la coloque en posición.

Medidas personales
Todo explorador debe conocer con exactitud sus propias medidas en los puntos siguientes. Os doy las medidas medias de un hombre:
- De la uña al nudillo del pulgar, o el ancho de ese mismo dedo: dos centímetros y medio.
- La distancia entre las puntas del pulgar y del índice, con la mano abierta: veinte centímetros.
- La distancia entre las puntas del pulgar y del meñique: veintidós centímetros y medio.
- La distancia entre la muñeca y el codo (que es también la longitud de vuestro pie): veinticinco centímetros.
- Del codo a la punta del índice: treinta y dos centímetros y medio.
- Con los brazos extendidos, la distancia de la punta del dedo corazón de una mano a la de la otra, medida que se llama «braza», es casi igual a vuestra estatura.
- El pulso normal es de setenta y cinco pulsaciones por minuto. Cada pulsación dura algo menos de un segundo.
- Paso: el paso mide setenta y cinco centímetros. Doscientos pasos son ciento cincuenta metros. Andando deprisa, se recorren cien metros en un minuto y seis kilómetros en una hora.
Cálculo de distancias
Todo scout debe ser capaz de calcular distancias, desde un centímetro hasta un kilómetro o más. Si recordáis con precisión vuestras propias medidas, os ayudarán a medir otras cosas. También es útil hacer muescas en el bordón cada centímetro y cada diez centímetros, hasta llegar al metro.
En una excursión, las distancias se calculan por el tiempo que se lleva andando y la velocidad a la que se ha ido. Por ejemplo, si se ha caminado durante hora y media, se puede calcular que se han recorrido unos nueve kilómetros.
La distancia también se puede calcular por el sonido. Si se ve el fogonazo de un cañón disparado a lo lejos y se cuentan los segundos que pasan hasta que se oye la explosión, se puede saber a qué distancia está uno del cañón. El sonido viaja a trescientas sesenta y cinco yardas por segundo, tantas yardas como días tiene el año; en metros son unos trescientos treinta y cuatro.
Comprobad los datos siguientes con vuestra propia observación. A cincuenta metros se ven con claridad la boca y los ojos de una persona. A cien metros, los ojos parecen puntos. A doscientos metros todavía se distinguen los botones y otros detalles del uniforme. A cuatrocientos metros se ve el movimiento de las piernas. A quinientos metros se distingue el color del uniforme.
Para calcular distancias mayores, escoged un punto intermedio, calculad a qué distancia está y luego doblad la cifra. Otra forma de hacerlo es estimar la mayor distancia a la que puede estar el objeto y la menor, y quedarse con la media.
Los objetos parecen estar más cerca de lo que en realidad están cuando les da la luz de lleno, cuando se ven a través de la lluvia o de la nieve y cuando se miran cuesta abajo, o cuesta arriba en una colina. Parecen estar más lejos cuando están en la sombra, cuando se ven al otro lado de un valle, cuando el fondo es del mismo color que ellos, cuando el que los observa está tumbado o de rodillas y cuando hay espejismo.
Distancia a través de un río
Para calcular la anchura de un río, escoged en la orilla opuesta un objeto X, como un árbol o una roca, que quede enfrente del punto A en el que estáis vosotros. Caminad unos noventa metros en ángulo recto con la línea AX; a los sesenta metros, clavad una estaca o poned una piedra (B). Al terminar el recorrido, es decir, treinta metros más allá de B, en el punto C, girad a la derecha en ángulo recto y caminad tierra adentro contando los pasos hasta que la estaca y el árbol queden en línea. El número de pasos será igual a la mitad de la distancia entre A y X.

Cálculo de alturas
Un scout también debe saber calcular alturas, desde unos centímetros hasta cientos de metros. Debería ser capaz de estimar la altura de una cerca, la profundidad de una zanja, la altura de un terraplén, de una casa, de un árbol, de una torre, de un carro o de una montaña. Es fácil cuando se ha cogido práctica a base de probar muchas veces, pero es muy difícil enseñarlo en un libro.
Para averiguar la altura de un objeto, como una casa o un árbol, alejaos de él nueve metros y clavad allí el bordón, dejando a otro scout para que lo sostenga en vertical. Después caminad un metro más, hasta completar diez. En ese punto, poned el ojo a ras de suelo y mirad hacia la copa del árbol mientras el otro scout desliza la mano arriba y abajo por el bordón, hasta que vuestro ojo, su mano y la copa del árbol queden en la misma línea. Medid en el bordón la distancia, en decímetros, del suelo a la mano: esa cifra, en metros, será la altura del árbol.

Pesos y números
También deberíais saber calcular pesos: el de una carta, un pescado, un saco de salvado o un hombre, juzgando por su aspecto. Vuelvo a repetir que estas cosas solo se aprenden con la práctica.
Aprended también a calcular cantidades, a decir a simple vista, aproximadamente, cuántas personas hay en un grupo, en un autobús o en una multitud, cuántas ovejas hay en un rebaño, cuántas canicas en una bandeja, y cosas por el estilo. Podéis practicar en cualquier momento, en la calle y en el campo.
Prácticas de exploración por patrullas
Practicad la ejecución de nudos en el menor tiempo posible mediante competiciones por parejas. La pareja que pierda competirá con otra, y así hasta encontrar la más lenta. De este modo, que sirve para practicar cualquier materia scout, los peores son los que más practican, y la competencia por no quedar los últimos es tanta o mayor que la de ser los mejores y ganar un premio.
Las competiciones de nudos a oscuras son muy divertidas. El Guía nombra el nudo que hay que hacer y apaga las luces durante unos segundos. También se puede hacer con los ojos vendados, y así no hace falta apagar la luz.
Construid maquetas de puentes con vuestros bordones, atándolos unos a otros con cuerdas o cables.

Juegos
Paso scout
El juez coloca a tres personas o grupos en distintos lugares, formando un semicírculo, a una distancia de entre trescientos y mil doscientos metros del punto de partida. Cada grupo va vestido de manera diferente o lleva algo que lo distinga de los demás y de la gente entre la que esté mezclado, por ejemplo, un bastón, un paquete o un periódico. También puede estar con una rodilla en tierra o en alguna otra postura que lo distinga de las personas que lo rodean. El juez marca un recorrido circular de medio kilómetro en el que estén señalados los tres puntos y, si es posible, algunos obstáculos que haya que saltar.
Los participantes salen hacia el punto número 1, donde el juez les indica en qué dirección deben buscar los grupos que tienen que observar. Al ver cada grupo, cada participante escribe un informe con estos datos:
- Cuántas personas hay en el grupo.
- Cómo van vestidas o cómo se las puede identificar.
- Su posición respecto a algún punto de referencia.
- A qué distancia calcula que estaban del observador.
Hecho esto, corre al punto siguiente y hace lo mismo con ese grupo, y así sucesivamente, hasta llegar a la meta, donde entrega su informe.
Puntuación. Se dan cinco puntos por la descripción correcta y completa de cada grupo, es decir, quince puntos en total. Se resta un punto por cada cinco segundos de retraso respecto al primero en llegar. También se restan puntos o medios puntos por las omisiones o errores del informe.