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22. Responsabilidad

Aprendida en una Patrulla Scout

Esta semana recibí una carta muy simpática de un scout de Francia en la que me decía que quería vivir una vida como la mía y que esperaba llegar también a general algún día. Le contesté que me avisara cuando consiguiera el grado; pero que ser general no consiste solo en darse la buena vida y lucir uniforme y condecoraciones, sino que en la guerra también supone una enorme responsabilidad. Poca gente piensa en ello, pero es algo tremendo para un hombre sentir que cientos de vidas dependen de una orden suya. Y eso es lo que tiene que hacer un general.

Ya es duro para un juez ponerse la toga y condenar a muerte a un asesino para cumplir la ley; pero es peor para un general decidir enviar a muchos jóvenes y buenos soldados a morir o caer heridos para ganar una batalla.

Después de la Gran Guerra, muchos de nuestros generales murieron del corazón, aunque no eran muy mayores. Yo estoy convencido de que se debió sobre todo a la tensión que esa enorme responsabilidad había impuesto a su corazón.

Al piloto de una línea aérea se le confían todos los pasajeros para que los lleve sanos y salvos a pesar de los riesgos del vuelo. También el capitán de un barco carga con una gran responsabilidad, porque las vidas de todos los que van a bordo dependen de él, en la paz y en la guerra.

Y nuestros oficiales de la Marina son famosos en todo el mundo por su audacia y su confianza en sí mismos.

¿Cómo lo consiguen? Porque desde muy jóvenes se los acostumbra a aceptar cualquier trabajo y a sacarlo adelante por sí mismos: se les enseña a asumir responsabilidades.

Recuerdo la época en que los marineros de la Marina Real eran hombres mayores que los de ahora, marinos fuertes y curtidos que llevaban barba.

Pero los oficiales empezaban su carrera muy jóvenes. En aquellos tiempos, un guardiamarina era solo un muchacho de catorce o quince años, pero se le confiaba un trabajo de responsabilidad: se le ponía al mando de un bote y su tripulación. Allí se veía a un chico de quince años dando órdenes a hombres que le doblaban la edad, y ellos obedecían sin rechistar. Eso era DISCIPLINA.

Un guardiamarina joven manda un bote con marineros barbudos a los remos

En el sitio de Mafeking descubrí que a los chicos, aunque solo fueran muchachos, se les podían encargar tareas que normalmente hacían los hombres. A los muchachos se les dio la responsabilidad de llevar mensajes de un punto a otro de la línea de defensa, incluso bajo el fuego enemigo y con peligro de su vida.

Así, en el Movimiento Scout damos responsabilidades a los muchachos poniéndolos al frente de otros seis u ocho. El Guía de Patrulla responde de la eficacia y el buen orden de su Patrulla. Los scouts de su Patrulla obedecen sus órdenes, no por miedo al castigo, como en la disciplina militar o naval, sino porque son un equipo que juega unido y respalda a su jefe por el honor y el éxito de su Patrulla.

Y el Guía de Patrulla, al formar y dirigir a su Patrulla, adquiere práctica y experiencia para ser una persona capaz de asumir responsabilidades, igual que el guardiamarina que manda la tripulación de su bote está aprendiendo a ser el oficial que mandará un buque de guerra.

Además de formar a su Patrulla, el Guía de Patrulla tiene que guiarla. Es decir, tiene que ser al menos tan bueno como cualquiera de sus scouts en las distintas tareas que deben hacer; nunca debe pedirle a un chico que haga algo que no haría él mismo, y nunca debe echarle la bronca a nadie, sino ganarse su entusiasmo y su colaboración voluntaria animando con alegría sus esfuerzos.

En todos los caminos de la vida hacen falta jóvenes de confianza que asuman responsabilidades y sepan dirigir en los servicios públicos, en los negocios y en la industria, en todas partes. Por eso, el Guía de Patrulla que ha tenido éxito con su Patrulla tiene todas las papeletas para triunfar en la vida cuando salga al mundo.