9. Gratitud
Puede librarte de una mordedura de víbora en la nariz
«El pájaro de miel es un pájaro curioso». Así lo dice el poeta, y es verdad. Es una criatura no mayor que un gorrión pero, palabra, muy lista.
Tiene el don de encontrar el sitio donde las abejas han hecho su panal, porque le gusta la miel tanto como a un niño el chocolate. Su problema es hacerse con la miel cuando las abejas la guardan dentro de un tronco hueco.
Así que es lo bastante hábil como para volar hasta el hombre más cercano que encuentre y conseguir que vaya a abrirle el panal.
Cuando caminas por la espesura, este pajarito se acerca, pía y trina delante de ti mientras avanzas, y te va enseñando el camino que lleva a la miel.
Si lo sigues, te llevará hasta el árbol donde está. Y entonces, si eres un scout, te acordarás de darle las gracias por haber tenido la bondad de enseñarte dónde encontrarla. Se las darás dejándole un trozo de panal para que se lo coma.
Los nativos de aquí, de Kenia, dicen que si no lo haces, el pájaro volverá a aparecer delante de ti y te guiará como antes, para que vayas lleno de esperanza a otro árbol; pero cuando lo abras, te encontrarás… ¡una víbora horrible! Así se venga de ti el pájaro. ¡Es listo de verdad!

Esto te enseña que, si un pájaro espera que le agradezcas su bondad, cuánto más lo esperarán los demás cuando intentan hacerte un favor.
Solo que no debes hacerlo por miedo a que una víbora salte y te muerda la nariz (por cierto, vosotros, los expertos en primeros auxilios, ¿qué haríais con un compañero al que una cobra le ha mordido en la punta de la nariz?), sino que deberías dar las gracias simplemente porque es lo correcto.
La Ley Scout dice: «El scout es cortés».
Todo scout conoce las normas de acampada, y sabe que, cuando levantas un campamento, hay dos cosas que debes dejar:
- La primera: nada.
- La segunda: tu gratitud. Gracias a Dios por lo bien que lo has pasado, y gracias al dueño del terreno por haberte dejado usarlo.