Escultismo para muchachos
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Escultismo para muchachos

5. Conocimiento de la naturaleza

Fogata 14. Acecho

Cuando se quiere observar a los animales salvajes, hay que acecharlos, es decir, acercarse a ellos arrastrándose sin que te vean ni te huelan.

Paisaje de rocas y matorrales

El cazador se mantiene perfectamente oculto cuando intenta acechar animales salvajes. Lo mismo hace el explorador en la guerra cuando observa o vigila al enemigo. Un policía no intenta atrapar a los rateros plantándose delante de ellos con su uniforme, sino que se viste como cualquier otra persona y, de vez en cuando, mira en el cristal de un escaparate, que refleja como un espejo lo que pasa a su espalda.

Si una persona culpable sabe que la observan, se pone en guardia, y una persona inocente se siente incómoda. Por eso, cuando observéis a alguien, no lo miréis descaradamente; captad los detalles que queráis con una o dos miradas. Si queréis estudiarlo mejor, caminad detrás de él: se aprende tanto de la espalda como de la cara, si no más. Y si no es un Scout que mire constantemente a su alrededor, no se dará cuenta de que lo estáis observando.

Los exploradores de guerra y los cazadores siempre hacen dos cosas para que no los vean.

Una, procurar que su ropa sea del mismo color que el terreno, los árboles o los edificios que tienen detrás.

La otra, si el enemigo o un ciervo miran en su dirección, quedarse completamente quietos hasta que aparten la vista.

Así, un Scout consigue a menudo pasar inadvertido, incluso en campo abierto.

Escoger el fondo

Al escoger el fondo ante el que vais a moveros, tened en cuenta el color de vuestra ropa. Si vais vestidos de caqui, no os pongáis delante de una pared blanca ni de unos arbustos oscuros: id a donde haya arena de color caqui, o colocaos detrás de hierba seca o de unas rocas, y quedaos inmóviles. Así al enemigo le resultará muy difícil reconoceros, aunque esté cerca.

Si vuestra ropa es oscura, poneos entre arbustos oscuros o a la sombra de los árboles o de las rocas, pero cuidad de que el terreno que tenéis detrás también sea oscuro. Si el fondo de detrás de los árboles donde estáis es claro, vuestra silueta destacará con toda claridad.

Cuando uséis una colina como observatorio, tened cuidado de no plantaros en la cima recortados contra el cielo, que es el disparate que suelen cometer los pies tiernos.

Movimientos lentos

Es muy instructivo ver cómo un explorador zulú utiliza la cima de una montaña o de un promontorio como observatorio. Se arrastra a gatas, lo más pegado al suelo posible, entre la hierba. Al llegar arriba, levanta la cabeza muy despacio, centímetro a centímetro, hasta que domina el paisaje. Si ve al enemigo a lo lejos, se queda observándolo lo mejor que puede; y si cree que lo están viendo, mantiene la cabeza inmóvil un buen rato, con la esperanza de que lo confundan con un tocón o una piedra. Si no lo han descubierto, baja la cabeza poco a poco, centímetro a centímetro, hasta tocar la hierba, y entonces se desliza hacia atrás. Un movimiento rápido o brusco recortado contra el cielo llama fácilmente la atención, incluso a mucha distancia.

De noche, quedaos en terreno bajo, en zanjas, etc., de manera que estéis a oscuras, mientras que el enemigo que se os acerque será visible, porque su silueta se dibujará sobre el cielo estrellado.

Una vez, agazapado bien abajo a la sombra de un arbusto, dejé que un explorador enemigo se acercara a menos de un metro de mí, de modo que, cuando me dio la espalda, pude levantarme y agarrarlo.

Un muchacho acecha tumbado entre la hierba, pero con el trasero levantado
Tomasito, el Pie Tierno, no se da cuenta de que, cuando se está al acecho, el verdadero peligro es asomar el trasero.

Caminar en silencio

Otra cosa que hay que recordar para no ser descubierto al caminar, sobre todo de noche, es hacerlo en silencio. El golpe del talón de un hombre corriente contra el suelo se oye desde muy lejos. El Scout y el cazador pisan con suavidad sobre la parte delantera del pie, nunca sobre los talones. Hay que practicarlo cada vez que se camina, de día o de noche, bajo techo o al aire libre, hasta que se convierta en costumbre. A medida que la adquiráis, notaréis que podéis andar distancias cada vez más largas y que no os cansaréis tan pronto como quienes apoyan todo el pie, que es como camina la mayoría de la gente.

Mantenerse de cara al viento

Recordad siempre que, para acechar a un animal salvaje, o simplemente para ser un buen Scout, nunca hay que colocarse de modo que el viento lleve vuestro olor hacia lo que acecháis, aunque el viento sea muy suave.

Antes de empezar a acechar al enemigo, aseguraos de qué lado sopla el viento y avanzad contra él. Para saberlo, mojaos todo el pulgar con la lengua, levantadlo y notad por qué lado sentís más frío. O podéis echar al aire un poco de polvo fino, hierba seca u hojas y ver hacia dónde caen.

