5. Inventiva
Los pigmeos pioneros
Imagina que tienes que cruzar un río hondo en el que nadan montones de cocodrilos hambrientos, pero que en las dos orillas hay árboles altos. ¿Cómo lo cruzarías? Me dirás: «Talo un árbol y lo hago caer sobre el río para que haga de puente». Muy bien; yo haría lo mismo. Ya te conté cómo lo hice. Pero… supongamos que no tienes hacha ni sierra, ni nada mejor que una navaja. ¿Qué harías?
Pues ese es el problema al que se enfrentan los pigmeos. Los pigmeos son una raza de hombres muy pequeños: solo miden de 4 a 5 pies de alto (entre 1,20 y 1,50 metros). Viven en las selvas profundas del Congo, al noroeste de Kenia. Son un pueblo nómada, muy poco civilizado; es decir, casi nunca se quedan mucho tiempo en un mismo sitio. Cuando han acabado con la caza de los alrededores, que matan con sus pequeños arcos y flechas, y han recogido todas las frutas y raíces comestibles, se marchan a otra parte.
Esta semana ha vuelto un amigo mío de visitarlos y me ha enseñado algunos de sus ingeniosos trabajos manuales: arcos, flechas, etc. También me ha hablado de sus puentes.
La tierra en la que viven está atravesada por pequeños ríos hondos y de corriente rápida. Los pigmeos no saben nadar, y tú tampoco sabrías si vivieras allí. No se puede aprender a nadar sin meterse en el agua, y en aquel país, si te metes en el agua, no sales, porque te comen los cocodrilos. Los ríos están plagados de ellos.
Construir una barca lleva mucho tiempo y casi no merece la pena solo para cruzar un río tan pequeño.
Pero los pigmeos son gente ingeniosa y tienen su propia manera de hacer puentes. Desde luego, sería más fácil talar un árbol, pero no tienen hachas, así que hacen puentes colgantes de un modo que, estoy seguro, encantará a todos los scouts pioneros. Fíjate bien en cómo lo hacen, a ver si tú serías capaz de construir uno. Los bosques del Congo están llenos de árboles altos de los que cuelgan lianas inmensas, resistentes y flexibles como cuerdas.
Para empezar el puente, el jefe de los constructores elige el árbol más alto de una de las orillas. Luego busca una liana lo bastante larga para cruzar el río, ata un extremo a la copa del árbol y en el otro hace una gaza que servirá de asiento, y baja ese extremo hasta el suelo. A él le ata una cuerda más.
Los demás pigmeos tiran de esta cuerda y suben con ella a un terreno alto de la orilla, tirando hasta que la gaza, con un hombre sentado en ella, queda casi en horizontal. Con la cuerda así de tensa, colocan una escalera junto a la gaza y otro compañero sube por ella con un cuchillo hasta alcanzar la cuerda. A una señal, la corta, y el hombre de la gaza sale volando en un gran columpio hasta el otro lado del río. Lleva en la mano una estaca afilada y con ella se engancha a la rama de un árbol de la orilla opuesta. Allí sujeta el extremo de su liana.
Los demás pigmeos cruzan el río trepando por esta liana, y cada uno lleva consigo la punta de otra. Así, en poco tiempo, hay una docena de lianas tendidas de orilla a orilla. Con ellas se teje enseguida un puente colgante para que toda la tribu pase con seguridad.

Pero es un caso de crueldad con los animales, porque allí abajo, en el río, los pobres cocodrilos miran hacia arriba, «haciéndoseles la boca agua» y muy disgustados porque se han quedado sin la comida que esperaban.
Estos pigmeos pioneros dan un buen ejemplo de inventiva, es decir, de saber usar otras cosas cuando no tienes lo que hace falta para un trabajo.
Por ejemplo, las chuletas y los filetes de elefante son para ellos un manjar de lujo, pero no tienen rifles para cazarlos. Así que fabrican arcos y flechas, con cuerdas de piel para los arcos y un veneno mortal en la punta de las flechas. Luego se acercan a un elefante y le disparan una flecha. Aunque el animal corra muchas millas, enloquecido por el dolor de la herida, siguen su rastro hasta que cae muerto. Entonces toda la tribu se da un atracón: comen tanto que no necesitan más alimento en cuatro o cinco días.
Podría poneros docenas de ejemplos de inventiva en muchos campos, pero aquí tenéis otro que muestra cómo se puede sacar partido de las cosas:
Una vez atendí a un niño nativo herido por una bala perdida y le dije a su madre que me trajera agua enseguida. Ella corrió a un arroyo que estaba algo lejos, pero, como no tenía en qué traer el agua, tuvo la inventiva de llenarse la boca y traérmela así. Resultó ser un sustituto muy útil para los primeros auxilios, porque el agua llegó tibia y ella podía echarla a chorritos sobre la herida mientras yo la limpiaba con una pluma. Entre los dos hicimos un buen trabajo de cirugía sin ningún botiquín.