Escultismo alrededor del mundo
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Escultismo alrededor del mundo

4. Un vistazo a Francia

Salimos de Gibraltar con un sol espléndido, tan caliente que buscamos un rincón a la sombra en la cubierta. Allí leímos las noticias del telégrafo, que hablaban de nieve y aguanieve en Inglaterra.

Pero al subir hacia el norte, rumbo a Tolón, en Francia, el cielo se nubló y se levantó el viento; antes de llegar a las Baleares, a medio camino de la costa española, ya estábamos en pleno vendaval.

Después de hacer escala en Palma de Mallorca para que bajaran unos pocos pasajeros, nos metimos en la mar picada, la lluvia y el viento que siempre he asociado al golfo de León. He pasado por allí muchas veces y siempre lo he encontrado así.

El golfo de Vizcaya, que según dicen siempre está revuelto, esta vez estaba en calma; en cambio, el golfo de León es un paraje muy agitado. Siempre que paso por allí pienso en el valor de Lord Nelson, que pasó una temporada en ese horrible rincón del mar.

Lord Nelson, aunque fue un gran marino, nunca tuvo «buen estómago de marino», es decir, nunca logró vencer el mareo. Y, sin embargo, aguantó allí, zarandeado por el viento fuerte y la mar gruesa, esperando eternamente a que la flota francesa saliera del puerto de Tolón.

Cuando entramos en el puerto de Tolón, el viento amainó, las nubes se fueron y el sol brilló sobre aquel lugar precioso. Tolón es el mejor puerto del sur de Francia: una enorme extensión de agua rodeada de colinas arboladas, con la ciudad y los muelles en la orilla norte. En medio se alza una gran roca en forma de media luna, con fuertes en la punta para defender el lugar, porque es el gran arsenal naval de Francia en el Mediterráneo.

Allí había toda clase de barcos de guerra, desde acorazados hasta submarinos. Era curioso ver a algunos salir a mar abierto y, al pasar junto a nuestro barco, arriar su bandera para saludar. No sé si nuestros buques de guerra son tan corteses con un barco de línea extranjero, pero los franceses sí lo son.

La cortesía no cuesta nada, y espero que los scouts procuren siempre practicarla más de lo que se acostumbra en las islas británicas. Está muy bien ser un «diamante en bruto», es decir, tener buen corazón bajo un exterior arisco; pero recuerda que el exterior es lo que la gente ve cuando te conoce, y lo que se lleva es esa impresión de aspereza. Por eso el scout tiene la costumbre de sonreír cuando se presenta a los desconocidos.

Al llegar a Tolón nos dio la bienvenida una concentración de scouts y guías franceses, unos ochocientos, alegres y vistosos. Se los veía sanos, fuertes y contentos, y su disciplina era excelente.

La Marina francesa les prestó un espléndido campo de deportes para la reunión. Cuando llegamos, las banderas inglesa y francesa ondeaban una junto a otra, y los scouts cantaron primero el God Save the King (N. del T.: el himno nacional inglés) y después su propio himno, La Marsellesa, en francés.

La reunión fue muy original y encantadora. Los lobatos estaban en el centro del campo, formando una gran herradura, con los scouts detrás. Al sonar un cuerno, los lobatos se lanzaron hacia delante dando alaridos y gritos, hasta que el comisionado que dirigía la reunión disparó una pistola y todos se tiraron al suelo en silencio.

Entonces volvió a sonar el cuerno y los scouts echaron a correr gritando. Cuando llegaron cerca del círculo de lobatos tumbados, sonó otro disparo y los scouts se echaron también al suelo.

Después el comisionado jefe nos dirigió un espléndido saludo en inglés y nos dijo que los ochocientos scouts, lobatos, guías y haditas que habíamos visto representaban a los cien mil miembros de nuestra hermandad.

¡Si todos son como esta muestra, el Escultismo en Francia va por buen camino!

Un hombre mayor de gesto adusto y un scout sonriente que pasa a su lado
El scout sonríe