Roverismo hacia el éxito
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Roverismo hacia el éxito · 1. Apuestas

Responsabilidad

Un día, en aquella época en que yo todavía era uno más de tantos jóvenes tontos y despreocupados, mi coronel me llamó de repente y me dijo que iba a nombrarme su ayudante en el mando del regimiento.

¿Ayudante? Me quedé aterrado.

Del ayudante dependía en gran parte el bienestar y el buen funcionamiento del regimiento. Era un trabajo magnífico, pero ¿y si fracasaba?

No me atrevía a asumirlo.

Pero el coronel me dijo, sin más, que confiaba en mí.

En pocos minutos me convertí en otro hombre. Ya no era aquel muchacho al que nada le importaba y que no tenía más meta que divertirse: ahora sobre mí pesaba una gran responsabilidad. Tenía por delante una tarea seria y una visión amplia de todo lo que podía hacer por el bien de mis hombres y por el buen nombre de mi regimiento. Me entregué al trabajo en cuerpo y alma y nunca volví la vista atrás. Aquella entrevista con el coronel, por corta que fuera, fue en realidad el punto de partida de mi carrera.

Un joven despreocupado corre mientras otro carga a la espalda un gran fardo con la palabra «Responsibility»

Y a partir de aquella lección de responsabilidad pude subir, uno tras otro, todos los escalones de responsabilidades cada vez mayores.

Si queréis llegar a algo en vuestra carrera, tenéis que asumir responsabilidades.

Dos scouts conversan; uno lleva un bastón con banderín y apoya la mano en el hombro del otro

Para ser capaz de asumir una responsabilidad hacen falta confianza en uno mismo, conocimiento del trabajo que se va a hacer y práctica en ejercer responsabilidades.

En la Armada Real se da gran importancia a esto y se ejercita a los jóvenes en ello. A un simple marinero se le encarga el manejo de un bote con su tripulación, y se le alaba o se le reprende según cómo lo haga.

Lo mismo sucede en el Escultismo. El Guía de Patrulla es el responsable del rendimiento y del comportamiento de sus seis scouts, y lo mismo ocurre con los rovers y su Guía Rover (véase el capítulo final).

Cuando os hayáis acostumbrado a asumir responsabilidades, practicando desde el principio, desde niños, os habréis hecho hombres. Esto fortalece el carácter y os prepara para ocupar puestos más altos en vuestra profesión.

Además, aumenta vuestra influencia para el bien sobre vuestros semejantes.

Imhlala-panzi

He aquí un consejo útil de alguien que lo ha puesto en práctica con éxito. Viene del mariscal Foch, uno de los más grandes generales franceses de la guerra del catorce. Dice así: «Cuando tengáis un trabajo que hacer, estudiadlo con cuidado:

  1. Comprobad que entendéis exactamente qué tenéis que hacer y qué vais a conseguir.
  2. Después, trazad vuestros planes para llevarlo a cabo.
  3. Aseguraos de que hay razones suficientes para esos planes.
  4. Haced que su ejecución se ajuste a los medios de que disponéis.
  5. Sobre todo, tened la decisión, la voluntad firme y la determinación indispensables para llevarlos a buen término».

El mariscal tiene razón. En mi pequeño terreno, siempre he tenido la manía de hacer planes para todo, incluso para las cosas sin importancia, y después dedicarme a llevarlos a cabo.

De ahí viene el apodo que me pusieron los zulúes: «Imhlala-panzi», que literalmente significa «el hombre que se tumba en el suelo para disparar». Pero lo que quiere decir es «el que se asegura de dar en el blanco y apunta con la mayor precisión posible antes de disparar». Ese es el único camino seguro hacia el éxito. Haced de «Imhlala-panzi» vuestro lema.

Un cazador tumbado entre los juncos apunta con su fusil hacia el agua
Tumbado, en silencio y con cuidado, hay que apuntar a una empresa difícil. (La sombra en el agua es la cabeza de un hipopótamo).

A veces habrá que arriesgarse para triunfar, y entonces no hay que echarse atrás, sino avanzar con los ojos bien abiertos.

A propósito de esto, una vez estaba yo con un compañero reconociendo las posiciones enemigas en el país de los matabeles. Durante la noche habíamos logrado atravesar sus líneas avanzadas, y a la mañana siguiente nos encontramos detrás de ellas.

