6. Resistencia de los scouts
Fogata 17. Cómo hacerse fuerte
Un scout estaba ingresado en un hospital de la India con el cólera, esa enfermedad mortal. Los médicos dijeron a los nativos que lo cuidaban que la única esperanza de salvarlo era calentarle los pies y mantener la circulación de la sangre frotándole el cuerpo sin parar.
En cuanto el médico se dio la vuelta, los nativos dejaron de frotar al enfermo y se pusieron a fumar sin ocuparse de él.
El pobre enfermo no podía hablar, pero se daba perfecta cuenta de lo que pasaba, y le indignó tanto la conducta de los nativos que decidió curarse en el acto, aunque solo fuera para darles una lección. Se propuso curarse y se curó. La divisa del scout es «No darse nunca por vencido hasta estar muerto»; si actuamos de acuerdo con ella, nos sacará de muchos apuros cuando todo parezca ir mal. Supone una mezcla de valor, paciencia y fuerza, y eso es lo que llamamos resistencia.
Un ejemplo de resistencia
Un gran cazador y explorador sudafricano, F. C. Selous, dio hace algunos años un buen ejemplo de resistencia scout durante una expedición de caza en Barotseland, al norte del río Zambeze.
En plena noche, una tribu hostil atacó su campamento, disparando a corta distancia y lanzándose a la carga. Él y su pequeño grupo de nativos se dispersaron enseguida en la oscuridad y se escondieron entre la maleza. Selous consiguió llevarse un rifle y unos cuantos cartuchos y escapar entre los matorrales, pero no logró encontrar a ninguno de sus hombres. Al ver que el enemigo se había adueñado del campamento y que aún le quedaban algunas horas de oscuridad para huir, se alejó hacia el sur, guiándose por las estrellas de la Cruz del Sur.

Pasó arrastrándose junto a un puesto avanzado enemigo, cuyos hombres oyó hablar, cruzó el río a nado y por fin escapó, vestido solo con una camisa, unos pantalones cortos y unos zapatos. Durante varios días y sus noches siguió caminando hacia el sur, escondiéndose a menudo para evitar a los nativos hostiles. Para comer tuvo que cazar ciervos.
Pero una noche, creyendo que había llegado a un poblado amigo, le robaron el rifle y tuvo que volver a huir, sin armas con que defenderse ni conseguir comida. Sin embargo, como no era hombre que se acobardara fácilmente, mientras le quedó un soplo de vida siguió adelante, hasta que por fin llegó a un lugar donde encontró a algunos de sus hombres, que también habían logrado escapar. Después de caminar algún tiempo más, llegaron por fin sanos y salvos a tierra amiga. ¡Qué experiencia tan terrible debió de ser para ellos!
Pasaron tres semanas desde el ataque al campamento hasta que Selous pudo descansar en tierra amiga, y la mayor parte de ese tiempo lo pasó solo, perseguido, hambriento, con un frío intenso por la noche y un calor insoportable por el día.
Nadie que no fuera un scout con una resistencia extraordinaria habría sobrevivido; pero Selous era un hombre que se había fortalecido desde niño, cuidándose y haciendo ejercicio. Y no perdió el ánimo en ningún momento.
Esto demuestra que, si uno quiere salir adelante en aventuras como esta y no ser un hombre apocado, tiene que formarse desde niño y hacerse ya entonces fuerte, sano y activo.

