Escultismo para muchachos · 7. Hidalguía de los caballeros
Fogata 22. Aprovechamiento personal
Los caballeros de antaño eran muy religiosos. Ponían especial cuidado en asistir a los oficios de su religión, sobre todo antes de entrar en combate o de afrontar una dificultad seria. Consideraban importante estar siempre preparados para la muerte. Además de adorar a Dios en la iglesia, los caballeros lo admiraban en sus criaturas, como los animales, las plantas y toda la naturaleza.

Lo mismo hacen hoy, de forma pacífica, los scouts. Vayan donde vayan, aman los bosques, las montañas y las praderas, y les gusta observar y conocer todo lo relativo a los animales que viven en ellos, así como las maravillas de las plantas y las flores.
Un hombre no vale nada si no cree en Dios y no obedece su Ley. Por eso todo scout debe tener una religión. La religión es algo muy sencillo: primero, amar y servir a Dios; segundo, amar y servir al prójimo.
Al cumplir con vuestro deber, dad siempre gracias a Dios. Cada vez que disfrutéis de un placer o de un juego, o que tengáis éxito en algo, dadle las gracias, aunque solo sea con una o dos palabras, como hacéis antes de comer. También es bueno pedir la bendición para los demás; por ejemplo, si veis salir un tren, pedid a Dios que bendiga a todos los que van en él.

Al cumplir vuestros deberes con el prójimo, sed serviciales y generosos, y sed siempre agradecidos por cualquier favor que recibáis, procurando demostrar vuestra gratitud. Recordad, una vez más, que un regalo no es vuestro mientras no lo hayáis agradecido como es debido.
Mientras viváis en este mundo, intentad hacer algo bueno que perdure después de vuestra muerte.
Un escritor dijo: «Yo pienso que, cuando el sol se pone, se corre sobre el mundo una gran manta que oculta la luz del cielo; pero las estrellas son como agujeritos hechos en esa manta por las buenas acciones realizadas en este mundo. Las estrellas no son todas del mismo tamaño: unas son grandes y otras pequeñas, porque algunos hombres han hecho grandes acciones y otros las han hecho pequeñas; pero todas han abierto un agujero en la manta gracias al bien que hicieron antes de ir al cielo».
Así que intentad abrir vuestro agujero en la manta mientras estéis en el mundo.
Vale la pena ser bueno, pero es mucho mejor hacer el bien.
Ahorro
Es curioso pensar que, de los muchachos que leéis estas líneas, algunos seguramente llegaréis a ser ricos y otros moriréis en la pobreza y la miseria. Pero eso dependerá por completo de vosotros mismos, de lo que hagáis.
Y muy pronto podréis saber cuál va a ser vuestro futuro.
El que empieza a ganar dinero de niño seguirá ganándolo de hombre. Al principio os costará, pero después veréis que cada día resulta más fácil. Si empezáis y perseveráis, recordad que es casi seguro que al final tendréis éxito, sobre todo si vuestro dinero es fruto del trabajo duro.

Si solo intentáis ganarlo por medios fáciles, como apostar a un caballo en las carreras, lo más probable es que al final lo perdáis todo. Nadie que apueste acaba ganando. En las carreras, el único que gana dinero es el corredor de apuestas; y, sin embargo, hay miles de tontos que se juegan allí su dinero porque una vez ganaron o porque esperan ganar algún día.
Muchísimos muchachos pobres han acabado siendo hombres ricos. Pero, en la mayoría de los casos, fue porque se lo propusieron desde el principio. Trabajaron para conseguirlo y, para empezar, metieron en una caja de ahorros todos los céntimos que pudieron. Así que todos vosotros tenéis esa oportunidad, si sabéis aprovecharla.
Las reglas de los caballeros de antaño los obligaban a ser ahorradores: no debían gastar grandes sumas en sus diversiones, y debían ahorrar para mantenerse sin ser una carga para los demás, y también para tener con qué hacer caridad. Si no tenían dinero propio, no se les permitía pedirlo: tenían que trabajar y ganarlo con su esfuerzo. Por eso ganar dinero va unido a la hombría, al trabajo duro y a la sobriedad.
Cómo ganan dinero los scouts
Un scout o una Patrulla pueden ganar dinero de muchas maneras: reparando y retapizando muebles viejos, que da bastante; haciendo marcos, jaulas y juguetes, que luego se venden con facilidad; criando canarios, gallinas o conejos, o cuidando una colmena. Todo eso da dinero.
Recoger cajas de embalaje viejas y convertirlas en leña; cuidar cabras y vender la leche, aunque esto solo puede hacerse en algunos sitios; fabricar cestas y cerámica; encuadernar libros, y otras cosas por el estilo son también maneras de ganar dinero.
Una Patrulla, trabajando en equipo, puede organizar un servicio de mensajeros en una población rural, cultivar un huerto para vender verduras y flores, formar un coro o representar algunas obras de teatro scouts o pastoriles.