Mientras avanzábamos sigilosamente estudiándolas, nos topamos con un león precioso. La ocasión era demasiado tentadora. Los dos frenamos los caballos y, sin pensar más en el enemigo, disparamos sobre el león y lo derribamos.

Pero un instante después ya estaba otra vez en pie, de un humor terrible y soltando, por así decirlo, unas palabrotas indescriptibles. El disparo le había paralizado los cuartos traseros, así que no podía huir al galope y se limitaba a dar vueltas sobre sí mismo, husmeando y mirando en todas direcciones para dar con nosotros.

No queríamos disparar más de lo necesario, por miedo a atraer al enemigo y también por miedo a estropear la piel. Así que me metí en el cauce seco del río para acercarme todo lo posible y rematarlo, mientras mi amigo se quedaba en la orilla apuntando al león con su rifle por si se decidía a atacarme.

En cuanto el león me vio, se abalanzó sobre mí con las fauces abiertas, los labios recogidos y los ojos cerrados de rabia. Le metí un tiro por la boca y acabé con él.

Hecho esto, y con el consiguiente peligro de que nos descubrieran, abrimos bien los ojos. Nos pusimos a desollarlo (si no se tienen guantes, el cuchillo destroza enseguida las manos, sobre todo cuando se va con prisa y la pieza es grande). Mientras uno desollaba, el otro vigilaba en todas direcciones, con la sensación constante de que alguien nos observaba.

Menos mal que lo hicimos así: justo cuando terminamos de desollarlo, el enemigo nos descubrió, y apenas tuvimos tiempo de hacer un fardo con la piel, montar a caballo y ponernos fuera de su alcance.

Cómo prepararse para una profesión

Hubo un esquema pensado para un joven que iba a empezar a formarse para una profesión. Los puntos principales que debía proponerse como metas eran los que figuraban en el apartado «Cómo ganarse la vida». Se me pidió que lo criticara, y lo que hice fue preparar otro esquema que le sirviera de segunda parte.

Esquema en árbol con las cualidades morales, para los negocios y personales necesarias para ganarse la vida
Cómo ganarse la vida

Entre las cualidades del esquema, varias forman parte de lo que llamamos carácter; y es el carácter, tanto como la eficacia y la habilidad, lo que ayuda a triunfar en la profesión. Pero yo llamaría la atención especialmente sobre la energía, por un lado, y la paciencia, por otro.

La energía se debe en parte a una buena salud física, pero sobre todo a un interés auténtico por el trabajo. Algunas personas perezosas nunca consiguen interesarse por su trabajo, porque lo encuentran muy limitado y siempre igual.

Un jinete a punto de caer de un caballo que se encabrita
Aseguraos de que la empresa que tenéis entre manos es de las que podéis sacar adelante gracias a vuestra preparación previa.

La segunda parte de mi esquema decía así:

Cómo vivir la felicidad

  • Por medio de grandes ideales:
  • el estudio de la naturaleza, sus maravillas y sus bellezas;
  • la obra de Dios Creador.
  • Por medio del servicio:
  • el sacrificio personal en favor del prójimo;
  • el desarrollo del amor divino que hay en cada uno.

A esas personas les vendría mejor mirar a su alrededor y ver qué lugar ocupan en el conjunto; si miraran lejos y se dieran cuenta del valor que su trabajo podría tener al final para ellas en la vida práctica, fuera de las paredes de la oficina o del taller... Los mejores trabajadores, como los hombres más felices, ven su trabajo como una especie de juego que resulta más agradable cuanto más entusiasmo ponen en él. H. G. Wells escribía con motivo de la Conferencia de Washington: «He observado que los llamados grandes hombres no son en el fondo más que muchachos, por las ganas con que disfrutan de su trabajo. Trabajan porque les gusta, y así el trabajo se convierte para ellos en un juego. El niño no es solo el futuro padre del hombre: es un hombre que no desaparece nunca».

Ralph Parlette decía con razón: «Jugar es hacer las cosas con amor. Trabajar es tener que hacerlas».

Ser indispensable cuenta mucho. Una vez me preguntaron por qué admiraba tanto a mi criado indio. La razón era muy sencilla: siempre ponía a su señor en primer lugar y a sí mismo después, si es que alguna vez se ocupaba de sí mismo. Siempre estaba en su puesto, listo para cualquier tarea, callado y muy resistente. Era un tesoro. Aunque en aquel país una persona así no era nada excepcional, quizá sí lo sería en otros sitios.

