Escultismo para muchachos · 7. Hidalguía de los caballeros
Fogata 25. Ayuda al prójimo
Si alguna vez os encontráis ante un accidente, recordad que no sois médicos. Como auxiliares, lo primero que debéis hacer, salvo que se trate de heridas pequeñas, es mandar a buscar al médico. Vuestra tarea consiste en evitar que el herido empeore mientras le llega la atención médica que necesita: evitarle la conmoción, cortarle la hemorragia, hacerle la respiración artificial o cualquier otra cosa que haga falta.
Si estáis solos con un herido inconsciente, tumbadlo boca arriba, con la cabeza un poco levantada y vuelta hacia un lado, para que no se ahogue y para que, si vomita, el vómito pueda salirle de la boca. Aflojadle la ropa del cuello y del pecho. Tapadlo para que no pierda calor. Buscad dónde está la herida y atendedla según lo que hayáis aprendido en primeros auxilios.
Si encontráis a una persona sin sentido tendida en el suelo, examinad con mucho cuidado el terreno a su alrededor en busca de huellas que puedan servir, y anotadlas, junto con la postura en que la encontrasteis, por si después se sospechara que ha sido víctima de un atraco.
Si estáis con vuestra Patrulla cuando ocurre un accidente o encontráis a un herido, el Guía mandará a un scout en busca del médico y él mismo atenderá al herido con la ayuda de otro scout. El Subguía, con los demás, ayudará trayendo agua o mantas, haciendo camillas o manteniendo alejados a los curiosos con una valla formada con los bordones.

Por regla general, al principio hay que mantener quieto al herido. Así que no lo mováis salvo que sea absolutamente necesario, y no lo molestéis con preguntas hasta que se haya recuperado un poco.
Conmoción
La conmoción es un estado peligroso que acompaña a casi todas las heridas. Por eso tenéis que estar siempre preparados para hacerle frente: dad por hecho que el herido ya la sufre y haced todo lo posible para que no empeore.
El herido se marea, se pone pálido y a veces pierde el conocimiento. Procurad que no llegue a eso. Tumbadlo enseguida boca arriba, con la cabeza vuelta hacia un lado, y mantenedlo abrigado con mantas o abrigos a su alrededor.
Hemorragias
Cuando una herida sangra, apretad la herida o la carne justo por encima de ella, es decir, entre la herida y el corazón; comprimid bien con el pulgar para cortar el paso de la sangre por esa arteria. Después buscad un objeto duro, por ejemplo una piedrecita plana y redonda, y atadlo con fuerza por encima de la herida.
Si la hemorragia es muy fuerte, atad un pañuelo flojo alrededor del miembro, por encima de la herida; luego pasad un palo por dentro y dadle vueltas hasta que la sangre deje de salir. Esto se llama torniquete, y hay que aflojarlo como mínimo cada quince minutos para no causar daños graves y permanentes. Si es posible, poned la parte herida más alta que el resto del cuerpo, y conseguid un médico cuanto antes.
Si solo se trata de una herida pequeña, aplicad yodo y cubridla con una gasa limpia (esterilizada), sujeta con una venda.
Si alguien sangra por los oídos y queda inconsciente después de una caída, es señal de que tiene una lesión grave en el cráneo. Si se puede, no hay que moverlo en absoluto. Lo mejor es dejarlo tumbado en el mismo sitio, ponerle agua fría o hielo en la cabeza y mantenerlo en reposo absoluto hasta que llegue el médico.
Escupir o echar sangre por la boca indica que hay una lesión interna o que se ha roto algún vaso por dentro. Si la sangre es de color rojo claro y sale con espuma, la lesión está en el pulmón. En cualquier caso, mantened quieto al herido y dadle hielo para chupar o sorbos de agua fría. Mandad a buscar a un médico.
Respiración artificial
Para reanimar a alguien que parece ahogado, o que no respira porque se ha asfixiado con humo o con gases tóxicos, hay que hacerle la respiración artificial. Consiste sencillamente en tumbarlo boca abajo y hacerle expulsar el aire que tiene dentro, y luego, alternativamente, hacer que lo tome y lo expulse.