El camino contrario a la resistencia
Hace poco, un hombre me contaba con orgullo que estaba enseñando resistencia a su hijo haciéndole dar largos paseos en bicicleta. Tuve que decirle que probablemente estaba consiguiendo justo lo contrario; que la manera de hacer resistente a un muchacho no era obligarle a hacer proezas, porque lo más probable era que le dañaran el corazón y le perjudicaran; que lo que debía hacer era darle una alimentación sana y ejercicio moderado, para que, cuando fuera un hombre y tuviera los músculos del todo desarrollados, pudiera soportar trabajos y esfuerzos en los que otros más débiles fracasarían.
Los ejercicios y su objeto
Se cometen muchos disparates con el ejercicio físico, porque muchísima gente parece creer que su único objeto es criar músculos enormes. Pero para hacerse fuerte y sano hay que empezar por dentro, haciendo que la sangre circule bien y que el corazón trabaje con regularidad. Ese es todo el secreto, y se consigue con el ejercicio de la manera siguiente:
a) Haced que vuestro corazón sea fuerte, para que bombee bien la sangre a todas las partes del cuerpo; así tendréis buenas carnes, huesos y músculos. Ejercicio: la lucha y la «lucha de muñecas».
b) Haced fuertes vuestros pulmones, para que lleven aire fresco a la sangre. Ejercicio: la «respiración profunda».
c) Haced que vuestra piel transpire, para libraros de las impurezas de la sangre. Ejercicio: bañarse o frotarse todos los días con una toalla húmeda.
d) Haced que vuestro estómago trabaje, para que alimente la sangre. Ejercicio: el «cono», «doblar el cuerpo» o «girar el tronco», que se explican más adelante.
e) Haced que vuestro intestino funcione, para que expulse todos los restos de comida y la suciedad que haya dentro del cuerpo. Ejercicio: «doblar el cuerpo» y «masajear el abdomen». Beber bastante agua pura. Ir al baño con regularidad todos los días.
f) Trabajad los músculos de todas las partes del cuerpo, para que la sangre llegue a ellas y así aumente vuestra fuerza. Ejercicio: correr, andar y ejercicios especiales para determinados músculos, como la «lucha de muñecas», etc.
El secreto para mantenerse bien y sano es conservar la sangre pura y activa. Estos ejercicios lo conseguirán si los hacéis a diario.
La sangre se fortalece con buena comida, ejercicio suficiente, mucho aire puro, limpieza del cuerpo por fuera y por dentro, y el descanso adecuado del cuerpo y de la mente a intervalos convenientes.
Seis ejercicios para la salud
Casi todo el mundo, incluso las personas pequeñas y débiles, puede hacerse fuerte y sano si se toma la molestia de hacer unos cuantos ejercicios físicos todos los días. Solo se necesitan unos diez minutos y no hace falta ningún aparato.
Deben hacerse todas las mañanas, nada más levantarse, y todas las noches antes de acostarse. Es mejor hacerlos con poca ropa o sin ella, y al aire libre o junto a una ventana abierta. Los ejercicios ganan mucho valor si, mientras se hace cada movimiento, se piensa en su objeto, y si se tiene cuidado de tomar el aire por la nariz y soltarlo por la boca. Estos son algunos buenos ejercicios; si se hacen descalzo, fortalecen además los dedos de los pies:
- Para la cabeza y el cuello. Frotaos con firmeza, varias veces, la cabeza, la cara y el cuello con las palmas y los dedos de ambas manos, y con los pulgares frotaos los músculos del cuello y de la garganta.
Peinaos, lavaos los dientes, la boca y la nariz, bebed un vaso de agua fría y pasad enseguida a los ejercicios siguientes. Los movimientos deben ser lo más lentos posible.
- Para el pecho. Desde la posición de firmes, doblad el cuerpo hacia delante con los brazos estirados al frente y el dorso de las manos juntos a la altura de las rodillas. Soltad el aire. Levantad las manos despacio por encima de la cabeza, echándoos hacia atrás todo lo que podáis, y mientras lo hacéis tomad aire profundamente por la nariz, lo que significa llevar el aire de Dios a los pulmones y a la sangre. Bajad luego los brazos despacio, dejándolos caer a los costados, y soltad el aire por la boca mientras decís: «Gracias, Dios mío».
Por último, volved a doblaros hacia delante, expulsando hasta la última partícula de aire que tengáis dentro, y decid el número de veces que habéis repetido el ejercicio, para llevar así la cuenta.
Repetid el ejercicio doce veces. Recordad, al hacerlo, que su objeto es desarrollar los hombros, el pecho, el corazón y el aparato respiratorio.
La respiración profunda es muy importante para llevar aire fresco a los pulmones y de ahí a la sangre, y también para desarrollar el pecho; pero hay que hacerla con cuidado y sin pasarse. Se toma aire por la nariz hasta hinchar el abdomen todo lo posible, sobre todo por la parte de atrás; después de una pausa, se expulsa todo el aire, hasta la última partícula, pero poco a poco, muy despacio y por la boca. Tras otra pausa se repite el ejercicio.
El canto desarrolla a la vez la buena respiración, el corazón, los pulmones, el pecho y la garganta, además del sentido dramático que da expresión a lo que se canta.

