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19. Cómo estar en forma

Lecciones de hombres y animales

La danza kikuyu

Acabo de ver algo que deseaba ver desde hacía mucho tiempo: una danza de los jóvenes de la tribu kikuyu con su traje de gala.

Hace algún tiempo te conté que los muchachos de esta tribu tienen que pasar un examen muy duro para que se los considere hombres. Hace algunos años —en 1896-1900, para ser exactos—, antes de que los ingleses colonizaran el territorio y les dieran protección, los kikuyu tenían que luchar contra las tribus vecinas, los masái y los nandi, que eran guerreros y vivían de asolar a los demás.

Por eso, aunque los kikuyu sabían cultivar sus alimentos, tenían que entrenarse para ser fuertes y ágiles, y así proteger sus hogares y sus cosechas de los atacantes.

Era en cierto modo lo que nos pasa ahora en Inglaterra, cuando hay países vecinos belicosos que amenazan con invadir nuestras tierras, más prósperas y pacíficas. Nosotros también tenemos que entrenarnos y practicar el lema scout, «Siempre Listos», para protegernos.

Aunque los kikuyu ya no necesitan prepararse para la guerra, porque ahora los protegemos nosotros, siguen manteniendo sus danzas y otras costumbres para convertir a sus muchachos en hombres sanos, fuertes y activos, útiles en tiempo de paz para hacer próspero su país.

Del mismo modo, los scouts se hacen fuertes, activos y sanos para estar Siempre Listos y, cuando sean hombres, hacer un buen trabajo que ayude a su país a prosperar y salir adelante.

Los kikuyu no tienen gimnasios ni instructores de instrucción militar, sino que se entrenan con ejercicios al aire libre, danzas y una alimentación sencilla. Del mismo modo, los scouts no dependen de los gimnasios ni de los sargentos instructores: consiguen la salud con juegos activos, excursiones, campamentos, danzas Morris, escalada, natación, etc.

Un muchacho me decía que quería ser un tipo musculoso, pero que, como solo era recadero, no tenía muchas oportunidades de hacer instrucción. Le dije que la instrucción no era necesaria. Como recadero tenía la mejor ocasión de fortalecerse y estar sano, porque su trabajo exige mucha actividad al aire libre y mucho ejercicio. Pero cuando camines, no te arrastres sin ganas: ve erguido, saca el pecho y endurece los músculos de las piernas.

Practica juegos activos como el fútbol, las carreras, el salto, la natación y las excursiones, y sobre todo la escalada. Con esta clase de ejercicio los músculos crecen deprisa, siempre que seas constante. En poco tiempo verás cómo se te llena el cuerpo y tendrás esa sensación agradable de no estar nunca cansado, sino listo para cualquier trabajo duro.

Dos scouts caminan con el bordón al hombro

Hay otra manera de verlo. Recuerda que Dios te ha prestado tu cuerpo para toda la vida, y de ti depende hacer buen uso de él. Hazlo tan perfecto como puedas dándole suficiente aire puro, ejercicio, buena alimentación y limpieza. Considéralo parte de tus deberes para con Dios y practícalo a diario. Así estarás sano y feliz, y además lo bastante fuerte para ser útil a los demás.

Para la ceremonia en la que pasan sus pruebas de hombría, y esta danza es una de ellas, los muchachos kikuyu se pintan la cara de blanco y las piernas con rayas blancas. Llevan una camisa blanca con cinturón y un collar de piel de mono colobo blanco y negro. Cada danzante lleva un espantamoscas de cola de jirafa en la mano derecha y una vara en la izquierda.

También llevan una campanilla atada a la rodilla. Los dos jefes llevan en el brazo izquierdo pequeños escudos de madera con una cuenta de hierro sujeta al escudo con una cinta, que van agitando.