Estas son solo unas cuantas ideas, pero hay muchísimas otras maneras de ganar dinero que podréis idear vosotros mismos según el lugar donde estéis.

Eso sí, para ganar dinero hay que trabajar.
El actor Ted Payne solía decir en una de sus funciones: «No sé qué me pasa: como bien, bebo bien y duermo bien, pero cuando alguien me habla de trabajar me entran escalofríos». Hay muchos otros con corazón de gallina a los que, cuando se ven ante el trabajo, «les entran escalofríos».
Empezad hoy mismo a hacer una hucha y meted en ella todo lo que ganéis; y cuando hayáis reunido bastante dinero, llevadlo a un banco y abrid una cuenta a vuestro nombre.
Cómo progresar
Hace algunos años, Estados Unidos estaba en guerra en la isla de Cuba. El presidente de Estados Unidos, McKinley, quería enviar una carta al jefe cubano García, pero no sabía cómo hacerlo, porque los rebeldes combatían junto a los norteamericanos en un terreno salvaje y difícil.
Mientras lo discutía con sus consejeros, alguien dijo: «Hay un joven llamado Rowan que parece capaz de llevar a cabo cualquier cosa que se le encargue. ¿Por qué no probamos con él?».
Llamaron a Rowan y, cuando estuvo ante el presidente, este le explicó para qué lo había llamado y, entregándole la carta, le dijo:
—Quiero que esta carta llegue a manos de García.
Rowan se limitó a sonreír y cogió la carta. Salió de la habitación y puso manos a la obra.
Pasaron unas semanas, y Rowan volvió ante el presidente y le dijo: «Señor, he entregado su carta a García». Naturalmente, McKinley le pidió que le explicara cómo lo había hecho.
Resultó que Rowan había cogido un bote, había llegado en él a la costa de Cuba, había desembarcado y se había internado en la selva. A las tres semanas apareció por el otro lado de la isla: había atravesado las líneas enemigas, había encontrado a García y le había entregado la carta.

Rowan era un verdadero scout. Actuó del mismo modo que actúan los scouts cuando tienen que cumplir una orden: por difícil que parezca, ponen manos a la obra con la sonrisa en los labios. Cuanto más difícil es, más interesante resulta cumplirla.
La mayoría de la gente habría hecho un montón de preguntas: cómo empezar, cómo llegar al lugar, cómo conseguir comida y cosas por el estilo. Pero Rowan no hizo nada de eso. Se enteró simplemente de lo que se le pedía y se puso a hacerlo enseguida sin decir palabra, quitándole de una patada el «IM» a la palabra IMPOSIBLE. Quien actúe así puede estar seguro de salir adelante.

Muchos scouts hacen un servicio especial de mensajeros. Como a menudo tienen que llevar a cabo tareas difíciles y sienten la responsabilidad de hacerlo con éxito, acaban afrontándolas con gran confianza y, sin necesidad de hacer preguntas tontas, ponen manos a la obra de forma práctica.
Así es como hay que resolver cualquier dificultad que se presente en la vida. Si conseguís un empleo, o se os presenta una dificultad que os parece demasiado grande para vosotros, no os echéis atrás: sonreíd, pensad cómo salir adelante con éxito y ponedlo en práctica enseguida.
Recordad siempre que «una dificultad deja de serlo en cuanto os reís de ella y ponéis manos a la obra».
No tengáis miedo de equivocaros. Napoleón decía: «No hay nadie que haya hecho algo sin haber cometido algún error».