- Para el estómago. En posición de firmes, extended los brazos con los dedos hacia fuera y luego, muy despacio y sin mover los pies, girad la cintura todo lo que podáis, con los brazos a la altura de los hombros o un poco más arriba. Después de una pausa, girad despacio hacia el otro lado. Repetidlo doce veces.
El objeto de este ejercicio es mover los órganos internos, como el hígado y los intestinos, para ayudarles a trabajar; además, fortalece los músculos exteriores de alrededor de las costillas y del estómago.
Mientras lo hacéis, hay que regular la respiración con mucho cuidado: tomad aire por la nariz al girar hacia la derecha y soltadlo por la boca al girar hacia la izquierda. Al mismo tiempo, como parte de vuestras oraciones de la mañana, decid en voz alta: «Dios mío, bendice a mi padre, a mi madre…», recordando así a todos los miembros de vuestra familia. Cuando lo hayáis hecho seis veces tomando aire hacia la derecha, cambiad y hacedlo otras seis hacia la izquierda.

- Para el tronco: el ejercicio del «cono». En posición de firmes, levantad las dos manos todo lo que podáis por encima de la cabeza y entrelazad los dedos. Echaos entonces hacia atrás y moved los brazos muy despacio como si dibujarais un cono, de modo que las manos describan un amplio círculo por encima y alrededor del cuerpo; este debe girar sobre la cintura, inclinándose primero hacia un lado, luego hacia delante, después hacia el otro lado y por último hacia atrás. Así se ejercitan los músculos de la cintura y del estómago. Repetidlo seis veces hacia cada lado. Con los ojos debéis intentar ver lo que pasa a vuestra espalda.
El sentido que debéis dar a este ejercicio es el siguiente: las manos con los dedos entrelazados representan el lazo que os une a vuestros amigos, es decir, a los demás scouts, que os rodean a la derecha, a la izquierda, detrás, delante y por todas partes. En todas direcciones tenéis amigos. El amor y la amistad son dones de Dios; por eso, al hacer el movimiento hacia arriba, mirad al cielo y tomad aire, y con él los buenos sentimientos que después debéis demostrar a los compañeros que os rodean.

- Para la parte baja del cuerpo y la parte de atrás de las piernas. Como todos los demás, este es un ejercicio de respiración, que desarrolla los pulmones y el corazón y produce una sangre fuerte y sana. En posición de firmes, levantad los brazos hacia arriba y hacia atrás todo lo que podáis y luego doblaos hacia delante hasta tocaros los pies con la punta de los dedos, pero sin doblar las rodillas.
Después, colocaos con los pies un poco separados y las manos con los dedos entrelazados sobre la nuca, echaos hacia atrás todo lo que podáis y mirad al cielo.
Si unís la oración al ejercicio, como os he explicado antes, mientras miráis hacia arriba podéis decir a Dios: «Soy tuyo de pies a cabeza», y tomar el aire de Dios por la nariz (no por la boca). Enseguida, estirad los brazos hacia arriba todo lo que podáis, soltad el aire diciendo el número de veces que habéis hecho el ejercicio y doblaos despacio hacia delante y hacia abajo, con las rodillas rígidas, hasta tocaros los pies con la punta de los dedos. (Estirad los músculos de la espalda en el movimiento de bajada).
Luego, sin doblar los brazos ni las rodillas, levantad despacio el cuerpo hasta volver a la posición inicial. Repetid el ejercicio doce veces.
El objeto de este ejercicio no es tocarse los pies, sino dar masaje al estómago. Si veis que no llegáis a tocaros los pies, no os forcéis; sobre todo, no deis tirones para conseguirlo ni dejéis que otra persona os ayude. El valor del ejercicio está en doblar y estirar el estómago una y otra vez.

