Tropiezos de la vida y cómo encararlos
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Tropiezos de la vida y cómo encararlos

Prefacio

«La vida no será fácil para quienes empiezan a vivirla o para quienes entran en la edad adulta».

Esa es la opinión de más de una autoridad, tal como la expresó hace poco el señor Stanley Baldwin.

Parece una advertencia bastante razonable. El futuro de nuestra nación, y sin duda el del mundo entero, aparece lleno de incertidumbres y peligros y, por eso mismo, de oportunidades: oportunidades gloriosas para los jóvenes capaces de imaginar el futuro y adueñarse de él.

Sin embargo, la tendencia de la educación —sin contar la enseñanza escolar, que puede clasificarse aparte— es enseñar al joven a obsesionarse con su propio interés y a buscar el asiento más cómodo, en lugar de ir tras el bien y afrontar los riesgos y sacrificios necesarios para conseguirlo.

Mi libro anterior, Roverismo hacia el éxito, quería ayudar a los jóvenes con algunas sugerencias. El resultado superó mis esperanzas: recibí montones de cartas de lectores agradecidos, tanto jóvenes como padres de familia, que me pedían más consejos.

Por eso he ido ofreciendo mis ideas de vez en cuando en el Daily Express y en otros periódicos. Respondiendo a muchas peticiones, publico ahora una selección de ellas con la sincera esperanza de que algunas resulten útiles.

La ilustración de la portada original tiene un significado. Quiere subrayar que mi único deseo es echar el lazo a los jóvenes —porque creo en la nueva generación— para formar un equipo nacional de ciudadanos dignos de confianza.

El comienzo que los Rover Scouts han hecho en ese sentido da sobrados motivos para esperar un desarrollo feliz, aunque la meta parezca todavía lejana.

Quiero insistirte, joven, en que te des cuenta de que el país te necesita. Necesita hombres de hoy con altas miras, y no hombres que solo buscan placer y amontonar dinero. Ante ti se abre una oportunidad gloriosa de traer paz y prosperidad mediante la buena voluntad y la cooperación.

Si tienes el espíritu adecuado, está en tu mano ayudar a que crezcan esas bendiciones, no solo en nuestro país, sino en todo el mundo, en lugar de la inquietud y la infelicidad que hoy causan la envidia y el miedo.

B.-P.