Tropiezos de la vida y cómo encararlos
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Tropiezos de la vida y cómo encararlos

¿Por qué?

Bordes plateados

«Si Inglaterra es fiel a sí misma».

¿Bordes plateados en la nube? ¿Ves alguno? Yo, desde luego, sí.

Veo una gran promesa y una gran esperanza para el futuro del país, siempre que «INGLATERRA SEA FIEL A SÍ MISMA».

Es decir, siempre que el grueso de nuestros hombres sepa mirar más allá de sus narices, que es donde está el éxito. Gran Bretaña ha sufrido más que otros países por la Gran Guerra (N. del T.: la Primera Guerra Mundial), porque hemos perdido un tesoro que no podremos recuperar: no solo dinero, sino la flor de nuestra juventud. Con el león herido, los chacales intentan adueñarse de la juventud que nos queda, formada por los hombres que no fueron aptos para el servicio y por los jóvenes cuya educación trastornó la guerra.

Pero el carácter británico sigue vivo en ellos y, si resisten los ataques de esos tentadores, la nación saldrá adelante hacia la prosperidad y el éxito. Todavía sobrevive el buen tipo del trabajador británico, fumador de pipa y de pensamiento pausado, firme en su trabajo y en su manera de pensar.

Hay buenas señales de que los trabajadores ya no se dejan llevar como borregos, sino que empiezan a ver por sí mismos que, con la huelga de brazos caídos y las huelgas que han traído los enemigos de nuestro país, se ha perdido comercio y el paro se ha vuelto crónico. En cambio, si produjéramos A UN COSTE MODERADO, podríamos dominar el mercado mundial.

Acabo de estar en los Estados Unidos, donde sufren de exceso de prosperidad: los salarios son tan altos que sus productos se están volviendo demasiado caros para venderse fuera del país. Ahí es donde podemos entrar nosotros, en cuanto nuestros industriales, empleados y patronos sepan ver la oportunidad. Para ello hace falta amplitud de miras y pensar en el bien de los compañeros, de las esposas y de los hijos; en otras palabras, en el bien del país. Hace falta pensar las cosas por uno mismo y no dejarse guiar por el primer orador barato que se escuche.

Ahora hay señales alentadoras, en casi todas partes, de que nuestros hombres empiezan a actuar así.

¡Otro borde plateado! Últimamente, igual que hace muchos años, me he asomado a muchos rincones del Imperio. Algunos de nuestros políticos piensan que es un desperdicio que nuestros trabajadores se vayan allí. ¡No pueden haber estado nunca en esos lugares! Son tierras de promisión que necesitan hombres, comparadas con nuestra pequeña isla congestionada, con su millón y medio de parados y su flujo incesante de extranjeros que aumenta todavía más la congestión. ¡Y todos esos países de ultramar desean productos que este país puede proporcionarles! Hay bordes plateados de sobra que anuncian la luz del sol, en cuanto se pongan en juego la buena voluntad y la cooperación entre todas las clases.