- Para las piernas, los pies y los dedos de los pies. En posición de firmes y descalzos, poned las manos en las caderas, alzaos sobre las puntas de los pies y doblad las rodillas despacio hasta quedar en cuclillas, con cuidado de mantener los talones despegados del suelo todo el tiempo. Luego levantaos despacio hasta volver a la posición inicial. Repetid el ejercicio doce veces.
Los músculos de la espalda deben trabajar, y el aire se toma por la nariz al subir y se suelta por la boca al bajar. El peso del cuerpo debe recaer siempre sobre las puntas de los pies, con las rodillas hacia fuera, para que os resulte más fácil mantener el equilibrio. Al hacer este ejercicio recordad que su objeto es fortalecer los muslos, las pantorrillas y los dedos de los pies, y a la vez ejercitar el estómago; así que, si lo practicáis varias veces al día en los ratos libres, tanto mejor.
Y como unas veces estaréis de pie y otras en cuclillas, durante el ejercicio podéis pensar que, de pie o sentados, trabajando o descansando, debéis estar siempre alerta para cumplir con vuestro deber.

Estos ejercicios no son un simple pasatiempo; son algo de verdad útil para ayudar a cada uno a crecer bien y ser fuerte.

Trepar
A todo muchacho le gusta trepar, y si es constante y llega a hacerlo bien, podrá trepar siempre que quiera.
La mayoría de los grandes alpinistas empezaron de niños trepando por cuerdas, palos y árboles. Después de eso —mucho después, porque si no tenéis mucha práctica y músculos fuertes acabaréis asistiendo a un entierro como protagonista—, podréis escalar una roca y, más adelante, una montaña.
Es un deporte delicioso y lleno de aventuras, pero hacen falta músculos fuertes, decisión, determinación y resistencia. Y todo eso se adquiere con la práctica.
En la escalada es muy importante saber mantener el equilibrio y poner los pies con agilidad y rapidez donde uno quiere. Para eso no hay nada como el juego de «andar sobre un tablón» puesto de canto, o el de «saltar piedras» colocadas en el suelo con distintas inclinaciones y a distintas distancias unas de otras.
De joven me gustaban los bailes populares movidos. Con ellos divertía al público en las fiestas del regimiento y además me servían de magnífico ejercicio. Pero no me di cuenta de lo valiosos que habían sido para mí hasta más tarde, cuando tuve que hacer algunas misiones de exploración en la campaña contra los matabeles, en Sudáfrica.

Había subido hasta sus fortalezas en los montes Matopos y me descubrieron. Tuve que huir corriendo para salvarme. Lo que más deseaban era cogerme VIVO, porque querían darme un trato especial a la hora de ejecutarme, y no un simple tiro en la nuca: me tenían reservada una forma de tortura nada agradable. Así que, cuando corrí, lo hice a conciencia.
La montaña estaba formada casi por completo por grandes rocas de granito amontonadas unas sobre otras. Mi carrera consistió, pues, sobre todo en saltar de una roca a otra, y ahí fue donde me resultó tan útil el sentido del equilibrio que había adquirido con el baile. Mientras huía monte abajo, me di cuenta de que sacaba ventaja a mis perseguidores con facilidad. Como venían de las llanuras, no sabían moverse entre las rocas y les costaba mucho deslizarse y gatear entre ellas detrás de mí. Escapé, y con la confianza que gané hice después, con éxito, muchas otras visitas a aquellas montañas.