El uso del disfraz

Los exploradores pieles rojas, cuando querían reconocer el campamento enemigo, se ataban una piel de lobo a la espalda y se acercaban de noche a gatas, imitando el aullido de ese animal. Y cuando tenían que observar desde un lugar donde su cabeza podía recortarse contra el cielo, se ponían un gorro hecho con piel de lobo, con las orejas del animal en su sitio, para que su cabeza pudiera confundirse con la de un lobo.

En Australia, los indígenas acechan a los emús —unas aves muy grandes, parecidas a los avestruces— cubriéndose con la piel de uno de ellos y caminando encorvados, con un brazo levantado que imita el cuello y la cabeza del animal.

Un hombre cubierto con una piel de emú se acerca a un grupo de emús
El indígena australiano acecha al emú cubriéndose con la piel de uno de ellos. Lleva un bumerán en la mano y una lanza entre los dedos de los pies.

Los Scouts, cuando quieren observar desde la hierba, se atan a la cabeza con una cinta un manojo de hierba, de modo que una parte quede de pie y otra les cuelgue sobre la frente; así su cabeza se vuelve invisible. Cuando observan desde detrás de una piedra o de un promontorio, no lo hacen por encima, sino por un lado.

Prácticas de acecho por Patrulla

Demostrad lo útil que es adaptar el color de la ropa al del fondo: enviad a un muchacho a unos quinientos metros para que se coloque delante de distintos fondos hasta encontrar uno parecido a su ropa. El resto de la Patrulla observará y tomará nota de cómo se vuelve invisible cuando escoge el fondo adecuado. Un muchacho vestido de gris se verá mucho si se pone delante de unos arbustos oscuros, pero bastante menos si se coloca delante de una roca de su mismo color o de una casa. Un muchacho vestido de oscuro se ve mucho en un prado verde, pero no delante de una puerta abierta, sobre el fondo oscuro del interior.

Demostrad también el efecto del movimiento. Colocad a varios Scouts medio escondidos entre los arbustos y mostrad lo difícil que es encontrarlos mientras se quedan quietos.

Practicad cómo cambiar rápidamente de escondite y cómo arrastrarse por zanjas, detrás de unas lomas y de un arbusto a otro.

Practicad el acecho al atardecer. Algunos de los juegos que se proponen pueden jugarse en la penumbra del crepúsculo o en la oscuridad. No empecéis a practicar en una noche muy oscura.

Juegos de acecho

La caza del Scout

Se da a un Scout tiempo para esconderse y luego los demás salen a buscarlo. Gana él si no lo encuentran o si consigue volver al punto de partida sin que lo toquen.

Llevar un mensaje

Se encarga a un Scout que lleve una nota a cierto lugar o casa, a cierta distancia, en un tiempo determinado. A otros Scouts, que hacen de «enemigos», se les avisa de que no deben dejar que ningún mensaje llegue a ese lugar; para ello se esconderán en distintos sitios desde donde puedan capturar al mensajero. Para dar al mensajero por capturado, tienen que tocarlo dos Scouts antes de que llegue a su destino.

Acecho del ciervo

El Guía de Patrulla hace de ciervo. No debe esconderse, sino quedarse de pie, y si quiere puede moverse de vez en cuando.

Los Scouts de su Patrulla intentan encontrarlo, y cada uno, a su manera, hace lo posible por llegar hasta él sin que lo vea.

En cuanto el Guía descubre a uno de sus perseguidores, lo llama por su nombre y lo deja fuera del juego por haber sido descubierto. Al cabo de un tiempo, el Guía grita: «¡Alto!», y todos se ponen de pie. Gana el que esté más cerca del Guía.

Este mismo juego sirve para practicar el andar sin hacer ruido, vendándole los ojos al juez. Es mejor hacerlo en un lugar donde haya ramas u hojas secas o grava. El Scout puede empezar el acecho a unos cien metros del Scout vendado y hacerlo deprisa, en minuto y medio, por ejemplo, hasta tocarlo sin que lo oiga.

Asalto a la bandera

Se ponen una o dos Patrullas en cada bando.

Cada bando forma un puesto avanzado dentro de una zona determinada en la que tiene que defender tres banderas (si se juega de noche, en lugar de banderas se usan tres linternas colocadas a sesenta centímetros del suelo), plantadas a no menos de doscientos metros (de noche, cien metros). El puesto que las defiende tendrá a sus Scouts escondidos, todos juntos o repartidos por parejas. Luego enviará a algunos Scouts a recoger información sobre el enemigo y sus posiciones; una vez conseguida, estos se acercarán arrastrándose y ocultándose hasta hacerse con las banderas y llevarlas a su puesto. Un Scout no puede capturar más de una bandera.

En el puesto de defensa se reparten, por lo general, tres parejas de Scouts y el Guía de Patrulla para proteger las banderas.

El Scout que sea descubierto en un radio de cincuenta metros de uno de los puestos queda fuera del juego; si no, sigue en él.

Los Scouts que hacen de centinelas no pueden salir de su terreno, pero cuentan doble, y pueden enviar mensajeros sueltos a sus vecinos o a sus propios Scouts.

