Rema tu propia canoa
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Rema tu propia canoa

8. Paciencia

No vayas demasiado aprisa

Cazar animales salvajes con una cámara es mejor deporte que matarlos con un rifle. Para empezar, tienes que acercarte mucho más, y eso exige un acecho más cuidadoso e inteligente. Y si se trata de animales peligrosos, la cosa resulta más emocionante… y un poco más escalofriante.

Hay dos clases de acechadores. El europeo suele tener prisa por cobrar su pieza: avanza demasiado rápido y espanta al animal antes de estar lo bastante cerca. Un fotógrafo necesita docenas de intentos para conseguir una buena foto.

Un fotógrafo escondido en la hierba alta espía a unos elefantes
¡Cucú!

El cazador nativo, en cambio, se arrastra, se queda quieto como una estatua o permanece tumbado durante horas, un día entero si hace falta, y sigue, y sigue. Su gran arma es la paciencia, y con ella consigue lo que busca.

Con el pescador pasa lo mismo. Lo ves encorvado en su bote hora tras hora, llueva o truene, o a gatas, lanzando la mosca sin que el pez lo vea. Solo con una paciencia infinita se pesca así. A veces lo pasa mal: el viento o los arbustos le enredan el sedal y se forma un lío que parece no tener arreglo.

Cualquiera soltaría un par de improperios y tiraría del nudo con fuerza, solo para descubrir que lo ha apretado todavía más. El verdadero pescador, en cambio, sabe que la única solución es ponerse manos a la obra con calma y cuidado, separar los hilos uno a uno y, aunque tarde mucho, al final lo deja todo arreglado.

Un pescador aguanta la lluvia y el viento con la caña en la mano

Una vez más, la paciencia se lleva la palma.

En algún lugar escribí: «Se han arruinado más carreras por falta de paciencia que por la bebida o el crimen».

He visto a mucha gente fracasar en su trabajo solo porque se aburrió, se enfadó con el jefe o se desanimó al no ver resultados. Si hubieran silbado bajito aquella vieja canción, «Espera a que pasen las nubes», y se hubieran obligado a seguir adelante, al final lo habrían conseguido.

Pero no: lo tiran todo por la borda y luego se extrañan de no avanzar en la vida.

A todo el mundo, y a ti también, le llegarán disgustos y contratiempos de vez en cuando. Pero saldrás adelante si te das un pellizco y te dices: «Paciencia».