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3. No seas un asno ridículo

Los astrólogos

Creo que ya os he hablado alguna vez de la Sociedad S.S.A., o Sociedad de Asnos Ridículos (N. del T.: las siglas corresponden al inglés Society of Silly Asses). Parece que en Inglaterra crece como la espuma. Mucha gente se apunta a ella, aunque supongo que ningún scout. Bueno, no lo hará si cumple el undécimo artículo de la Ley Scout, que dice: «Un scout no es un tonto». Me refiero a la gente que cree que las estrellas pueden anunciar lo que va a hacer o la suerte que va a tener.

Los listillos que les cuentan lo que anuncian las estrellas se llaman «astrólogos», un título sonoro y de altos vuelos. Algunos han estudiado astronomía, pero la mayoría son unos farsantes que se inventan historias con la esperanza de que la gente se las crea y les pague por la información. Es fácil descubrir el truco: pide a dos o tres astrólogos distintos que te hagan un informe y dales tu fecha de nacimiento. Cuando lleguen los informes, no habrá dos iguales. Uno dirá algo así: «Como naciste cuando el planeta Marte estaba en ascenso, el año que viene te morderá un perro, pero te recuperarás». Otro dirá: «La estrella de tu nacimiento me dice que te espera un gran peligro el próximo jueves si sales a la calle; mejor quédate en casa todo el día». Y el tercero te anunciará que, por haber nacido ese día, recibirás una enorme suma de dinero cuando menos te lo esperes.

Los tres se parecen en una cosa: esperan sacarte una buena suma de TU dinero a cambio de la valiosa información que han arrancado a las estrellas para ti. Son muy hábiles para hacer que la gente se crea sus patrañas, sobre todo las ancianitas encantadoras y los jóvenes que quieren sentirse distintos de los demás. Estos se creen interesantes por ser supersticiosos: tocan madera para no perder la suerte y no pasan por debajo de una escalera, no por miedo a que el pintor les tire pintura encima, sino porque les traería mala suerte. En cuanto al número trece, no duermen en una cabaña ni en una habitación de hotel que lleve ese número en la puerta. No es que tengan miedo, ¡qué va! Tampoco se sientan trece a la mesa: el primero en levantarse moriría sin falta al poco tiempo.

Un muchacho ante un poste indicador con dos caminos
Alto. Piensa. (Los dos caminos: «Sensatez» y «Tontería»).

Personalmente, a mí me gusta el número trece, en parte porque es el número de mi regimiento, el 13.º de Húsares. Muchas veces cenábamos trece a la mesa y, mientras estuve en el regimiento, tuvimos mucha suerte: hubo muy pocas muertes.

No. Esas ridículas supersticiones solo son cosa de gente de pocas luces. Un scout no cae en ellas si recuerda el undécimo artículo.