Debe haber un juez en cada puesto y con cada patrulla de reconocimiento. A la hora fijada, todos se reunirán en un lugar señalado de antemano para entregar sus informes. Los puntos pueden darse así:

  • Por cada bandera o linterna capturada: 5 puntos.
  • Por cada informe o plano de la posición enemiga: 5 puntos.
  • Por cada informe de los movimientos de las patrullas de reconocimiento: 2 puntos.

Gana el bando que sume más puntos.

Nota: En juegos como este, que suelen llamarse «juegos amplios» porque se juegan al aire libre, a veces hace falta algún sistema para «matar» o capturar. Puede servir un ovillo de lana de distinto color para cada bando, o una tira de gasa de dos centímetros y medio de ancho: se anuda un trozo en el brazo, entre el codo y el hombro, de modo que se vea y se le pueda arrancar con facilidad al «muerto» o «capturado». Cuando se rompe, su dueño acude al juez para que le dé otra «vida» y pueda seguir disfrutando del juego. Es muy importante que tanto el más pequeño de los Scouts como el mayor tengan las mismas oportunidades de jugar durante todo el juego.

Emboscadas

Se divide la Tropa en dos grupos. Uno sale antes y se esconde entre la maleza, etc., a la orilla del camino. El otro sale después y, sin salirse del camino, va nombrando a los Scouts del primero que consiga ver. Pueden ir tan lejos como quieran, turnándose para esconderse y para buscar.

Dos scouts se arrastran pegados al suelo por una ladera
Practicad estas maneras de acechar. Manteneos lo más pegados al suelo que podáis.

La primera vez que se juegue se dará bastante tiempo a los que van a esconderse, pero después ya podrán hacerlo mucho más deprisa. Siempre hay que dar ocasión para que, cuando uno se aparte del juego, el resto del grupo pueda esconderse rápidamente, de modo que cuando vuelva hayan desaparecido como por arte de magia. Esto siempre resulta divertido.

Acechar para informar

El juez se coloca en un lugar despejado y manda a los Scouts, solos o por parejas, alejarse kilómetro y medio en distintas direcciones. Cuando agita una bandera, es la señal para que se oculten y empiecen a acecharlo, arrastrándose y observando todos sus movimientos. Cuando vuelve a agitar la bandera, se levantan y se acercan a informar, de palabra o por escrito, según se les haya indicado.

Mientras tanto, el juez ha estado mirando en todas direcciones y, cada vez que ve a un Scout, le quita dos puntos. Pero también ha hecho algunas cosas para que los Scouts las observen e informen de ellas, como sentarse, arrodillarse, mirar con prismáticos, usar el pañuelo, quitarse el sombrero un rato, dar varias vueltas en círculo y cosas por el estilo. Se dan tres puntos por cada acción descrita con exactitud.

El juez ahorrará tiempo si prepara de antemano una tarjeta con el nombre de cada Scout y tantas columnas como acciones vaya a hacer, más una para anotar los puntos que tenga que restar a cada uno por haberse dejado ver.

Un scout se arrastra por la hierba hacia unos ciervos que pastan en una loma
Hace falta mucho tiempo y paciencia para acechar a los animales salvajes de modo que se puedan observar sus costumbres sin espantarlos.

La araña y la mosca

Se escoge un trozo de campo o una zona de la ciudad de un kilómetro cuadrado que sirva de telaraña, se marcan bien sus límites y se fija cuánto durará el juego.

Una Patrulla o media Patrulla hace de «araña» y se va a esconder donde quiera. La otra Patrulla o media Patrulla, que hace de «mosca», sale un cuarto de hora después en busca de la «araña». Pueden dispersarse como mejor les parezca, pero deben informar a su jefe de todo lo que descubran.

Cada grupo va acompañado de un juez.

Si en el tiempo señalado, por ejemplo una o dos horas, la mosca no ha descubierto a la araña, gana la araña. Las «arañas» anotan los nombres de las «moscas» que consigan ver y, del mismo modo, las «moscas» anotan las «arañas» que descubran y el lugar donde estaban escondidas.

Fogata 15. Animales

En muchas partes del mundo, los exploradores usan las llamadas de los animales y de los pájaros para comunicarse entre sí, sobre todo de noche, en la maleza espesa o con niebla. Pero conocer esas llamadas también es muy útil cuando se quieren observar sus costumbres. Se puede empezar llamando a las gallinas o hablando a los perros en su propio lenguaje, y pronto descubriréis que sabéis imitar el gruñido furioso o lastimero del perro. Los búhos, las palomas y los chorlitos son fáciles de llamar.

En la India he conocido tribus de gitanos que se alimentaban de chacales, uno de los animales más desconfiados que existen. Es dificilísimo cogerlo con trampas, pero estos gitanos los cazan atrayéndolos de esta manera.

Varios hombres se esconden con sus perros entre la hierba o la maleza, alrededor de un pequeño claro. En el centro, uno de los gitanos imita el aullido con que se llaman los chacales. Va subiendo la fuerza de la llamada hasta que parece una manada entera aullando y, al final, hace como si se atacaran unos a otros con violencia, gruñendo y chillando.

Al mismo tiempo, sacude un manojo de ramas con hojas secas, que hace el mismo ruido que los animales al correr entre la hierba y las raíces. Después se tira al suelo y levanta mucho polvo, hasta quedar cubierto por él, sin dejar de gruñir y de pelear.

