Roverismo hacia el éxito
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Roverismo hacia el éxito

3. Mujeres

El lado sombrío de este escollo es la tentación de olvidar el respeto que se debe a la mujer. El lado luminoso es protegerse de la tentación cultivando la caballerosidad y la fuerza viril.

El instinto del sexo y sus peligros

  • En la juventud, cuando el muchacho se convierte en hombre, se desarrolla el instinto sexual.
  • La pubertad despierta el deseo sexual en el muchacho. Su origen es perfectamente natural: los órganos genitales alcanzan su pleno desarrollo.
  • En la concepción de un nuevo ser intervienen tanto las glándulas masculinas como las femeninas.
  • Con la pubertad se adquiere una responsabilidad importante respecto a la propagación de la especie.
  • La importancia de aprender a afrontar los problemas sexuales a medida que se presentan.
  • Las dificultades vienen de la forma fanfarrona en que los jóvenes suelen hablar de estas cosas.
  • Las enfermedades venéreas, es decir, las que provienen del mal uso del sexo. A menudo las causa la ignorancia, y llevan a grandes sufrimientos e incluso a tragedias.

Hombría

  • La caballerosidad con las mujeres es una salvaguarda contra estos peligros.
  • A cada uno le toca entender estas dificultades y aprender a afrontarlas.
  • Los buenos padres son una gran ayuda en esta materia.
  • No es solo una cuestión personal, sino de raza.
  • Algunas reglas sencillas de higiene para conservar la salud y la fuerza.
  • Sed hombres.

Matrimonio

  • Que vuestras aventuras amorosas sean limpias.
  • Cómo escoger a la compañera adecuada.
  • Advertencia de un hombre sobre el compromiso matrimonial.
  • Los ingresos, un detalle importante.
  • El hombre adquiere deberes al casarse.
  • La felicidad de los hijos.
  • Las responsabilidades de la paternidad.
  • La felicidad del hogar se completa con el servicio a la comunidad.
  • Lo que otros han dicho sobre el asunto.
  • Libros útiles.

El peligro está en olvidar la caballerosidad que se debe a la mujer. El lado luminoso es el desarrollo de una actitud viril y protectora hacia el sexo débil.

El instinto del sexo y sus peligros

El Monarca de la Cañada

Uno de los mayores espectáculos que ofrece la vida animal, en el páramo o en la selva, es el de un ciervo en plenitud y lleno de vida. Es el rey de la manada, el Monarca de la Cañada, como lo pintó Landseer (The Monarch of the Glen).

Es la estampa del valor, la fuerza y la belleza viril cuando lanza su bramido de desafío llamando a sus rivales a medirse con él.

Un ciervo de gran cornamenta brama con la cabeza alzada

En la época de la berrea o del apareamiento, en otoño, es emocionante ver a los ciervos perseguirse unos a otros y pelear entre sí por la posesión de las hembras. Parecen volverse locos por un tiempo: corren de un lado a otro, inquietos y excitados, durante semanas enteras, sin pararse a descansar, comer ni dormir, hasta que acaban agotados. El más fuerte y el mejor es el que se impone. En los combates que libran, entre el crujir y el chocar de las cuernas y los bramidos de los contendientes, los más débiles ceden y retroceden empujados por los más poderosos, hasta que huyen despavoridos y dejan que los vencedores escojan a sus hembras como dueños de la manada.

El vencedor asume sus responsabilidades y está siempre listo y capacitado para proteger a sus hembras y a sus cervatillos contra cualquier agresor.

Los vencidos se limitan a merodear, tratando de sacar algún provecho entre los marginados de la manada. Estas pobres criaturas, menos desarrolladas, son despreciadas por los cazadores, que solo valoran los mejores ejemplares, los más fuertes y los de actividad más notoria.

Lo mismo ocurre, en mayor o menor grado, con los demás animales de la selva, con las aves en primavera e incluso con los peces en invierno.

Hasta las plantas, los árboles y las flores obedecen a esta misma ley de la naturaleza. En su época de apareamiento, la primavera, la savia sube y se extiende por todas las ramas, hojas y zarcillos, y brotan las flores, de modo que los pistilos, que son femeninos, reciben el polen de los estambres, que son masculinos. El polen es el pequeño germen que se une al germen femenino, y juntos dan vida a la semilla de una nueva planta.

Corte de una flor que muestra el pistilo y los estambres
El centro del pistilo (femenino), dibujado a mayor escala y en sección, con el polen cayendo de los estambres (masculinos) a los ovarios de los pistilos, que contienen las semillas en germen. Estas quedan fecundadas por el polen masculino.

Incluso la hermosa floración de las plantas en primavera se parece a la costumbre de los animales y las aves de lucir sus plumajes más brillantes en la época del apareamiento; y lo mismo vemos en los jóvenes, con sus trajes y corbatas de colores llamativos y sus cabellos bien engominados y siempre relucientes.

Pubertad

Es un impulso de la naturaleza al que también está sujeto el hombre.