Nariz
Un scout debe tener buen olfato para poder descubrir a un enemigo por la noche. Si está acostumbrado a respirar por la nariz y no por la boca, eso le ayudará mucho. Pero hay razones más importantes que esta para respirar siempre por la nariz. Un norteamericano escribió un libro titulado Cierra la boca y salva tu vida (Shut Your Mouth and Save Your Life), en el que mostraba cómo los pieles rojas aplicaron durante mucho tiempo ese método con sus hijos, hasta el punto de atarles la mandíbula por la noche para asegurarse de que respiraban solo por la nariz.
Respirar por la nariz impide que muchos de los gérmenes que hay en el aire lleguen a los pulmones y a la garganta.
Para un scout, respirar por la nariz es especialmente útil. Si mantiene la boca cerrada, no le entra sed cuando hace un trabajo duro. Además, por la noche, respirar por la nariz evita roncar, algo muy peligroso cuando se duerme en territorio enemigo. Así que acostúmbrate a tener siempre la boca cerrada y a respirar por la nariz.
Oídos
Un scout debe ser capaz de oír bien. Los oídos suelen ser muy delicados, y si sufren algún daño, puede quedar una sordera incurable.
La gente juega a menudo con los oídos al limpiárselos, metiéndose la punta del pañuelo, horquillas y otras cosas por el estilo, o taponándolos con algodón. Todo eso es peligroso, porque el tímpano es una membrana tensa muy sensible que se daña con mucha facilidad. Muchos niños han sufrido daños permanentes en el tímpano por haber recibido un puñetazo en el oído.
Ojos
Por supuesto, un scout debe tener una vista especialmente buena y ser capaz de ver muy lejos. La costumbre de mirar a grandes distancias fortalece la vista. Mientras sois jóvenes, debéis cuidaros los ojos todo lo posible. No leáis con poca luz y, cuando hagáis algún trabajo de día, sentaos con la luz de lado. Si os sentáis de cara a la luz, forzaréis la vista.
Forzar la vista es muy frecuente en los muchachos que están creciendo, aunque muchas veces no lo saben. Los dolores de cabeza casi siempre vienen de forzar la vista. Si un muchacho frunce el ceño, suele ser señal de que la está forzando.
Además de tener buena vista, un scout debe saber decir el color de las cosas que ve. El daltonismo es uno de los grandes males que afectan a los muchachos. Les quita un placer y los incapacita casi por completo para ciertos oficios y profesiones. Por ejemplo, un guardavía, un maquinista de tren o un marino no sirven para su trabajo si no distinguen el rojo del verde.
A veces este defecto se puede corregir. Una manera de hacerlo es reunir una colección de trocitos de madera o de papel de distintos colores, ir escogiendo los que creáis que son rojos, azules, amarillos, verdes, etc., y que alguien os diga cuáles son de verdad del color que decís y cuáles no. Probad una y otra vez, y con el tiempo iréis mejorando hasta reconocer los colores sin dificultad.
Dientes
Un aspirante a recluta se presentó en una oficina de reclutamiento del ejército y se dirigió al oficial encargado de las inscripciones. Lo encontraron lo bastante fuerte y bien formado, pero cuando los médicos le examinaron los dientes, vieron que los tenía en mal estado y le dijeron que no podían admitirlo como soldado. Él respondió: «Señor, me parece raro, porque no creo que tengamos que comernos a los enemigos después de matarlos, ¿no?».
Tener buenos dientes depende del cuidado que se haya tenido con ellos de niño, así que hay que llevarlos siempre escrupulosamente limpios. Cepilladlos al menos dos veces al día, al levantaros y al acostaros, por delante y por detrás, con un cepillo y polvo o pasta de dientes, y, si es posible, enjuagaos con agua limpia después de cada comida.
En la selva, los scouts no siempre tienen a mano un cepillo de dientes, pero pueden fabricarse sustitutos con palitos secos, deshilachándolos por uno de sus extremos.

