Tropiezos de la vida y cómo encararlos
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Tropiezos de la vida y cómo encararlos

9. Manda en tu mente

«El scout sonríe y silba ante las dificultades o el peligro». Ley Scout

En Estados Unidos me contaron que un inglés estaba desayunando en una taberna del Oeste cuando se armó una pelea a la antigua usanza: salieron a relucir las pistolas, hubo sangre y pelos arrancados. Pero el turista siguió desayunando tranquilamente, mirando la pelea con interés, pero sin inmutarse.

Más tarde lo llamaron como testigo en el juicio, y el jefe de policía, al oír su versión de los hechos, lo felicitó por su claridad y le dijo que admiraba que se hubiera quedado sentado fijándose en todos los detalles.

—Bah, no tiene importancia —respondió el inglés—. Antes de venir ya había leído sobre el salvaje y violento Oeste. Supuse que esto era lo normal y que, por tanto, no tenía por qué alterarme.

Esa es la clase de carácter que nos atribuyen a los británicos nuestros vecinos del otro lado del océano, y lo cierto es que en nuestro temperamento hay mucho de esa sangre fría (N. del T.: en francés en el original, «sang-froid»).

Últimamente se ha discutido si un muchacho aprende mucho o no en los internados privados ingleses. Bueno, hay algo que creo que sí aprenden: a ocultar sus sentimientos y a mostrar solo una dosis moderada del entusiasmo juvenil que les bulle por dentro. La máscara que adoptan en la niñez la llevan puesta toda la vida, y eso da a los extraños la impresión de que el inglés corriente tiene una personalidad aburrida y poco simpática. Aunque esa impresión muchas veces sea falsa, a veces puede tener un valor indudable.

Mandar en la mente es cuestión de carácter, y es una ventaja importante tanto para la persona como para la nación.

Y se puede conseguir si uno se lo propone. Un joven no puede esperar triunfar en la vida si no es capaz de despejar la mente de asuntos secundarios y concentrarse en el punto concreto que tiene delante, ni si no sabe cambiar un carácter violento por la paciencia.

Un muchacho enfadado se aleja con los puños apretados
¡Ya no juego!

Ese dominio está hecho de fuerza de voluntad, unida al control físico de uno mismo y a la habilidad de pasar a la parte de la mente que hace falta usar en cada momento. Suena difícil; sin embargo, lo bonito es que puede conseguirse cultivándolo a conciencia. Pero exige práctica, ¡y mucha! La Ley Scout dice: «El scout sonríe y silba ante las dificultades». Eso significa dominar tu mente por medios físicos, o mantener la calma en una emergencia.

Más de una vez se ha hecho en un aprieto: cuando con el rabillo del ojo notas, más que ves, que tus hombres se están poniendo, digamos, algo nerviosos. Te pones a silbar aunque tengas el corazón en un puño. Al instante notas un cambio en el ambiente, una oleada de alivio entre ellos; vuelve la confianza y todo va bien.

El control perfecto de la mente asegura la calma y el equilibrio. El mal genio hay que dominarlo, y eso también es posible por medios físicos. Conocí a un hombre que tenía un genio tan terrible que una vez lo vi a cuatro patas ¡mordiendo la alfombra! Pero había un remedio infalible: si le dabas un cuaderno de dibujo y una caja de pinturas, se ponía a pintar como un niño y se le olvidaba la rabia.

Cierto potentado del África occidental con el que tuve trato en otro tiempo tenía la virtud de reconocer que su costumbre de mandar que le cortaran la cabeza a un hombre, o de imponer un castigo parecido sin pensarlo, podía causarle problemas al tratar con los diplomáticos blancos. Así que se acostumbró a llevar en la boca una enorme nuez del Brasil. Tenía que sacársela para hablar, y la pausa que exigía la operación le daba tiempo para pensarse dos veces lo que iba a decir.

A mí, personalmente, el mejor remedio contra la ira me lo ha dado silbar. En una ocasión, un soldado insubordinado al que tuve que reprender en el campo me denunció ante el general porque, en vez de escuchar su defensa, me puse a silbar. El general lo entendió cuando le expliqué que silbar había librado a aquel hombre de un castigo más severo.

Dar rienda suelta al mal genio no solo molesta a los demás, sino que casi siempre perjudica a tu causa. Si en una discusión tienes razón, no tienes por qué enfadarte; si no la tienes, no puedes permitirte perder los nervios. En resumen, la capacidad de cambiar de pensamiento, de apartar de la mente otras preocupaciones para mantenerla tranquila y alegre, o de concentrarte en lo que te interesa, es cuestión de control. Esa concentración no debe estrechar tus miras, sino, al contrario, ayudarte a enfocar un objetivo con una visión más clara y de mayor alcance.

Aunque el control de la mente es una cualidad de enorme valor en la vida, hasta hoy no se incluye en el plan de estudios de la escuela: es cuestión de que cada uno se eduque a sí mismo y practique.