La diferencia es que, mientras que la mayoría de los animales tienen una época de apareamiento definida, en el hombre el instinto está siempre activo y no hay una época concreta para el apareamiento. Los «periodos mensuales» de la mujer se deben al ritmo del organismo, pero no son lo mismo que los periodos definidos de «celo» que observamos en los animales.

Cuando el instinto sexual aparece en los jóvenes, trae consigo cambios emocionales que a veces resultan verdaderamente perturbadores.

No hay que olvidar que estos impulsos son naturales. Todos los tenemos y debemos aprender a dominarlos. Recibo montones de cartas de jóvenes a quienes nadie ha explicado nunca qué deben esperar al crecer, y que por eso se sienten preocupados por los trastornos de esa etapa. Se ponen nerviosos e inquietos sin saber por qué. No consiguen concentrarse en su trabajo, se vuelven tímidos y se sienten desgraciados; a veces llegan a pensar incluso que se están volviendo locos.

Me alegra que en su angustia se les ocurriera escribirme, porque en muchos casos he podido tranquilizarlos y ayudarles a tomárselo con calma. No hay por qué inquietarse. Todo ello se debe a causas naturales.

Cuando un muchacho llega a la pubertad, todo su cuerpo experimenta un cambio gradual que cualquiera puede observar. La voz se le vuelve más grave, le sale vello donde antes no tenía, sus músculos se asientan y se endurecen, sus órganos se desarrollan, y así sucesivamente.

El deseo sexual tiene causas perfectamente naturales

El cambio se debe a las secreciones de los órganos sexuales, que influyen en el desarrollo de todo el cuerpo y pueden compararse con la savia que corre por el árbol. Dan a su estructura el vigor de la virilidad, le fortalecen los nervios y le dan valor.

El fluido que segregan las glándulas del hombre se llama semen, que es la palabra latina para «semilla».

Cómo se reproduce la vida

Este fluido contiene el germen masculino, que ha de fecundar al femenino, llamado óvulo (del latín ovum, «huevo»). Para que la vida se reproduzca en el reino animal, y también en buena parte del reino vegetal, hace falta la unión del organismo masculino con el femenino, que es lo que pone en marcha el desarrollo de una nueva vida. En el hombre, ese organismo se llama espermatozoide, y en una sola gota de semen hay varios miles de ellos. La naturaleza parece derrochadora al crear tantos, cuando basta uno solo para fecundar el óvulo.

Corte de un huevo de gallina con la yema, las chalazas y la cámara de aire señaladas con letras
El germen nacido en la gallina y fecundado por el gallo, y la yema en formación. B: chalazas, o cuerdas de anclaje de fuerte gelatina blanca. A: cámara de aire.
Un pollito plenamente formado dentro del huevo
El milagro del huevo. Tres semanas después, el pollito está listo para salir del cascarón, con pico, patas, plumas, ojos, etc.

Estos grabados del huevo de gallina dan una idea de este proceso de fecundación y del crecimiento del pollito, que se alimenta de la yema a medida que se desarrolla. La clara contiene el óvulo, que es fecundado por el espermatozoide del gallo cuando este pisa a la gallina. Mediante un proceso semejante, en los seres humanos nace de la unión de los gérmenes una nueva vida: una criatura que respira, que tiene carne y huesos, vista y cerebro, y que se parece en muchos rasgos al físico y al carácter de sus padres.

El germen es de vital importancia para la continuación de la especie

Esta pequeña criatura lleva a su vez el germen para reproducirse y dar vida a nuevos seres cuando llegue a la edad adulta.

Todo este proceso maravilloso y complejo es obra de Dios Creador. El germen del que estamos hechos nos lo transmitieron nuestros padres, igual que a ellos se lo transmitieron los suyos, y así desde los tiempos más remotos.

Vosotros poseéis ese germen para transmitirlo a su debido tiempo, cuando, junto con vuestras esposas, deis vida a un hijo.

Es, por tanto, una misión sagrada que Dios transmite de padres a hijos.

A veces el semen se produce en exceso y observaréis que se derrama durante el sueño. Esto es natural y no hay por qué alarmarse; pero, si se provoca voluntariamente, es lo que se llama «vicio solitario» o «abuso de sí mismo».

Masturbación

«Los jóvenes son lo bastante sensatos y están dispuestos a escuchar los consejos que se les dan; por eso estoy seguro de que, si entendieran mejor lo que he explicado antes, se ahorrarían muchas aflicciones y momentos de angustia. Si viviéramos en estado primitivo, los muchachos se comportarían como nuestro conocido el ciervo. Pero esto no puede ser, por razones morales y sociales. El deseo en sí es un instinto sexual primitivo; pero, por razones morales y sociales, la satisfacción de ese instinto es, desde luego, algo que no debe practicarse».

