10. Cortesía
Cómo la demuestran los conductores
Hablando de cortesía, el otro día me alegró ver que un turista alemán que estaba en Inglaterra había escrito para contar lo gratamente sorprendido que estaba al comprobar que, en general, los conductores de nuestro país eran más educados entre sí que los de otros países que había visitado. La mayoría de los conductores ingleses conducen con buena voluntad, con un espíritu de dar y recibir, en lugar de correr, apretar o dejar fuera egoístamente a los demás.
Gracias a esta buena costumbre tenemos menos accidentes, y la policía de tráfico tiene menos trabajo.
Puso como ejemplo la multitud de coches que se juntaron en una carrera en Brooklands. Pensaba que se armaría un lío enorme cuando todos intentaran salir al terminar el espectáculo, pero se asombró al ver que todo transcurrió con calma, sin gritos, empujones ni palabrotas: cada uno ocupó su sitio en silencio.
Lo que más le impresionó fue el escaso número de policías que había para dirigir el tráfico. Decía que en su país harían falta cincuenta policías donde aquí había uno. Y todo gracias a la cortesía entre conductores, que en gran parte regula el tráfico por sí sola.
Durante mucho tiempo los ciclistas fueron un peligro, no solo para los conductores, sino también para sí mismos. Ocupaban más carretera de la que necesitaban y esperaban que los coches les cedieran el paso y, lo que era más difícil, que los vieran en la oscuridad cuando solo llevaban un pequeño reflector en el guardabarros trasero.
Eso ya ha cambiado, y con ello ha crecido también el compañerismo con los conductores: ahora se llevan bien, cuando antes la situación era tensa. El buen carácter y la cortesía han triunfado.
Me he dado cuenta de que los peatones se adueñan de la carretera a su antojo. Aunque haya un sendero junto a ella para que lo usen, algunos de los más valientes (no me atrevo a emplear una palabra más dura) prefieren caminar por la calzada… y casi siempre de espaldas al tráfico.
Y digo «valientes» porque, aunque yo camino mucho por carreteras comarcales, no tengo el valor de andar con el tráfico a mi espalda. Prefiero tenerlo de frente, para poder esquivar los coches si un conductor pierde el control, cosa que a veces ocurre.
También aquí hacen falta buen carácter y saber ceder. Es lo que repito a menudo: «No pienses solo en tus derechos o en lo que tú quieres; ponte en el lugar de los demás y ayúdalos».
Si todos los muchachos cumplen el quinto artículo, «El scout es cortés», esa será la ley de Gran Bretaña, y cuando todos seamos corteses, seremos más felices y estaremos más seguros.