Un hombre tendido entre la hierba agita unas ramas, mientras otros esperan escondidos
En la India cazan los chacales de una forma peculiar. Un hombre imita la llamada de una manada de chacales y agita un manojo de hojas secas…

Si por los alrededores hay algún chacal que oiga el alboroto, vendrá corriendo a tomar parte en la pelea; al encontrarse a un hombre en medio de la polvareda, saldrá huyendo, pero para entonces ya han soltado a los perros, que pronto lo atrapan y lo matan.

Un chacal llega corriendo hacia una nube de polvo
…después se tira al suelo y levanta una polvareda. El chacal acude corriendo para unirse a la pelea y enseguida lo atrapan.

Caza mayor

William Long, en su interesante libro Las bestias del campo (Beasts of the Field), cuenta cómo atrajo una vez a un alce con su llamada. El alce es una especie de ciervo, pero muy grande, con una enorme nariz arqueada. Vive en los bosques del norte de Estados Unidos y de Canadá; es muy difícil acercarse a él y es muy peligroso cuando está enfadado.

Long estaba pescando en una canoa cuando oyó la llamada de un alce en el bosque. Por divertirse, se le ocurrió desembarcar, cortar un trozo de corteza de abedul y enrollarlo para hacer una especie de bocina de unos veinticinco centímetros de largo, quince de ancho en la boca más ancha y cinco en la más estrecha. Con ella se puso a imitar el bramido del alce. El efecto fue tremendo. Un alce viejo se le vino encima destrozando todo lo que encontraba a su paso, e incluso se metió en el agua para intentar alcanzar a Long, que solo pudo salvarse remando con todas sus fuerzas.

Uno de los grandes deportes es la caza mayor, es decir, la de elefantes, leones, rinocerontes, jabalíes, ciervos y animales de ese tipo. Pero hay que ser muy buen Scout para tener éxito en ella.

Tiene mucha emoción, pero también mucho peligro. En ella se usa todo lo que os he contado sobre observación, acecho y ocultación, y además hay que saberlo todo sobre los animales, sus hábitos y sus costumbres.

He dicho que la «caza», o el «ir tras» la caza mayor, es un gran deporte, pero no he dicho que lo sea disparar o matar las piezas, porque cuanto más estudia uno a los animales, más cariño les coge. Pronto se da cuenta de que ya no le apetece matarlos por matarlos.

Además, cuanto más se los observa, más se admira la obra maravillosa de Dios en su creación.

La vida aventurera de la caza

Toda la gracia de la caza está en la vida de aventura en la selva: en la posibilidad, que siempre existe, de que sea el animal quien intente cazarte a ti en lugar de tú a él; en el interés del rastreo y del acecho; en ver qué hacen los animales y cuáles son sus hábitos, y en aprender todo lo relacionado con ellos. El mero hecho de dispararles es solo una mínima parte de la diversión.

«Disparar» con la cámara

Ningún Scout debe matar nunca a un animal sin una razón suficiente; y si tiene que hacerlo, debe hacerlo deprisa y de la forma más eficaz, para causarle el menor sufrimiento posible.

De hecho, muchos cazadores de hoy prefieren «dispararles» con la cámara y no con el rifle, porque se obtienen los mismos resultados interesantes, salvo cuando el cazador y sus ayudantes indígenas tienen hambre; en ese caso, por supuesto, hay que matar los animales que hagan falta.

Mi hermano fue un gran cazador en el este de África y practicó mucho este deporte con la cámara: vivía en la selva, rastreaba, acechaba y, al final, fotografiaba elefantes, rinocerontes y otros animales grandes.

Un día había conseguido arrastrarse hasta muy cerca de un elefante y estaba colocando y enfocando la cámara para fotografiarlo cuando su criado indígena le gritó: «¡Cuidado, señor!», y echó a correr. Mi hermano se volvió y se encontró con un elefante enorme que venía hacia él; disparó la cámara y echó a correr también. El elefante llegó hasta la cámara y, al parecer, dándose cuenta de que no era más que una cámara inofensiva, se detuvo y, como riéndose de su propio enfado, se volvió cabeceando y se internó de nuevo en la selva.

Un elefante sale de la espesura detrás de un hombre que se agacha con su cámara
Cuando intentéis «disparar» con la cámara a la caza mayor, debéis tener ojos en la nuca; si no, la caza puede sorprenderos.

El libro de Schilling Con flash y rifle en África (With Flashlight and Rifle) es una interesantísima colección de fotografías de animales salvajes, la mayoría tomadas de noche con magnesio, que encendían los propios animales al tropezar con unos alambres colocados estratégicamente para cerrar el contacto. Así consiguió Schilling espléndidas fotografías de leones, hienas, antílopes de todas clases, cebras y otras fieras. Hay una magnífica de un león en el aire, saltando sobre un antílope.

Jabalíes y panteras

El jabalí es, en realidad, el más valiente de los animales. Él es el verdadero «rey de la selva», y todos los demás animales lo saben. Si observáis de noche una charca de la selva adonde los animales van a beber, veréis que se acercan nerviosos, arrastrándose y mirando en todas direcciones por si hay enemigos al acecho. Pero si el que llega es un jabalí, se acercará despreocupado, balanceando de un lado a otro su gran cabeza con sus colmillos relucientes. No teme a nadie, y todos lo temen a él. Hasta el tigre, si está bebiendo en la charca, soltará un gruñido y se alejará deprisa.

