11. Buena voluntad
Con rinocerontes y elefantes
«Hyrie» es un pequeño animal salvaje, asustadizo por naturaleza, que mi mujer ha domesticado del todo hasta convertirlo en un animal feliz en nuestra casa.
Como he dicho en otro lugar, los científicos consideran que el hyrax (o damán) está emparentado con el elefante y el rinoceronte, aunque se parece a ellos tanto como un scout a mi bota (salvo, quizá, cuando el chico es muy feo).

Últimamente, sin embargo, aquí en Kenia se ha llegado a domesticar incluso a rinocerontes adultos. Pero se ha hecho con bondad, no atrapándolos ni teniéndolos en cautividad.
Los rinocerontes han visto pastar al ganado y se han unido a él para disfrutar de los pastos. Cuando por la noche llevan el ganado al corral, el rinoceronte se ha sumado al desfile sin darse cuenta de adónde iba. En uno o dos días se acostumbra a la rutina y pronto descubre que ese curioso animal de dos patas que huele tan raro es el que trae la buena comida al corral, y que es un amigo y no un enemigo. Así que enseguida pierde el miedo y se deja acariciar, y no porque le guste mucho: como buen rinoceronte, tiene la piel tan dura que una caricia solo la notaría si se la hicieran con un martillo, y unas cosquillas, si se las hicieran con un rastrillo.

Lo mismo ocurre con algunos elefantes del norte de Kenia que entran casi a diario en un pueblo. Han perdido el miedo y la aversión al hombre porque la gente de allí no les muestra ni rechazo ni miedo. Así que todos son buenos amigos. Y sin duda a los elefantes les gusta que los niños los admiren. Con las personas pasa igual. Si no temes a la gente que conoces y no te cae mal, ellos tampoco desconfiarán de ti ni te temerán, y estarán dispuestos a ser tus amigos. Eso es lo que descubren los scouts en sus Jamborees Internacionales, cuando se reúnen con miles de scouts de otros países. Como son «hermanos scouts», no tienen miedo y enseguida se hacen buenos amigos.

¿Por qué no pueden hacer lo mismo las naciones?
A veces alguien intentará discutir contigo para buscar pelea. Pero antes de enfadarte con él, intenta ver el problema desde su punto de vista, además del tuyo, y probablemente descubrirás que tiene algún motivo para decir lo que dice.
Tu jefe o tu encargado, por ejemplo, pueden echarte la bronca por llegar tarde o por cometer un error tonto. Pues no te enfades con él: piensa qué harías tú en su lugar si tuvieras que corregir a un empleado que entorpece el trabajo por llegar tarde o ser descuidado. Entonces entenderás por qué es tan exigente. Intenta siempre ver el punto de vista del otro antes de discutir o pelearte, y noventa y nueve de cada cien veces acabarás llevándote bien con él.
Nunca te preocupes si tu encargado suelta maldiciones. Maldecir es una debilidad que se consienten algunos hombres que no tienen el carácter suficiente para dominar su genio. A veces hasta se les admira por esa debilidad. El escritor irlandés Donn Byrne dice: «Un caballo que no cocea, un hombre que no jura o un huevo sin sal merecen un revés de mi mano».
Los scouts celebran su Jamboree Internacional cada cuatro años, y en él se reúnen miles de ellos llegados de casi todos los países del mundo. Como son «hermanos scouts», no se temen unos a otros, y nadie les cae mal por ser forastero o por tener costumbres y hábitos distintos. No dan importancia a las pequeñas diferencias, disfrutan aprendiendo las costumbres del compañero, se lo pasan bien juntos y, durante el tiempo que comparten de acampada, hacen amistades duraderas.
Si los muchachos pueden hacer esto en todos los países, ¿por qué no pueden hacerlo también los hombres, en lugar de desconfiar de sus vecinos, envidiarlos y estar listos para ir a la guerra contra ellos?
Creo que sería una buena idea ahogar a todos los hombres y dejar que los muchachos gobernaran el mundo. Tendríamos un mundo alegre, lleno de buena voluntad y amistad.