- Nada más sacar al ahogado del agua, tumbadlo boca abajo, con un brazo estirado y la cabeza de lado, apoyada sobre el otro brazo. Poneos a horcajadas sobre él, mirando hacia su cabeza.
- Colocad las manos en su cintura, una a cada lado, con todos los dedos juntos sobre las costillas de abajo.
- Echaos hacia delante con los brazos bien estirados y haced una presión firme y uniforme hacia abajo sobre sus costillas mientras contáis despacio, por miles: «dos mil, tres mil». Así lo apretáis contra el suelo y obligáis al aire a salir de su pecho.
- Echad ahora el cuerpo hacia atrás para dejar de apretar, sin mover las manos de su sitio, mientras contáis despacio: «cuatro mil, cinco mil».
Seguid con este vaivén hacia delante y hacia atrás, apretando y aflojando por turnos para que el aire entre y salga de su pecho, hasta que poco a poco empiece a respirar por sí mismo.
El ritmo adecuado es de unas doce veces por minuto.
En cuanto el paciente respira, se deja de apretar, pero hay que vigilarlo de cerca y, si vuelve a fallar, empezar otra vez, hasta que respire solo de forma definitiva. Puede que haga falta que otras personas os releven.
Después hay que dejarlo descansar en una postura natural y ponerse a hacerle entrar en calor, con paños calientes o botellas de agua caliente entre las piernas, bajo los brazos y en las plantas de los pies.
Hay que quitarle la ropa mojada y envolverlo en mantas calientes. Se le ayudará a dormir y se le molestará lo menos posible, pero vigilándolo con atención durante una hora como mínimo.
Ahora practicad esto varias veces con otro scout, para que os familiaricéis bien con la manera de hacerlo y así ESTÉIS PREPARADOS para hacerlo algún día con alguien que lo necesite.
Otros auxilios
Quemaduras por ácido
Una vez, una mujer arrojó vitriolo a la cara de un hombre. Es un ácido terrible, que quema y corroe la carne que toca. Por suerte, había allí un policía que sabía lo que tenía que hacer. Enseguida le echó mucha agua con sosa para lavarle el ácido, y después le trató la herida como una quemadura corriente.
Apendicitis
Esta enfermedad ataca a algunas personas de repente, aunque normalmente va precedida de malestar. Produce un dolor muy fuerte en el abdomen, unos cinco centímetros por debajo y a la derecha del ombligo. Acudid enseguida al médico.
Vendajes
Para vendar un miembro roto hace falta una venda triangular grande, como vuestra pañoleta scout, con los dos lados iguales de un metro de largo.
Para hacer un cabestrillo para un brazo o una clavícula rotos, colgad la venda del cuello del herido, atando las dos puntas con un nudo de rizo (nudo llano), con el pico de la venda hacia el brazo roto. Apoyad el brazo en el cabestrillo y pasad el pico por detrás del brazo para sujetarlo con un imperdible, de modo que el codo quede dentro del cabestrillo.
El vendaje de cabeza sirve para sujetar una cura en el cuero cabelludo. Abrid la venda triangular y doblad la base unos cinco centímetros; colocad el centro sobre la frente del herido, justo encima de las cejas, de forma que el pico cuelgue sobre la nuca. Luego coged las dos puntas, cruzadlas con firmeza por debajo de la base del cráneo y subidlas para atarlas con un nudo de rizo sobre la frente. Doblad el pico hacia arriba y sujetadlo con un imperdible en la coronilla. Cuidad de que los pliegues queden bien a los lados de la cabeza y de que las dos puntas queden recogidas.

Hemorragia nasal
Por lo general no hace mucho daño ni es peligrosa. Pero a veces la sangre no se corta, y eso supone perder mucha. Para cortarla, sentad al herido en una silla, haced que eche la cabeza bien hacia atrás y que respire solo por la boca. Puede venirle bien que le pongan algo frío en la nuca.
Infección de la sangre
Se produce cuando se deja que entre suciedad en una herida. Los síntomas son hinchazón, dolor y enrojecimiento. Lo que mejor alivia son las compresas de agua caliente. Hay que llevar al herido al médico.