Un jabalí derriba de una embestida a un caballo y a su jinete

Muchas veces me he agazapado en la selva, en noches de luna, para observar a los animales, sobre todo a los jabalíes.

También he cazado y criado un jabalí pequeño y una pequeña pantera, y me parecieron muy divertidos e interesantes. El jabalí vivía en mi jardín. Nunca llegó a estar del todo domesticado, aunque lo cogí muy pequeño. Venía cuando lo llamaba, pero con mucha cautela. Nunca obedecía a un extraño, y si se acercaba un indígena, se le echaba encima e intentaba desgarrarlo con sus pequeños colmillos.

Solía entrenar los colmillos dando vueltas a toda velocidad alrededor de un tronco del jardín. Llegaba galopando hasta él y se ponía a girar a su alrededor trazando un ocho durante cinco minutos seguidos; luego se dejaba caer a su lado, jadeando por el esfuerzo.

Mi pantera también era un animal precioso y de lo más juguetón, que solía acompañarme como si fuera un perro. Pero no era nada de fiar con los extraños.

Un cachorro de pantera sentado
Una pantera pequeña puede ser una mascota preciosa y de lo más juguetona.

Creo que uno llega a conocer y a entender mejor a los animales si primero los tiene como mascotas para observarlos y después los estudia en su vida natural y salvaje.

El estudio de los animales en casa

Pero, antes de estudiar a los animales grandes en la selva, hay que estudiar en casa tanto a los domésticos como a los salvajes.

El Scout debe saberlo todo sobre los animales domésticos que ve a diario. Y si vive en el campo, debe saber cómo se limpia a un caballo, cómo se le da de comer y de beber, cómo se le pone y se le quita el arnés, cómo se le lleva a la cuadra y cómo se nota que cojea y no debe trabajar.

Vuestro perro

Un buen perro es el mejor compañero de un Scout, y nadie debe considerarse un verdadero Scout hasta que haya enseñado a un perro a hacer todo lo que él quiera. Esto exige mucha paciencia, mucha bondad y verdadero afecto por el perro. A menudo se usan perros para buscar a personas perdidas y para llevar mensajes.

El perro es el más humano de todos los animales y, por eso, el mejor compañero del hombre. Siempre es educado y siempre está dispuesto a jugar; es alegre, leal y cariñoso.

Dónde estudiar a los animales

Por supuesto, un Scout que vive en el campo tiene más ocasiones de estudiar a los animales que uno que vive en la ciudad.

Sin embargo, si vivís en una ciudad grande, seguro que en sus parques hay una gran variedad de pájaros, y en su zoo, casi todos los animales que existen.

En las ciudades pequeñas quizá sea más difícil, pero algunas tienen un museo de historia natural donde se puede conocer el aspecto y el nombre de muchos animales.

En cuanto a los pájaros, se pueden observar bastante en los parques o poniendo un comedero en la ventana de casa. Pero lo mejor de todo es salir al campo cuando tengáis unas horas libres, en tren, en bicicleta o a pie, y acechar allí a los animales y a los pájaros: observar lo que hacen, conocer las distintas especies y sus nombres, la forma de las huellas que dejan en el suelo y, si son pájaros, sus nidos, sus huevos y otras cosas.

Si tenéis la suerte de tener una cámara, no podéis hacer nada mejor que empezar una colección de fotografías de animales y pájaros. Una colección así es diez veces más interesante que las colecciones corrientes de sellos y autógrafos que hacen los muchachos.

Observar a los animales

Merece la pena observar a cualquier animal, y es tan difícil acechar a una comadreja como a un león.

Tendemos a pensar que todos los animales se guían por el instinto, es decir, por una especie de idea que nace dentro de ellos. Por ejemplo, nos imaginamos que una cría de nutria nada de forma natural en cuanto la ponen en el agua, o que un cervatillo huye del hombre por un miedo natural que lleva dentro.

William Long, en su libro La escuela del bosque (School of the Woods), demuestra que la mayoría de los animales deben su astucia a sus madres, que los enseñaron de pequeños. Vio a una nutria que llevaba a nadar a dos de sus crías sobre el lomo y que, de repente, se sumergía y dejaba que los pequeños se las arreglaran solos un rato, aunque volvía a salir a la superficie muy cerca de ellos para vigilarlos y ayudarlos a nadar hasta la orilla. Así, poco a poco, les enseñaba a nadar.

Una leona y sus tres cachorros en fila, entre la hierba
La madre enseña a sus hijos. Esta leona parece decir a sus cachorros lo que deben hacer si se acerca un hombre.

Una vez, en el este de África, vi a una leona con sus tres cachorros en fila, observándome mientras me acercaba. Parecía que estuviera enseñando a sus pequeños cómo debían comportarse si se les acercaba un hombre. Era evidente que les decía:

»Ahora, pequeños, quiero que os fijéis bien en el aspecto de un hombre blanco. Después, uno a uno, saltaréis y os iréis de aquí con un rápido movimiento de la cola, y en cuanto estéis fuera de su vista, entre la hierba, os arrastraréis hasta que él quede entre el viento y vosotros. Luego lo seguiréis, siempre con él entre el viento y vosotros, para que podáis olfatearlo sin que él dé con vosotros».

