6. Resistencia
Exploradores árticos
Vosotros, amigos que estáis en casa, habéis tenido un invierno horrible este año.
Aquí, en Kenia, nos cuesta imaginar vuestras tormentas e inundaciones, vuestra niebla y vuestra lluvia, mientras que nosotros, a solo cuatro días de avión, disfrutamos del calor del sol, de fresas y de rosas.

Después de un invierno así, tendréis la sensación de saber muy bien lo que han tenido que soportar los exploradores árticos.
Nuestro barco scout, el Discovery, se habrá vuelto a sentir en su elemento y probablemente habrá soñado que regresaba a la Antártida, en vez de estar amarrado en un muelle del Támesis, en Londres.
Al fin y al cabo, vuestro invierno solo ha durado un par de meses. «Que ya son bastantes», diréis. Sí, pero pensad, por ejemplo, en el grupo de exploradores del capitán Scott. Seis de ellos desembarcaron en una isla con muy pocas provisiones, porque el barco pensaba volver pronto a recogerlos. Pero las tormentas y el hielo se lo impidieron, y allí se quedaron ocho largos meses, con un frío terrible y sin otra cosa que comer que focas y pingüinos. ¡Fantástico!

¿Se desanimaron? No. Habían descubierto aquella isla y tenían que ponerle un nombre. Pero todos los que se les ocurrían eran demasiado malsonantes para aparecer impresos en un mapa. Una isla vecina se llamaba «Isla Inaccesible», así que acabaron llamando a la suya «Inexpresable», y así figura en los mapas de hoy.
El viento y los temporales soplaban casi sin parar, y ellos no tenían una casa cómoda con mucha comida y un buen fuego para calentarse. ¿Os lo imagináis?
Aun así, como auténticos scouts, mantuvieron la moral alta y eran capaces de silbar y sonreír a pesar de las dificultades, como haríamos nosotros. La mitad del grupo salió a cazar y volvió con 15 focas y 120 pingüinos, que guardaron en el «congelador», en el hielo, porque de abril a julio no se veía ni un pájaro ni un animal.
La otra mitad del grupo construyó su iglú. Excavaron en la nieve dura un túnel de 10 yardas de largo (unos 9 metros), con una sala que les servía de vivienda al fondo. Esa fue su casa durante ocho meses. Hicieron una alfombra gruesa, o colchón, de algas que cubría todo el suelo, y vieron que así se mantenían calientes. La cocina era un viejo bidón de aceite, y el combustible, grasa de foca y gasolina. Hasta que idearon una chimenea, el humo del fogón, que era más grasa y aceite que otra cosa, casi asfixiaba al cocinero y a los demás habitantes del iglú.
Entre otros inventos de estos scouts árticos había una barca, que hicieron forrando los lados de su trineo con lona empapada en aceite para impermeabilizarla. Era una barquita estupenda, pero con el mal tiempo de aquellas latitudes no tuvieron muchas ocasiones de usarla.
Y recordad otra cosa que hacía aquel invierno peor que el vuestro: la mayor parte del tiempo estaban a oscuras. No tenían gas ni electricidad. Solo grasa de foca derretida, con la que, en una lata, se hicieron una lámpara con mecha de cordones de zapato para alumbrarse.
Como buenos scouts, fabricaron otros utensilios sin acobardarse ante las dificultades. Al fin y al cabo, eran británicos.
Por fin llegó su barco y, tras su largo encierro, se los llevó sanos y salvos de vuelta a la civilización y al calor del sol. Así también saldréis vosotros pronto del frío y la oscuridad del invierno al calor y la luz del verano. Y si vuestra nube es de dolor, de pena o de preocupación, la luz de la felicidad volverá si dais lo mejor de vosotros cuando vienen tiempos difíciles.