Somos miembros de una comunidad regida por ciertas leyes morales y convenciones sociales. Estas leyes morales prohíben el coito; ahí está el dilema: el deseo primitivo frente a las leyes morales y sociales. Ya hemos dicho que no podemos escapar del deseo. Si nos proponemos llevar una vida sana y decente, tanto por nosotros como por los demás, pronto podremos resolver estas dificultades. El sexo no lo es todo en la vida: hay otras energías que ocupan su lugar y alivian la tensión. La energía que el macho de los animales dedica casi exclusivamente al sexo, en el hombre se convierte en multitud de actividades distintas, como el arte, la ciencia y cientos de cosas más. Así, cuantas más cosas le interesan a uno y más se dedica a ellas, menos siente la urgencia del sexo; y, a su debido tiempo, puede tener la felicidad de compartirlo de forma natural con la mujer que haya escogido por compañera. Ahora comprenderéis el propósito del Roverismo. En lugar de vagar sin rumbo y tener conversaciones sucias, encontraréis en él muchas cosas que hacer en excursiones y otras diversiones de viriles actividades al aire libre. Sin daros cuenta, estaréis sustituyendo el sexo por otras cosas.

Enfermedades venéreas

Cuando los muchachos hablan sin freno entre ellos, lo casi seguro es que acaben hablando de cosas sucias, y así rebajan sus ideales y sus pensamientos al nivel de las bestias, algo de lo que se avergonzarán más adelante, cuando sean hombres.

Eso los aparta del camino de la felicidad, porque luego tienen que esforzarse mucho para salir del lodazal en que se han metido, y el barro siempre deja algo pegado.

Los jóvenes suelen burlarse de las enfermedades venéreas, que con toda seguridad, tarde o temprano, atraparán a quienes hayan dado rienda suelta a sus instintos sexuales.

Estas enfermedades no son cosa de risa; por leves que sean sus efectos, son desesperadamente peligrosas para un hombre.

Hay dos enfermedades venéreas principales. La sífilis es una infección venenosa que puede contraerse por contacto con otra persona ya infectada. Al principio aparece como una úlcera, que en pocas semanas se convierte en otras úlceras y, si no se trata como es debido, en un plazo de uno a veinte años provoca enfermedades en distintas partes del cuerpo o en los huesos, y a menudo en el corazón. La gonorrea se contrae casi siempre por contacto, igual que la sífilis. Su síntoma es una supuración de pus por el miembro, que se inflama. Más adelante, probablemente, se inflamará también la vejiga, etcétera.

Con frecuencia, los hijos de padres enfermos heredan la sífilis, y el resultado es que se quedan ciegos, sordos, paralíticos o locos. Se calcula que el veinticinco por ciento de los ciegos de nacimiento lo son a causa de la sífilis de sus padres. Ciertamente, los pecados de los padres los pagan los hijos.

Una vez que la sífilis se ha apoderado de una persona, ninguna de las medicinas que anuncian los charlatanes podrá salvarla. Lo que hay que hacer es acudir enseguida a un buen médico y contarle con franqueza lo que ha pasado. Si se hace cargo del tratamiento a tiempo, podrá curarla.

Cuando se conoce a fondo este peligro, se sabe que no es cosa de broma. Si uno visita un manicomio, encuentra allí tales ejemplos de enfermedades venéreas que lo convencen, más que cualquier discurso, de no tener nada que ver con las mujeres de la calle, si quiere conservarse sano de cuerpo y alma.

La locura de exponerse a este peligro suele ser consecuencia de la debilidad de dejarse llevar por lo que hacen los demás.

Pasa lo mismo con el juego y la bebida: son hábitos que se adquieren por dejarse arrastrar demasiado lejos, sin pensar, por un grupo de jóvenes que tampoco piensan.

Muchos hombres han tenido que lamentar haber creído que, si iban con una mujer que no fuera una prostituta reconocida, no corrían peligro de contraer la enfermedad. Pero las estadísticas demuestran que ahí el peligro es aún mayor. La muchacha a la que algún sinvergüenza ha engañado una vez pierde el sentido de la vergüenza y consiente de vez en cuando en ir con otros hombres; y, por su ignorancia, está más expuesta a contraer una enfermedad, porque no sabe qué precauciones tomar. Por eso supone un peligro mayor para sí misma y para aquellos con quienes tiene contacto.

Un hombre puede ser casto y estar decidido a seguir siéndolo, pero, por desgracia o por una mala compañía, llega a tomarse esa sexta… copa fatal y, con el cerebro y los sentidos nublados, hace lo que se había propuesto no hacer.

Esto es lo que ha traído la desgracia a tantos hombres buenos y los ha arruinado no solo moralmente (en su carácter), sino también físicamente (en su cuerpo).

Hay una obra de teatro, Mercancía averiada (Damaged Goods), que trata la cuestión venérea con franqueza y sentido común y resulta educativa para los jóvenes. Cuenta cómo un joven, por ignorancia, contagió a su esposa, a su hijo y a la niñera de este. El resultado es un grito de angustia: «¡Si lo hubiera sabido a tiempo!», un grito que se repite cientos de veces cada día.

Los pecados de los padres recaen sobre los hijos

Mientras escribía este capítulo, un amigo me preguntó si de verdad la sífilis se transmitía de padres a hijos tanto como se decía.

Lo único que tuve que hacer fue enseñarle una carta que había publicado The Times esa misma mañana, firmada por un médico forense y fechada el 21 de febrero de 1922, en la que decía que las pérdidas de vidas y de razón y el contagio de niños inocentes a causa de esta espantosa enfermedad «son extremadamente terribles».