Aves

El que se dedica a estudiar las aves se llama ornitólogo. Mark Twain, el divertido y bondadoso escritor norteamericano, dijo: «Hay personas que escriben libros sobre los pájaros y los quieren tanto que pasan hambre y fatigas para descubrir una especie nueva y… matarla. Se las llama "ornitólogos".

»Yo pude haber sido ornitólogo, porque siempre he querido a los pájaros y a todas las criaturas, y hasta empecé a estudiar para serlo. Pero un día vi un pájaro posado en una rama seca de un árbol muy alto; cantaba con la cabeza echada hacia atrás y el pico abierto, y, antes de pensarlo siquiera, le disparé con mi escopeta. Su canto se cortó de golpe y cayó de la rama, flácido como un trapo. Corrí a recogerlo: estaba muerto. Su cuerpo aún estaba caliente, pero la cabeza se le iba de un lado a otro como si tuviera el cuello roto; un velo blanco le cubría los ojos y a un lado de la cabeza brillaba una mancha roja de sangre… Y no pude ver más, porque las lágrimas me cegaron. Desde entonces no he vuelto a matar a ninguna criatura que no me hiciera daño, ni volveré a hacerlo jamás».

Un pájaro con el pico abierto posado en una rama seca

Observar los pájaros

Un buen scout es un «ornitólogo», como dice Mark Twain; es decir, le gusta acechar a los pájaros y observar todo lo que hacen. Así descubre dónde y cómo hacen sus nidos.

No quiere, como el muchacho corriente, ir a robarles los huevos; lo que le gusta es observar cómo los incuban, cómo alimentan a sus crías y cómo les enseñan a volar. Llega a reconocer todas las especies por su canto y por su manera de volar. Sabe qué pájaros se quedan todo el año y cuáles llegan solo en ciertas estaciones, qué comen, cómo cambian el plumaje, qué clase de nidos construyen y cómo son sus huevos.

Se puede aprender mucha historia natural observando los pájaros de la propia localidad, sobre todo si se les da de comer a diario durante el invierno. Es interesante, por ejemplo, fijarse en sus distintas maneras de cantar: unos cantan para cortejar a la hembra y otros, como el gallo del corral, cacarean o cantan para retar a pelear a los demás. La gaviota macho hace el ridículo cuando intenta cantar para lucirse ante las damas, y el viejo cuervo no se queda atrás.

Un polluelo caído en el suelo y sus padres acercándose a él
Cuando un polluelo cae del nido, los padres van adonde está para alimentarlo.

También es interesante ver cómo salen del cascarón los pájaros. Algunos nacen sin una sola pluma, con los ojos cerrados y el pico abierto. Otros salen cubiertos por completo de un plumón como vello, llenos de vida y energía. Las cercetas pequeñas empiezan a nadar en cuanto rompen el cascarón y los pollitos echan a correr a los pocos minutos, mientras que un gorrión no puede valerse por sí mismo durante varios días y sus padres tienen que alimentarlo y criarlo.

Long escribe también: «Observad, por ejemplo, el nido de un cuervo. Un día veréis a la madre posada cerca del nido, extendiendo las alas sobre sus crías. Pronto estas se levantarán y extenderán también las alas, imitándola. Esa es la primera lección. Al día siguiente quizá veáis a la madre alzarse sobre la punta de las patas y sostenerse así con un aleteo vigoroso. Las crías vuelven a imitarla y pronto aprenden que en sus alas está la fuerza que ha de sostenerlas en el aire. Un día después veréis a padres e hijos ir de rama en rama alrededor del nido, ayudándose de las alas en los saltos largos. Y las crías ni siquiera se dan cuenta de que les están enseñando».

Muchas especies de pájaros están desapareciendo porque los muchachos roban los huevos cuando encuentran sus nidos.

Nidos de aves

Buscar nidos se parece mucho a la caza mayor: se recorren los lugares donde, como buen cazador, uno sabe que suele estar lo que busca; se observa a los pájaros ir y venir, y así se da con el nido. Pero no para destruirlo y llevarse los huevos. Si sois verdaderos coleccionistas, coged un solo huevo y dejad los demás, y sobre todo no mováis el nido de su sitio, porque si lo hacéis los padres lo abandonarán y se perderán todos aquellos huevos que podían haber sido otros tantos pájaros felices.

Mejor aún que coger un huevo es hacer una fotografía del nido o un dibujo de la hembra incubando, o reunir una colección de fotografías de los distintos nidos que hacen las distintas clases de pájaros.

Peces y pesca

Todo scout debe saber pescar para poder conseguir comida por ese medio. Sería una estupidez que un pie tierno se muriera de hambre a la orilla de un arroyo lleno de peces, y, sin embargo, puede ocurrirle a quien nunca haya aprendido a pescar.