Uñas
Los soldados, como muchas otras personas, sufren a menudo dolores y cojera porque la uña del dedo gordo del pie crece y se clava en el dedo de al lado. Normalmente la causa es dejar que esa uña crezca demasiado, de modo que la presión de la bota la tuerce hacia el dedo vecino. Por eso todo scout tiene mucho cuidado de cortarse las uñas a menudo, por lo menos cada semana o cada diez días.
Las uñas de los pies deben cortarse rectas, no redondeadas, y con unas tijeras bien afiladas. Las de las manos deben cortarse cada semana para tenerlas en orden. Morderse las uñas las estropea.
Prácticas de higiene por Patrulla
El ejemplo enseña mucho: no solo el que dan los Guías de Patrulla con su conducta personal, sino también el de dejar la ventana abierta durante las reuniones y las puertas de la tienda abiertas en el campamento.
La higiene se enseña mejor en el campamento, donde hay tiempo y ocasión de sobra para prestar mucha atención a la limpieza y a los buenos hábitos.
En el campamento hay que tener presente la importancia del descanso y de un sueño profundo y largo. Después de la comida principal debe haber una hora de descanso.
Enseñad los seis ejercicios de esta Fogata, pero no al estilo militar, y animad a los scouts a practicarlos a diario.
Dad a cada scout una tarjeta en la que lleve el registro de sus medidas, y organizad las cosas para que se las tomen cada tres meses.
Juegos para desarrollar la fuerza
El boxeo, la lucha, el remo, la natación, el salto y las peleas de gallos son una valiosa ayuda para la salud y para el desarrollo de la fuerza, pero escalar montañas es lo mejor de todo.
Lucha de muñecas
De pie, colocad los brazos hacia delante a la altura de la cintura, con las muñecas cruzadas de modo que una mano quede con los nudillos hacia arriba y la otra con los nudillos hacia abajo, y entrelazad los dedos en esa posición. Luego empujad con la mano de abajo hacia arriba y con la de arriba hacia abajo.
Apretad poco a poco con las dos manos todo lo que podáis, y solo después de haber resistido un buen rato dejad que la mano de abajo empuje a la de arriba hasta la altura de la frente; entonces haced que la de arriba empuje a la de abajo, que no debe dejar de resistir en ningún momento.
Estos dos ejercicios, aunque parecen muy pequeños y sencillos, desarrollan buena parte de los músculos del cuerpo si se hacen con todas vuestras fuerzas. No deben prolongarse mucho; es mejor hacerlos a menudo a lo largo del día, durante un minuto más o menos.

Lanzar el bordón al aire
Coged el bordón con la mano derecha, cerca de la contera, en posición vertical, y lanzadlo al aire, no muy alto al principio, para cogerlo con la mano izquierda, también cerca de la contera, cuando vuelva a caer. Lanzadlo ahora con esa mano y recogedlo con la derecha, y así sucesivamente, hasta que podáis lanzarlo cien veces sin que se os caiga ni una.
Seguir al guía
El Guía de Patrulla va delante haciendo algunos ejercicios y los demás le siguen, imitándole.
La lucha
Dos jugadores se colocan uno frente al otro, a cosa de un metro, con los brazos extendidos hacia los lados y los dedos de las manos entrelazados con los del contrario, y se inclinan el uno hacia el otro hasta quedar pecho contra pecho. Cada uno intenta empujar al otro con el pecho hasta la pared de la sala o hasta otra meta señalada.
Lucha de muñecas entre dos muchachos
Dos muchachos se colocan uno frente al otro con los brazos estirados y, apoyando las manos en las del contrario, empujan para intentar hacerlo retroceder.