Memoria
Practicad recordar cosas. Quien tiene buena memoria se abre camino, porque hay muchísima gente que no la tiene, y eso se debe solo a que no la ejercitó.
Una isla de coral está formada por animales diminutos que se van agrupando. Del mismo modo, los conocimientos de un hombre se forman con las observaciones de pequeños detalles que va colocando unos junto a otros en su cabeza para recordarlos después.
Suerte
Si queréis subir a un autobús, no os quedáis sentados dejándolo pasar para luego exclamar: «¡Qué mala suerte tengo!», sino que os acercáis a él y subís. Pues lo mismo pasa con lo que algunos llaman suerte, cuando se quejan de que la suerte nunca se les acerca.
La suerte es, en realidad, la oportunidad de recibir algo bueno o de hacer algo grande. Lo que hay que hacer es estar atento, buscando la oportunidad, para agarrarla en cuanto se presente, corriendo y hasta saltando para atraparla; pero nunca quedarse sentado esperando tranquilamente a que llegue. La oportunidad es un autobús que hace muy pocas paradas.
Escoger una profesión
«Siempre listos» para lo que pueda pasar en el futuro. Si de muchachos tenéis un empleo en el que ganáis dinero, debéis pensar qué vais a hacer si ese trabajo se acaba. Debéis aprender un oficio y, mientras lo aprendéis, ahorrar algo de vuestra paga para poder manteneros hasta que encontréis un empleo de ese oficio.
Además, procurad aprender algo de un segundo oficio, por si el primero llegara a fallaros alguna vez, como suele suceder.
Un empresario me dijo una vez que nunca contrataba a un muchacho que tuviera las yemas de los dedos amarillentas (por el tabaco) o que llevara la boca abierta (los que respiran por la boca acaban con cara de idiota). Cualquier hombre con una cuenta en el banco puede estar seguro de encontrar empleo, siempre que no beba y tenga un carácter alegre.

Muchos derrochadores y muchos blandengues han salido al mundo y han fracasado, pero nunca he sabido de un joven que haya fracasado si salió al mundo con verdaderas ganas de trabajar, con la habilidad suficiente para conservar su empleo, y si era sobrio y obraba con rectitud.
Fogata 23. Estar preparado para caso de accidente
Los caballeros de antaño se llamaban «Caballeros Hospitalarios» porque mantenían hospitales dedicados a atender a los enfermos, a los pobres y a los heridos en accidentes o en la guerra. Ahorraban su dinero para sostener esos hospitales y, aunque eran hombres valientes, a veces hacían de enfermeros y de médicos.

Los Caballeros de San Juan de Jerusalén, hace ochocientos años, se dedicaban especialmente a esta labor. La actual asociación británica de ambulancias de San Juan y la Cruz Roja son las herederas de aquellos caballeros.
Los exploradores, los cazadores y otros scouts que andan por los lugares apartados del mundo tienen que saber qué hacer en caso de accidente o enfermedad, tanto si les ocurre a ellos como a sus acompañantes, porque a veces se encuentran a cientos de millas del médico más cercano. Por eso los scouts deben aprender todo lo que puedan sobre cómo atender a los accidentados y a los enfermos.
Una vez, mi hermano estaba acampado con un amigo en un bosque de Austria. Su amigo, al intentar descorchar una botella, la sujetaba entre las rodillas para que estuviera más firme. La botella se rompió y uno de sus bordes cortantes se le clavó profundamente en la pantorrilla y le cortó una arteria. Mi hermano cogió rápidamente un palo, lo pasó por el nudo del pañuelo y le dio vueltas hasta que la piedra hizo presión sobre la arteria. Después consiguió una venda y la apretó tanto que detuvo la hemorragia. Si mi hermano no hubiera sabido qué hacer, aquel hombre se habría desangrado y habría muerto en pocos minutos. Pero, por suerte, mi hermano sabía de la materia y le salvó la vida actuando con rapidez y haciendo lo necesario.
Accidentes
Constantemente ocurren accidentes, así que los scouts tienen continuamente ocasión de prestar primeros auxilios.
Todos admiramos mucho a quien, arriesgando su propia vida, salva la de otra persona. Ese hombre es un héroe.
Los muchachos lo ven así sobre todo porque lo consideran un ser completamente distinto de ellos. Pero no lo es: todo muchacho tiene la oportunidad de salvar una vida, de ser un héroe, si se prepara como es debido.
Es completamente seguro que casi todos vosotros, scouts, presenciaréis algún día un accidente. Y entonces, si sabéis lo que hay que hacer y lo hacéis con rapidez, tendréis para siempre la satisfacción de haber salvado una vida o de haber prestado ayuda.
Estad preparados
Recordad vuestro lema: «Siempre listos». Siempre listos para ayudar en un accidente, porque os habéis preparado de antemano y sabéis qué hacer en las distintas clases de accidentes que pueden ocurrir.
Siempre listos para hacer lo que haga falta en el mismo momento en que se produzca el accidente.
Os voy a explicar qué hay que hacer en distintas clases de accidentes, y vosotros lo practicaréis siempre que podáis. Pero lo importante para vosotros, scouts, seáis quienes seáis y estéis haciendo lo que estéis haciendo, es preguntaros: «¿Qué clase de accidente podría ocurrir aquí?» y «¿Cuál es mi deber si ocurre?». Así estaréis listos para actuar.
Y cuando el accidente ocurra, recordad que, como scouts, vuestro deber es ser los primeros en acudir a ayudar. No permitáis nunca que un desconocido se os adelante.