El arte de pescar exige muchas de las habilidades del escultismo, sobre todo cuando se pesca con mosca artificial. Para tener éxito hay que conocer las costumbres y peculiaridades de los peces: dónde se esconden, con qué tiempo y a qué hora del día comen, qué alimento les gusta, a qué distancia pueden verte y otras cosas por el estilo. Sin estos conocimientos ya podéis pasaros pescando hasta poneros azules, que no sacaréis nada.

Los peces suelen tener sus escondrijos particulares en el arroyo; una vez descubiertos, tendréis ocasión de acercaros y observar lo que hacen.

Después tendréis que aprender a hacer unos nudos muy especiales con tripa fina, lo cual resulta muy complicado para un muchacho que tenga los dedos torpes. Hay muchos; estos son algunos de ellos: la lazada volteada; el nudo para unir una gaza al sedal; casi el mismo nudo, que sirve para atar el anzuelo al sedal, y el que sirve para unir dos sedales, aunque no sean del mismo grosor.

Además, hay que tener una paciencia infinita. El sedal se os enreda en los arbustos y en los juncos, o en vuestra propia ropa, y cuando no encuentra dónde engancharse, se enreda consigo mismo y se hace un nudo. Pero de nada sirve enfadarse. En esos casos solo hay dos cosas que hacer: la primera, sonreír, y la segunda, ponerse a desenredarlo. Más adelante sufriréis grandes contratiempos, como cuando se os rompa el sedal y escape el pez que ya había picado, y otras cosas por el estilo. Pero recordad que eso le pasa siempre a todo principiante, y que son dificultades que da mucho gusto vencer.

Cuando pesquéis, haced lo que hago yo: quedaos solo con los peces que necesitéis para comer o para vuestra colección y devolved los demás al río enseguida. El pinchazo del anzuelo en el cuero de la boca no les duele mucho tiempo y pronto vuelven a nadar felices en el agua.

Si pescáis con mosca seca, es decir, si en vez de hundirla en el agua la mantenéis en la superficie, tendréis que acechar a los peces igual que se acecha a un ciervo o a cualquier otra pieza, porque las truchas, por ejemplo, tienen muy buena vista y son muy cautelosas.

Un pescador con caña tira de una trucha en un río
La pesca de la trucha exige mucha habilidad y astucia. La trucha pelea con fuerza, así que debéis estar alerta para poder sacarla.

También podéis pescar con redes o, como a menudo tienen que hacer los scouts, con arpones de tres puntas afiladas. Yo lo he hecho muchas veces, pero hace falta práctica.

Reptiles

Por supuesto, un scout tiene que saber de serpientes, porque en la mayor parte de las regiones salvajes abundan y algunas son muy peligrosas.

A veces las serpientes se meten en las tiendas, debajo de las mantas o dentro de las botas. Quienes viven o han vivido en tierras de serpientes revisan con cuidado debajo de las mantas antes de meterse en la cama y sacuden las botas al levantarse. Yo, por la fuerza de la costumbre, todavía lo hago a veces en casa.

Por lo general, a las serpientes no les gusta arrastrarse sobre superficies ásperas. Por eso en la India se suelen construir alrededor de las casas caminos de piedra partida con aristas muy vivas, que impiden que se cuelen dentro.

Cuando estaba en el colegio, solía cazar serpientes con un palo largo que tenía una pequeña horquilla en la punta. En cuanto veía una, la acechaba y le colocaba los dientes de la horquilla a los lados del cuello; luego la ataba con tiras de un pañuelo viejo y me la llevaba para vendérsela a alguien que quisiera tener una en casa. Pero no son buenas mascotas, porque mucha gente les tiene horror, y no es justo tenerlas donde puedan asustar a alguien.

Serpientes venenosas

Las serpientes venenosas guardan el veneno en unas bolsas dentro de la boca. Suelen tener dos colmillos largos y puntiagudos, montados sobre una especie de bisagra. Los colmillos permanecen plegados contra la encía hasta que la serpiente se enfada y quiere matar a alguien. Entonces se enderezan y ella, lanzando la cabeza hacia delante, ataca a su enemigo: le clava los colmillos e inyecta el veneno en las heridas a través de unos agujeros que estos tienen en la punta. Así el veneno pasa a las venas y la sangre lo reparte por todo el cuerpo en unos segundos, a menos que se actúe con rapidez para detener la sangre, ligando las venas y chupando el veneno por la herida. El veneno de serpiente no es dañino si se traga.

Insectos

Los insectos son unos animales interesantísimos para coleccionar, observar y fotografiar.

Al scout aficionado a la pesca o al estudio de las aves y los reptiles le resulta además muy útil saber qué insectos son el alimento favorito de esos animales, en qué época del año y a qué hora del día.

Solo sobre las abejas se han escrito libros enteros, porque tienen facultades admirables: saben construir su panal, encontrar el camino a muchos kilómetros de distancia —a veces hasta nueve—, dar con las flores que les proporcionan el néctar para hacer la miel y volver con él a la colmena. Son un modelo perfecto de comunidad: respetan a su reina y matan a las que no quieren trabajar.

