Escultismo alrededor del mundo
6. El canal de Suez
Ayer el sol se puso de una manera muy curiosa, entre masas de nubes. Cuando ya creíamos que se había ido, se las arregló para abrir tres agujeritos en las nubes, por debajo del horizonte, como si nos diera las buenas noches antes de desaparecer del todo.
Y ese fue nuestro último adiós al Oeste, a Europa, a nuestra casa.
Hoy hemos entrado en Oriente por su puerta, el canal de Suez, en Port Said.
He pasado por esa vieja puerta muchas veces en mi vida, pero nunca he dejado de emocionarme al volver a verla, con sus árabes, sus camellos, sus palmeras, su desierto y… ¡sus olores! Es un gran cambio respecto al país de los hombres blancos.

Port Said es una ciudad egipcia situada a la entrada del canal de Suez. Parece hecha sobre todo de tiendas que venden fotografías y curiosidades, y es una ciudad muy bonita, con calles anchas y buenas tiendas, aunque yo la recuerdo como un puñado de chozas bajas sobre la arena, de los años en que fui por primera vez a la India.
¡Vaya! Ahí hay algo que me resulta familiar, aunque todo lo demás sea distinto.
¿Quién es ese tropel que viene a mi encuentro? Los mismos pantalones cortos, las mismas camisas, los mismos sombreros y el mismo equipo: ¡los boy scouts! Exactamente iguales a los que vimos hace unos días en Tolón, en Gibraltar y en Tilbury, al empezar el viaje.
Y ahí están también las girl guides.
Es cierto que, si miras más de cerca a estos chicos y chicas, ves bajo los sombreros caras de distinto color y aspecto, porque hay egipcios, británicos, franceses, armenios, griegos y judíos: una gran mezcla. Pero todos lucen la feliz sonrisa scout y todos están juntos y contentos, olvidando sus diferencias de raza, credo o color, y tratándose como hermanos de una misma familia, mientras juegan todos al gran juego del Escultismo.
Al frente, un scout francés llevaba la bandera australiana. Se la había regalado un antiguo scout de las fuerzas australianas en campaña durante la guerra. Aquellas tropas habían estado acuarteladas una temporada en Port Said y los scouts franceses de allí las habían atendido, así que los australianos les dieron su bandera como recuerdo. Los scouts están muy orgullosos de ella.
Fue una gran reunión: en total, 4000 scouts, con uniformes impecables y una disciplina admirable. Hacía catorce años que había visto a los scouts de aquí, y entonces eran unos pocos y una compañía de guías, así que ya te imaginarás la sorpresa de la Jefa Guía y mía al encontrar un grupo tan magnífico.
Fue una gran alegría verlos a todos jugando juntos al mismo juego, como hermanos y no como extraños.
Si pudiéramos extender esta hermandad por todo el mundo, como estamos haciendo ahora, en el futuro no habría más guerras.