Sin saberlo, se había hecho indispensable. Y yo os digo esto: si os hacéis indispensables para vuestros jefes, no se desharán de vosotros a la ligera, cueste lo que cueste.

Otro punto de la lista es hacer el trabajo con rapidez.

Quizá entre dentro de la energía, pero mejora mucho con la práctica. Si sois rápidos en el juego y en vuestras cosas personales, hasta el punto de que se convierta en un hábito, también lo seréis en el trabajo, y eso contará a vuestro favor.

Para practicar, probadlo al vestiros cada día. No perdáis el tiempo, tened cada cosa en su sitio y a mano, cronometraos y tratad de batir vuestro propio récord. Hay otros puntos de la lista que merecen especial atención y que normalmente reciben muy poca: el aplomo y la alegría. Y hay otra cosa que debéis considerar imprescindible para vuestra carrera: la esperanza. No penséis que, porque empezáis muy abajo, os será imposible subir. Muchos de los grandes hombres de hoy empezaron en el último peldaño de la escala.

Pero, como ya he dicho, tendréis que subir por vuestro propio esfuerzo. No os quedéis en el barro porque otros ya estén en él. Buscad las piedras que os puedan ayudar a salir y usadlas. Poned el pie en el escalón más bajo y empezad a subir.

He visto a muchas personas que empezaron muy arriba en la vida, con todo lo necesario para triunfar, y que más tarde se hundieron por falta de paciencia. En cuanto las cosas se les torcían, abandonaban lo que tenían entre manos para probar algo nuevo. Y cuando se coge la costumbre de dejar una cosa para probar otra, cuesta mucho quitársela, y la vida entera se convierte en una sucesión de fracasos y de nuevos intentos.

En cuanto a la segunda parte del esquema, la cuestión de cómo vivir —es decir, cómo disfrutar de la vida con verdadera felicidad y no con simple placer— es tan importante como la de cómo ganarse la vida. Y las dos partes en que la he dividido, tener altos ideales y servir al prójimo, son casi igual de importantes. Pero creo que el servicio al prójimo es la más importante de las dos, porque incluye también un ideal elevado y es el escalón principal para alcanzar la felicidad.

Por eso volveré a tratarlo con más detalle en otro capítulo.

Sentido común

  • Cuando la codicia se instala, la honradez desaparece.
  • Más vale pájaro en mano que ciento volando.
  • Más vale un peso en la mano que dos en un billete de lotería.
  • Si no os adaptáis a vuestra profesión, no paréis hasta conseguirlo.
  • Un asunto, como una prenda de ropa, tiene siempre dos caras, y hay que ver las dos antes de formarse una opinión.
  • ¿Cómo convertir el trabajo en placer? El placer consiste en amar el trabajo. No puede haber placer en un trabajo que se hace a disgusto (R. Parlette).
  • Hay que vivir de tal manera que, cuando uno muera, todo el mundo lo lamente, hasta el dueño de la funeraria (Mark Twain).
  • La felicidad consiste en adaptarse a los propios medios (Artemus Ward).
  • La mayor parte del vicio viene de huir del sudor (Dr. W. J. Dawson).
  • Respeto de sí mismo, conocimiento de sí mismo, dominio de sí mismo: he ahí las tres fuerzas que conducen a una vida de poder soberano (Tennyson).

Sonreír siempre

Quien es capaz de dominarse hasta sonreír en sus mayores dificultades ha alcanzado la sabiduría de la vida.

Libros útiles que leer

  • Los hechos del juego (The Facts of Gambling), G. M. Hooge (Hutchinson).
  • El dinero (Money), H. Withers (Benn's Library).
  • Primeros pasos en la escalada (First Steps to Climbing), G. D. Abrahams (Mills & Boon).
  • El arte de la montaña (Mountain Craft), G. W. Young (Methuen).
  • Normas de campamento (Editorial Escultismo).
  • Introducción a las aves de América (Editorial Escultismo).
  • Campamentos organizados (Editorial Escultismo).
  • Manual del Guía de Patrulla (Editorial Escultismo).
  • Escalada, E. Mallafré (Editorial Juventud).