Algunos insectos sirven también de alimento. En la India y en Sudáfrica se comen las langostas, unos saltamontes muy grandes. En Mafeking nos alegrábamos mucho cuando caían una o dos nubes de ellas. En cuanto tocaban el suelo, las matábamos a golpes con sacos vacíos, antes de que intentaran levantar el vuelo otra vez. Luego las dejábamos secar al sol, las machacábamos con una piedra y nos las comíamos. Las hormigas sirven como sustituto de la sal.

Las hormigas que salvaron vidas

Conozco otro caso en el que las hormigas no solo fueron útiles, sino que salvaron la vida a varios hombres.

Era un grupo de científicos que recorría las selvas de Australia en busca de plantas, animales, reptiles y bichos raros. En el desierto se les acabó el agua. Siguieron luchando durante horas, hasta que la sed los enloqueció y quedaron completamente débiles y agotados. Parecía que, como tantos otros exploradores antes que ellos, se desplomarían y morirían.

Por suerte, para su alivio, apareció una niña nativa. Por señas le explicaron que se morían de sed y que querían que les trajera agua. Por toda respuesta, ella les señaló una fila de hormigas que subía por un baobab (un árbol de tronco grueso y hueco, como un depósito). La niña cogió del suelo una paja larga, trepó con ella al árbol hasta un agujerito que las hormigas habían abierto en el tronco y por el que se metían dentro, introdujo un extremo de la paja por él, se puso el otro en la boca y chupó el agua.

Una niña señala un árbol a un grupo de exploradores agotados
Una niña nativa ayudó a los sedientos científicos que recorrían Australia.

Así, aquella pequeña salvaje del desierto enseñó a aquellos sabios algo muy valioso que, a pesar de sus estudios y de toda su ciencia, no sabían.

Espero que, si un scout hubiera ido con ellos, habría conocido ese árbol o, por lo menos, habría usado los ojos y la cabeza: habría observado a las hormigas y adivinado para qué usaban aquel agujero del árbol.

Observar los insectos

Observar insectos no parece muy interesante; sin embargo, el gran naturalista francés Henri Fabre, hijo de campesinos, se pasó la vida estudiando la vida y las costumbres de los insectos, descubrió un sinfín de curiosidades sobre ellos y acabó siendo famoso en todo el mundo por sus estudios.

Algunos insectos son amigos nuestros, como el gusano de seda o la mariquita. Pero otros son enemigos: destrozan las hortalizas y atacan las flores. Todos sabéis que el mosquito propaga enfermedades tan peligrosas como la malaria y la fiebre amarilla. Tampoco hace falta que os recuerde que la mosca común puede transmitir los gérmenes de las enfermedades, y que por eso hay que cuidar de que los alimentos estén siempre bien tapados, tanto en casa como en el campamento, y de que no se tiren los desperdicios en cualquier sitio.

Prácticas de Patrulla en observación de animales

En el campo, enviad a los scouts a averiguar por observación lo siguiente, y a informar sobre ello:

¿Cómo excava su madriguera un conejo de campo? Cuando hay varios conejos juntos, ¿corren porque los otros corren, o cada uno mira a su alrededor para comprobar el peligro antes de echar a correr?

El pájaro carpintero, ¿rompe la corteza para llegar a los insectos que hay en el tronco del árbol?, ¿los atrapa en los agujeros?, ¿o cómo lo hace?

Cuando una trucha se asusta porque alguien pasa por la orilla, ¿nada a favor o en contra de la corriente? ¿Se marcha de allí para siempre o vuelve luego al mismo sitio?


En una ciudad grande, llevad a los scouts al zoológico o al museo de historia natural para que estudien los animales. Con seis por día es suficiente.


Aprended todo lo relativo al animal de vuestra Patrulla. Aprended su llamada y descubrid su guarida, sus huellas y sus costumbres. Si no es un animal propio de la zona, estudiadlo en el museo o en el zoológico.


Haced que cada Patrulla lleve un diario de su vida al aire libre durante un mes y luego comparad los resultados. Todos los scouts deben aportar algo al diario, como una nota sobre algo que hayan visto o el dibujo de un animal o de un pájaro. O bien, que hagan un álbum con recortes de fotografías de la naturaleza sacadas de periódicos o revistas, apuntes sobre la vida al aire libre, calendarios de la naturaleza, etc.

Animad a los muchachos a hacer fotografías: hasta la cámara más corriente sirve para retratar el lugar donde anida cada clase de pájaro.


Dar de comer a los pájaros se puede practicar tanto en la ciudad como en el campo, sobre todo en invierno. Una bandeja con comida puesta en el alféizar de una ventana atrae a pájaros de distintas clases. En verano también es importante ponerles agua.

Formad una biblioteca de Patrulla con libros bien ilustrados que permitan reconocer animales, pájaros, reptiles, peces e insectos.


Procurad conseguir unos prismáticos para uso de la Patrulla, porque observar pájaros y animales es un buen entretenimiento. Acostumbrad también a vuestros scouts a usar la lupa y, si es posible, el microscopio. A los muchachos les atraen todos los instrumentos, y el mundo nuevo que se abre ante sus ojos fascina a muchos scouts.

Unos pájaros posados en ramas secas junto a un comedero y un recipiente con agua
En el campo podéis construir un «club» para los pájaros, con su «comedor», un cacharro con agua limpia y unas ramas para que puedan holgazanear en ellas.