Jóvenes kikuyu bailan con espantamoscas y escudos

A diferencia de otras tribus nativas, los kikuyu no tienen instrumentos musicales ni tambores. Ellos mismos ponen la música cantando, bailan balanceándose con los dos pies juntos y siguen danzando hora tras hora como prueba de resistencia.

Me pregunto cuántas horas aguantarías tú bailando una danza Morris.

Lo que Hyrie puede enseñarte

Quizá recuerdes por qué el damán se parece a ti: es un animal sin cola. En un libro anterior te conté cómo el Creador escogió a los damanes para que les pusieran la cola a todos los demás animales, porque eran los animales más activos, atrevidos y de fiar de la selva. Hicieron este difícil trabajo con rapidez y sin cometer ni un error. Habría sido terrible, por ejemplo, que le hubieran puesto la cola de un cerdo a un caballo o la de un pavo real a un gato, pero no fue así. Las colocaron todas correctamente y, para honra suya, se encontraron con que no quedaba ninguna para ellos. Por eso se quedaron sin cola.

Pero no parece que eso les preocupe mucho. Nuestro pequeño damán domesticado, Hyrie, es el animal más alegre y espabilado que puedas imaginar. Cuando tomamos el té por la mañana temprano, siempre está allí, deseando tomar el suyo. Trepa al hombro de mi mujer y, después de lamerle la oreja, gimotea hasta que ella le acerca un platito de té (con leche y azúcar), que se bebe con ansia. Luego salta hacia mí para comerse su desayuno: hojas de zanahoria, hojas de rosal y trocitos de galleta. Después se vuelve loco haciendo su ejercicio. Da unas cuantas vueltas a la habitación, sube y baja por los respaldos de las sillas y se retuerce de todas las formas posibles, ejercitando todos los músculos del cuerpo. Luego sube corriendo por el respaldo de una silla y desde lo alto salta a la repisa de la chimenea, la recorre de punta a punta, de otro salto llega al alféizar de la ventana, trepa hasta lo alto del marco y desde allí se deja caer al suelo. Todo a una velocidad tremenda, sin un solo fallo y disfrutando de lo lindo.

El damán Hyrie, de frente y visto por detrás
Hyrie. Visto por detrás: acechando a un intruso.

Para variar, de pronto se lanza hacia mí, me agarra la chaqueta con los dientes, la sacude y al segundo siguiente se esconde debajo de la cama. Si lo atrapo, se pone panza arriba, se retuerce y me lame mientras le hago cosquillas, y yo me divierto con el juego.

Sí, es tremendamente activo y, gracias a la práctica continua, es un animalito muy fuerte para su tamaño (es como un conejito y se le parece mucho, solo que tiene las orejas cortas y no tiene cola).

Por supuesto, sabe trepar a los árboles, y esa es su principal ocupación y diversión: salta de rama en rama con una rapidez y una precisión sorprendentes, sin perder nunca pie.

A veces lo atacan los grandes pájaros azules, pero no les tiene miedo: se aparta de un salto y se queda quieto; y cuando son ellos los que se quedan quietos, es él quien corre tras ellos, sin miedo a sus picos. No sé si lo atacan de verdad o si, como me inclino a creer, solo juegan con él.

Da risa verlo trepar por las patas pulidas del trípode de mi telescopio: sube derecho hasta arriba, se enrosca en una de las patas y se desliza hasta el suelo; vuelve a subir y lo repite todo otra vez. Cuando se cansa de eso, sigue trepando por el latón pulido del telescopio hasta llegar arriba del todo y se sienta sobre el objetivo, buscando algo más a lo que subirse. Siempre quiere subir más alto, así que lo llamamos «Higherie» (de higher, «más alto») en vez de «Hyrie». Es un buen consejo para ti: ten siempre ganas de subir, de ir más allá de lo que ya has logrado en todo lo que hagas.

Hyrie trepa por el trípode y el tubo de un telescopio
Hyrie usa el telescopio como gimnasio: se hace una bola en lo alto, se estira hasta parecer una comadreja, trepa a toda velocidad o se enrosca en una pata y se desliza hasta el suelo de golpe.

