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Rema tu propia canoa

13. Mantener la serenidad

Cuando los rinocerontes galopan

En un tranvía de Belfast vi este aviso para los pasajeros: «Prohibido escupir. Quien lo haga se ganará el desprecio y el asco de los demás pasajeros».

El desprecio y el asco de los demás es un castigo muy duro, pero algunos visitantes de Kenia se lo ganan a veces: son los que salen en coche a cobrar caza mayor y leones en lugar de acecharlos a pie, como manda la deportividad.

Un hombre escribió en el periódico defendiendo a estos héroes motorizados: decía que a los ancianos y a los enfermos del corazón el coche les resulta necesario. Yo creo que lo más necesario es que se queden en casa. Pero ya no quedan muchos «deportistas» de esa clase. Cada vez viene menos gente a Kenia a disparar con el rifle y más a disparar con la cámara, y estos son en realidad mejores deportistas, porque es mucho más difícil acercarse a un animal lo suficiente para fotografiarlo que dispararle con un rifle desde cierta distancia.

El fotógrafo tiene que ser un buen acechador, sobre todo sereno, y además tener suerte. Da miedo trabajar cerca de un animal salvaje y quizá agresivo. Muchas veces, si el animal sospecha algo, hay que elegir entre quedarse quieto o salir corriendo. A veces lo mejor es quedarse quieto, si tienes el valor de hacerlo. Más de uno ha echado a correr cuando un elefante avanzaba hacia él abanicando las orejas y con la trompa en alto. Otros que se han atrevido a plantar cara a esa amenaza han descubierto que el elefante solo quería saber quién andaba por allí, porque es muy corto de vista, y que, en cuanto ha comprobado que era un hombre, ha dado media vuelta deseando alejarse de un bicho tan desagradable.

Pero hace falta valor para plantarse ante una criatura que puede ponerse mucho más desagradable si se lo propone.

Ese tipo de valor se consigue con la práctica, sobre todo si empiezas a dominarte desde niño. Un soldado se disculpaba por haber huido de una batalla diciendo que las piernas se lo habían llevado en contra de su voluntad. Pues tienes que controlar tus piernas cuando sientas la tentación de huir del peligro. Tienes que obligarte a hacerle frente. Lo mismo pasa cuando cunde el pánico y la gente pierde la cabeza y se altera: un verdadero HOMBRE se obligará a mantener la calma y la serenidad. Y los demás, al verlo impasible en medio del torbellino, probablemente recuperarán el ánimo y se tranquilizarán.

Una vez estaba yo en un teatro cuando, de pronto, mucha gente se levantó de sus butacas y corrió hacia la puerta. Estaba cerca de los camerinos y no veía qué pasaba, pero un hombre sentado delante de nosotros gritó: «¡Fueg…!».

Rápido como el pensamiento, mi hermano le dio un golpe detrás de la oreja y lo tumbó en el acto. La gente que nos rodeaba ya se había levantado y empujaba con ansia buscando las puertas. Aquello podría haber acabado en una tragedia si un actor no hubiera salido al escenario gritando: «¡Quédense en sus asientos! No hay motivo de alarma. No hay ningún fuego. Solo es un elefante que tenía que salir en el siguiente acto y ha metido la cabeza por la puerta equivocada, al fondo del patio de butacas».

Ya veis el daño terrible que puede hacer un hombre que no se domina, y cómo se puede salvar la situación manteniendo la serenidad. El dominio de uno mismo también consiste en contener la ira cuando te enfrentas a un adversario furioso. Gana el que no pierde la calma. Cuando dos chinos se pelean, se insultan y se ponen motes hasta que uno de los dos acaba perdiendo los nervios y pega al otro. Eso significa que ha perdido la pelea, porque se le han acabado los insultos. Se considera ganador al que aguanta más tiempo sin pegar.

Aquí tienes una parodia del poema «Si» de Rudyard Kipling:

Si puedes quedarte quieto sin mostrar temor y ver rinocerontes galopar alrededor, o plantar cara a elefantes cuyas trompas y orejas pondrían a casi todos a temblar como ovejas; si mantienes la calma y eres capaz de reír cuando algún camorrista te quiere herir; si cumples tu Ley en las buenas y en las malas cuando otros te tientan con caminos de faltas; si puedes estar firme cuando corren los demás, serás más que un scout: serás un HOMBRE, hijo mío.

Un scout se mantiene sereno rodeado de rinocerontes, elefantes, un búfalo y una serpiente