Fracturas
Normalmente se nota que un brazo o una pierna están rotos por la hinchazón y el dolor en el punto de la rotura. A veces el miembro está doblado de forma anormal y el herido no puede usarlo. Hay que llamar al médico y, mientras tanto, tratar al herido como si sufriera conmoción.
El miembro roto no debe moverse en absoluto. Si es absolutamente necesario trasladar al herido, atad antes el miembro fracturado a algo rígido, una tablilla que no le deje doblarse y lo mantenga recto mientras se le lleva al hospital.
La tablilla puede hacerse con listones de madera, con el bordón scout, con periódicos bien enrollados, etc. Tiene que ser lo bastante larga para pasar de las articulaciones de encima y de debajo de la fractura. Si es posible, poned una tablilla a cada lado del miembro roto. Hay que atar bien las tablillas de punta a punta con un pañuelo corriente, con la pañoleta scout o con tiras de tela, pero sin apretar tanto que se corte la circulación de la sangre o que se claven en la parte hinchada.
La clavícula se rompe a veces en una caída. En ese caso no hacen falta tablillas. Doblad hacia arriba el antebrazo del lado roto, cruzándolo en diagonal sobre el pecho, y colocadlo en un cabestrillo. Atad una venda estrecha alrededor del cuerpo, por encima del cabestrillo.
Quemaduras y escaldaduras
Cuando alguien se quema por accidente o se escalda con agua caliente y se le pone roja la piel, lo que hay que hacer enseguida es untar la zona con alguna grasa, como vaselina, y vendarla después sin apretar. Una pasta de bicarbonato y agua alivia las quemaduras leves. Las quemaduras de sol se tratan como cualquier otra.
Si un trozo de ropa se ha pegado a la quemadura, no hay que arrancarlo, sino recortarlo con unas tijeras o una navaja afilada y proteger enseguida la quemadura del aire.
Cuando se trate de una quemadura grave (con ampollas o incluso carbonización), mandad a buscar a un médico y, mientras tanto, tratad al herido como si sufriera conmoción. No reventéis nunca las ampollas.
Asfixia
Para sacar lo que esté obstruyendo las vías respiratorias, inclinad al paciente hacia delante y dadle fuertes palmadas en la espalda, entre los omóplatos. A un niño pequeño se le puede coger cabeza abajo y darle golpes en la espalda. Si así no sale, abridle la boca, a la fuerza si hace falta, meted dos dedos por encima de la lengua hasta el fondo de la garganta e intentad sacar el cuerpo extraño. Si con esto le dan arcadas y vomita, volvedle la cabeza hacia un lado.
La asfixia también se debe a veces a una inflamación repentina del interior de la garganta. En ese caso, ponedle alrededor del cuello compresas bien calientes, es decir, una toalla o una franela mojada en agua muy caliente y bien escurrida, y dadle a la vez hielo para chupar o, por lo menos, sorbos de agua fría.
Conmoción cerebral o aturdimiento
Es lo que suele ocurrir tras una caída o un golpe en la cabeza. Mantened al herido abrigado y en reposo absoluto. Conseguid un médico lo antes posible. Y recordad que lo peor que podéis hacer es darle estimulantes, hacerle oler sales o moverlo.
Descarga eléctrica
Con frecuencia alguien queda sin sentido por haber tocado un cable o un raíl electrificado. Hay que apartarlo, pero con mucho cuidado para no recibir uno también la descarga. Si podéis, cortad la corriente enseguida. Si no, aislaos pisando sobre un cristal o, si no hay cristal, sobre madera seca, o bien poneos zapatos de goma. Usad también guantes de goma antes de tocar al herido. Si no los tenéis, envolveos las manos con varias capas de trapo seco y tirad de él con un palo seco. Puede que haga falta hacerle la respiración artificial; cuando vuelva a respirar, tratadlo como en los casos de conmoción.