Pensar de antemano
Suponed, por ejemplo, que estáis en el andén de una estación lleno de gente, esperando un tren.
Pensáis para vosotros: «Si alguna de estas personas se cayera del andén a la vía cuando se acerca el tren, ¿qué podría hacer yo? Tendría que saltar inmediatamente y empujarla fuera de la vía hacia el otro lado, porque de todos modos no habría tiempo de subirla otra vez al andén. Y si el tren estuviera ya demasiado cerca, la única forma de salvarla sería tumbarme y hacer que ella se tumbara entre los raíles, y esperar así a que el tren pasara por encima de los dos».
Entonces, si llegara a ocurrir ese accidente, saltaríais enseguida a poner en práctica vuestra idea, mientras todos los demás se limitarían a correr de un lado a otro, gritando y sin saber qué hacer.
Un caso así ya ocurrió. Una señora se cayó del andén en la estación de Finsbury Park, en Londres, justo cuando entraba el tren. Un hombre llamado Albert Harwick saltó, se tumbó entre los raíles, la tumbó a ella también y la sujetó mientras el tren pasaba por encima de ellos sin rozarlos.
En cambio, en Hampstead se vivió una escena vergonzosa: delante de una multitud, una mujer se ahogó en un estanque poco profundo después de luchar desesperadamente durante media hora. ¡Y no hubo nadie con el valor suficiente para tirarse al agua y salvarla! Parece imposible que tantos hombres se quedaran parados en la orilla sin hacer otra cosa que hablar, pero así fue, para su eterna vergüenza. El primero que llegó, en vez de lanzarse al agua, se limitó a llamar a otro. Después llegaron varios más, pero al ver que los que ya estaban allí no se metían, se extendió entre ellos una especie de miedo misterioso que impidió que nadie se atreviera a ayudarla, y dejaron que la pobre mujer se ahogara delante de ellos.
Lo que puede hacer un scout
Si allí hubiera habido un scout, todo habría sido seguramente muy distinto. Habría sido la gran oportunidad de un scout para lucirse. Se habría acordado de su formación.
Cumplid con vuestro deber.
Ayudad a los demás, sobre todo si se trata de una mujer.
No os importe que otros se echen atrás.
Lanzaos con decisión, pendientes del fin que perseguís, sin pensar en vuestra propia seguridad.
Los muchachos creen que son demasiado jóvenes o demasiado pequeños para participar directamente en un salvamento. Pero eso es un gran error.
Desde que escribí este libro se han dado miles de casos en que los scouts se han tirado al agua para salvar a personas que se estaban ahogando, mientras la multitud tenía miedo y no ayudaba en nada.
Entre los scouts tenemos medallas al valor, que se conceden por actos de heroísmo y por salvar vidas.
Que todo scout se prepare para ganar una de esas medallas.
Algún día puede ocurrir delante de vosotros un accidente que os dé la oportunidad. Si habéis aprendido de antemano lo que hay que hacer, podréis adelantaros enseguida y hacer lo debido, y quizá ganéis una de esas medallas. Pero, en cualquier caso, tendréis algo infinitamente más valioso que una medalla: la satisfacción de haber ayudado a otra persona, aun con peligro de vuestra vida.