Pues bien, si un animalito así puede volverse tan fuerte y activo, tan atrevido y sano solo con la práctica, seguro que cualquier muchacho puede hacerlo también si se lo propone. ¿Para qué vas a necesitar un sargento que te enseñe a doblarte y estirarte, o un gimnasio caro que te enseñe a desarrollar los músculos?

Puedes hacerlo igual de bien, e incluso mejor, al aire libre de Dios, corriendo y saltando, trepando a árboles, cuerdas o rocas. Nadar es otra forma excelente de fortalecer los miembros, y además te da audacia y confianza.

Hyrie también puede enseñarte un par de cosas sobre la alimentación. Come con gusto muchas clases de hojas y frutas, pero hay otras que ni siquiera prueba porque no le sientan bien. ¿Cuándo tiene un muchacho la fuerza de voluntad para hacer eso? Si haces lo mismo, tú también crecerás fuerte y sano, hijo mío.

Además, Hyrie es alegre y cariñoso, quiere mucho a sus compañeros de juego humanos y convierte sus ejercicios en una diversión. Sigue su ejemplo: disfruta de tus ejercicios y conviértelos en juegos divertidos con tus amigos. Así serás un hombre más feliz, hijo mío.

Cómo saltar seis pies de altura

Hoy he hablado con un hombre que estuvo de visita en una tribu nativa del territorio del Congo Belga, al noroeste de Kenia. Se llaman watussi y son muy superiores a las tribus vecinas. Para empezar, los hombres son muy altos: suelen medir más de 6 pies (1,80 metros) y algunos llegan a los 7. Además, son asombrosamente ágiles y fuertes. Destacan sobre todo en el salto, y cuando me dijeron que eran capaces de saltar su propia estatura, no me lo creí. Pero mi amigo me enseñó una foto en la que un watussi salta por encima del señor Patrick Balfour, que, con el sombrero puesto, mide más de 6 pies. En su libro Los señores del ecuador (Lords of the Equator), el señor Balfour describe a esta gente y cuenta que no pudo evitar sentirse algo angustiado al ver a aquellos hombres correr directamente hacia él, y que era difícil no asustarse; pero, uno tras otro, al llegar ante él encogían las piernas y lo salvaban con holgura, tal como se ve en la foto. Luego revela el secreto de su maravillosa agilidad y fuerza: la consiguen entrenándose desde la infancia.

Un watussi salta por encima de un hombre con salacot, ante otros danzantes

Los niños de la tribu están deseando ser buenos atletas y, como los kikuyu, bailan mucho toda clase de danzas movidas, llenas de saltos, contorsiones, pisotones y carreras, todo al compás de un ritmo. Las mantienen durante muchísimo tiempo, hasta que adquieren una forma física dura y excelente. Y fijaos bien en esto, scouts: durante todo ese tiempo los muchachos sonríen. No lo olvides cuando hagas tu ejercicio. Además de bailar, los watussi practican el lanzamiento de jabalina, el salto de altura y la carrera. Así se mantienen sanos y fuertes; no necesitan gimnasios ni instructores que les enseñen: lo hacen todo por sí mismos.

En algunos países obligan a los muchachos a hacer instrucción y entrenamiento físico para fortalecerlos. Allí es necesario, porque los chicos no practican juegos activos y se pasan el tiempo holgazaneando, sin hacer nada para mantenerse en forma. Por suerte, los muchachos ingleses no son así. Les gusta jugar al fútbol y a otros deportes, y se apuntan al Escultismo con todas sus actividades al aire libre: excursiones, escalada, natación, danzas populares y grandes juegos. Así, como los watussi, se convierten en tipos sanos, activos y viriles, aunque todavía no he oído que ninguno de vosotros salte 6 pies de altura. Quizá algún día, ¿eh?