En Saint-Ouen, en Francia, un muchacho que estaba cazando mariposas se cayó sobre el raíl de un tren eléctrico y murió en el acto. Un transeúnte intentó levantarlo y cayó muerto a su lado. Un obrero acudió corriendo a rescatarlos y murió igual. Los dos que intentaron salvarlo murieron por no haber aprendido antes qué había que hacer en un caso así.
Desmayo
Si vuestro paciente se desmaya y se pone pálido (los desmayos se deben a que llega poca sangre a la cabeza), sentadlo y empujadle la cabeza hacia abajo hasta que le toque las rodillas. Mojadle la cara con agua fría. Si en cambio tiene la cara muy roja, levantadle la cabeza, porque tiene demasiada sangre en ella, como ocurre en la apoplejía o en la insolación.
Un anzuelo clavado en la piel
Una vez se me clavó un anzuelo en un dedo. Con una navaja corté la mosca que llevaba el anzuelo y luego empujé este todavía más hacia dentro, hasta que la punta empezó a levantar la piel desde dentro. Con una navaja afilada hice un cortecito en la piel para que la punta saliera con facilidad, y entonces ya pude agarrarlo bien y sacar todo el anzuelo. Como es lógico, un anzuelo no puede sacarse tirando hacia atrás, porque la lengüeta se engancharía siempre en la carne.
Después, limpiad bien la herida.
Ataque
Una persona da un grito, cae al suelo, se retuerce, agita brazos y piernas y echa espuma por la boca: está sufriendo un ataque. No hace falta hacerle nada, salvo meterle en la boca un trozo de madera o de corcho para que no se muerda la lengua. Después del ataque, dejad que duerma bien.
Cuerpo extraño en el ojo
No dejéis que el paciente se frote el ojo; solo conseguirá que se le inflame y se le hinche, y será mucho más difícil sacar el cuerpo extraño.
Si está en el párpado inferior, bajadlo todo lo que podáis y sacad el cuerpo extraño con la punta humedecida de un pañuelo.
Si está bajo el párpado superior, tirad de él hacia fuera y bajadlo sobre el inferior, cuyas pestañas limpiarán el interior del párpado de arriba.
Hay otro método que todo scout debe practicar: sentad al paciente y, de pie detrás de él, apoyad su cabeza contra vuestro pecho. Colocad una cerilla sobre la parte alta del párpado superior, coged el borde del párpado y dadle la vuelta hacia arriba por encima de la cerilla, de modo que la cara interior quede hacia fuera. Quitad con suavidad el cuerpo extraño con la punta humedecida de un pañuelo y devolved el párpado a su sitio.
Si el ojo está irritado, lavadlo con agua tibia.
Si el cuerpo extraño está muy pegado al ojo, echad unas gotas de aceite (de ricino o de oliva) en el párpado inferior. Cerrad el ojo, tapadlo con una compresa húmeda y vendadlo. Conseguid que lo vea un médico.
Histeria
Las personas nerviosas, sobre todo las mujeres, a veces se ponen histéricas cuando están alteradas, y lloran, ríen o gritan. Lo mejor es encerrar al paciente en una habitación y dejarlo completamente solo hasta que se le pase. No intentéis calmarlo, porque solo conseguiréis que se ponga peor.
Envenenamiento
Si una persona se pone de repente muy enferma después de comer, o si se sabe que ha tomado algún veneno, lo primero es llamar al médico. Enseguida, si la boca no está manchada ni quemada por el veneno, haced que vomite dándole sal o mostaza con agua tibia y haciéndole cosquillas en el fondo de la garganta con una pluma de ave. Si el veneno es un ácido que quema, no hay que hacerle vomitar, sino darle magnesia o bicarbonato corriente en un poco de agua para neutralizar el ácido. Si el paciente se adormece, hay que mantenerlo despierto y no dejar que se duerma.
Humo, vapores o gas
Continuamente hay accidentes por escapes de gas en las minas, en las alcantarillas o en las casas. En estos casos, cuando vayáis a salvar a alguien, llevad la nariz y la boca bien tapadas con un pañuelo húmedo y la cabeza lo más cerca del suelo que podáis, y arrastrad a la persona inconsciente del mismo modo que os he aconsejado para los incendios.
Sacad a vuestro paciente al aire libre lo antes posible, porque si tardáis puede que vosotros también sufráis las consecuencias. Una vez fuera, aflojadle toda la ropa del cuello y del pecho y rociadle la cara con agua fría. Si veis que no respira, hacedle la respiración artificial, como a los ahogados, para que vuelva a respirar.
Haced nudos de as de guía en una cuerda para poder arrastrar a una persona que ha perdido el conocimiento.
Mordeduras de víbora
Recordad que el veneno de una víbora, cuando muerde, pasa directamente a la sangre y se reparte por todo el cuerpo en unos pocos latidos del corazón. Por eso, cualquier remedio que se aplique hay que aplicarlo enseguida. Lo más importante es impedir que el veneno corra por las venas y se extienda por todo el cuerpo. Para ello, atad con fuerza una cuerda o un pañuelo alrededor del miembro, por encima de la mordedura, para que la sangre no vuelva al corazón llevándole el veneno de la herida; luego abrid más la herida con un corte para que sangre y salga el veneno. Chupar el veneno con la boca no hace ningún daño, salvo que tengáis alguna herida en ella.
Después hay que darle al herido estimulantes, por ejemplo café, para que no se adormezca, porque hasta que lo vea el médico hay que mantenerlo bien despierto; para conseguirlo, tendréis que hacerlo caminar, pincharlo, pellizcarlo y darle palmadas.
Torcedura de tobillo
Ponedle al herido un vendaje apretado y no dejéis que camine ni que apoye el pie en absoluto. Buscad ayuda para llevarlo a su casa. Mantenedle el pie en alto y quitadle el zapato con mucho cuidado. Aplicadle frío para aliviar el dolor y frenar la hinchazón: mojad en agua muy fría un trapo o una toalla pequeña doblada varias veces y ponédsela, bien escurrida, alrededor del tobillo.
Si el frío no alivia el dolor, se le puede aplicar calor, es decir, compresas calientes, y para eso hay que tener en cuenta varias cosas: echad agua hirviendo sobre el paño ya doblado y envolvedlo en una toalla fina o en un trapo para poder escurrirlo. Es importante escurrirlo bien, hasta que esté lo más seco posible, porque si no escaldaréis al herido. Sacudid la compresa y ponedla rápidamente, mientras está muy caliente. Cuando se haya aliviado el dolor, no hacen falta más compresas: vendad el pie con firmeza y mantened al herido en reposo unos días.
Picaduras
El mejor remedio para cualquier picadura es el amoníaco. Podéis recordarlo por la primera letra del alfabeto: (A)moníaco y (A)bejas. El bicarbonato de cocina también va bien. Sacad el aguijón de la abeja con una aguja limpia.
Suicidios
Cuando una persona ha llegado al extremo de intentar quitarse la vida, un scout debe saber lo que tiene que hacer.
Si un hombre se ha hecho un corte en el cuello, lo importante es cortar la hemorragia de la arteria, si está dañada. La arteria va desde el punto donde se unen la clavícula y el esternón hasta el ángulo de la mandíbula, y la hemorragia se contiene apretando con el pulgar en el lado de la herida más cercano al corazón, sin soltar hasta que llegue ayuda.
Si alguien ha intentado suicidarse tomando veneno, tratadlo como se ha explicado antes para los casos de envenenamiento.
Si se trata de un ahorcado, cortad la cuerda inmediatamente, sujetándolo con un brazo mientras lo hacéis. Enseguida cortad el lazo y aflojadle toda la ropa del cuello y del pecho. Procurad que reciba todo el aire fresco posible; rociadle la cara y el pecho con agua fría, o con agua fría y caliente alternativamente. Hacedle la respiración artificial como a los ahogados.
A veces un pie tierno puede ser demasiado aprensivo para tocar con sus propias manos a una persona sin sentido o a un muerto, o incluso para ver sangre. Pues bien, no servirá de mucho mientras no supere esas tonterías. El pobre hombre que está sin sentido no puede hacerle ningún daño, así que tiene que obligarse a ayudarlo. En cuanto lo haya hecho una vez, se le pasarán los miedos.
Cómo transportar a un herido
Dos scouts pueden hacer una silla de manos: cada uno se agarra con la mano derecha su propia muñeca izquierda, y con la mano izquierda la muñeca derecha del otro. Si hace falta respaldo, la silla se hace solo con tres manos, y uno de los scouts pone la mano libre sobre el hombro del otro, de modo que su brazo hace de respaldo.

Las camillas pueden improvisarse de alguna de estas maneras:
(a) Con una puerta o una verja bien cubierta de paja, heno, ropa o sacos vacíos.
(b) Con un trozo de alfombra, una manta, unos sacos vacíos o una lona alquitranada, extendidos y con los extremos enrollados en dos palos largos. Poned algo de ropa como almohada.
(c) Con dos chaquetas con las mangas vueltas del revés. Pasad dos palos largos por las mangas y abrochad las chaquetas por encima.
(d) Con dos palos largos metidos dentro de dos sacos a través de dos agujeros hechos en las esquinas del fondo.
Cuando llevéis a un herido en camilla, procurad colocarlo lo más cómodo posible antes de echar a andar. Los dos camilleros levantarán la camilla a la vez y caminarán con pasos cortos y sin llevar el paso. El camillero de atrás vigilará atentamente al herido.
Si los palos son cortos, harán falta cuatro camilleros, uno en cada extremo de cada palo.
Prácticas de Patrulla en primeros auxilios
La formación en primeros auxilios tiene que ser muy completa, porque la gente espera mucho de los scouts.
Preparad «accidentes» por sorpresa en las reuniones de Patrulla o de Tropa y haced que se encarguen de ellos distintos scouts.
En los ratos libres, practicad lo siguiente: improvisar camillas y sillas de manos, la respiración artificial e improvisar tablillas para miembros lesionados.
Juegos de primeros auxilios
Misioneros
Por turnos, cada scout hará de explorador o de misionero con unos cuantos remedios sencillos. Se le presentarán, uno tras otro, tres enfermos con lesiones o enfermedades distintas, y tendrá que darles o aconsejarles el tratamiento adecuado.
Prisioneros heridos
Repartidos en distintos puntos del campamento, a unos 50 metros, hay tantos prisioneros como participantes en el juego. Cada prisionero lleva prendida en la camisa una etiqueta que describe una lesión.
A una señal, los participantes corren cada uno hacia un prisionero, le prestan los primeros auxilios que necesite y lo traen al campamento. Gana el primero que llega con su prisionero bien atendido.
Exhibiciones
Las exhibiciones de salvamento gustan mucho, tanto a los que actúan como a los que miran.
Accidente de bicicleta. Unos muchachos vuelven de un campamento. Un ciclista imprudente. Una desgracia. Cura de heridas y traslado de los heridos al hospital en camillas improvisadas.
Explosión de gas. La señora Coddles y su familia salen de paseo. A la vuelta, ella se encuentra con una amiga y manda a María que se vaya a casa, encienda el fogón y prepare el té de su padre. Este vuelve del trabajo y encuentra la casa llena de gas. Llega una ambulancia. Sacan a María de la casa a rastras y le hacen la respiración artificial. Entra en escena el policía Ado. ¡Cómo no iba a buscar la fuga de gas! Trágico final de un policía valiente pero irreflexivo.
Exhibición de incendio. Noche en el número 5 de las Villas del Suburbio. Suena la alarma. Se avisa a los vecinos. Se forma una valla para contener a la gente. Llegan los bomberos con mantas para recoger a los que salten por las ventanas, y también con cuerdas y escaleras. Rescate de los que aún quedan en la casa en llamas.
Incendio en una fábrica. Mientras los obreros están en su trabajo de todos los días, se produce una explosión que provoca un incendio dentro del edificio y el derrumbe de una pared exterior, que hiere a un hombre que pasaba por allí. Los obreros ilesos atienden a sus compañeros menos afortunados, mientras otros corren a pedir socorro y vuelven con una ambulancia y con extintores. A algunos hombres se les rescata del edificio en llamas: saltan desde la torre y los recogen con la manta.